Documento orientativo para informar sobre la violencia digital: Guía práctica de referencia para periodistas y medios de comunicación

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Documento orientativo para informar sobre la violencia digital: Guía práctica de referencia para periodistas y medios de comunicación

Resource date: Nov 2021

La violencia digital se extiende rápidamente y no deja de evolucionar con la aparición de nuevas tecnologías. La perpetran tanto Estados como individuos y grupos delictivos, y se puede cometer de forma anónima y relativamente impune. Las leyes y políticas aún no han conseguido poner fin a esta lacra. No obstante, informar correctamente sobre la violencia digital puede concienciar al público y presionar a los gobiernos para que actúen ya. Este documento ofrece una guía rápida para los periodistas que cubren el cambiante mundo de la violencia en línea. 

¿En qué consiste la violencia digital?

Existen muchos términos para este tipo de abuso, pero la denominación más inclusiva es la de violencia de género facilitada por la tecnología. Se define de la siguiente manera: 

Acto de violencia perpetrado por uno o más individuos contra una persona por razón de su género, que tiene su origen en la desigualdad de género y en las normas de género y que se comete, asiste, agrava y amplifica de forma total o parcial mediante el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones o los medios digitales.

Abarca varias formas de abuso, desde el acoso en Internet, la incitación al odio, el doxing, el ciberacoso y el abuso basado en imágenes, hasta la desinformación de género, el chantaje, la explotación y el material que muestra abusos de niños. La violencia digital es obra tanto de individuos como de agentes estatales, por lo que los dirigentes deben tomar medidas para implementar políticas que pongan fin a la violencia digital de una vez por todas.

¿Cuáles son las consecuencias de la violencia digital?

La violencia digital acarrea graves consecuencias psicológicas y puede conducir a la violencia en el mundo real, como el acoso callejero, las agresiones físicas y sexuales e incluso los feminicidios y asesinatos. Otras consecuencias incluyen la pérdida de puestos de empleo, reputación profesional y de funciones de liderazgo. Los autores de la violencia digital que intentan evitar que determinadas personas —a menudo mujeres— participen en la esfera pública y la vida política pueden lograr su objetivo. Cuando esto sucede, las sociedades en su conjunto salen perdiendo y la igualdad de género se ve socavada.  

¿Por qué la violencia digital constituye un problema de género?

La violencia digital está impulsada por las normas de género y tiene consecuencias en materia de género. 

Las mujeres y las niñas tienen más probabilidades que los hombres y los niños de sufrir violencia digital, y es más probable que dicha violencia sea de naturaleza sexual y constituya una amenaza. Además de a las mujeres y las niñas, los agresores son más propensos a atacar a personas de color, personas LGBTQI y a las que pertenecen a otros grupos minoritarios. De este modo, *los índices de abuso** aumentan en el caso de las personas con identidades marginadas múltiples e interconectadas. La violencia digital suele nacer de la misoginia, el racismo y la homofobia y, como tal, puede constituir un delito de odio.

Las mujeres y las niñas víctimas de la violencia digital suelen sufrir distintas consecuencias: estigmatización, daños a la reputación, una menor productividad, efectos negativos sobre la salud mental y el bienestar psicológico, aislamiento tanto en el mundo virtual como en el mundo real, etc. Estas circunstancias contribuyen a reducir la participación de las mujeres y las niñas en los lugares de trabajo, las escuelas y los puestos de liderazgo. 

 Al informar sobre la violencia digital, los periodistas:

-          No deben culpar a las personas supervivientes y no desestimar la violencia digital como un simple caso de “acoso” o “troleo”. Es importante recordar que la violencia digital afecta a todos los ámbitos de la vida y a menudo conduce a la violencia en el mundo real.

-          Deben exigir que los poderosos rindan cuentas. No se debe imponer a las personas supervivientes la responsabilidad de poner fin al abuso; por ejemplo, bloqueando y denunciando a sus agresores. Las empresas tecnológicas pueden hacer más, y los gobiernos deben hacer cumplir la legislación para proteger la participación en línea de todas las personas. Los gobiernos, en particular los Estados autoritarios, no deben fomentar o facilitar la violencia en línea contra personalidades críticas, periodistas y defensores de los derechos humanos destacados.

-          Deben denunciar la violencia digital como un abuso de los derechos humanos. Las causas fundamentales de la violencia digital contra las mujeres, las niñas y las personas LGBTQI son la desigualdad de género y las diferencias de poder basadas en el patriarcado, la misoginia y el odio. La misoginia y los delitos de odio son cuestiones políticas porque pretenden negar a las personas supervivientes la participación en la vida pública y, en su forma más extrema, acabar con su vida.

-          Deben utilizar un lenguaje que respete las experiencias de las personas supervivientes. Las personas supervivientes definen sus experiencias de diferentes maneras, y muchas consideran que ciertos términos son degradantes o erróneos. Por ejemplo, algunos se oponen al término “pornografía vengativa” porque sexualiza a la víctima, implica consentimiento y da a entender que la culpa es de la persona sobreviviente. Debe valorarse la posibilidad de utilizar expresiones como: “difusión no consensual de imágenes íntimas”, “abuso sexual basado en imágenes” y “material que muestra abusos sexuales de niños”, en lugar de “pornografía vengativa” y “pornografía infantil”. Al referirse a la persona superviviente, es preciso diferenciar entre los términos “superviviente” y “víctima”. Este último suele utilizarse en el contexto de los procedimientos judiciales o en caso de fallecimiento de la persona superviviente. “Superviviente” da a entender que existe una capacidad de decisión en la superación de la violencia.

-          Deben utilizar un lenguaje que evidencie la responsabilidad de los agresores. No se debe decir que las imágenes íntimas de una persona se han “filtrado”, ya que esto sugiere un elemento de pasividad por parte del autor o de descuido por parte de la víctima. La difusión no consensuada de imágenes íntimas puede ser el resultado de la piratería informática, y un perpetrador puede publicar, difundir o vender estas imágenes de forma maliciosa.

-          Deben asegurarse de que las personas supervivientes dan su consentimiento informado para cualquier entrevista y respetar sus peticiones de anonimato. Consulte el manual del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres Silence and Omissions: A media guide for covering gender-based violence.

-          No deben pedir a las personas supervivientes que entreguen imágenes, vídeos o mensajes abusivos ni que revivan momentos que puedan volver a traumatizarlas. Consulte las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre la prevención del suicidio. No debe caerse en el sensacionalismo ni reproducir las notas de suicidio.

-          Deben hacer hincapié en las soluciones para la violencia digital, como, por ejemplo, aplicaciones y plataformas que pretenden acabar con esta lacra.

-          No deben contribuir a la incitación del odio. Informar sobre las “tendencias” de las redes sociales puede dar una visibilidad desproporcionada a los maltratadores, darles notoriedad y difundir información errónea. Puede incitar a que otras personas imiten este tipo de maltrato, e incluso normalizar el comportamiento y las prácticas abusivas.

-          Deben considerar el contexto general. No se debe informar sobre publicaciones abusivas en las redes sociales sin considerar con detenimiento el contexto más amplio. Se debe valorar, asimismo, el impacto del abuso en las víctimas y si dicho abuso es representativo de la opinión pública en general. 

 

 

 *Los periodistas también son especialmente vulnerables a la violencia digital, y las mujeres periodistas, los periodistas de color y los periodistas LGBTQI corren un mayor riesgo. Debe protegerse el trabajo de todos los periodistas, incluidos los de identidades marginadas. Las últimas investigaciones muestran que el apoyo entre periodistas es fundamental para mantener el bienestar frente al aumento de los abusos en Internet. Resulta cada vez más evidente que las redes de apoyo, aunque sean informales, constituyen recursos valiosos.

**En algunos países, las encuestas revelan que los índices de violencia de género facilitada por la tecnología son más de dos veces superiores a los de violencia de pareja para las adolescentes. Un estudio reciente indica que más del 58% de las mujeres jóvenes y las niñas han sufrido acoso en las plataformas de las redes sociales; los casos más comunes de abusos en Internet son el lenguaje abusivo e insultante, hacer pasar vergüenza de forma deliberada, criticar el cuerpo de las personas y las amenazas de violencia sexual. Esta cifra representa más del doble de las estimaciones mundiales, según las cuales 1 de cada 4 adolescentes sufre violencia física o sexual por parte de su pareja o marido.

Recursos adicionales

Los efectos de la pandemia en el abuso en línea 

Informe de la UNESCO sobre las tendencias mundiales de la violencia en línea contra las mujeres periodistas 

Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas y la Cuestión de la Impunidad

“Gendered disinformation is a national security problem”

Journalism Initiative on Gender-Based Violence, Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres (Universidad de Rutgers) 

Tandon, N. y Pritchard, S. (2015). “Cyberviolence against women and girls: A world-wide wake-up call”. Nueva York: Comisión sobre la Banda Ancha para el Desarrollo Digital de las Naciones Unidas 

“Online and ICT* facilitated violence against women and girls during COVID-19”  

Flynn, A., Powell, A., y Hindes, S. (2021). Technology-facilitated abuse: A survey of support services stakeholders (informe de investigación, 02/2021) ANROWS 

Suzie Dunn (2020). “Technology-Facilitated Gender-Based Violence: An Overview”. Centre for International Governance Innovation 

GBV AoR (2021). Serie de aprendizaje sobre la violencia de género facilitada por la tecnología

 

Este documento orientativo ha sido elaborado conjuntamente por el UNFPA, el organismo de la salud sexual y reproductiva de las Naciones Unidas, y el Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres de la Universidad de Rutgers.  

 

 

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