Es una de las lesiones más devastadoras del parto aunque es totalmente prevenible y tratable. Además, ponerle fin está a nuestro alcance.
La fístula obstétrica se produce por un parto prolongado y obstruido sin acceso a tratamiento médico oportuno. Es una consecuencia directa de las desigualdades económicas. Si no se trata, las consecuencias de la fístula pueden durar toda la vida, provocando estigma y vergüenza que pueden ser devastadores para la salud mental, el bienestar y las perspectivas financieras de mujeres y niñas.
En dos décadas, el número de casos de fístula obstétrica ha disminuido drásticamente; sin embargo, todavía la padecen demasiadas mujeres y niñas, especialmente las más vulnerables. Con esto en mente, el tema del Día Internacional para la Erradicación de la Fístula Obstétrica de este año es: “Su salud es un derecho: invirtamos en poner fin a la fístula y a las lesiones durante el parto”.
Reducir aún más los casos de fístula obstétrica exige una inversión basada en datos en materia de prevención y tratamiento, así como una defensa más sólida y asociaciones innovadoras. Asimismo, requiere una atención sanitaria integral, universal y de alta calidad que sea accesible y garantice servicios maternos esenciales, atención quirúrgica segura y oportuna y la disponibilidad de suministros y equipos.
Es una inversión inteligente: la prevención y el tratamiento eficaces de la fístula reducen los costos de atención sanitaria a largo plazo y la pérdida de productividad, además de contribuir a la estabilidad social y económica de las familias y comunidades.
“La fístula obstétrica es un crudo recordatorio de que la atención médica materna de calidad sigue siendo una promesa incumplida para demasiadas mujeres y niñas”, afirma la Directora Ejecutiva del UNFPA, Diene Keita. “No tiene por qué ser así. La fístula es completamente prevenible y su eliminación está a nuestro alcance. Toda mujer tiene derecho a dar a luz de forma segura y a prosperar, con dignidad, a lo largo de su vida”.