Mutilación genital femenina

PANORAMA

La mutilación genital femenina (MGF) es una práctica que implica la alteración o lesión de los genitales femeninos por motivos no médicos y que internacionalmente es reconocida como una violación de los derechos humanos. En todo el mundo, se calcula que más de 200 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de algún tipo de MGF. Aunque la MGF se va reduciendo en la mayoría de los países en que predomina, la mayoría de esos países también experimentan una alta tasa de crecimiento de la población, lo cual induce a pensar que el número de niñas que serán sometidas a esa práctica seguirá en aumento a menos que se amplíen considerablemente las iniciativas para impedirlo.

Para promover la erradicación de la MGF, es necesario realizar esfuerzos coordinados y sistemáticos en los que participen las comunidades en su conjunto, y que estén centrados en los derechos humanos y la igualdad de género. Esos esfuerzos deben abordar las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas que sufren sus consecuencias.

El UNFPA, junto con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), dirige el mayor programa mundial para acelerar la eliminación de la MGF. Ese programa se centra en la actualidad en 17 países africanos y también brinda apoyo a iniciativas regionales y mundiales.

¿Qué es la MGF?

La MGF comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos sin motivo médico. Se trata de una norma social y cultural profundamente arraigada en muchos lugares.

Puede causar complicaciones de salud a corto y largo plazo, incluidos dolor crónico, infecciones, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto, infecundidad y, en el peor de los casos, la muerte. La MGF es reconocida internacionalmente como una violación grave de los derechos, la salud y la integridad de las mujeres y las niñas.

En 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad la primera resolución contra la mutilación genital femenina, con un llamamiento para intensificar los esfuerzos mundiales para su erradicación. En 2015, la MGF se incluyó en la meta 5.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en que se hace un llamamiento a la erradicación de todas las prácticas nocivas.

A pesar de lo anterior, la MGF sigue estando muy extendida. Se calcula que, en 2019, 4,1 millones de niñas fueron sometidas a ablación, y debido al crecimiento de la población, se prevé que ese número aumente a 4,6 millones de niñas en el año 2030 a menos que se intensifiquen las iniciativas para erradicar la MGF. Si la MGF sigue aumentando al mismo nivel que hoy, se estima que 68 millones de niñas serán sometidas a esta entre 2015 y 2030 en 25 países en que se trata de una práctica rutinaria y se cuenta con información pertinente.  

La MGF es una violación de los principios y normas de derechos humanos, incluidos los principios de igualdad y no discriminación por razones de sexo; el derecho a vivir sin tortura ni trato cruel, inhumano y degradante; el derecho al más alto nivel posible de salud; los derechos del niño y el derecho a la integridad física y mental, e incluso el derecho a la vida.

¿Por qué se sigue practicando la MGF?

En las sociedades en que se practica, la MGF es una manifestación de una desigualdad de género profundamente arraigada. Se sigue practicando por muchos motivos. En algunas sociedades, por ejemplo, se considera un ritual iniciático; en otras, es un requisito para el matrimonio. Algunas comunidades, tanto cristianas como judías o musulmanas, le atribuyen una base religiosa.

La MGF puede considerarse un elemento importante de una cultura o identidad, por lo que es difícil para las familias optar por no someter a sus hijas a la ablación. Los que rechazan esa práctica pueden ser condenados o quedar abocados al ostracismo, y sus hijas pueden ser consideradas no aptas para el matrimonio. Incluso los padres que no quieren que sus hijas se sometan a una MGF pueden sentirse obligados a ello.

Alentar el abandono

El abandono colectivo, es decir, cuando el conjunto de una comunidad decide no perpetuar la MGF, es una medida eficaz para acabar con su práctica. Garantiza que ninguna niña o familia resulte desfavorecida por la decisión. Muchos expertos opinan que la MGF solo podrá erradicarse mediante el abandono colectivo.

Esta decisión exige abrir un proceso en el que las comunidades reciban formación en torno a la práctica y a partir de esto se abra un espacio en que debatan, reflexionen y lleguen a un consenso sobre la materia, y en que los aspectos de la MGF relacionados con la salud y los derechos humanos ocupen un lugar destacado y cuenten con la significativa participación de organizaciones locales y comunitarias.

Cuando las comunidades deciden abandonar la práctica, a menudo organizan públicamente manifestaciones colectivas, como la firma y difusión de una declaración pública o una celebración para festejar la decisión. A menudo se invita a las comunidades vecinas a esos acontecimientos para que sean testigos de un proceso exitoso de eliminación, contribuyendo así a impulsar el abandono colectivo en otros lugares.

Medicalización

En alrededor de 1 de cada 5 niñas sometidas a la MGF, el procedimiento fue llevado a cabo por un profesional médico capacitado. En algunos países, el número puede llegar hasta 3 de cada 4 niñas.

La práctica de la MGF no puede ser nunca “segura” ni cuenta con justificación médica. Aunque se lleve a cabo en un entorno estéril y lo realice un profesional médico calificado, podrían presentarse consecuencias graves de inmediato y a largo plazo. La medicalización de la MGF da una sensación falsa de seguridad. Los profesionales médicos capacitados que realizan los procedimientos están violando los derechos de las mujeres y las niñas a la vida, a la integridad física y a la salud. También están violando la obligación médica fundamental de "no hacer daño", y esto es un desafío a los esfuerzos para erradicar la práctica.

El UNFPA está trabajando con miras a movilizar trabajadores sanitarios , incluidas parteras, para que resistan la presión social para realizar procedimientos de MGF y para que, en lugar de ello, se conviertan en defensoras de la prevención de la MGF y protejan a sus comunidades.

¿Qué está haciendo el UNFPA?

En 2008, el UNFPA y UNICEF establecieron el Programa Conjunto sobre la mutilación/ablación genital femenina, el mayor programa mundial para acelerar la eliminación de la MGF y prestar servicios de atención para paliar sus consecuencias. Es un programa a escala comunitaria, nacional, regional e internacional que pretende concienciar sobre el daño causado por la MGF y empoderar a las comunidades, las mujeres y las niñas para que decidan abandonar su práctica.

El Programa se encuentra en la tercera fase de ejecución y, hasta la fecha, ha ayudado a más de 3,2 millones de niñas y mujeres a recibir protección contra la MGF, así como servicios médicos especializados. Cerca de 31,6 millones de personas en más de 21 700 comunidades en 15 países con alta prevalencia de MGF han realizado declaraciones públicas en favor del abandono de esa práctica nociva. En tanto que el Programa conjunto ha ayudado a 17 gobiernos a organizar mecanismos de respuesta a la MGF. Gracias a iniciativas de firmes iniciativas de desarrollo de las capacidades, se han registrado hasta la fecha más de 900 casos acciones judiciales. 

El UNFPA contribuye a fortalecer los servicios de salud para evitar la MGF y tratar las complicaciones que puede causar, y trabaja con organizaciones de la sociedad civil activas en el ámbito de la formación dirigida por las comunidades y en sesiones de diálogo sobre los aspectos de esta práctica relacionados con la salud y los derechos humanos. El Fondo coopera con líderes religiosos y tradicionales para desvincular la MGF de la religión, y para generar el apoyo necesario para su erradicación. Además, el UNFPA colabora con medios de comunicación para fomentar el diálogo en torno a esta práctica y cambiar la imagen de las niñas que no se han sometido a ella.

Con el apoyo del UNFPA y otros organismos de las Naciones Unidas, algunos países —como Gambia Nigeria y Gambia, en 2015— han aprobado leyes que prohíben la MGF y han elaborado políticas nacionales para su erradicación.

Actualizado el 31 de julio 2019