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¿Igual que su madre? Siete formas en que la maternidad ha cambiado (o no) en los últimos 25 años

3 Mayo 2019
Author: UNFPA
No es la misma maternidad que vivió tu madre. © UNFPA/Bruno Feder
No es la misma maternidad que vivió tu madre. © UNFPA/Bruno Feder

NACIONES UNIDAS, Nueva York - Hace veinticinco años el mundo se transformaba. Sudáfrica celebró sus primeras elecciones multirraciales y eligió a Nelson Mandela como presidente. Suecia empezó a permitir el registro de parejas del mismo sexo. Era el inicio de la era de internet.

Y fue el comienzo de un nuevo consenso mundial sobre salud sexual y reproductiva, uno destinado a empoderar a las mujeres y a las comunidades para que determinaran su propio futuro.

En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) de El Cairo, 179 gobiernos aprobaron un revolucionario Programa de Acción que planteaba que todas las personas tuvieran acceso a atención de salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar voluntaria y el fortalecimiento de los servicios de salud materna.

En los años que siguieron, los avances médicos, el progreso social y el aumento del apoyo a los derechos de las mujeres ayudaron a dar nueva forma a la experiencia de la maternidad en todo el mundo, pero ¿cuánto ha cambiado en realidad?

A continuación exploraremos las maneras en ha cambiado la maternidad, así como las maneras en que no ha cambiado.

Hoy, Alma defiende los derechos de las mujeres. “Hoy en día, para las mujeres está claro que tienen
derechos y que deben poder decidir qué hacer con sus cuerpos” © UNFPA/Rizzo Producciones

1. Las mujeres tienen menos probabilidades de morir en el parto

Alma Odette Chacón, de Guatemala, era apenas una adolescente cuando su madre murió en el parto. "Fue muy difícil", recuerda la Sra. Chacón, que hoy tiene 60 años. "De repente falta la pieza clave de la familia, y cada persona toma su propio camino".

Estas tragedias son menos comunes hoy en día. Durante el último cuarto de siglo, la mortalidad materna se ha reducido en un 40 por ciento. Ha sido un gran logro, pero dista mucho de los objetivos mundiales.

En la CIPD de 1994, los dirigentes se propusieron reducir la mortalidad materna en 75 de cada 100 000 nacidos vivos. Hoy en día, la tasa de mortalidad materna es de 216 muertes por cada 100 000 nacidos vivos.

Esto significa que más de 800 mujeres mueren cada día al dar a luz. La mayoría de estas muertes son evitables.

Tefta, una comadrona, solía hacer muchos partos a domicilio. “He sido de mucha ayuda, pues
muchos partos sucedían en casa: no había muchos centros de salud” © UNFPA/G. Banaj

2. Más mujeres se hacen madres bajo el cuidado de una partera calificada, como una comadrona

Una de las principales razones por las cuales las muertes maternas van disminuyendo es que más mujeres están recibiendo atención obstétrica capacitada. La asistencia capacitada en el parto ha aumentado del 67 % en 2010 al 79 % en 2017.

El UNFPA está colaborando con gobiernos y asociaciones de obstetricia para ampliar la cobertura de atención vital, mediante apoyo a más de 700 escuelas de obstetricia y la capacitación de más de 115 000 parteras desde 2009.

No obstante, aún queda un largo camino por recorrer. Alrededor de 30 millones de mujeres no dan a luz en un centro de salud, y 45 millones reciben la atención prenatal inadecuada.

Pero Shakai Tefta, una partera albanesa, es optimista. Ella ha visto la diferencia que marca su profesión, y el progreso del que disfrutan sus propias hijas y nietas.

"Estoy feliz de haber ayudado a tantas mujeres", afirma Shakai al UNFPA.

Mediha admite que mantener sus cinco hijos es un desafío. © UNFPA/I. Kapetanovi´c

3. Las mujeres son más propensas a ser madres por elección, no por casualidad

En los últimos 25 años, la prevalencia de uso de anticonceptivos aumentó en un 25 por ciento. Los embarazos no deseados disminuyeron en un 16 %.

Estos números representan una transformación de los derechos y la salud de las mujeres. Cuando las mujeres están empoderadas para decidir por sí mismas cuándo y si tener hijos, están en mejores condiciones para proseguir su educación y lograr sus aspiraciones.

A pesar de estos logros, muchas mujeres todavía no ejercen pleno control sobre sus propios cuerpos y su reproducción. Más de 200 millones de mujeres en todo el mundo desean evitar el embarazo, pero no usan medios anticonceptivos seguros y eficaces.

Mediha Besic, en Bosnia y Herzegovina, conoce estas luchas demasiado bien. Ella se convirtió en madre a los 16 años. A los 35 años ya tiene cinco hijos. "Quería usar anticonceptivos, pero cuando no tienes dinero, no es asequible", aseveró recientemente al UNFPA.

“Me encanta mi trabajo,” afirmó Rasamee al UNFPA. Quiere tener una familia menos
numerosa que las de generaciones anteriores. © UNFPA/Lexicon

4. Las madres tienen menos hijos

Hace veinticinco años, la tasa de fecundidad promedio mundial era de 2,9 nacimientos por mujer. Hoy ha disminuido a un promedio de 2,5, y se espera que este descenso continúe.

Estos cambios reflejan "la creciente toma de conciencia de la libertad reproductiva, según la cual un mayor número de mujeres y parejas pueden decidir el número de hijos que desean tener, los intervalos entre los partos y el momento adecuado para tenerlos", explica un informe reciente del Secretario General de las Naciones Unidas.

Rasamee, en Tailandia, es una de esas mujeres.

Tiene una educación impresionante, una carrera exigente y un nuevo bebé. Ella y su esposo se están ajustando felizmente a su nueva familia, y dicen que les gustaría tener un niño más, pero no los tres o cuatro que típicamente tenían las parejas en su comunidad.

"Yo tengo la suerte de que hoy tengo más oportunidades", manifiesta Rasamee.

Shaimaa, en Yemen, quedó embarazada después que la casaran a los 14 años. Las tasas de embarazo
adolescente son altas en muchas partes del mundo, particularmente en zonas con alta incidencia de
matrimonio infantil. “En nuestra comunidad, a las niñas las casan a muy temprana edad, como a los
9 o 10 años”, afirmó Shaima. “En mi caso, a los 14 años se consideraba un matrimonio tardío” 
© UNFPA Yemen/Fahmia Al-Fotih

5. Las mujeres tienen menos probabilidades de ser madres adolescentes

La maternidad, en promedio, se inicia más tarde de lo acostumbrado. Este cambio se refleja en una disminución de la tasa de natalidad adolescente a nivel mundial.

En 1994, la tasa de nacimientos entre adolescentes (niñas de 15 a 19 años) era de 65 nacimientos por cada 1000 mujeres. Hoy la cifra es de 44 nacimientos por cada 1000 mujeres.

Esto ha sido un logro importante para la salud y los derechos de las mujeres y las niñas. El embarazo precoz tiene consecuencias devastadoras para el bienestar de la niña y sus perspectivas de vida. Las madres adolescentes tienen menos probabilidades de completar sus estudios o encontrar trabajo. Son más vulnerables a la pobreza y la exclusión, y su salud es más frágil. De hecho, las complicaciones del embarazo y el parto son la principal causa de muerte entre las adolescentes.

Aunque las tasas de embarazo adolescente han disminuido, siguen siendo altas en muchas partes del mundo, especialmente en zonas donde el acceso a anticonceptivos es reducido y los índices de matrimonio infantil son elevados.

Durante 13 años, Margret (izquierda) vivió con fístula obstétrica, soportando el ridículo y el
aislamiento. Finalmente recibió tratamiento a través de una campaña apoyada por el UNFPA.
En la imagen se la ve traer a su amiga Agnes, que ha sufrido de fístula durante 10 años, a
que reciba tratamiento.© UNFPA Malawi/Henry Chimbali

6. Las lesiones traumáticas de parto, como la fístula obstétrica, se reconocen como importantes problemas de salud

Aunque ha mejorado la atención de la salud materna, el embarazo y el parto siguen siendo riesgosos para muchas mujeres en todo el mundo. Por cada mujer que muere en el parto, se estima que 20 a 30 sufren lesiones, infecciones o discapacidad.

Uno de los más graves traumatismos del parto es la fístula obstétrica: un agujero en el canal de parto que puede producirse en el curso de un parto prolongado y obstruido.

Su impacto sobre las mujeres es catastrófico. Las sobrevivientes de fístula a menudo sufren incontinencia, problemas médicos crónicos y aislamiento social. Se estima que más de 2 millones de mujeres en el África subsahariana, Asia, la región de los Estados Árabes, América Latina y el Caribe están viviendo con la fístula, y cada año aparecen alrededor de 50 000 a 100 000 nuevos casos.

Sin embargo, esta condición es casi totalmente evitable cuando las mujeres tienen acceso a atención médica oportuna y de alta calidad, en particular a cesáreas. Persiste en gran medida porque los sistemas de salud no logran proteger la salud y los derechos humanos de las mujeres y las niñas más pobres y vulnerables.

Pero los defensores de la salud han hecho luz en torno a esta cuestión. En 2003, el UNFPA y sus aliados iniciaron la Campaña para Erradicar la Fístula, que hoy funciona en más de 50 países para tratar la fístula y empoderar a las sobrevivientes. El 23 de mayo de 2013, las Naciones Unidas empezaron a conmemorar el Día Internacional para la Erradicación de la Fístula Obstétrica, una jornada anual para instar a la acción acerca de la cuestión. Y hace dos años, el Secretario General de las naciones Unidas instó al mundo a erradicar la fístula en el curso de una generación.

Rajeshwari dice que, en el curso de su vida, ha visto grandes cambios en las expectativas y en las
posibilidades de las mujeres.© UNFPA/Stormy Clicks 

7. La carga doméstica desigual que pesa sobre las madres ha disminuido, pero sólo por 7 minuto

Durante los últimos 25 años, la investigación sobre uso del tiempo ha revelado un enorme desequilibrio de género en las labores domésticas no remuneradas, incluidos el cuidado de niños y ancianos. Estas desigualdades se mantienen incluso cuando las mujeres trabajan igual número de horas fuera del hogar. En promedio, las mujeres pasan unas tres veces más cuidando de los niños y en otras formas de trabajo doméstico que los hombres, según la Organización Internacional del Trabajo.

En 23 países donde hay datos disponibles, la participación del hombre en el trabajo de cuidado no remunerado ha aumentado en las últimas décadas, pero no por mucho. Entre 1997 y 2012, la brecha de género en el tiempo invertido en la atención no remunerada disminuyó en solo siete minutos al día.

"A este ritmo, tardará 210 años (es decir, hasta 2228) para cerrar la brecha de género en lo relativo a la labor no remunerada de cuidado de personas en estos países", aclaró la OIT en un informe de 2018.

Esta carga desproporcionada disminuye el tiempo disponible para que las mujeres se dediquen al trabajo remunerado y otras actividades. Para demasiadas mujeres, tener un hijo significa salir de la fuerza de trabajo para llevar la carga en el hogar.

En la India, Rajeshwari sintió que los roles y las expectativas de género limitaban aquello a lo que podía aspirar. Después de casarse, dedicó la mayor parte de su vida a cuidar de su familia.

Hoy, a los 60 años, vuelve la mirada al pasado con satisfacción por sus dos hijos exitosos universitarios. Pero quiere que tengan más oportunidades que ella. "Les conté historias y les leí libros con énfasis en el servicio y en ser seres humanos honestos. Ansiaba verlos crecer y superarse", afirmó.