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Violencia sexual en conflictos: subestimada, poco denunciada y en peligro de “normalizarse”

Violencia sexual en conflictos: subestimada, poco denunciada y en peligro de “normalizarse”
Acompañada de un equipo médico móvil, una trabajadora sanitaria del UNFPA visita habitualmente Homs, Siria. © UNFPA Siria
  • 19 Junio 2022

NACIONES UNIDAS, Nueva York – Mientras los milicianos alardeaban sobre cómo se repartirían a las niñas, Khetam*, una refugiada siria en Iraq, temía por su vida. «Dos comandantes me habían elegido a mí y a una amiga como sus esposas», recuerda para el UNFPA. El supuesto “matrimonio” consistía en violaciones y control por el tiempo que los milicianos deseasen. «Cuando replicamos que éramos demasiado jóvenes para casarnos, nos golpearon y torturaron durante casi toda la noche, hasta que no nos quedó más remedio que rendirnos».

La violencia sexual en situaciones de conflicto sigue estando extendida y es sistemática, tal y como señala un informe reciente del Secretario General de las Naciones Unidas. Además, se nutre de la «creciente desigualdad, el aumento de la militarización, la reducción de espacios civiles y el tráfico ilegal de armamento ligero y pequeñas armas, entre otros factores». La violencia sexual relacionada con los conflictos ⸺lo que incluye agresiones, violaciones, matrimonios forzados, trata, esclavitud sexual, esterilización forzada, abortos forzados y otras formas de coacción sexual⸺ se utiliza para infundir miedo, dolor, sufrimiento y censura en sus víctimas. Las supervivientes, así como sus familias, sufren consecuencias a largo plazo, desde estrés postraumático, embarazos no intencionales, infecciones de transmisión sexual y estigma social hasta amenazas de represalias si buscan asesoramiento jurídico o denuncian las agresiones.

A medida que las crisis proliferan y los conflictos se prolongan, más mujeres y niñas narran al UNFPA que la violencia contra ellas se está “normalizando”; es decir, se está dando una creciente y alarmante aceptación colectiva de este delito, normalmente acompañada de un fracaso tanto de los mecanismos de protección como de la responsabilidad jurídica en el caos del conflicto.

Maya*, una refugiada siria en Jordania, relata cómo «muchas de mis amigas han sufrido esta [violencia de género], algunas a diario. Continuamente son acosadas, golpeadas y obligadas a casarse demasiado jóvenes cuando no lo desean… llegan a lastimarlas y algunas veces a matarlas».

Barreras físicas y psicológicas para ayudar a las supervivientes

Dos personas cargan leña.
Women return from colleMujeres regresan de recoger leña en Unity State, en Sudán del Sur, donde existen niveles alarmantes de violencia sexual en mitad de un conflicto creciente y de un aumento de catástrofes climáticas. © UNFPA Sudán del Sur

El acceso a asistencia médica, incluidos los servicios de salud reproductiva y sexual y psicosocial, se ve gravemente alterado en situaciones de conflicto, mientras que la prestación humanitaria de servicios esenciales se enfrenta a grandes dificultades. Desde una inestabilidad generalizada hasta carreteras e infraestructuras destruidas y accesos bloqueados, suele ser más difícil llegar a aquellas personas que más lo necesitan. Incluso cuando los servicios están disponibles, es posible que las supervivientes tengan miedo de utilizarlos debido a la vergüenza o al miedo a ser excluidas por sus comunidades o a ser castigadas más duramente por sus agresores.

En Sudán del Sur, que registra elevadísimas tasas de violencia sexual a medida que los conflictos se vuelven más agresivos, el simple hecho de abandonar el hogar en busca de necesidades básicas está plagado de peligro. Para Achol*, de 14 años, ir a buscar agua fue suficiente para poner en riesgo su vida. «Cuando estaba junto al grifo, un hombre desconocido se acercó. Me agarró y me metió una prenda de ropa en la boca, me arrastró hasta un edificio abandonado donde me violó y amenazó con matarme». El agresor todavía no ha sido arrestado.

La desigualdad de género arraigada es tanto causa de la violencia sexual, como obstáculo para prevenirla. La amenaza de la violencia suele privar a las niñas de su escolarización, el miedo las encierra en sus hogares, donde se encargan de las tareas más pesadas, incluyendo las de cuidados. Las supervivientes pueden sufrir lesiones debilitantes y ser rechazadas por la sociedad y sus familias.

La Directora Ejecutiva del UNFPA, la Dra. Natalia Kanem, explicó que la prevalencia y la falta de rendición de cuentas de la violencia sexual en conflictos se deben en gran medida a «la persistencia de ideas evidentemente discriminatorias, incluyendo el que los hombres piensen tener derecho a los “botines” de guerra y crean que las mujeres y las niñas son utilizables y desechables».

Las dificultades de denunciar un “delito silencioso”

Por cada superviviente que es capaz de contar su historia, hay miles que permanecerán para siempre en silencio (o silenciadas). La violencia sexual es un delito que no suele denunciarse, incluso en periodo de paz. En situaciones de conflicto, los obstáculos para denunciar no hacen más que multiplicarse. Muchos ciudadanos, periodistas y trabajadores humanitarios que promueven la rendición de cuentas o logran denunciar estos delitos ante el mundo son también perseguidos por su trabajo.

El UNFPA ha lanzado una campaña para amplificar las voces de las supervivientes y combatir el riesgo de normalizar la violencia contra las mujeres y niñas, especialmente en situaciones de crisis. Los derechos humanos de las supervivientes deben estar en el centro de todas las respuestas ante la violencia sexual, en las que la salud e información en materia de salud sexual y reproductiva es una parte no negociable.

Los programas del UNFPA en contextos de crisis brindaron apoyo a 2,3 millones de supervivientes de violencia de género en 2021 y lograron que 1.000 instalaciones sanitarias en 38 países pudieran ofrecer cuidados especializados. Trabajadores del UNFPA y asociados estuvieron sobre el terreno en todo el mundo a medida que las crisis estallaban y las necesidades aumentaban, por ejemplo, suministrando kits posviolación y anticonceptivos de emergencia.

Pero la desalentadora realidad sobre el terreno para las personas más vulnerables contrasta irremediablemente con las ambiciones de organizaciones como el UNFPA, que lucha por brindar apoyo: los expertos sostienen que los datos, ya de por sí estremecedores, sobre violencia sexual son solo la punta del iceberg de las cifras reales, todavía desconocidas. 

Interpelando a la comunidad internacional para que se movilice de inmediato a la luz de las horribles denuncias de violencia sexual que nos llegan de la guerra de Ucrania, Pramila Patten, Representante Especial de las Naciones Unidas, manifestó que «un campo de batalla activo nunca puede llevar a cabo una contabilidad rigurosa […] si esperamos a tener datos y estadísticas fidedignas, siempre será demasiado tarde. No necesitamos información irrefutable para aumentar la respuesta humanitaria».

* Nombres cambiados por razones de confidencialidad y protección

 

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