SWOP Report 2019

Un asunto Pendiente

la defensa de los derechos y la libertad de decidir DE TODAS LAS PERSONAS

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Un asunto Pendiente
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Hasta hace 50 años, resultaba difícil obtener métodos anticonceptivos, y relativamente fácil morir al dar a luz. Muchas mujeres no eran libres de decidir con quién y cuándo casarse, y si querían o no tener hijos y cuándo.

Como culminación del movimiento mundial dirigido a que las mujeres puedan tomar sus propias decisiones en la vida, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en 1994 se llegó a un consenso sobre los vínculos entre el empoderamiento de las mujeres, la salud y los derechos sexuales y reproductivos, y el desarrollo sostenible.

Desde entonces, la mujeres han realizado enormes progresos en el ejercicio de sus derechos reproductivos. Los activistas, los defensores, los especialistas en salud pública y muchos otros actores han luchado implacablemente en pro de las transformaciones que hoy vemos a nuestro alrededor.

Desde 1969, cuando se creó el UNFPA, se han logrado grandes avances. Pero aun así, todavía queda mucho por hacer para que todas las mujeres y las niñas puedan ejercer sus derechos.

Un movimiento mundial La defensa de los derechos y la libertad de decisión de todas las personas

¿Podemos mejorar ya la situación de las mujeres y las niñas?
Si nos guiamos por la historia, la respuesta es sí.

¿Cuáles son algunos de los obstáculos que siguen impidiendo que las mujeres desarrollen todo su potencial en la vida?

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Desigualdad entre los géneros

el obstáculo que subyace a todos los demás

© T. Mukoya/Reuters
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Las normas de género desiguales siguen constituyendo uno de los principales lastres para el progreso de las mujeres y las niñas, e impiden que estas decidan libremente en lo relativo a las cuestiones fundamentales que influyen en su salud y sus derechos sexuales y reproductivos.

Estas decisiones son inherentemente relacionales, ya que implican la interacción con los demás, especialmente con la pareja sexual o sentimental, pero también con miembros de la familia extensa, miembros de la comunidad o instituciones, como clínicas y hospitales. La capacidad de decisión de una persona en cada relación se experimenta y se determina en distintos planos.

El conjunto de poder, voz y libertad de decisión conforma el grado de autonomía de un individuo en una relación.

En las decisiones en materia de sexualidad y reproducción existen tres aspectos dependientes del género que son importantes en las relaciones:

  • el poder del individuo
  • su voz, es decir, el grado en que el individuo puede articular y defender sus necesidades y deseos
  • hasta qué punto el individuo tiene realmente la posibilidad de tomar decisiones.
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Plano individual:

Los conocimientos en materia de salud y derechos sexuales y reproductivos permiten que una persona defienda con más eficacia sus intereses y tome decisiones fundamentadas.

Plano inmediato:

La capacidad de decisión depende de factores tales como el grado en que una persona respeta la integridad corporal de su pareja o la libertad para expresar puntos de vista sobre la anticoncepción.

Plano lejano:

El poder de decisión depende de la respuesta a las necesidades individuales en las relaciones con instituciones, como los sistemas de salud, o incluso con el sistema económico.

Las normas y actitudes de género desiguales con frecuencia se utilizan para racionalizar el control sobre la sexualidad y la reproducción de las mujeres a través de una serie de prácticas nocivas.

Violencia por razón de género

La violencia contra las mujeres y las niñas es una violación grave de los derechos humanos y un problema de salud pública en todos los países. La violencia, e incluso la amenaza de violencia, genera una situación de sometimiento de las mujeres por parte de los hombres en materia de salud sexual y reproductiva y las expone a un mayor riesgo de infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados.

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A escala mundial,
1 de cada 3 mujeres
sufrirá violencia física o sexual en algún momento de su vida

Matrimonio infantil

Muchas niñas casadas no solo carecen de autonomía para tomar decisiones sobre su salud reproductiva, sino que tampoco pueden desplazarse libremente para actuar en consecuencia y visitar a los proveedores de salud. Es menos probable que las niñas casadas reciban atención médica adecuada durante el embarazo y muchas aún no están físicamente preparadas para dar a luz, lo que pone en riesgo a las madres y los niños.

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Se estima que 800 millones de las mujeres que viven en la actualidad se casaron cuando eran niñas

Presión en la fecundidad y preferencia por los hijos varones

Tanto los hombres como las mujeres pueden enfrentarse a una presión considerable para que demuestren su fecundidad al poco tiempo de casarse. En numerosas sociedades se ejerce una presión extrema en las mujeres para tener hijos varones. Si dan a luz a una niña, es posible que se las estigmatice, se las abandone o sean víctimas de violencia.

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Estas prácticas mitigan el poder, la voz y la libertad de decidir tanto de los hombres como de las mujeres

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Estas prácticas deben eliminarse por completo, comenzando por el establecimiento de estatutos jurídicos claros respaldados por su aplicación. Se ha avanzado en lo relativo al trabajo con las comunidades para explicar la nocividad de estas prácticas y consensuar su abandono.

Es fundamental involucrar a los hombres y los niños en el proceso de transformación de las actitudes relativas a las normas de género desiguales.

Lo más eficaz para cambiar estas normas ha sido educar a las niñas y empoderarlas a fin de que permanezcan en la escuela. La educación aumenta la conciencia de las mujeres sobre su lugar en la sociedad, les aporta aptitudes e información para hacer oír su voz en las relaciones y les permite negociar en favor de sus intereses.

© B. Sokol/Panos Pictures
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En 1969 la población mundial crecía en torno a un 2% anual. A esa velocidad, llegaría casi a doblarse en los siguientes 25 años. Nunca había crecido con tanta rapidez.

El temor a la superpoblación impulsó a numerosos países a adoptar programas de planificación familiar más centrados en reducir la población que en lo que las mujeres necesitaban o deseaban, dependiendo de su situación específica.

Muchos programas de planificación familiar reforzaron las normas de género existentes, ya que por lo general se centraban en las mujeres —sobre todo las mujeres casadas— y presuponían que sus funciones principales eran las de esposas y madres. Aparte de los esfuerzos para aumentar el uso del preservativo, eran pocos los programas dirigidos a los hombres.

El acceso a la planificación familiar va más allá de la disponibilidad de métodos anticonceptivos.

La atención de la salud sexual y reproductiva incluye:

  1. El tratamiento de las infecciones de transmisión sexual
  2. El tratamiento de la infecundidad
  3. Aborto sin riesgos (cuando sea legal) y atención posaborto
  4. Parto sin riesgos y atención posparto
  5. Atención prenatal
  6. Educación en materia de salud reproductiva y paternidad responsable
La atención de la salud sexual y reproductiva incluye:
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Los obstáculos que aún persisten

El Programa de Acción del CIPD reconoció que lo que el mundo necesitaba era proporcionar a las mujeres, las parejas y las familias acceso a una gama de intervenciones de salud sexual y reproductiva, y lograr cambios sociales y económicos que permitieran empoderar a las mujeres, respetar sus derechos y ayudar al mundo a avanzar hacia la igualdad de género.

A pesar de los progresos realizados, algunos servicios de planificación familiar siguen siendo inaccesibles para muchas mujeres y niñas en todo el mundo.

Desigualdad de los ingresos:

 

La relación entre la pobreza y la falta de acceso es compleja; si bien los costos financieros de los servicios y suministros de salud en algunos casos pueden obstaculizar el acceso, los ingresos están vinculados a numerosas fuerzas sociales, institucionales, políticas, geográficas y económicas que también pueden influir en las posibilidades de acceso de una persona.

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Falta de instalaciones, proveedores y suministros:

 

Puede que una mujer que busca información y servicios de salud sexual y reproductiva no encuentre ningún proveedor en su comunidad. Si cuenta con medios para sufragar el transporte a una clínica de una comunidad vecina, al llegar allí quizá descubra que carece de los equipos o suministros adecuados para los servicios que necesita.

Es posible que ese día no trabajen suficientes profesionales de la salud, si es que los hay, que no estén capacitados para ofrecer información o servicios apropiados, o que no estén en condiciones de ofrecer privacidad u otras medidas que le permitirían sentirse segura y respetada.

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Obstáculos jurídicos:

 

En ocasiones, la legislación exige que las mujeres o los adolescentes que desean acceder a los servicios de salud cuenten con la autorización de terceros. Puede que la legislación penalice las relaciones entre individuos del mismo sexo, el trabajo sexual y el consumo de drogas, obligue a las personas a esconderse y les impida que busquen o reciban la información y los servicios que necesitan. Las leyes relacionadas con el acceso al aborto abarcan un amplio espectro, desde la prohibición total a ninguna restricción. Cuanto más restrictivo sea el entorno jurídico, mayor será la proporción de abortos en condiciones de riesgo.

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Normas, actitudes y prácticas

 

La marginalización y el temor a ser estigmatizados en su comunidad pueden impedir que las personas soliciten los servicios que necesitan y a los que tienen derecho; como consecuencia, sufren un mayor riesgo de violencia sexual, embarazos no planeados e infecciones de transmisión sexual.

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Insuficiente educación sexual:

 

Debido a las percepciones erróneas o la falta de conocimientos acerca de la sexualidad, el cuerpo humano y su desarrollo, los derechos y las cuestiones de género, puede que una persona joven no esté preparada para tomar decisiones acerca de su salud reproductiva.

Los programas de educación sexual basados en el plan de estudios tienen por objeto dotar a los niños y los jóvenes de conocimientos, competencias, actitudes y valores que los empoderarán para que comprendan sus derechos y garanticen que se respetan a lo largo de sus vidas.

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Todas las personas del mundo deben tener acceso a información y servicios de calidad que satisfagan todas sus necesidades de salud sexual y reproductiva en el transcurso de su vida. Si bien resulta evidente que se ha avanzado de forma notable hacia este objetivo, su plena realización sigue siendo inalcanzable para muchos debido a la falta de sensibilización, la escasez de recursos, la falta de voluntad política o la desigualdad de género subyacente.

Los servicios no solo deben llegar físicamente a estos grupos, , sino que también deben adaptarse a sus necesidades, mantener la confidencialidad y no efectuar juicios de valor ni ser coercitivos.

Numerosos países pueden hacer mucho más para defender los derechos y la libertad de decisión para todos mediante la eliminación de los obstáculos que impiden el acceso de las personas con orientaciones sexuales y de género diversas a los servicios y la información.

En la actualidad, el mundo se enfrenta a unos niveles de necesidades humanitarias sin precedentes. 136 millones En 2018, 136 millones de personas necesitaban ayuda humanitaria en el mundo.

Toda crisis humanitaria, ya sea debida a un conflicto o a un desastre natural, provoca un colapso de los sistemas, lo que aumenta las múltiples necesidades de protección y servicios.

Colapso de los sistemas

  • Icon quebrantamiento
    de la seguridad
  • Icon pérdida de la vivienda
  • Icon interrupción de los servicios de agua, alimentación, saneamiento y salud

Las crisis pueden aumentar la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas y constituir una amenaza para su vida. Debido a las prisas iniciales para proporcionar alimentos y refugio, los equipos de respuesta pueden descuidar la necesidad adicional de protección y de disponibilidad de los servicios.

Debido a la falta de servicios o a las restricciones jurídicas:

  • el acceso a sistemas anticonceptivos es extremadamente limitado
  • el riesgo de embarazos no planeados y de infecciones de transmisión sexual es extremadamente alto
  • los servicios de aborto sin riesgo con frecuencia son mínimos o inexistentes en situaciones de crisis
© B. Sokol/Panos Pictures
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En los países en situaciones de emergencia, cada día mueren más de 500 mujeres y niñas durante el embarazo y el parto, debido a la falta de parteras cualificadas o de procedimientos obstétricos de emergencia y a abortos en condiciones de riesgo.

Las mujeres embarazadas y las madres de niños pequeños son especialmente vulnerables.

El trauma y la malnutrición suponen un peligro en el embarazo, y durante las emergencias muchas mujeres sufren abortos espontáneos o dan a luz de forma prematura. La falta incluso de las condiciones básicas para un parto limpio aumenta el riesgo de contraer una infección mortal tanto para la madre como para el niño.

© Ali Arkady/VII/Redux
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© Ali Arkady/VII/Redux
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Al menos 1 de cada 5 mujeres refugiadas o desplazadas en contextos humanitarios complejos ha sido víctima de violencia sexual, aunque con frecuencia no se denuncie.

El temor a la agresión sexual o a la explotación y el abuso limita la movilidad de muchas mujeres refugiadas y desplazadas. Algunas familias en circunstancias extremas recurren al matrimonio infantil, con la esperanza de que casar a sus hijas las proteja de la violencia.

© Filippo Monteforte/Getty Images
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Los Gobiernos, las organizaciones humanitarias y las instituciones internacionales han ido aumentando los servicios que prestan a las mujeres y las adolescentes cuyas opciones se han visto limitadas por los conflictos y los desastres naturales.

Estar preparados significa establecer planes que posicionen suministros previamente para responder a situaciones de desastre. Deben incluir anticonceptivos, kits de parto sin riesgo y otros productos esenciales para la salud reproductiva. Es fundamental potenciar las inversiones en servicios psicosociales y salud mental.

Resulta esencial contar con más programas que proporcionen la oportunidad de informarse sobre cuestiones relacionadas con la salud sexual y reproductiva, poner en cuestión las normas de género o protegerse de la violencia por razón de género. En medio de una crisis, las mujeres y las niñas deberían tener la oportunidad de explorar nuevas funciones, por ejemplo, mediante la formación profesional.

Cuatro mujeres, Cuatro Trayectorias

Las mujeres que en 1969, cuando se estableció el UNFPA, tenían 10 años, alcanzaron la mayoría de edad en un momento en el que sus derechos sexuales y reproductivos estaban mucho más restringidos que los de las mujeres que tenían 10 años en 1994, cuando tuvo lugar la CIPD.

Les parcours différents de ces quatre femmes reflètent les évolutions intervenues au cours des cinq dernières décennies. Cependant, même aujourd’hui, l’exercice des droits en matière de reproduction attend encore de devenir une réalité universelle.

“Me casé a los 13 años”. - Dahab, 60 años

“El trabajo me da libertad”. - Fanie, 35 años

“No sabía que existía la planificación familiar”. - Alma, 60 años

“El acceso a la información es fundamental”. - Tsitsina, 35 años

 

Garantizar los derechos y la libertad de decisión de todas las personas

En los últimos 50 años, los Gobiernos, la sociedad civil y las organizaciones internacionales han promovido numerosos avances notables en la ampliación de la libertad y los derechos sexuales y reproductivos. La CIPD adoptó un compromiso global visionario con estos derechos y libertades, y logró un consenso sin precedentes sobre los vínculos esenciales entre el empoderamiento de la mujer y el desarrollo. Veinticinco años más tarde, la visión de la CIPD sigue constituyendo una de las cumbres de las aspiraciones humanas, reflejada ahora en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

No obstante, de cara al futuro persisten algunos problemas, y han surgido otros nuevos.

Como medida de la tarea que se presenta, el UNFPA y sus numerosos asociados han hecho un llamamiento en favor del logro de tres ceros para 2030: que no existan necesidades insatisfechas en materia de anticoncepción, que no se produzcan muertes maternas evitables, y que las mujeres y las niñas no sean víctimas de violencia o prácticas nocivas.

© Andrea Bruce/NOOR Photo

Merecemos un mundo en el que todos disfruten de todos sus derechos y puedan vivir de la forma que han elegido.

Si no se logra ahora, ¿cuándo?

© Cristina García Rodero/Magnum Photos
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