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Poner fin a la violencia de género en un mundo de 8 mil millones: Cómo el nuevo término «violencia reproductiva» ayuda a combatir un viejo problema

Jasbeer y sus hijas. ©UNFPA/Arvind Jodha
  • 15 Noviembre 2022

NACIONES UNIDAS, Nueva York - Tener o no tener hijos es una de las decisiones que más cambian la vida de una persona. 

Sin embargo, como muestra el informe del Estado de la Población Mundial 2022 del UNFPA, a las personas de todo el mundo —especialmente a las mujeres y a los miembros de los grupos marginados— se les impide con frecuencia decidir sobre este asunto, ya que son sus parejas, familiares, profesionales sanitarios e incluso los gobiernos quienes toman estas decisiones o influyen significativamente en ellas.

«Los hombres tienen mayor poder de decisión [en cuanto a la anticoncepción]. Es probable que las mujeres tengan que actuar en secreto o discretamente para obtener servicios de anticoncepción», declaró un hombre de la India a los autores del informe.

«Los hombres tienen la última palabra en la decisión. Es una práctica habitual que los profesionales pidan el consentimiento del esposo», asegura una mujer del Sudán.

Aunque las decisiones reproductivas de las mujeres han sido objeto de intromisión durante siglos, no ha sido hasta la última década que los investigadores han comenzado a identificar y analizar este concepto. Lo llaman «violencia reproductiva». 

¿Cómo es la violencia reproductiva? 

La violencia reproductiva incluye cualquier forma de abuso, coacción, discriminación, explotación o violencia que ponga en peligro la autonomía reproductiva de una persona. 

Esta forma de violencia de género puede ser ejercida por individuos como la pareja, familiares y profesionales sanitarios o por comunidades enteras, ya que las normas sociales influyen en las ideas de las sociedades sobre quién debe o no debe tener hijos. Por otra parte, los gobiernos suelen ejercer esta forma de violencia a través de leyes e instituciones, por ejemplo, impidiendo el acceso a los anticonceptivos o incluso realizando campañas de esterilización forzada. 

En el ámbito interpersonal, la violencia reproductiva puede consistir en que la pareja oculte, destruya o incluso saque por la fuerza los métodos anticonceptivos de su pareja; también puede consistir en el «stealthing», la práctica de sacarse el preservativo sin consentimiento durante las relaciones sexuales.

Para otras personas, la violencia reproductiva se da tras la noticia de un embarazo: a algunas mujeres se les obliga a ser madres contra su voluntad y a otras, a interrumpir el embarazo. 

Fue esto último lo que le ocurrió a Jasbeer Kaur, de 58 años, de Rajastán (la India). En 2020 relató al UNFPA que la familia de su marido intentó obligarla a interrumpir el embarazo tras enterarse de que Jasbeer estaba embarazada de trillizas, todas niñas. 

«En la familia de mi marido no había nacido ninguna niña en las últimas tres generaciones. Me dijeron que no estaban dispuestos a permitir que nacieran tres niñas a la vez en la casa. Me dieron un ultimátum: “o abortas o te marchas”», rememoró la Sra. Kaur.

Al exigirle esto, los suegros de la Sra. Kaur estaban perpetuando normas sociales y de género dañinas que atribuyen mayor valor a la vida de los niños que a la de las niñas. Los miembros de la comunidad de la Sra. Kaur reforzaron esta perspectiva discriminatoria, llamando a la Sra. Kaur «pobrecita» por no tener hijos varones.

«Aquí, la gente sigue pensando que... como madre, no has cumplido con tu deber hasta que no das a luz a un niño», contó al UNFPA una de las vecinas de la Sra. Kaur.

Pero la Sra. Kaur enfrentó estas normas y prácticas. Decidió abandonar a su marido y a su familia y continuar con su embarazo. Hoy, sus trillizas Mandeep, Sandeep y Pardeep están en la veintena y traban en el ámbito de la sanidad, del arte y de los negocios, respectivamente. 

«Hoy en día, se nos conoce por ser las hijas de Jasbeer Kaur. Queremos hacer cosas importantes en la vida», aseguró Sandeep.

Entender el problema para resolverlo 

Aunque la violencia reproductiva suele implicar a la pareja y miembros de la familia, como en el caso de la Sra. Kaur, no son estos los únicos responsables. Los gobiernos y las instituciones también cometen actos de violencia reproductiva a través de leyes y políticas coercitivas, algunas de las cuales tienen como objetivo controlar la fecundidad a nivel nacional.

Ahora que la población mundial supera los 8 mil millones de personas, las políticas demográficas de los países están en el punto de mira. Y, en particular, han empezado a aflorar evidencias de países que tratan de impulsar la fecundidad por medios discutibles, como la limitación del acceso al aborto y la supresión de la educación sexual en la escuela. 

El UNFPA ha alertado de que estos esfuerzos por manipular el tamaño de la población suelen tener poco impacto en la fecundidad a corto plazo y, a largo plazo, se corre el riesgo de causar grandes problemas.

«Centrarse únicamente en los números hace que las personas sean tratadas como productos, despojándolas de sus derechos y de su humanidad», declaró la Dra. Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del UNFPA, el 14 de noviembre en un artículo de opinión para TIME. «Hemos visto con demasiada frecuencia cómo los líderes fijan objetivos acerca del tamaño de la población o de las tasas de fecundidad, y las graves violaciones de los derechos humanos que de ello se derivan». 

«Digámoslo claramente: cuando hablamos del “problema” de las tasas de fecundidad o de un tamaño de población “ideal”, en realidad estamos hablando de controlar los cuerpos de las personas. Estamos hablando de hacer valer el poder sobre su capacidad de reproducción, ya sea por influencia o por la fuerza, desde políticas en las que se paga a las familias para que tengan más hijos, hasta violaciones atroces como la esterilización forzada, que a menudo sufren las minorías étnicas, los pueblos indígenas y las personas con discapacidades».

Hoy en día, muchas mujeres no pueden ejercer el control sobre su vida reproductiva. El UNFPA informa de que, en 64 países, más del 8 por ciento de las mujeres carecen de poder para decidir sobre anticoncepción y casi una cuarta parte de las mujeres carecen de poder para negarse a mantener relaciones sexuales. 

En lo que respecta específicamente a la violencia reproductiva, el UNFPA está trabajando actualmente en un documento técnico y desarrollando una herramienta de medición para ayudar a los profesionales de la salud, investigadores, instituciones y gobiernos a identificar dónde, cuándo y cómo se producen estas violaciones. Se trata de un paso fundamental para ayudar a las sociedades a abordar este problema y salvaguardar los derechos y las decisiones de las personas.

«Un mundo resiliente de 8 mil millones de personas, un mundo que defiende los derechos y las decisiones individuales, ofrece infinitas posibilidades: posibilidades para que las personas, las sociedades y nuestro planeta se desarrollen y prosperen», dijo la Dra. Kanem

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