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Argentina

El nombre y los datos de identificación se han modificado por motivos de privacidad y protección.

Fotografía utilizada solo con fines de representación y que no representa la persona de la historia

Argentina
© Unsplash

[Un acosador] se hizo pasar por mí en las redes sociales y envió fotografías íntimas a otros hombres en chats virtuales donde se hablaba de sexo de manera agresiva.

Les facilitó indicaciones sobre mi domicilio y mi horario, y compartió con ellos información personal, de mi trabajo y mi familia. Tuve que cambiar de número de teléfono después de recibir mensajes de hombres a todas horas.

Les hizo creer que yo quería encontrarme con ellos y que me gustaba hacer ver que me estaban violando. Al creer que era yo quien hablaba con ellos en Facebook, esos hombres comenzaron a buscarme en los lugares a los que yo acudía diariamente. Otros me reconocían mientras caminaba por la ciudad. Me abordaban con intenciones sexuales. Esto sucedió unas 50 veces en un par de años.

Cuando se produjo el primer encuentro, no entendía cómo alguien que veía por primera vez conocía tantos detalles sobre mi vida. Una vez un hombre estaba en una esquina cerca de mi casa, y me dijo cosas acerca de lamerme el cuello y los detalles de lo que me quería hacer sexualmente... Tuve mucho miedo y me fui corriendo a casa.

Temía que los hombres me secuestraran, me violaran, me mataran. Durante un año y medio apenas salí de casa. Trabajaba de forma remota. Me distancié de amistades que bromeaban sobre mi situación o la banalizaban. La mayoría de mis amigos hombres había interactuado con mi perfil falso; algunos incluso habían recibido. Me sentía como una muerta en vida cuya única misión diaria era ver qué podía hacer para salir de esa situación.

“Pensé en irme a vivir a otro sitio, pero sabía que el problema me perseguiría a todas partes; era inútil escapar. ”

DOXING

desplázate hacia abajo
© Juri Gianfrancesco
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Natalia
Vamos a quedar.
Natalia
Si me resisto, es parte de la fantasía. No pares ni aunque te lo pida.
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Quedamos a las 5:00 P.M. en mi casa
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Quiero verte.
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Fotografía utilizada solo con fines de representación y que
no representa la persona de la historia

Doxing

Publicar información personal y confidencial sin autorización, lo que incluye la dirección del domicilio y del trabajo, números de teléfono, direcciones de correo electrónico y apellidos sin permiso.

Unsplash/Nestor Barbitta
© Unsplash/Nestor Barbitta

Nadie pensaba que la situación fuese preocupante. Decían que, si sucedía en las redes sociales, tampoco era para tanto.

Casi dos años después del primer incidente, el perfil falso se puso en contacto con un amigo, quien me advirtió sobre ello. Grabamos la conversación y la llevamos a la unidad encargada de las denuncias, que luego las presenta a los tribunales. Se identificó a una persona a través de los mensajes enviados a otros hombres. Me concedieron una orden de alejamiento y un botón de pánico.

Mi vida cambió por completo. Me dediqué plenamente al estudio de la violencia digital hacia las mujeres. Me hice abogada para ayudar a otras mujeres.

Todavía me asusta el contacto con hombres que no conozco, por si es alguien que ha visto mis fotos y pueda querer extorsionarme o pedirme favores sexuales. Me agobia cualquier fallo en mis computadoras o equipos, porque creo que alguien puede estar tratando de piratearlos. No publico fotografías con amistades o familiares. Investigo en profundidad a cualquiera que no conozca que empiece a seguirme en las redes sociales. Nunca acepto solicitudes sin identificación. Las alertas de intentos de acceder a mi correo electrónico me generan un estado de pánico total.

La violencia digital evoluciona a la misma velocidad que las innovaciones tecnológicas. Se trata de un trabajo ininterrumpido, todos los días de la semana, porque se producen constantemente nuevos ataques en todas partes, y

“los agresores no descansan cuando ven que pueden controlar a sus víctimas desde la comodidad de sus hogares.”

El mensaje principal para los agresores es: la violencia no es menos violencia solo porque se lleve a cabo de forma digital. Y el mensaje para las sobrevivientes de este tipo de violencia: merecemos vivir en libertad. Si la vida nos lo impide, debemos luchar para romper las cadenas.

1 de cada 6

mujeres de ocho países que sufrieron acoso o abuso en línea vieron publicados sus datos personales en Internet. En Estados Unidos la proporción es 1 de cada 3.
– Amnistía Internacional
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La campaña bodyright del UNFPA afirma que las mujeres y las niñas son dueñas de sus cuerpos e imágenes de sus cuerpos y tienen derecho a decidir si se comparten y cómo se comparten. Conoce más sobre el bodyright y conciénciate sobre la violencia digital.

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Un mundo virtual libre de violencia es posible. El UNFPA, la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva, apoya el derecho de todas las mujeres y niñas a vivir sin temor a la violencia de género o el abuso en todos los espacios, incluso en Internet. Todas y todos desempeñamos un papel para lograr que esto deje de ser una esperanza y se convierta en una realidad.

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La campaña bodyright del UNFPA afirma que las mujeres y las niñas son dueñas de sus cuerpos y de las imágenes de sus cuerpos, y que compartirlas en cualquiera de sus formas sin su consentimiento es una violación de sus derechos humanos y de su privacidad, dignidad y autonomía corporal.

Firma la petición de la campaña bodyright del UNFPA y de Global Citizen por la que se pide a las empresas de tecnología y contenido que garanticen a los cuerpos de las mujeres y niñas la misma protección y el mismo respeto que a una entidad jurídica con copyright. Comparte el símbolo de bodyright para mostrar tu apoyo a los derechos irrenunciables de las mujeres y las niñas.

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Haz más

Cualquier persona que comparta las imágenes íntimas de una mujer sin su consentimiento (incluso si quien las comparte no es el autor original) está cometiendo violencia contra las mujeres. Haz que la interrupción de esa cadena comience contigo. Si ves a alguien atacando, intimidando o amenazando a alguien en línea, no te unas a la cadena. Publica mensajes positivos que contrarresten lo negativo. Informa el abuso a la plataforma tecnológica. Una sobreviviente de ciberturba aseguró que se sintió apreciada y respaldada por personas que la defendieron.

PARA LAS EMPRESAS TECNOLÓGICAS:

HACEDLO MEJOR

El UNFPA se unió al llamado que hace la Fundación World Wide Web a Facebook, Google, TikTok y Twitter para que den prioridad a la seguridad de las mujeres en línea, exigiéndoles el cumplimiento de los compromisos asumidos durante el Foro Generación Igualdad 2021 llevado a cabo en París. Pero hay muchas plataformas más. En palabras de Thorn, una organización que trabaja para eliminar el abuso sexual infantil, “no lograremos el objetivo de crear una Internet segura hasta que cada plataforma en la que se pueda subir información haya adoptado medidas de detección proactivas”.

Para los legisladores y las fuerzas del orden:

HACED LO CORRECTO

Según The Economist Intelligence Unit, “en 64 de 86 países, los organismos encargados de hacer cumplir la ley y los tribunales parecen no estar tomando las medidas correctivas adecuadas para hacer frente a la violencia contra las mujeres en línea”. Protejan a las mujeres y niñas en línea con una reforma que haga responsables a los perpetradores. Estar físicamente en una jurisdicción distinta (una sin legislación que enfrente la violencia en línea) de la de la víctima no debería ser un pase libre; los organismos transfronterizos deberían trabajar de manera conjunta para castigar a los agresores. Buscar justicia no debe ser otra experiencia traumática.