En todo el mundo, las y los jóvenes se sienten esperanzados de cara al futuro, pero les preocupan profundamente la inestabilidad económica y los conflictos, y muchos carecen de servicios de salud, educación y oportunidades de empleo que les permitan alcanzar sus objetivos de vida. Llevan vidas diversas en diferentes contextos, pero universalmente quieren tomar sus propias decisiones y alcanzar sus aspiraciones, incluido si y cuándo formar familia.
La paz es, a la vez, una preocupación fundamental y una aspiración compartida de las y los jóvenes, que abogan activamente por el cambio; por ello están liderando la resiliencia comunitaria y de base, así como los esfuerzos locales de recuperación de crisis, al tiempo que impulsan la innovación social para construir la solidaridad global. Una mayor inversión en sus capacidades fortalecería este liderazgo y nos llevaría a un mundo más pacífico y próspero.
Todo joven tiene derecho a la educación, a la salud y a la autonomía corporal. Garantizar que las y los jóvenes tengan oportunidades y opciones es una responsabilidad compartida que requiere inversiones sostenidas en su capacidad de tomar sus propias decisiones y en el capital humano, así como en la equidad social y económica entre las distintas generaciones.
Invertir en la juventud, en particular en las adolescentes y en las comunidades marginadas que enfrentan desafíos como las crisis climáticas y los conflictos, es fundamental para prevenir deficiencias en las esferas de su salud y sus habilidades, las cuales podrían tener consecuencias para toda la vida. La educación sexual integral puede dotar a adolescentes y jóvenes de todo el mundo de la confianza, la capacidad y el poder para conducir sus propias vidas de la manera que aspiran.
Este año, al celebrar el Día Internacional de la Juventud, las y los jóvenes de todo el mundo necesitan apoyo continuo para tomar sus propias decisiones, alcanzar sus aspiraciones y mantener la confianza en el futuro.