Dividendo demográfico

Exposición general

Aproximadamente la cuarta parte de la población mundial tiene entre 10 y 24 años de edad: las aspiraciones y los logros de estos jóvenes serán los que definan el futuro. Al mismo tiempo, están disminuyendo las tasas de fecundidad en muchas partes del mundo. Un país en el que el número de personas jóvenes aumenta y la fecundidad disminuye puede beneficiarse del «dividendo demográfico», es decir, el impulso a la productividad económica que se deriva del aumento de la población activa respecto al número de personas a cargo.
El UNFPA trabaja con asociados, entre otros la sociedad civil, comunidades y gobiernos, para fomentar políticas que permitan materializar dicho dividendo. Estas políticas incluyen la mejora del acceso a una educación y a puestos de trabajo de calidad, así como la inversión en la salud de los jóvenes, en especial la salud sexual y reproductiva.

Más personas jóvenes que nunca

El número total de jóvenes hoy día es mayor que nunca —hay cerca de 1800 millones de personas de entre 10 y 24 años de edad— y se prevé que seguirá aumentando hasta cerca de 2070, según proyecciones demográficas moderadas.

A pesar de que la población joven de muchos países está disminuyendo, los países menos adelantados cuentan con una población joven numerosa que crece a gran velocidad. En estos momentos, cerca del 60% de la población de los países menos adelantados es menor de 24 años, y para mediados del presente siglo este grupo de edad habrá aumentado otro 60%. El número creciente de personas jóvenes, junto con la disminución de las tasas de fecundidad, ofrece una oportunidad económica clave.

El dividendo demográfico es el potencial de crecimiento económico que puede producirse a consecuencia de los cambios que se registran en la estructura de edad de una población, sobre todo cuando la proporción de la población en edad activa (de 15 a 64 años) es mayor que la de la población que no se encuentra en edad activa (de 14 años y menores o de 65 años y mayores).

El potencial de beneficios económicos puede ser enorme, siempre y cuando se disponga de políticas adecuadas y se hagan inversiones cuantiosas y estratégicas en el capital humano, especialmente en los jóvenes.

La transición

Para que el dividendo demográfico se materialice, un país debe experimentar una transición demográfica, es decir, el cambio de unas tasas de fecundidad y mortalidad elevadas a otras bajas. Por lo general, la mortalidad se reduce cuando las tasas de supervivencia infantil aumentan gracias a la mejora de las normas de salud y saneamiento. Suele seguirle una disminución de la tasa de fecundidad y, como las familias tienen menos hijos, los hogares disponen de recursos para invertir en su bienestar a largo plazo.

Con el tiempo, los niños nacidos durante la fase temprana de esta transición se incorporan a la fuerza de trabajo. Cuando esta crece con mayor rapidez que la población a cargo, hay recursos disponibles para invertir en el desarrollo económico. Esto ofrece la oportunidad de un crecimiento económico rápido si se han puesto en marcha las políticas sociales y económicas y las inversiones adecuadas.

En las décadas de los cincuenta y sesenta, varios países de Asia Oriental realizaron una inversión considerable en su población joven y ampliaron el acceso a la planificación familiar voluntaria. Esto permitió que las personas retrasaran el momento de formar una familia y se tuvieran menos hijos. Como la tasa de fecundidad disminuyó, se redujo el número de familiares a cargo y hubo más recursos disponibles para crear o ampliar negocios, construir infraestructuras y realizar inversiones productivas. El resultado fue un crecimiento económico sin precedentes: la República de Corea, por ejemplo, experimentó un crecimiento de su producto interno bruto (PIB) per cápita de alrededor del 2200% entre 1950 y 2008. El PIB de Tailandia creció un 970%. Según el Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2014, en la actualidad se están produciendo cambios demográficos en cerca de 60 países, con lo que se están creando las condiciones necesarias para un dividendo demográfico. Si los países de África Subsahariana consiguen reproducir la experiencia de Asia Oriental, la región podría materializar un dividendo demográfico de hasta 500 000 millones de dólares anuales durante un período de 30 años.

Tomar las medidas adecuadas

Con el fin de aprovechar al máximo el dividendo demográfico, los países que experimentan una reducción de la tasa de fecundidad deben tomar medidas específicas que empoderen a los jóvenes para desarrollar su potencial. Esto incluye fomentar el empleo digno, invertir en educación y garantizar el acceso a una nutrición y salud adecuadas, que incluya el acceso universal y sin límites a los servicios de salud sexual y reproductiva.

Tales servicios desempeñan un papel importante a la hora de sacar el máximo partido al dividendo demográfico. Cuando se empodera a las mujeres para que decidan el número de hijos que desean tener y el espaciamiento entre los nacimientos, las tasas de fecundidad tienden a disminuir. Los servicios de salud sexual y reproductiva también reducen la cantidad de enfermedades y lesiones, con lo que se garantiza que las personas estén en condiciones de contribuir a la economía. Además, las mujeres con acceso a estos servicios se encuentran mejor para continuar trabajando, lo que permite consolidar el bienestar financiero de sus familias y comunidades.

Perspectivas para la materialización del dividendo

Gracias al rápido crecimiento de su población joven, los países menos adelantados tienen una oportunidad óptima de materializar un dividendo demográfico. Pero también se enfrentan a las mayores dificultades para lograrlo.

Hacia mediados de este siglo, la población de los países menos adelantados se habrá duplicado. Esto significa que 14 millones de jóvenes se incorporarán a la población en edad activa cada año. Crear las condiciones para que haya medios de subsistencia decentes será una tarea colosal, sobre todo si se tiene en cuenta que, en la actualidad, cerca del 80% de las personas en edad de trabajar en estos países se encuentran desempleadas, subempleadas o empleadas de manera irregular. Además, la escasez de recursos financieros hará que resulte complicado no ya incrementar, sino mantener el nivel de gasto en salud, educación y nutrición.

A esto se suma la disparidad existente entre las demandas que los países imponen a los jóvenes y las oportunidades que les ofrecen. En realidad, son muchos los que no pueden terminar la escuela ni encontrar empleo productivo, bien remunerado. Los países deben reconocer y cultivar el potencial de la población joven: es el recurso más importante de un país.

¿Qué está haciendo el UNFPA?

En la región del Sahel, el Banco Mundial y el UNFPA colaboran para apoyar a los países en la consecución del dividendo demográfico. El UNFPA trabaja además con los encargados de la formulación de políticas para animar a que se aumente la inversión en los jóvenes.

Su labor se centra, asimismo, en eliminar las barreras al empoderamiento económico y social de los jóvenes, en especial de las adolescentes, ya que, con demasiada frecuencia, ellas son víctimas de la discriminación y la desigualdad a todos los niveles. Prevenir el matrimonio infantil, mantener a las niñas en la escuela y garantizar que tienen acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva puede suponer un avance considerable a la hora de mejorar su vida y la vida de sus familias y comunidades.

Actualizado 18 de noviembre 2014

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