Declaración

Declaración de la Directora Ejecutiva del UNFPA, Dra. Natalia Kanem, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2022

23 Noviembre 2022

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Ahora que la población mundial acaba de alcanzar los 8.000 millones de habitantes, podemos celebrar las numerosas señales del progreso humano. Hemos llegado hasta aquí gracias a la mejora de la salud y la prolongación de la vida. Sin embargo, la realidad es que el progreso ha sido desigual y que la violencia contra las mujeres y las niñas continúa  menoscabando sistemáticamente a muchas de ellas su dignidad, su bienestar y su derecho a vivir en paz.

Esta situación se mantendrá mientras se siga considerando que los derechos y las opciones de las mujeres son inferiores a los de los hombres, y que su cuerpo no les pertenece.

La violencia contra las mujeres y las niñas tiene lugar en todas partes: los hogares, las escuelas, las empresas, los parques, el transporte público, los estadios y, cada vez más, en Internet. Se intensifica en el contexto del cambio climático y en tiempos de guerra. Para las mujeres y las niñas no hay ningún lugar completamente seguro. La violencia contra ellas sigue constituyendo la violación de los derechos humanos más crónica, devastadora e ignorada del mundo.

A pesar de ello, esta violencia es completamente prevenible. Podemos detener esta crisis actuando en solidaridad con el creciente número de personas que han dicho “¡basta!”. Toda persona tiene derecho a la autonomía corporal y a sentirse segura y protegida.

En este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el UNFPA se une a sus socios de las Naciones Unidas, y a la Campaña ÚNETE del Secretario General de las Naciones Unidas, para pedir a los Gobiernos y a sus aliados que tomen medidas ya, para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas en todas sus formas.

Detener la propagación de la violencia, propiciada por el uso de las tecnologías, se ha convertido en una urgencia. El mundo digital rebosa de acoso, odio y abuso, y estos a veces se extienden a espacios no virtuales con consecuencias letales. Un sobrecogedor 85% de las mujeres ha sido víctima de violencia o testigo de ella en entornos virtuales, según la Unidad de Inteligencia de The Economist. Los porcentajes son aún más altos en los lugares donde la desigualdad de género sigue estando más arraigada. Además, el abuso y el daño pueden verse agravados por la confluencia de otros factores, como la raza, la discapacidad y la religión,  aspectos que también deben tener en cuenta nuestras medidas de prevención y respuesta frente a las violencias de género.

La campaña bodyright del UNFPA está concientizando al mundo sobre el hecho de que los logotipos de las empresas y otros materiales protegidos por derechos de autor gozan de mayor salvaguardia digital que los seres humanos. Esta campaña ha contribuido a poner en marcha un movimiento diverso de alcance mundial que persigue detener la violencia promovida por la tecnología, y vincula a  activistas de los derechos de la mujer con los reguladores gubernamentales y los proveedores de servicios tecnológicos del sector privado. Con apenas un año de trabajo, la Global Partnership for Action on Gender-Based Online Harassment and Abuse (Alianza Mundial de Acción contra la Violencia de Género Digital), que cuenta con el UNFPA entre sus líderes, ya está impulsando nuevas alianzas y formas de visibilidad y acción.

Las señales de cambio son evidentes en la nueva legislación sobre seguridad digital del Reino Unido y los Estados Unidos. La República Democrática Popular de Laos ha dotado a los proveedores de servicios de instrumentos adecuados para que puedan responder a la violencia promovida por la tecnología. Túnez ha puesto en marcha una aplicación para ayudar a los jóvenes a navegar por Internet con seguridad. La Argentina ha incorporado este asunto en los programas de educación sexual integral.

El sector privado también ha empezado a poner de su parte. Algunas empresas tecnológicas, por ejemplo, han introducido nuevos controles en el seguimiento en línea de la ubicación y el intercambio de datos. Otras enmascaran la información identificativa para limitar el uso sesgado de los datos e incluso su uso como arma. 

Todos estos son buenos puntos de partida, pero queda mucho por hacer. Más allá de las leyes y los controles de seguridad, por muy importantes que sean, también tenemos que transformar radicalmente la forma en que consideramos el derecho de las mujeres y las niñas a tomar decisiones sobre su cuerpo y a vivir sin violencia. Esto significa transformar las normas sociales y de género perjudiciales, así como desmantelar todas las barreras que impiden el ejercicio de tales derechos, empezando por las personas más marginadas y sometidas a las formas de violencia y discriminación más graves. 

Inspirémonos en el compromiso de activistas de todos los sectores y de todo el mundo que se movilizan e impulsan estos objetivos, con unidad y decisión. Únete al movimiento bodyright para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, por siempre y para siempre. 
 

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