Hoy en día se reconoce mundialmente que el cumplimiento de los derechos de las mujeres y las niñas es fundamental para el desarrollo. Si quisiéramos averiguar en qué grado se reconoce a escala mundial que el ejercicio de los derechos de las mujeres y las niñas es fundamental para el desarrollo, muchas pistas nos remontarían a El Cairo en 1994.
Allí, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), distintas opiniones sobre los derechos humanos, la población, la salud sexual y reproductiva, la igualdad entre los géneros y el desarrollo sostenible se fundieron en un importante consenso a escala mundial, que situó la dignidad individual y los derechos humanos, incluido el derecho a planificar la propia familia, en el centro del desarrollo.
Un cuarto de siglo más tarde, el mundo ha presenciado un notable progreso. Se ha registrado un aumento del 25 % en la tasa de prevalencia de uso de anticonceptivos a nivel mundial. Los partos de adolescentes han descendido marcadamente, y la tasa de mortalidad materna ha disminuido en todo el mundo; pero el progreso ha sido lento y desigual. Cientos de millones de mujeres de todo el mundo aún no están utilizando métodos anticonceptivos modernos para evitar embarazos no deseados, y no se han cumplido las metas mundiales de reducción de la mortalidad materna.
En noviembre de 2019, más de 8.000 delegados, en representación de gobiernos, defensores, organizaciones de salud, mujeres y jóvenes activistas y otros, de más de 170 países, se reunieron en Kenia para la Cumbre de Nairobi sobre la CIPD25. Allí, asumieron unos 1.300 compromisos claros y concretos para promover los objetivos de la CIPD y garantizar los derechos y la dignidad de todos.






