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Estado de la población mundial 2010

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Capítulo ocho

¿Y el próximo decenio?

Echando una mirada retrospectiva hacia el último decenio — y una mirada hacia adelante para el próximo decenio— los funcionarios de mantenimiento de paz de las Naciones Unidas y de los organismos de socorro humanitario perciben no solamente cambios concretos en las sociedades después de los conflictos sino también una evolución muy positiva, y al mismo tiempo, vislumbran nuevas dificultades que exigen asumir compromisos a largo plazo en la etapa siguiente:

Una mujer contempla los restos de edificios en el barrio de Carrefour Feuilles, Puerto Príncipe, Haití, sumamente destrozado por el terremoto.  ©Benjamin Lowy/VII Network

desarrollo de todos los sectores de la sociedad, manteniendo al mismo tiempo la focalización en la mujer, para que la reconstrucción y el restablecimiento sean de larga duración. Muchas de esas mismas cuestiones también son pertinentes en crisis y emergencias humanitarias, como el terremoto en Haití.

“La resolución 1325 del Consejo de Seguridad sienta las bases y los lineamientos generales del camino a seguir para satisfacer las necesidades concretas de las mujeres y las niñas, los hombres y los niños varones, afectados por conflictos, así como en el proceso de reconstrucción posterior al conflicto”, dice la Dra. Nata Duvvury, Codirectora del Programa Mundial de Estudios sobre la Mujer en la Universidad Nacional de Irlanda, Galway, y una importante personalidad académica sobre temas relativos a las sociedades en situaciones posteriores a conflictos. “Los países están logrando adelantos en cuanto a formular y aplicar políticas de conformidad con la resolución 1325, pero no tenemos ningún ejemplo en que todos los aspectos de la resolución se hayan traducido en políticas eficaces o, lo que es más importante, en mecanismos transparentes de rendición de cuentas”.

“Por ende, todavía no estamos en condiciones de llegar a una conclusión acerca de si realmente estamos avanzando hacia un mundo donde haya menos conflictos, aun cuando en 2001 un importante estudio constató que los países donde hay mayor igualdad entre los géneros son menos propensos a utilizar la violencia en las crisis internacionales. Esto indica que la reducción de los conflictos es una posibilidad si las sociedades en situación posterior a conflictos se comprometen en pro de la igualdad entre los géneros como base de la renovación y la reconstrucción”, dice Duvvury. El estudio, titulado “Género, violencia y crisis internacional”, por Mary Caprioli y Mark Boyer, apareció en la revista Journal of Conflict Resolution.

Tanto los gobiernos como las fuerzas de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz comprenden que se ha iniciado una nueva era y que, aun cuando en algunos lugares el progreso pueda ser lento, es mucho lo que se ha de ganar al apoyar a las mujeres e incluirlas en la consolidación de la paz y la reconstrucción. Los organismos de las Naciones Unidas han afirmado muy claramente que las mujeres son la clave del desarrollo nacional y que después del conflicto, aspiran a ser consideradas no como meras víctimas necesitadas de protección, sino como importantes protagonistas de la recuperación. A nivel comunitario, las organizaciones no gubernamentales vinculadas dentro de sus países por teléfonos móviles y a escala internacional por conexiones de Internet, están creando programas innovadores de conformidad con las necesidades, las condiciones y las culturas específicas de cada lugar. Se pide a los gobiernos donantes que escuchen sus ideas.

Los organismos multinacionales y las organizaciones regionales también se han incorporado a la acción en lo concerniente a la mujer, la paz y la seguridad. La Unión Africana, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y el Banco Mundial figuran entre las entidades que organizaron eventos sobre esos temas en 2010. La reunión de la OSCE se focalizó concretamente en “comprender los beneficios de involucrar a las mujeres en la seguridad”, e incluyó el papel de la mujer en una amplia gama de actividades, desde prevención de conflictos hasta lucha contra el terrorismo.

[29] MARGOT WALLSTRÖM, REPRESENTANTE ESPECIAL DEL SECRETARIO GENERAL SOBRE VIOLENCIA SEXUAL EN LOS CONFLICTOS: UN PROGRAMA DE CINCO PUNTOS

Poner fin a la impunidad: Para las mujeres afectadas por la guerra, la justicia demorada es más que justicia denegada; es terror continuado. La prioridad máxima es contrarrestar el círculo vicioso de la impunidad. Como se desprende claramente de la Declaración de Beijing: ningún Estado puede aducir las costumbres nacionales como excusa para no garantizar los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los individuos.

Proteger y potenciar a las mujeres y las niñas afectadas por la guerra: La protección y la potenciación son las dos bases gemelas de las resoluciones 1325 y 1820. No solamente estamos protegiendo a las mujeres contra la violencia, sino que estamos protegiéndolas para que se transformen en agentes de cambio.

Fortalecer el compromiso político y el liderazgo: Las resoluciones 1820 y 1888 del Consejo de Seguridad no constituyen fines en sí mismas, sino que son instrumentos en manos de los líderes políticos. Se trata de acrecentar los copartícipes en la acción: congregar a los Estados, los organismos de las Naciones Unidas y los órganos regionales, de modo que se apropien de este programa y se sientan responsables de su éxito, puesto que la violencia sexual ya no debe ser encasillada como “una mera cuestión de mujeres”.

Replantear la violación sexual como táctica de guerra y terror: En los conflictos contemporáneos, la violación sexual es la línea del frente. Es un problema de seguridad que requiere una respuesta de seguridad. Es preciso reconocer y darse cuenta de que esto es así. Quienes toleran el terror sexual lo hacen desafiando al Consejo de Seguridad, que tiene facultades para imponer sanciones, remitir los casos a tribunales internacionales y aprobar enérgicas medidas para obligar al cumplimiento de sus disposiciones. En las negociaciones de paz es necesario abordar desde un principio y cabalmente la violencia sexual a fin de prevenir que la violación sexual en tiempos de guerra se transforme en una realidad en tiempos de paz.

Armonizar y ampliar la respuesta de la comunidad internacional : Para las mujeres afectadas por la guerra, no hay “1325”, ni “1820”, no hay “programas, fondos o entidades”. Lo único que existe es simplemente “las Naciones Unidas” y es preciso que estemos unidos en la acción, en una causa común con los copartícipes gubernamentales y no gubernamentales.

Mientras echamos una mirada retrospectiva a la promesa de la Plataforma de Beijing y a la aprobación de la resolución 1325, también echamos una mirada hacia adelante, hacia un futuro en que la inclusión de las mujeres en cuestiones de paz y seguridad no sea una novedad, sino lo normal. Sabemos que la paz no será paz para las mujeres si persiste la violación sexual, si la ley no hace justicia para las mujeres y no estipula reparaciones, y si tener un asiento a la mesa de negociaciones no garantiza una auténtica participación, tras decenios de exclusión de la mujer. En última instancia, el cambio debe sentirse en las vidas de las mujeres que marchan camino del mercado en el Congo oriental, que recogen leña en las afueras de un campamento en Darfur, o que aguardan en fila la oportunidad de votar en una aldea del Afganistán. La seguridad de esas mujeres es la verdadera medida del éxito.

El Director del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas, Secretario General Adjunto Alain Le Roy, y la Asesora del Departamento en cuestiones de género, Comfort Lamptey, perciben que en las tareas de mantenimiento de la paz emergen algunas tendencias positivas, lo cual es de buen augurio para la protección y la promoción de la mujer.

La primera mujer que se desempeñó como Asesora principal en cuestiones policiales del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz ocupó su cargo en 2010, cuando el Secretario General Ban Ki-moon otorgó a Ann-Marie Orler un ascenso a ese alto cargo. Orler, abogada y veterana tras 20 años en la Policía Nacional sueca, había sido desde 2008 la Asesora adjunta del Departamento en cuestiones policiales y estaba conduciendo acciones para contratar mayor cantidad de mujeres en las fuerzas policiales de las Naciones Unidas.

Ameerah Haq, Representante Especial del Secretario General para Timor-Leste y Jefa de la Misión Integrada de las Naciones Unidas en Timor-Leste (UNMIT), presenta un informe ante el Consejo de Seguridad.
©UN Foto/Paulo Filgueiras

Hay ahora tres misiones de las Naciones Unidas para el establecimiento de la paz que en su parte civil están dirigidas por sendas mujeres, Representantes Especiales del Secretario General: Ellen Margrethe Løj, de Dinamarca, en Liberia; Ameerah Haq, de Bangladesh, en Timor-Leste; y Lisa M. Buttenheim de los Estados Unidos, en Chipre. A medida que las Naciones Unidas avanzan hacia misiones más integradas, con soldados para el mantenimiento de la paz y organismos de socorro humanitario que colaboran constituyendo equipos de trabajo en cada país, esas altas funcionarias estarán al frente de gran parte de las tareas ulteriores de rehabilitación y asistencia para la reconstrucción iniciadas por las misiones de mantenimiento de la paz, en cooperación con los respectivos gobiernos. Una eficaz policía civil y el establecimiento del Estado de derecho tienen importancia crucial para el desarrollo posterior a los conflictos, especialmente para las mujeres que sólo recientemente han sido beneficiarias de nuevas leyes contra la violencia en el hogar. Además, se ha designado a cuatro mujeres como representantes adjuntas sobre el terreno.

Le Roy dijo que se están ampliando rápidamente el papel y las cantidades de los oficiales de policía de las Naciones Unidas, a medida que va aumentando la cantidad de países que pasan a situaciones posteriores a conflictos, que se van reduciendo las cantidades de tropas y que pasa a ser prioritario asegurar un legado de policía civil competente. En función de las distintas políticas vigentes en cada país, los oficiales de policía de las Naciones pueden patrullar, colaborar en investigaciones o impartir cursos de formación de fuerzas policiales locales y nacionales. En un lapso de cinco años, han aumentado espectacularmente las cantidades de agentes de policía de las Naciones Unidas. “En 2006, había en nuestras misiones 6.000 oficiales de policía”, dijo Le Roy. “Hoy contamos con más de 13.000. En los últimos tres años hemos duplicado las cantidades, y la tendencia va en aumento; además, hay cada vez mayor proporción de mujeres”.

“En los últimos diez años ha cambiado completamente nuestra función en el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz”, dijo Le Roy. “El mandato de mantenimiento de la paz es hoy mucho más complejo y tiene un programa mucho más amplio. Tenemos que ocuparnos mucho más de la sociedad civil”. Dijo que en Burundi, el Afganistán y Nepal, las misiones han promovido la fijación de cuotas para las mujeres en las legislaturas. Agregó: “Hemos propugnado la aprobación de la ley sobre violación sexual en Liberia y la formulación de la ley sobre violencia en el hogar en Timor-Leste. En materia de derechos humanos, tratamos de que se establezca el marco jurídico”.

Es imprescindible que la transición, desde el establecimiento de la paz a cargo de fuerzas internacionales hacia la apropiación nacional, se haga sin tropiezos, dice Comfort Lamptey. “En los países donde las Naciones Unidas van amenguando su presencia, es necesario que la sociedad civil, el Ministerio de Asuntos de Género y otros ministerios aseguren la sustentabilidad”. Y en los países que no han tenido misiones internacionales de mantenimiento de la paz, la responsabilidad incumbe a los gobiernos y los ciudadanos, con asesoramiento y asistencia sustanciales por parte de organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas, agrega Lamptey.

Le Roy afirma que será importante asegurar a escala internacional que el desarrollo posterior al mantenimiento de la paz cuente con suficientes fondos, dado que las Estados Miembros de las Naciones Unidas deben abonar las cuotas convenidas para el mantenimiento de la paz, pero sus contribuciones a programas de socorro humanitario y desarrollo son voluntarias. A fin de facilitar una transición sin tropiezos desde el mantenimiento de la paz hacia el desarrollo a más largo plazo, necesario para que la paz sea duradera, en 2005 las Naciones Unidas establecieron como órgano intergubernamental la Comisión de Consolidación de la Paz. En 2006, la Comisión fue reforzada con el Fondo para la Consolidación de la Paz por un importe de 340 millones dólares, a fin de ayudar a los países frágiles que corren el riesgo de recaer en conflictos. Actualmente, la Comisión brinda asistencia a cinco países que están en esa situación: Burundi, Guinea-Bissau, Liberia, la República Centroafricana y Sierra Leona. Desde septiembre de 2009, Judy Cheng-Hopkins se ha desempeñado como Subsecretaria General de Apoyo a la Consolidación de la Paz, y dirige las operaciones internacionales desde Nueva York.

Cheng-Hopkins trabajó durante 10 años en África en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, más tarde pasó a dirigir la Oficina en Nueva York del Programa Mundial de Alimentos y recientemente se desempeñó como Alta Comisionada Auxiliar para los Refugiados; dijo que su oficina tiene una estrecha relación con el UNFPA como copartícipe en la realización de proyectos debido a que la focalización del Fondo en las mujeres y los jóvenes es importante para la reconstrucción posterior a los conflictos. Dijo que muchas personas no ven claramente los vínculos entre género, juventud y establecimiento de la paz; no obstante, en las sociedades en situaciones posteriores a conflictos, el desempleo de los jóvenes puede llegar al 70%, vale decir que tras la cesación de las hostilidades, los jóvenes, en particular los varones, no han recibido educación ni enseñanza de oficios, y no tienen esperanzas de encontrar empleo —“son hombres jóvenes ociosos e iracundos”, fueron sus palabras—; esos jóvenes son vulnerables a las tentaciones de la delincuencia o propensos a una renovada violencia. Dijo: “En esas circunstancias, el desempleo de los jóvenes no es ya ni siquiera una cuestión de desarrollo; es una cuestión de paz o guerra”. Con respecto a las mujeres, agregó: “El papel de las mujeres como impulsoras de la paz ha pasado a ser una de nuestras principales esferas de intervención”.

Cheng-Hopkins dijo que las principales esferas de actividad de la Comisión de Consolidación de la Paz son la reforma del sector de seguridad, inclusive el desarme y la reintegración de excombatientes; los programas de diálogo y reconciliación nacional; el establecimiento del Estado de derecho y de la justicia en el período de transición; la restauración de los servicios básicos y de la administración pública; y la revitalización económica. Dijo que dichas actividades se correlacionan directamente con la no recurrencia de la violencia.

“El problema es que, después de un conflicto, las probabilidades de que vuelvan a estallar las hostilidades son del 50%”, dijo Cheng-Hopkins. Es preciso que la respuesta internacional sea polifacética y creativa. En Sierra Leona, así como en Liberia, se han destinado recursos del Fondo para la Consolidación de la Paz a la introducción de reparaciones en todas las comunidades, de modo de llegar a las mujeres que no toman individualmente la iniciativa de denunciar la violación sexual.

Elisabeth Lindenmayer, ex Asesora en políticas y Jefa Adjunta del Gabinete de Kofi Annan, el ex Secretario General de las Naciones Unidas, actualmente dirige el Programa de Estudios sobre las Naciones Unidas en la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia. En enero de 2010, dirigió un equipo de investigación que viajó a Haití (justo cuando se desencadenó el terremoto) y produjo el informe titulado Haiti: A Future Beyond Peacekeeping (Haití: un futuro allende el mantenimiento de la paz), en el cual se llega a la conclusión de que para hacer frente a las dificultades de los países que al parecer corren riesgos perennes, es necesario un pensamiento totalmente nuevo. Aun cuando el informe se limitaba a Haití, su mensaje es universal.

“El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la comunidad internacional enfrentan una enorme dificultad: que la seguridad se sigue percibiendo como separada del desarrollo”, escribió Lindenmayer. “No cabe duda de que una definición de seguridad como limitada estrictamente a la reforma del sector de seguridad y la policía no es sostenible. La mayor amenaza contra la estabilidad y la paz duradera es la falta de oportunidades de que disponen los pobres en Haití de tener medios de vida, tanto empleos en el sector estructurado de la economía como en actividades agrícolas. Mientras el Consejo de Seguridad siga optando por definir la paz como ausencia de guerra o conflicto, y por ocuparse primordialmente sólo de cuestiones de ‘seguridad propiamente dicha’, no se responderá adecuadamente a las fuentes de inestabilidad y fragilidad en Haití”.

[30] CAMPAÑA DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA LA VIOLENCIA SEXUAL EN LOS CONFLICTOS

La Campaña de las Naciones Unidas contra la Violencia Sexual en los Conflictos congrega la labor de 13 entidades de las Naciones Unidas para abordar la violencia durante los conflictos e inmediatamente después. Es una iniciativa concertada para mejorar la coordinación y la responsabilización, ampliar la programación y la promoción y apoyar las medidas nacionales encaminadas a prevenir la violencia sexual relacionada con los conflictos, de conformidad con las resoluciones 1820 y 1888 del Consejo de Seguridad.

Esa Campaña de las Naciones Unidas apoya la participación de la mujer en la prevención de los conflictos y afianza su influencia sobre las negociaciones de paz y los procesos de recuperación tras los conflictos. Así se contribuye a asegurar que la violencia sexual figure en los temarios de los sectores de justicia y seguridad. La Campaña de las Naciones Unidas trata de fortalecer los servicios para las sobrevivientes, inclusive los de atención de la salud, apoyo jurídico y asistencia económica para que puedan reconstruir sus vidas.

Cómo funciona

  • Acción a nivel de país: apoyo estratégico a nivel nacional, inclusive medidas para el fomento de la capacidad, y apoyo con beneficiarios bien definidos para la planificación y programación conjuntas de las Naciones Unidas.
  • Promoción: acciones para crear conciencia pública y generar voluntad política, a fin de abordar la violencia sexual como parte de una campaña más amplia, “Eliminar de inmediato la violación sexual”.
  • Aprendizaje en la acción: creación de un centro de conocimientos sobre la violencia sexual relacionada con los conflictos y en los conflictos, incluidas las metodologías de recuperación de datos, la jurisprudencia internacional y las respuestas eficaces.

Jordan Ryan es el Director de Prevención de Crisis y Recuperación en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y dado que los representantes de esta organización son los principales funcionarios de coordinación en los países donde operan los organismos de las Naciones Unidas, el pensamiento y la planificación de su equipo se reflejarán a escala mundial. Ryan, quien se desempeñó como Coordinador de la Asistencia Humanitaria y Representante Especial Adjunto del Secretario General en la Misión de las Naciones Unidas en Liberia, desde 2006 hasta ocupar su actual puesto en 2009, estaba en la línea del frente de importantes acciones de recuperación después del conflicto en ese país. En una entrevista y en comentarios aportados por escrito para el presente informe, Ryan señaló a la atención lo que considera la necesidad de un nuevo pensamiento acerca de cómo trascender los acuerdos internacionales sobre promoción y adelanto de la mujer, por valiosos que sean esos documentos en cuanto a fijar objetivos y normas. Es menester asumir compromisos a largo plazo para brindar apoyo sistemático a programas, a menudo de ejecución lenta pero imprescindibles, como los de ampliación de la educación y los servicios de salud, o el establecimiento de un poder judicial con credibilidad. Dijo que es preciso que los donantes asuman compromisos a largo plazo.

Mujeres agentes de policía en la Comisaría de Policía de Salem, en Monrovia, Liberia, verifican registros de delincuencia.
©VII Photo/Marcus Bleasdale

“No se trata solamente de aumentar el número de mujeres que se sientan a la mesa, también se trata de asegurar que la agenda de género sea integral y que “la mesa” —las estructuras de gobernabilidad, incluido el liderazgo masculino— posibilite que surja una perspectiva de género, dijo. “Una fuerza policial integrada exclusivamente por mujeres puede hacer muy poco en cuanto a proteger a la mujer si esto no figura en su mandato o si no hay una seguridad funcional, ni instituciones judiciales”.

“Pese a toda la promoción en torno al liderazgo de la mujer, aún no se ha elaborado ni expresado claramente una agenda integral de cuestiones de género en situaciones posteriores a conflictos”, dijo. “Si bien se presta suma atención a cuestiones de representación y de violencia sexual, es mucho menos la atención prestada a las dimensiones de género de la reforma agraria, de la descentralización gubernamental y de la privatización. Para apoyar una significativa participación de las mujeres en la consolidación de la paz después de los conflictos, es necesario efectuar una triple inversión: en capacidad humana, en instituciones para la mujer y en ámbitos propicios que faciliten las activas contribuciones de la mujer”.

Es necesario que los donantes y los gobiernos adopten un criterio mucho más visionario del fomento de la capacidad humana, dijo. “En países que atraviesan situaciones posteriores a crisis, la principal dificultad es impartir capacitación y ofrecer empleo a mujeres agentes de salud en zonas rurales y urbanas y asegurar que las clínicas locales tengan recursos suficientes”.

Refiriéndose nuevamente a las resoluciones del Consejo de Seguridad y a muchas otras declaraciones y programas que tratan de la violencia sexual y por motivos de género, Ryan pregunta: “¿Estamos formulando las preguntas correctas? La violencia y la explotación sexuales y por motivos de género restringen radicalmente la capacidad de las mujeres de ejercer sus derechos cívicos y sus funciones de liderazgo, y de contribuir a la reconciliación. La violencia por motivos de género también es un importante obstáculo que impide plasmar en la realidad los derechos económicos de la mujer, dentro y fuera del hogar”.

“Por otra parte, las respuestas a la violencia sexual y por motivos de género se han definido en forma muy circunscripta, no se les han asignado recursos suficientes y se las ha abordado de manera irregular en todos los marcos de establecimiento de la paz y para la fijación de prioridades”, dice Ryan. “Esto se debe en parte a que hay muy pocos enfoques basados en pruebas objetivas respecto de la violencia sexual y la violencia por motivos de género, así como de la protección y la recuperación física y psicosocial. Pese a la voluntad política, no hay respuestas claras. No se ha prevenido la violencia sexual en ninguna parte y es preciso considerar los enfoques actuales con precaución. Estamos destinando cuantiosos recursos sin haber comprendido el contexto, las causas o las consecuencias, deliberadas o no”.

Reflejando lo que dicen las mujeres de varios países acerca de sus esperanzas destrozadas de que se reduzca la violencia cuando finalizan los conflictos, Ryan dice: “las resoluciones del Consejo de Seguridad consideran la violencia sexual relacionada con conflictos como una cuestión de seguridad cuando esa violencia se utiliza como arma de guerra, mientras que van en aumento las investigaciones que prueban que incluso después de firmarse un acuerdo de paz, aumenta la violencia contra la mujer. Es necesario comprender cómo y por qué se conforman, históricamente y en las circunstancias actuales, determinadas pautas de violencia sexual, dentro y fuera de lo que se considera como campo de batalla”.

Jordan Ryan, Administrador Auxiliar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Director de Prevención de Crisis y Recuperación dice: “la violencia por motivos de género es también un obstáculo de gran magnitud para la vigencia de los derechos económicos de la mujer, dentro y fuera del hogar”.  ©UN Foto/Mark Garten

“No es posible considerar la violencia sexual solamente como hecho criminal”, dice Ryan. “La violencia sexual a la vez contribuye y es consecuencia de la expresión de los horrores y los traumas de la guerra acumulados. Es preciso que se preste mucha más atención a los hombres”, agrega. Es una cuestión a la que se está prestando atención en África, como lo demuestran los trabajos del proyecto de legislación sobre refugiados en la Universidad Makerere, Uganda. “Es preciso que abordemos las dificultades psicosociales que enfrentan los hombres después de décadas de hostilidades, cuando no tienen ningún tipo de ámbito social “normativo” en el cual reintegrarse”, dijo Ryan.

Ryan llega a la conclusión de que, al efectuarse la transición desde un ámbito militar hasta otro civil, es necesario profundizar los estudios sobre las consecuencias sociales generales de la guerra, especialmente en los países pobres. “Tras décadas de estudios sobre los veteranos que regresan a los Estados Unidos después de una guerra se han determinado cuáles son las relaciones entre el trauma de los combates y las más altas tasas de desempleo, de personas sin hogar, de posesión de armas de fuego, de maltrato infantil, de violencia en el hogar, de consumo indebido de estupefacientes, de suicidio, de homicidio y de criminalidad”, dice. No obstante, en los países en desarrollo “hay muy poca bibliografía y una limitada experiencia en cuanto a abordar el reajuste psicosocial de excombatientes y soldados que han participado en conflictos”. Agrega que con demasiada frecuencia las investigaciones y las tareas clínicas se han basado en análisis y prescripciones procedentes de países occidentales.

Ryan concluye diciendo: “Se necesita urgente atención —intelectual y programática—para abordar las cuestiones psicosociales de la recuperación tras la violencia y la perpetración de ésta”. No hay soluciones simples y rápidas. Este mensaje coincide con el transmitido para el presente informe por muchos habitantes en diversos países que han experimentado trastornos catastróficos en sus propias vidas y aún están luchando por comprender cómo lograr un mundo mejor después del conflicto.

Nata Duvvury propone una fórmula: “El desarrollo humano y la seguridad humana deberían ser dos objetivos gemelos de la recuperación, tanto tras los desastres naturales como tras los conflictos. Para alcanzar esos objetivos es menester un programa de transformación que asegure los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos. Las mujeres y las niñas, los hombres y los niños varones, en carácter de ciudadanos con plenitud de derechos, son los protagonistas principales en cuanto a conformar y plasmar en la realidad este programa transformador. La igualdad entre los géneros y la transformación de las normas de género son aspectos medulares de asegurar la participación plena. Las leyes y las políticas tienen importancia crítica, pero no bastan. Es preciso que la transformación de las normas de género ocurra en los individuos, en las familias, en las comunidades, en las naciones y en las instituciones internacionales en general.

“El desarrollo humano y la seguridad humana deberían ser dos objetivos gemelos de la recuperación, tanto tras los desastres naturales como tras los conflictos”.

“De igual importancia es que la responsabilidad del cambio no sea solamente de incumbencia de órganos internacionales y Estados, sino también de las comunidades y las familias. En todo el mundo se están entablando alianzas entre mujeres y hombres, entre comunidades y Estados, y entre los propios Estados y entre éstos y las organizaciones internacionales, a fin de promover la igualdad entre los géneros, los derechos cívicos, el desarrollo humano y la seguridad humana; es preciso apoyar y ampliar esas alianzas. Con la resolución 1325 del Consejo de Seguridad a manera de telón de fondo, está evolucionando una nueva manera de involucrarse, ajena al conflicto y encaminada a la igualdad, que está marcando el rumbo hacia disolver las jerarquías en cuestiones de género, sociales, económicas y políticas”.

“La recuperación y la reconstrucción en situaciones posteriores a desastres y a conflictos ofrecen posibilidades no sólo de reconstrucción, sino también de transformación”, dice Duvvury. “Las crisis quiebran pautas establecidas de interacción, en que las mujeres a menudo asumen funciones y responsabilidades que están fuera de sus papeles tradicionales. No obstante, con frecuencia la experiencia es que en la etapa de reconstrucción hay un rápido retroceso y se reimplantan las normas de género anteriormente establecidas. Esto plantea un reto puesto que, pese a los enfoques sensibles a las cuestiones de género que se están aplicando más ampliamente en la actualidad, al parecer se sigue prestando insuficiente atención a una comprensión más profunda de la construcción de las normas de género y de las maneras de transformar las relaciones de género para que sean más equitativas. En otras palabras, es importante no solamente crear oportunidades para que las mujeres tengan una voz (por ejemplo, establecer cuotas políticas), sino también transformar las percepciones de las aptitudes y el desempeño de las mujeres, además de asegurar un cambio sustantivo en el poder que ellas tienen en las instituciones.

“El desafío que aún no se ha enfrentado es la manera de transformar fundamentalmente el equilibrio de poder en las relaciones de género, de modo que mujeres y hombres, niñas y niños varones tengan igual acceso a los recursos, igual capacidad de controlar el uso de los recursos e igual derecho a participar. En otras palabras, para que el proceso de reconstrucción sea una verdadera renovación y no un mero restablecimiento de la situación existente en el pasado es necesario focalizarse en transformar las relaciones sociales, los valores, las identidades, la ideología y las instituciones”.

[31] LAS CUESTIONES DE GÉNERO SON LA CLAVE DEL ÉXITO DEL DESARME

El desarme, la desmovilización y la reintegración (DDR) son actividades para facilitar el licenciamiento de los combatientes y su transición hacia la reincorporación en la sociedad. Las actividades pueden abarcar la devolución de las armas, la reubicación física de los excombatientes, a menudo primero en campamentos y después en otras ubicaciones, la distribución de materiales subsidiados (inclusive ropa, alimentos y sumas en efectivo) y la formulación de programas de crédito, de capacitación o de otra índole, para ayudar a la reintegración de los excombatientes en sus comunidades.

Pero los conflictos armados afectan de manera diferente a hombres y mujeres. Aun cuando cada conflicto tiene su dinámica propia, los hombres suelen haber sido más activos en el combate organizado, mientras que las mujeres tal vez hayan tenido que huir a campamentos de refugiados, hayan sido objeto de violencia, se hayan visto obligadas a asumir responsabilidades no tradicionales o hayan visto sus responsabilidades domésticas acrecentadas por la necesidad de obtener alimentos, albergue y seguridad para sus familias.

Después de los conflictos, las mujeres y los hombres tienen un acceso desigual a los recursos. Dados los prejuicios de género y las desigualdades existentes en la mayoría de las sociedades, los hombres suelen estar en mejores condiciones de aprovechar las iniciativas de reconstrucción. En general, es preciso prestar especial atención para asegurar que las mujeres y las niñas no queden excluidas de los programas y que las mujeres también se beneficien con las actividades de reconstrucción. En ausencia de esa focalización especial, se corre el riesgo de que el desarme, la desmovilización y la reintegración amplíen las desigualdades entre los géneros.

Cuando tales actividades de desarme, desmovilización y reintegración solamente se focalizan en un segmento de la sociedad —excombatientes masculinos— sin considerar la manera en que ese grupo interactúa con el resto de la sociedad, se obtendrán efectos limitados. Al comprender de qué manera las sociedades pueden reconstruirse, incluidas las dimensiones de género de este proceso, se acrecientan las posibilidades de una paz duradera.

Fuente: Gender Perspectives on Disarmament, Demobilization and Reintegration, nota informativa 4, 2001, Oficina de la Asesora Especial en Cuestiones de Género y Adelanto de la Mujer.

[32] LAS MUJERES COMO CONSTRUCTORAS DE LA PAZ

Si bien las mujeres suelen quedar excluidas de las negociaciones de paz oficiales y pese a que sólo están representadas marginalmente en las estructuras de adopción de decisiones políticas, las experiencias de varios países afectados por conflictos muestran de qué manera las mujeres participan vigorosamente en actividades oficiosas de consolidación de la paz y de formulación de políticas conexas.

Burundi y Nepal son dos países afectados por conflictos donde se ha elogiado a las mujeres de la sociedad civil por sus esfuerzos a lo largo de los procesos de paz y posteriores a los conflictos. En ambos países, la ampliación de las funciones y responsabilidades públicas de la mujer durante los conflictos armados sentó las bases para establecer muchas organizaciones y redes de mujeres. En esas redes, las mujeres que durante el conflicto participaron en el establecimiento de la paz, se movilizaron activamente para la integración de una perspectiva de género y la inclusión de la mujer en las negociaciones de paz, y prosiguieron su promoción de la actuación política de la mujer y de la vigencia de sus derechos, así como la atención a sus necesidades en el período posterior al conflicto.

Cuando comenzó en Burundi el proceso de paz en 1998, las organizaciones de mujeres burundianas ya se habían movilizado en pro de la paz durante varios años. En respuesta a la guerra civil comenzada en 1994, las mujeres se congregaron en grupos multiétnicos para crear varias asociaciones y dos organizaciones federativas —Collectif des associations et ONG féminines du Burundi (CAFOB) y Dushirehamwe— que unieron a diversos grupos de mujeres en su promoción de la paz a nivel comunitario y nacional. A lo largo del período posterior al conflicto, las organizaciones y redes de mujeres han sido importantes espacios de movilización y acción de las mujeres en Burundi.

En Nepal hubo una ola de involucramiento político de la mujer durante las pacíficas protestas en masa de 2006 que iniciaron el proceso de paz en el país, durante las cuales las mujeres de la sociedad civil salieron a las calles para exigir paz y democracia. Desde entonces, han estado operando en el país múltiples organizaciones activas de mujeres con diversas prioridades, actividades y grupos beneficiarios. Aun cuando no hay vínculos oficiales de comunicación entre instituciones políticas y grupos de la sociedad civil, muchas organizaciones de mujeres han tratado persistentemente de obtener acceso a líderes e instituciones políticos, utilizando un conjunto de métodos (entre ellos peticiones, publicaciones en los medios de comunicación, cursillos prácticos, seminarios, campañas para recoger firmas y demostraciones callejeras) para que se las escuchara. Asimismo, las organizaciones de mujeres se han congregado para colaborar en pro de causas comunes relativas a la mujer, la paz y la seguridad por conducto de redes como Shanti Malika, la Alianza de las Mujeres por la Paz, el Poder, la Democracia y la Asamblea Constituyente (WAPPDCA) , y WomenAct.

Fuente: Women's Organizations: A Driving Force Behind Women's Participation and Rights, Åshild Falch, 2010, Instituto Internacional de Oslo para la Investigación de la Paz.

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