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Las casas de salud familiar salvan vidas y emplean a mujeres en las zonas rurales de Afganistán

Laila Amini, partera, revisa a una madre y a un recién nacido en la casa de la salud familiar de la aldea de Arkalik. Imagen cortesía de AADA.
  • 13 Mayo 2022

FARYAB, AFGANISTÁN – Hace cinco años, la partera Laila Amini vio morir a una niña en medio del parto por causas totalmente prevenibles. Ese día, la Sra. Amini resolvió que ninguna otra mujer o niña de su comunidad moriría mientras todavía tuviera una oportunidad de luchar por su vida. 

Trabajó con la pequeña comunidad de la aldea de Arkalik, a fin de crear conciencia sobre la importancia de la atención obstétrica. “Al trabajar de manera mancomundada para asegurar que no volviera a ocurrir ninguna muerte materna en la aldea, la comunidad también se dio cuenta de que mi trabajo era crucial, y valora los servicios proporcionados”, aseguró la Sra. Amini.

Desde entonces no ha ocurrido otra muerte materna. 

Transporte de emergencia

La Sra. Amini recuerda vívidamente el caso. Era un frío día de invierno cuando una niña de 17 años llegó a la casa de salud familiar local, un centro de salud comunitario administrado por una partera de la misma comunidad. Estos centros proporcionan servicios esenciales de salud reproductiva, materna, neonatal e infantil en las zonas menos atendidas.

Un trabajador médico registra la presión arterial de un paciente.
Las trabajadoras sanitarias han demostrado ser esenciales. En la imagen, una clínica apoyada por la ONU en Herat, Afganistán. © UNOCHA/Sayed Habib Bidell

La niña sufría dolor de parto extremo, pero sus familiares no tenían los medios para llevarla a tiempo a la casa de salud familiar. Llegó en una carretilla y murió poco después.

Al entablar diálogos con la comunidad, la Sra. Amini motivó a los aldeanos a reunirse para buscar soluciones de transporte de emergencia. En conjunto, la comunidad identificó dos automóviles de alquiler en la zona cuyos propietarios acordaron movilizarse inmediatamente para transportar a mujeres embarazadas que necesitaran atención urgente. Los aldeanos recolectaron y reservaron el dinero para cubrir las tarifas de alquiler. En el momento en que sea necesario, los autos pueden llevar a las mujeres al hospital más cercano, a una hora de distancia en vehículo de motor.

El sistema ha funcionado durante cinco años, y la casa de salud familiar se ha convertido en proveedora de servicios para una zona más amplia. La casa de salud familiar de Arkalik, destinada originalmente a atender hasta a 300 pacientes al mes, ha duplicado con creces su alcance. La Sra. Amini atiende a unas 700 pacientes al mes y permanece de guardia las 24 horas.

“Esta clínica es pequeña, pero hace una gran contribución a la salud de las mujeres en esta aldea”, manifestó la Sra. Amini.

Servicios de salud con personal femenino

Con el apoyo del UNFPA, hay 172 casas de salud familiar en todo el país, y se han convertido en parte integral del sistema de salud de Afganistán, en particular tras la retirada de la asistencia para el desarrollo posterior a la toma de las riendas del poder en el país por los talibanes en agosto de 2021. 

La ampliación y el fortalecimiento de estas casas de salud familiar es una prioridad para el UNFPA y los asociados que trabajan a través del Fondo Fiduciario Especial para Afganistán, un mecanismo de financiación interinstitucional de las Naciones Unidas que busca ayudar a cubrir las necesidades básicas de supervivencia en el país. Hay planes en marcha para ampliar el número de casas de salud familiar a 1.500.

Estos centros no sólo aumentarán el acceso a la atención prenatal, materna y neonatal vitales, sino que también ofrecerán oportunidades de empleo muy necesarias para las mujeres en un momento en que los derechos de las mujeres y las niñas están cada vez más amenazados.

Una mujer con burka se encuentra frente a un muro.
Las restricciones a los movimientos, la vestimenta, la educación y otras oportunidades para las mujeres y las niñas han suscitado alarmas. © UNOCHA/Pierre Peron

El año pasado se promulgaron normas cada vez más draconianas relativas a la vida de las mujeres y las niñas, incluidas la interrupción de la educación de las niñas más allá del sexto grado, restricciones a la circulación y un requisito recientemente anunciado de que se cubran los rostros en público. Se prevé que las restricciones al empleo de las mujeres le cueste al país mil millones de dólares estadounidenses en pérdidas económicas.

En tales circunstancias, las trabajadoras sanitarias son más críticas que nunca, no sólo como prestadoras de servicios de salud vitales, sino también como proveedoras de sus propias familias. 

En este marco, se capacitará a las mujeres que trabajen en las casas de salud familiar, cuyas aptitudes serán inestimables. “Mi padre siente mucho orgullo cada vez que la gente de nuestra comunidad se acerca a él para expresar aprecio por su apoyo a mi educación para hacerme partera”, compartió la Sra. Amini, quien espera que su récord de cero muertes maternas se mantenga durante el mayor tiempo posible. 

“No hemos registrado muertes maternas aquí desde ese desafortunado día hace cinco años”, explicó. “El índice de cero muertes maternas representa el éxito de mi trabajo, y es una gran inspiración para mí”. 

El apoyo a las casas de salud familiar es sólo una de las intervenciones del UNFPA en Afganistán con miras a garantizar la protección de la salud y los derechos de las mujeres y las niñas. En 2022, para ampliar la prestación de servicios vitales de protección y salud reproductiva para 9,3 millones de personas afectadas por la crisis, el UNFPA necesita 251,9 millones de dólares estadounidenses. Hasta la fecha sólo se ha financiado el 13 % de ese llamamiento.

 

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