Una historia de violencia en 16 objetos
22 November 2017
La violencia contra las mujeres es una epidemia mundial. Afecta a cada cultura, comunidad y país del mundo.
Entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre, el mundo celebra los 16 días de activismo contra la violencia de género. Con motivo de este evento, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha recopilado fotos de 16 ejemplos de incidentes reales en los que se produce un abuso. En conjunto, estos materiales presentan la realidad tácita pero persuasiva de la violencia.
© UNFPA Yemen
«Esto es lo que quedó de mis dientes cuando mi marido me pegó».
Ameera* solo tenía 13 años cuando se casó con un maltratador en Yemen. (Se han cambiado los nombres indicados con un asterisco). Un día, le pegó con el palo de la escoba por haberle despertado tarde de una siesta al medio día. Le fracturó la nariz y le destrozo los dientes. Ameera vive ahora en un refugio proporcionado por el UNFPA y guarda los fragmentos de los dientes como prueba para el juicio.
© UNFPA Yemen
«Mi marido me abofeteó y me arrastró», cuenta Sonisay* en Camboya.
Esa es la huella que deja Sonisay en una situación en la que huye de la violencia de su marido. Una de cada tres mujeres sufre algún tipo de abuso en todo el mundo, con más frecuencia por parte de algún conocido.
© UNFPA Cambodia/Sophanara Penn
En Somalia, una mujer que practica la mutilación genital femenina muestra las cuchillas que usa para realizarla.
Las tradiciones como la mutilación genital femenina o el matrimonio infantil promulgan la violencia. La mujer sabe que la mutilación genital femenina es perjudicial. «Mi hija enfermó poco después de que le practicara», afirmó. Sin embargo, no cree que las cosas vayan a cambiar. Más de 200 millones de mujeres y niñas vivas han sufrido la mutilación genital femenina, que puede provocar sangrado, infección e incluso la muerte.
© UNFPA/Georgina Goodwin
«Me llevó a su casa, me quitó la ropa y me forzó a acostarme con él».
En Zambia, Mirriam, de 14 años, visitó este centro de asesoramiento después de haberse visto obligada a casarse con un hombre de 78 años. «Es muy doloroso», afirmó. «Me decía que tenía que hacerlo porque ahora era su esposa». En los países en vías de desarrollo, aproximadamente una de cuatro chicas se casará siendo una niña. El matrimonio infantil también se practica en los países desarrollados.
Foto de la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes de Zambia y del UNFPA.
La violencia genera una sombra alargada sobre las personas y las familias.
La familia de Tatiana en Ucrania se siente rota por los abusos que sufre a manos de su marido. Él falleció, pero ella y sus seis hijos siguen aquí intentando recomponerse en esta pequeña casa. «Vivo por mis hijos», afirmó Tatiana. «No tengo marido. Quizás algún día encuentre otro. Sin embargo, los niños están aquí; están siempre aquí».
© UNFPA Ukraine/Maks Levin
La violencia de género puede provocar dolor crónico, conmoción, discapacidades o la muerte.
A Martha se le trató con estos artículos de primeros auxilios después de que su marido le pegara brutalmente en Lusaka, Zambia. «Tenía la cara muy hinchada», afirmó un asesor del refugio que visitó. «Además, tenía varios cortes en la espalda. Nos dijo que si no hubiera salido corriendo, probablemente la habría matado». Dos tercios de las víctimas mortales de violencia doméstica son mujeres y niñas.
Foto de la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes de Zambia y del UNFPA.
«La tiró sobre la cama y comenzó a estrangularla».
La violencia sexual puede frustrar la vida de una mujer y generarle terror, estigmas, enfermedades o embarazos. En Jordania, una joven solicitó atención médica en esta clínica después de ser violada. Se sintió aliviada al saber que no estaba embarazada, «pero estaba muy triste y en shock», afirmó la Dra. Rania Elayyan, que la trató. Como muchas supervivientes, esta mujer eligió vivir este ataque en secreto.
© UNFPA Jordan/Elspeth Dehnert
La violencia adopta distintas formas, incluida la tortura psicológica.
En Bolivia, el novio de Carmen no paraba de ridiculizarla y burlarse de su ropa y apariencia. Finalmente, comenzó a esconderse de él en los baños de su universidad, incluido este. «Estos pequeños detalles importan», afirmó. «Afectan a tu autoestima y te cambian».
© UNFPA Bolivia/Focus
La privación económica es también una forma de violencia, algo que lleva a las mujeres y niñas a la desesperación.
Este juez de Nicaragua ha condenado al padre de Sofía, que pegó a su mujer y negó la asistencia económica a Sofía. Dejó de pagar cuando Sofía se quedó embarazada a los 14 años, a una edad inferior a la edad de consentimiento. «Cuando más lo necesitaba y me quedé embarazada tenía 14 años. Me dio la espalda», afirmó Sofía. «Ahora se me hace muy difícil avanzar. Me es muy complicado estudiar». El juez ordenó que el padre la asistiera económicamente hasta los 21 años.
© UNFPA Nicaragua/Joaquín Zuñiga
«Nuestros hermanos nos encarcelaron en esta oscura habitación durante 20 años, desde que éramos niños».
Existen casos horribles en los que mujeres y niñas fueron privadas de su libertad. En ese momento, Balqees* tenía 9 años. La encerraron junto a su hermana en esta habitación en Yemen. Los hermanos pensaban que las chicas serían una vergüenza para la familia si se les veía en público. Finalmente, los hermanos las abandonaron completamente y los vecinos tuvieron que liberarlas.
© UNFPA Yemen
La violencia engendra violencia, que se extiende a las nuevas generaciones.
Omar*, de seis años, rompió su piano de juguete al intentar proteger a su madre del abuso de su padre. Su madre estaba asustada por el bienestar de sus hijos. «Quiero un futuro mejor para mis hijos; no quiero verlos sufrir», afirmó.
© UNFPA Morocco
«Arriesgamos nuestras vidas en el bosque todos los días para recoger leña para cocinar».
En las crisis humanitarias, las mujeres se convierten en el objetivo. Zeinabu, de 22 años, fue atacada por el Boko Haram cuando recogía leña fuera del campamento de desplazamiento en el noreste de Nigeria. Muchas mujeres han sido violadas, secuestradas o asesinadas cuando recogían leña. Este es un haz que ha recogido Zeinabu.
© UNFPA Nigeria
En escenarios de crisis, las mujeres no solo se ven forzadas a buscar comida y refugio, también luchan por saber adónde pueden ir y cómo pueden vestirse para reducir las amenazas.
La violencia sexual se ha generalizado entre los refugiados de Rohingya que huyen de la crisis en Myanmar. Se ha acumulado esta montaña de ropa donada fuera de un campamento de refugiados en Bangladés; las mujeres han rechazado los artículos porque no son lo suficientemente modestos como para pasar desapercibidos.
© UNFPA Bangladesh/Veronica Pedrosa
El padre de Rawa* usó esta cuerda para amarrarla a la cama antes de violarla.
La guerra puede hacer que las mujeres sean vulnerables incluso en sus propias casas. En Yemen, donde se ha producido una de las catástrofes humanitarias más grandes del mundo, las denuncias por violencia de género han aumentado en más de un 60 por ciento. El aumento se debe probablemente a la desintegración de los sistemas de protección, el estrés extremo y los mayores esfuerzos para efectuar denuncias. Sin embargo, los daños humanos reales causados por este tipo de violencia son incalculables.
© UNFPA Yemen
El problema no lo resolverán mujeres, activistas, líderes ni las leyes. Los hombres y los niños también tienen una responsabilidad.
Ry, en Camboya, afirma que solía ser violento con su mujer en esta casa. Sin embargo, se unió a la campaña Good Men (Hombres buenos), una iniciativa para la violencia de género final. Actualmente, está decidido a hacerlo mejor. «Si pudiera volver atrás, no habría discutido con mi mujer». La habría amado mejor y respetado más», afirmó.
© UNFPA Cambodia/Sophanara Pen
Estas historias deben rescatarse de las sombras, mostrar el ámbito real del problema e iluminar el camino.
En Bielorrusia, una superviviente de violencia doméstica dibujó esta flor en una clase maestra de terapia artística. El objetivo de los supervivientes es el de expresar sus miedos y vencerlos, y comenzar a crecer a partir de ellos. El tema de la clase es «abierto a la vida».
© UNFPA Belarus/Dina Ermolenko