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“Lo perdimos todo”: En Yemen, el dolor de una madre pone al descubierto el costo humano de la crisis climática

Umm Mahra, de 38 años, tiene cuatro hijos y lleva siete años viviendo en un campamento de desplazados en las tierras altas del suroeste de Yemen. Tuvo un aborto espontáneo debido a la desnutrición y el agotamiento.
  • 06 Diciembre 2023

TAIZ, Yemen – “Un día, cuando regresaba de buscar agua, me derrumbé en la carretera. Sangraba tanto que sabía que iba a perder a mi bebé”.

Umm Mahra tenía 31 años y cinco meses de embarazo cuando se vio obligada a buscar refugio con su familia en un remoto campamento de desplazados en Taiz, en las tierras altas del suroeste de Yemen.

El conflicto que estalló en todo el país y una sequía paralizante se ha afianzado, exacerbando la situación de millones de personas que ya huyen para salvar sus vidas.

“Esperábamos encontrar algo de paz y seguridad”, explicó la Sra. Mahra, que ahora tiene 38 años, al UNFPA, el organismo de salud sexual y reproductiva de las Naciones Unidas. “Pero no las encontramos. Tuvimos que luchar por cada gota de agua, cada bocado de comida, y cada bocanada de aire. Tuvimos que caminar millas en busca de agua. Todo fue muy difícil”.

En una crisis humanitaria, las mujeres y las niñas enfrentan una gama de riesgos, desde mayores riesgos de violencia y explotación por motivos de género hasta matrimonios forzados e infantiles, enfermedades y malnutrición. La falta de alimentos, agua y acceso a la salud, junto con el esfuerzo excesivo y los altos niveles de estrés, hacen que los embarazos y los partos también estén plagados de peligros adicionales.

“Tenía cuatro hijos que cuidar”, contó la Sra. Mahra. “Mi esposo estaba tratando de ganar algo de dinero para apoyarnos… Estaba débil y desnutrida, y sufrí complicaciones [del embarazo] debido a la falta de atención y nutrición adecuadas”.

Después de su colapso, la Sra. Mahra fue conducida a Adén y tratada en el Hospital Al-Sadaqa, que está a tres horas de distancia y cuenta con el apoyo del UNFPA, con financiación de los Estados Unidos. “Me limpiaron el útero y me trataron gratis”, dijo.

Le salvaron la vida y restablecieron su salud física , pero la pérdida del embarazo la atormentó: “Perdí a mi hijo y mi salud mental se deterioró”.
 

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De alrededor de 1.100 personas que viven en el campamento de desplazados, al menos 20 son mujeres embarazadas con escaso acceso a la atención médica, agua potable o alimentos suficientes. © UNFPA Yemen

La desigualdad de género profundiza la vulnerabilidad

En Yemen las desigualdades de género, enormes y arraigadas, también significan que la mayoría de las mujeres deben quedarse en casa para cuidar de los niños y realizar tareas arduas.

“Volví al campamento [desde el hospital], y solo unos días después tuve que reanudar mis deberes”, recordó la Sra. Mahra. “No tenía otra opción. Tuve que buscar agua, cocinar, limpiar y cuidar a mis hijos y a las pocas ovejas que quedaban. Soporté dolor, tristeza, miedo y desesperación... Pero tenía que sobrevivir”.

Una nueva investigación del UNFPA muestra que los fenómenos climáticos extremos y los desastres posteriores tienen un impacto desproporcionado sobre la salud mental y física de las mujeres, las niñas y los recién nacidos, tales como ansiedad, trastornos hipertensivos, nacimientos prematuros y de bajo peso y los nacidos muertos.

Yemen se encuentra entre los 14 países más vulnerables al cambio climático: Los fenómenos meteorológicos extremos, que van desde ciclones hasta sequías e inundaciones repentinas , han aumentado en frecuencia y ferocidad durante la última década. Desde principios de año, los desastres climáticos en Yemen han desplazado a más de 200.000 personas, muchas de las cuales ya se habían visto obligadas a desplazarse varias veces, y habían perdido su forma habitual de obtener ingresos así como el acceso a la atención médica básica.

Para las mujeres y las niñas, las consecuencias han sido profundas y han puesto en peligro sus vidas: para buscar agua y leña, por ejemplo, podrían tener que caminar durante horas, a menudo sin compañía, bajo el sol ardiente, sobre tierras traicioneras y en medio de un conflicto activo.

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El conflicto en Yemen se ha visto gravemente exacerbado por la crisis climática. Hay más de 4,5 millones de desplazados internos y más de 21 millones necesitan asistencia humanitaria urgente. © UNFPA Yemen

Los efectos multiplicadores del cambio climático

Para muchas mujeres como la Sra. Mahra, no siempre fue así. 

“Vengo de una gran familia de agricultores y pastores que han vivido de la tierra durante generaciones. Teníamos muchas ovejas y vacas, cultivos y forraje, y un pozo que nos proporcionaba agua limpia”, aseguró. “Pero todo cambió. La lluvia se hizo escasa, y no sabíamos cuándo plantar y cuándo cosechar. Los cultivos fracasaban, el pozo se secó y los animales murieron de hambre”.

Esta catástrofe se ha visto agravada por la brutal guerra que asola Yemen, que durante ocho años ha creado una inseguridad desenfrenada y gran agitación económica. Lamentablemente, los desastres dobles de este tipo no son infrecuentes: “es claro que el cambio climático contribuye al aumento de los conflictos”, señala la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que esta semana ha convocado una cumbre para abordar los peligros climáticos.

“Vimos desaparecer nuestro medio de vida. Nunca antes hemos vivido con tales dificultades en nuestra región. La tierra se volvió estéril, la gente se desesperó”, rememoró la Sra. Mahra.

El conflicto de Yemen ha desplazado a más de 4,5 millones de personas dentro del país, y ha dejado a más de 21 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria urgente. Mientras tanto, la crisis climática aprieta su mordaza y millones de vidas y medios de vida más sufren debido a un equilibrio cada vez más frágil.

“No soy la única aquí que sufrió, hay muchas más como yo. Somos víctimas del cambio climático, la guerra y la injusticia. Lo perdimos todo. Necesitamos su ayuda”

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