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El conflicto de Malí se cobra un alto precio entre las mujeres embarazadas en medio de la creciente inseguridad

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Mujeres y niñas en el asentamiento de personas desplazadas de Socoura, en el centro de Malí, donde cientos de familias se refugian tras huir de la violencia en sus aldeas. © UNFPA Malí/Amadou Maiga
  • 06 de marzo de 2024

REGIÓN DE MOPTI, Malí - «Muchas mujeres vienen aquí a dar a luz como último recurso», explica Kadiatou Karembé, partera del hospital Sominé Dolo de Sévaré, en Mopti, en el centro de Malí. «A veces pasan la noche en la carretera debido a la inseguridad, aunque su situación sea urgente».

Las regiones central y septentrional de Malí se han visto asoladas en los últimos años por una violencia e inseguridad crecientes. Los grupos terroristas han tomado el control de numerosas aldeas remotas y de territorios más amplios, provocando desplazamientos masivos y sembrando el miedo en las comunidades.

La fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU, MINUSMA, se retiró del país a finales de 2023; sin embargo, hoy en día, una de cada tres personas necesita ayuda humanitaria y protección urgentes. Para muchas, incluso el viaje para dar a luz está plagado de peligros. 

«Derivan a las mujeres aquí desde hospitales comunitarios de zonas remotas», explicó la Sra. Karembé al UNFPA, el organismo de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva. «Una mujer fue trasladada porque tenía convulsiones eclámpticas, pero la retuvieron por el camino... y falleció».

Se calcula que las tasas de mortalidad materna en Malí oscilan entre 325 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, según estimaciones de 2018, y 440 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, según estimaciones de las Naciones Unidas de 2023; hasta 35 veces la tasa observada en países desarrollados. El acceso a los servicios de salud materna, incluida la atención obstétrica y neonatal de urgencia, es prácticamente imposible, especialmente para las personas desplazadas y las que viven en zonas afectadas por conflictos. Los centros sanitarios son escasos y los que existen a menudo son saqueados y carecen de personal, ya que muchos profesionales sanitarios también se encuentran desplazados.

«A la gente le resulta muy difícil acceder al hospital», explicó Felix Diarra, director del hospital Sominé Dolo. «Una familia estaba a tres días de aquí, pero nunca llegó. Tenemos ambulancias para traer a las personas que viven en áreas rurales, pero en las zonas en crisis se las han llevado... La crisis también ha afectado a la economía aquí, pero en el hospital ayudamos sea como sea».

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Félix Diarra es el director del hospital Sominé Dolo de Sévaré, en la región de Mopti, en el centro de Malí. © UNFPA Malí/Amadou Maiga

Cubrir las lagunas de la atención sanitaria

Con financiación de Dinamarca, el UNFPA dotó a la unidad de maternidad del hospital Sominé Dolo de material para partos, una mesa de operaciones, una máquina de reanimación y un ecógrafo. Eso ayudó al personal sanitario a atender de forma segura unos 2.250 nacimientos en el hospital en 2023; unos 187 partos al mes.

Aissata Touré, de 16 años, estaba embarazada de su primer hijo. «Tuve dolores de estómago durante días», cuenta. «Al final, un trabajador sanitario de donde vivo me informó de que no había posibilidad alguna de dar a luz allí. Me dijeron que viniera a este hospital, pero el viaje fue difícil; no fue nada cómodo».

Recorrió unos 170 kilómetros desde su casa en Ngouma para llegar al hospital, ayudada por familiares. «Fue aterrador», afirma su tío, Abdoulaye Bocoum. «Si la familia no hubiera podido permitirse alquilar un coche, no habría podido llegar hasta aquí. No hay medios de transporte donde vive mi sobrina ni ayudas: los servicios sociales básicos han colapsado».

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Fatoumata Dienta, de 25 años, dio a luz en un centro de salud comunitario a más de tres horas de distancia de Dena, su aldea, tras el estallido de violencia en la zona. © UNFPA Malí/Amadou Maiga

Suministros, servicios y apoyo en medio de una crisis

HELP, un asociado del UNFPA, envía equipos sanitarios móviles a las zonas rurales de Mopti para prestar servicios esenciales a mujeres y niñas y deriva los casos críticos a los centros de salud. Los equipos también distribuyen a los centros de todos los distritos kits de salud reproductiva, que incluyen material para partos seguros y la gestión clínica de las violaciones.

«El mayor reto es atender a las personas heridas en ataques; sobre todo a las mujeres y los niños», explicó el Sr. Diarra en el hospital. «En 2022 hubo 460 heridos de guerra; en 2023, 480».

Fatoumata Dienta, de 25 años, tuvo que afrontar el amargo dilema de elegir entre la violencia en Dena, su aldea, o un largo e incierto viaje al campamento de desplazados, a más de tres horas de distancia. «Una noche, los terroristas irrumpieron en casa y nos dijeron que nos fuéramos al día siguiente», contó al UNFPA. «No teníamos medio de transporte... Estaba embarazada de dos meses y me puse enferma».

Finalmente dio a luz sana y salva en un centro de salud comunitario, pero muchas más mujeres y niñas siguen en condiciones precarias, hacinadas en asentamientos de personas desplazadas en las cercanas Barigondaga y Socoura.

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La partera Kadiatou Karembé atiende a un recién nacido en el quirófano del hospital Sominé Dolo, equipado por el UNFPA. © UNFPA Malí/Amadou Maiga

Para satisfacer sus necesidades, el UNFPA distribuye productos de salud materna y reproductiva y apoya a un equipo móvil de parteras y enfermeras de un centro de salud comunitario en Socoura. Ese equipo proporciona consultas prenatales, postnatales y de planificación familiar y deriva los casos de emergencias obstétricas. El personal también ofrece asistencia psicosocial para hacer frente al trauma de haber sido desplazada por la fuerza y enfrentarse a una violencia a menudo grave.

El UNFPA también apoyó la contratación y formación de más de 50 parteras en la región de Mopti en 2023 y la renovación de 12 unidades de maternidad rurales. Se enviaron ocho equipos móviles a los distritos de Bandiagara, Djenné, Koro y Mopti, que prestaron servicios de salud materna a más de 4.000 mujeres. También se suministraron once motoambulancias a las unidades de maternidad rurales, con financiación de Canadá e Italia.

En el hospital Sominé Dolo, la Sra. Karembé mantiene su compromiso de ayudar a las mujeres de su comunidad. «Desde niña me ha encantado la idea de trabajar de partera», afirma. «La falta de equipos y los cortes de electricidad dificultan el trabajo, pero estoy orgullosa de poder salvar a madres e hijos».

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