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Estado de la población mundial 2010

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Capítulo Tres

Las mujeres en la línea del frente de la recuperación

En la puerta del despacho de la jueza Evelina Quaqua hay un cartel que dice solamente “Sala E”. La jueza entiende en los casos in camera —sin público ni presencia de medios de difusión—, en una sala plena de luz y de aire donde los testigos y las sobrevivientes pueden ofrecer su testimonio desde cubículos con paredes de vidrio que sólo permiten la visión en una dirección, de manera que pueden observar el procedimiento de instrucción de la causa pero no pueden ser vistos por los presuntos delincuentes ni por el jurado.

Varias mujeres regresan de una huerta con verduras para vender en un mercado en las afueras de Monrovia, Liberia. El mercado, construido con Varias mujeres regresan de una huerta con verduras para vender en un mercado en las afueras de Monrovia, Liberia. El mercado, construido con el apoyo del UNFPA, es un lugar seguro y protegido para las mujeres y sus hijos.
©VII Photo/Marcus Bleasdale

Quaqua preside un tribunal liberiano sin igual, establecido expresamente para el enjuiciamiento de delitos de violencia sexual y violencia por motivos de género. En una conversación en su despacho, Quaqua dijo que después del fin de la guerra civil y la restauración del gobierno democrático, ha percibido un marcado aumento en el número de personas dispuestas a denunciar la violación sexual y otros crímenes por motivos de género, debido a que ahora tienen conciencia de sus derechos. El tribunal es nuevo; en el curso de un año, seis casos han tramitado ante jurados. La selección de los jurados es rigurosa, dijo la jueza. Se congrega a “50 hombres y mujeres de bien”, grupo del cual se selecciona a 15 jurados para cada caso. Cuando los perpetradores son convictos en un juicio con jurados, Quaqua tiene facultades para dictar sentencia, desde un mínimo de 10 años hasta reclusión perpetua, en función de la gravedad del caso.

Quaqua dice que los niños son particularmente vulnerables a los delitos sexuales —ella ha entendido en un caso en que la víctima tenía 5 años de edad— y que el autor del delito suele casi siempre ser un pariente o una persona que el niño conoce. “Quienes perpetran violaciones sexuales no son personas desconocidas”, dice, y agrega que todavía no ha entendido en muchos casos de abuso sexual contra varones perpetrado por otros varones, aun cuando las investigaciones indican que durante la guerra civil, muchos hombres fueron objeto de sevicias sexuales, tal vez una proporción de hasta una tercera parte de la población masculina. Quienes imparten asistencia psicosocial en Liberia dicen que, al igual que lo que ocurre en otros países, puede pasar mucho tiempo antes de que un hombre acuda en busca de ayuda.

Liberia debería haber tenido un gran adelanto inicial en la recuperación posterior al conflicto debido a que en los primeros años de este decenio, las mujeres habían logrado una considerable influencia política. Las mujeres liberianas, muchas de las cuales tienen puestos en los mercados que son la columna vertebral de gran parte del comercio en el África occidental, demostraron en 2003 que los movimientos de masas en pro de la paz, basados mayormente en una gran solidaridad, persistencia, canciones y plegarias, y casi sin dinero, podían lograr algo aparentemente imposible. Su historia, narrada en la dramática película documental Pray the Devil Back to Hell (Plegarias para que el diablo regrese al infierno) muestra cómo las mujeres pudieron exigir que se pusiera fin a la guerra civil.

Las mujeres han desplegado gran actividad organizándose a sí mismas, con la mayor intensidad en el África occidental. Incluso antes de la aprobación de la resolución 1325, la Red de Paz de las Mujeres de Río Mano ya había congregado a activistas de países del África occidental, Guinea, Liberia y Sierra Leona, para obrar en pro de la restauración de la paz en toda la región. La Red del Río Mano, galardonada en 2003 con el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, estaba en la línea del frente de la oposición al Gobierno de Guinea cuando, en septiembre de 2009, por orden de un líder militar, varios soldados abrieron fuego en un estadio de Conakry, la capital de Guinea, donde se habían reunido los opositores políticos del régimen. En medio del caos causado por ese mortífero ataque, muchas mujeres fueron apresadas y objeto de malos tratos sexuales.

No obstante, pese a la fortaleza de los movimientos de mujeres, la violencia en el hogar sigue siendo un problema de gran magnitud en Liberia. Una organización no gubernamental liberiana fundada en 2003, Touching Humanity in Need of Kindness (THINK) proporciona asistencia psicosocial a las mujeres y las niñas sobrevivientes de malos tratos sexuales en tiempos de guerra, incluidas algunas jóvenes excombatientes militares y muchas otras capturadas en incursiones de gavillas armadas, brutales e indisciplinadas, de ambos bandos. “A medida que los combatientes se iban trasladando de una aldea a otra, secuestraban niñas, algunas de solamente 7 ó 9 años de edad”, dijo Rosana Schaack, Directora Ejecutiva. “Las usaban como esclavas sexuales. Después de la guerra, sus familias las marginaron. Las comunidades no aceptaban ni a la niña ni al hijo de rebeldes gestado por la niña”, dijo. “Teníamos que asegurar que se protegiera a los hijos de los rebeldes”.

Mujeres oficiales de policía enseñan técnicas de autodefensa a jóvenes mujeres liberianas en Monrovia.  ©VII Photo/Marcus Bleasdale

Después del conflicto, THINK sigue protegiendo a las niñas, a las jóvenes y a unos pocos jóvenes y adolescentes varones, imparte cursos de capacitación y ofrece asistencia psicosocial durante nueve meses. La violencia sexual y por motivos de género ha desbordado los focos de conflicto y los lugares donde reina la saña desenfrenada de las milicias, y ha invadido las calles, los hogares, las escuelas y otros ámbitos familiares. La Sra. Schaack y sus asistentes psicosociales están de acuerdo con Evelina Quaqua en que, en esos ámbitos, las víctimas suelen conocer a sus atacantes.

Tres niñas de 14 años de edad, sumamente traumatizadas, relataron sus historias, individualmente y en compañía de un consejero, en el local acogedor para los niños de la pequeña sede de THINK en Monrovia. Varios animales de peluche estaban regados sobre varios lechos, donde los niños y los adolescentes podían descansar durante las sesiones de asistencia psicosocial; la atmósfera era serena. Una niña oriunda del condado de Lofa, en Liberia septentrional, había sido objeto de violación sexual por su pastor, quien un día la encontró sola en su casa, la invitó a su parroquia, la encerró bajo llave y le dijo que si alguna vez hablaba de la violación sexual, la iba a matar. Pese a las amenazas, la familia planteó el caso ante los tribunales y el perpetrador está en la cárcel. Casos como ése, de violación por parte de personas en quienes los niños confían, por ejemplo maestros, son una poderosa advertencia para quienes se han acostumbrado a suponer que las niñas víctimas tienen escasas posibilidades de éxito si plantean su caso ante los tribunales. La valentía de quienes acuden a presentar denuncias ante la policía o los tribunales causa gran impresión en el público y cada victoria contribuye a erosionar poco a poco la impunidad.

[15] LAS MUJERES, LOS JÓVENES Y LA VIOLENCIA POR MOTIVOS DE GÉNERO

La violencia por motivos de género ocurre más frecuentemente allí donde prevalecen la pobreza y la inestabilidad social, por ejemplo, en situaciones de crisis y cuando se inicia la recuperación. La violencia por motivos de género refleja y refuerza las inequidades de género y sociales y compromete la salud, la seguridad, la autonomía y la dignidad de sus víctimas.

Los conflictos y los desastres naturales desestabilizan la infraestructura social, dejando a muchos jóvenes, particularmente las jóvenes mujeres, vulnerables a la violencia sexual, la explotación en el trabajo y la trata de seres humanos. Dado que se dispone de un mínimo de servicios y de apoyo para las sobrevivientes de la violencia por motivos de género, y dada la debilidad de las instituciones encargadas de asegurar el cumplimiento de la ley, esto puede redundar en la impunidad de los perpetradores. Además, los jóvenes están en una etapa de formación y transición hacia la adultez, etapa en que las experiencias dañinas pueden tener consecuencias muy duraderas de orden físico, psicológico y social. Los daños que causa a los jóvenes la violencia por motivos de género son profundos y requieren que se les preste atención en todos los sectores para evaluar y poner en práctica mecanismos preventivos y proporcionar servicios apropiados.

A escala mundial, durante el transcurso de su vida al menos una de cada tres mujeres ha sido objeto o bien de malos tratos físicos, o bien de coerción para entablar relaciones sexuales, o ha sido maltratada de alguna otra manera. El perpetrador suele ser alguien que la mujer conoce. En Sierra Leona, entre 50.000 y 64.000 mujeres internamente desplazadas informaron que habían sido objeto de violencia sexual por los combatientes armados. De las mujeres internamente desplazadas que habían tenido contacto directo con los combatientes, la mitad afirmó que había sido objeto de violencia sexual. En la República Democrática del Congo, provincia de Kivu Meridional, los centros locales de salud informan que, en promedio, cada día 40 mujeres son víctimas de violación sexual.

La violencia por motivos de género, especialmente contra personas jóvenes, se caracteriza por que no se denuncia suficientemente, debido a que las sobrevivientes temen las represalias y a que hay una limitada disponibilidad de servicios, entre ellos, atención de la salud, y escasa posibilidad de recurrir a la justicia. Además, la falta de información fidedigna y fiable sobre tendencias y pautas también dificulta más adoptar medidas y prevenir que haya actos de violencia por motivos de género.

En la mayoría de los ámbitos, las sobrevivientes carecen de acceso a anticonceptivos de emergencia para prevenir el embarazo y de profilaxis posterior al coito para minimizar la transmisión del VIH, y también carecen de tratamiento para las infecciones de transmisión sexual, de asistencia psicosocial y de apoyo psicológico de otro tipo, de mecanismos para recoger pruebas forenses y de sistemas de remisión a servicios de apoyo jurídico y social dentro de la comunidad.

Fuente: Youth Zones, película de Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Comisión de Mujeres Refugiadas.

La segunda niña fue objeto de violación sexual por un tío. La tercera niña de 14 años de edad había sido violada por un amigo de su tía, con la cual estaba viviendo. Ese último caso demostró que las respuestas policiales están cambiando. El tío de la niña encontró al joven perpetrador de la violación y lo obligó a ir consigo a una comisaría de policía, donde fue arrestado. En todos los casos, THINK proporciona lugares protegidos donde los jóvenes pueden alojarse durante el proceso de rehabilitación y posteriormente, pueden permanecer allí si sus vidas están en peligro. La organización también tiene un centro juvenil de tránsito para jóvenes en dificultades, algunos de los cuales encuentran nuevos hogares.

Numerosas organizaciones liberianas y grupos no gubernamentales en otros países, han iniciado programas para los jóvenes —a menudo también dirigidos por jóvenes— a fin de educar a los adolescentes acerca de las relaciones sexuales, la necesidad de estar alerta y el fomento de actitudes positivas. Los jóvenes, que ahora viven en circunstancias de paz, son asesorados por otros jóvenes para que rechacen los comportamientos de hombres y niños varones que suelen servirse de las relaciones sexuales y el secuestro de niñas como tácticas de guerra, mientras viven validos de sus armas de fuego y sus machetes. En la Asociación de Planificación de la Familia de Liberia, Comfort Dunbar Kollie, una joven que preside el Centro de educación e información de la juventud, dijo que sus mensajes a los adolescentes tratan de las relaciones sexuales con menor riesgo, el uso de condones, la abstinencia y el respeto mutuo en las relaciones. También se ofrece asistencia psicosocial. Dijo: “Ampliamos los medios de acción de los jóvenes al ofrecerles información. Los adolescentes quieren hacer todo por sí mismos. Cuando tengan la información adecuada, harán lo correcto”.

[16] LA FORMACIÓN DE UNA MINISTRA DE ASUNTOS DE GÉNERO Y DESARROLLO

En Liberia, las mujeres han conquistado un importante papel en la política nacional gracias a acciones persistentes y coordinadas de los movimientos pro paz y las campañas para asegurar que las mujeres puedan ejercer sus derechos como ciudadanas, comenzando con su empadronamiento como votantes. La participación política de las mujeres fue un importante factor en la elección para la Presidencia de Liberia de una mujer, el primer caso en África, Ellen Johnson-Sirleaf. En estas circunstancias, una medida lógica parecería ser la creación del Ministerio de Asuntos de Género y Desarrollo; pero eso no se logró de la noche a la mañana.

“El Ministerio fue realmente resultado de años de promoción por activistas en cuestiones de género”, dijo Vabah Kazaku Gayflor, Ministra de Asuntos de Género y Desarrollo, una mujer que ha visto la vida desde las profundidades de la pobreza rural y ha llegado hasta la elevación del reconocimiento internacional. “Comenzamos con el establecimiento de la Dependencia de Coordinación en el Ministerio de Planificación. Después del conflicto, comprobamos que había en todo el país muchas mujeres y organizaciones de mujeres que estaban tratando de que se les prestara atención”.

Los primeros días fueron casi cómicos. “Nos sentábamos en cajones de embalaje de Coca-Cola” dijo Gayflor. “Usábamos una máquina de escribir manual. Recuerdo claramente una de las primeras veces que celebramos el Día Internacional de la Mujer. ¿Y sabe usted cuál era nuestro presupuesto? 300 dólares”.

Después de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995, las mujeres liberianas recibieron apoyo del UNIFEM para establecer un equipo de tareas y comenzar a hacer gestiones conducentes a la creación de un ministerio completo. Gayflor dijo: “Las mujeres impulsaron un proyecto de ley en el Parlamento. Entonces, en 2001 se estableció el Ministerio. Yo pasé a ocupar el cargo de Ministra más tarde, en 2003”. A la sazón, Gayflor estaba completando un curso de postgrado en los Países Bajos sobre temas de mujer, género y desarrollo. Dijo: “Fui elegida cuando estaba ausente”.

“Comencé sentándome en una silla rota que tenía tres patas y un ladrillo”, dijo. Era posible ver el cielo a través del cielorraso debido a que un cohete había perforado el techo. Yo compartía mi oficina con insectos y pájaros. No teníamos personal. A la sazón, las mujeres ni siquiera sabían que había un Ministerio que se ocupaba de cuestiones de género”. Gayflor comenzó una campaña de información. “Y entonces, se celebraron elecciones. Yo traté de movilizar a las mujeres para que fueran a empadronarse”. Al principio, las cantidades de mujeres empadronadas eran desalentadoras. “Yo había recibido una invitación para ir a estudiar a Harvard con una beca, pero una voz interior me dijo que no fuera”, dijo. Cerró las puertas del Ministerio e impartió instrucciones a los empleados para que fueran en misión a empadronar a las mujeres en todo el país. “Dije a mi personal que fuera a trabajar para incluir a las mujeres en las listas de votantes”, dijo. “Les dije: tenemos que ir y decir a las mujeres que se empadronen, de otro modo estamos acabados”. Seguidamente, recaudó el dinero para la campaña de empadronamiento y ella misma salió a recorrer el país, durmiendo en el suelo y comiendo cualquier cosa en el camino, acumulando platos sucios en la camioneta. “Unas dos semanas después, recibí un llamado de la Misión de las Naciones Unidas en Liberia; me dijeron: ‘Vabah, usted lo ha logrado’. Y yo dije, ‘¿logré qué?’. Respondieron: ‘Las mujeres son ahora un 51% del electorado’”.

Gayflor agregó: “El empadronamiento y la votación no eran sensibles a las cuestiones de género. Las mujeres que trabajaban en los mercados no podían abandonar sus puestos porque no podían dejar desatendida la mercadería. Entonces, organizamos a las mujeres para que permanecieran en esos puestos mientras las dueñas iban a empadronarse y hasta que regresaran. Si hubiera habido un puesto de empadronamiento en el mercado donde trabajan esas mujeres, toda esa complicación habría sido innecesaria”. La elección que se celebró a continuación hizo historia en África.

Tras la aplicación de la resolución 1325 con la formulación de un plan de acción, no nos detuvimos”, dijo Gayflor. “Avanzamos más allá. Por esta razón es que tenemos aquí una mujer Presidenta. Teníamos aproximadamente un 20% de mujeres en las fuerzas de seguridad, incluso antes de preparar nuestro plan de acción sobre la resolución 1325. De modo que lo que vamos a hacer a continuación es lograr que los resultados sean mensurables”.

Gayflor ha aprendido duramente las lecciones de la vida en cada una de las etapas hasta llegar a sus funciones ministeriales. Su madre falleció cuando ella tenía 8 años. Pero su padre la envió a la escuela, donde ella tuvo una actuación académica superior a la de su hermano. “Egresé de la escuela secundaria como la mejor alumna de mi clase. De modo que mi padre recibía elogios con respecto a mí. Decía “es una niña-niño”. Ahora las familias aprecian más a sus hijas. Muchas familias están comprobando que no solamente los varones mantienen a la familia”.

Durante la guerra civil, cuando su padre perdió su empleo en un hospital, Gayflor se instaló con un puesto en un mercado. Dijo: “Se nos acabó el dinero, solamente teníamos 2 dólares. Desde mi casa yo veía cómo iban y venían las mujeres que trabajaban en el mercado, de modo que me dije, adonde ellas van, también voy yo”. Aprendió a comprar y vender para alimentar a su familia. Se levantaba a las 5 de la mañana para freír plátanos, que vendía a las personas que acudían al hospital a recoger sus medicamentos. Ella vendía cualquier artículo que pudiera comprar para obtener una ganancia. Al cabo de dos años había ganado suficiente dinero para entregar a su padre 2.000 dólares con destino a los gastos del hogar. Ella tomó 1.000 dólares y se trasladó a Monrovia, para comenzar una nueva vida.

Del otro lado del Atlántico, en Haití, antes del terremoto las líderes feministas habían emprendido campañas para obtener una mejor protección por parte de su Gobierno, dijo Olga Benoît, Directora de la Organización de Solidaridad de Mujeres Haitianas, o SOFA, sigla correspondiente al idioma criollo haitiano. Dijo que hasta la capital, Puerto Príncipe, estaba sembrada de peligros. “No había controles sobre la construcción, ningún plan regulador de la ciudad”, agregó, lo cual contribuyó a la destrucción de numerosas viviendas, escuelas, hospitales y edificios comerciales durante el terremoto. Dijo: “En las primeras 24 horas no teníamos nadie que nos ayudara, salvo nosotras mismas. No había ninguna planificación para casos de desastre; en los primeros días, la administración pública no existía”. El Consejo de Seguridad y sus resoluciones tal vez parezcan muy lejanos, pero las mujeres haitianas sabían instintivamente por qué razón esas medidas eran tan necesarias.

Carine Exantus, estudiante de periodismo en la Universidad de Haití —antes de que el edificio resultara muy averiado y fuera cerrado tras el terremoto de enero de 2010— observaba la vida que la rodeaba y mantenía un diario sobre lo que veía. En los meses posteriores al desastre, las mujeres habían estado particularmente indefensas en Puerto Príncipe, la capital, y sus alrededores, donde al menos 200.000 personas perdieron la vida y más de 1 millón quedaron sin vivienda y necesitadas de apoyo para su supervivencia. Exantus lo experimentó en carne propia cuando ella y su familia de clase media, tras la destrucción de su vivienda, huyeron y luego se alojaron en un campamento congestionado y nauseabundo en Place Pigeon, una plaza de la ciudad cercana al destruido Palacio Presidencial. Dijo que durante el día, y mucho más durante la noche, se percibía la falta de poder de esas mujeres desvalidas.

“En las primeras 24 horas no teníamos nadie que nos ayudara, salvo nosotras mismas”.

En Place Pigeon, presenció episodios de malos tratos y abandono de las mujeres y las niñas que no podían pasar inadvertidos cuando ocurrían tan de cerca. Presenció cómo las mujeres trabajaban duramente durante el día para poder sobrevivir, encontrar alimentos y agua y arbitrar maneras de mantenerse a sí mismas y a sus hijos en condiciones de higiene y salud. Por la noche no podían descansar en sus albergues improvisados. Exantus escribió en su diario: “En el campamento están alojadas numerosas mujeres y niñas. Son víctimas de todo tipo de violencia, física, moral y psicológica. El mayor problema de las niñas jóvenes en el campamento es bañarse en público, pues al hacerlo exponen sus cuerpos a la mirada de extraños. Algunos jóvenes varones aprovechan esta situación para denigrar sus cuerpos y proferir ataques verbales con lenguaje obsceno. Casi todas las noches oímos gritos de mujeres o niñas cuyos esposos o compañeros las golpean y azotan violentamente. Con frecuencia son víctimas de malos tratos; a veces se ven obligadas a huir para escapar a la tortura”. Hay muchas personas extrañas que deambulan por los campamentos con fines predatorios, escribió Exantus, y consignó que después del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, un joven varón fue arrestado por haber intentado una violación sexual. Escribió: “El problema es la condición de la mujer”.

Las líderes de organizaciones de mujeres dicen que las mujeres haitianas, que son jefas de casi la mitad de las familias del país, son extremadamente vulnerables en caso de desastre, dado que a menudo los compañeros están ausentes y son las mujeres quienes quedan encargadas de mantener a los hijos. Cuando están solas con sus hijos en hacinados campamentos dispersos en varios acres de tierra lodosa, no pueden encontrar fácilmente fuentes de ingresos y es muy escasa la protección policial. No obstante, Benoît confiaba en que la situación iba a cambiar. “Las mujeres residentes en los campamentos deberían organizarse, y así lo harán”, dijo a fines de abril. “Primeramente, están las necesidades de alimentos y salud … Tenemos que aguardar hasta que la situación se sosiegue”. Mientras tanto, la organización SOFA y otras han estado documentando casos de violencia por motivos de género en los campamentos y ofreciendo algunos servicios médicos en su clínica a las sobrevivientes del terremoto. Hay algunas esperanzas depositadas en los contingentes de la Policía de las Naciones Unidas que aportan Bangladesh y la India, integrados totalmente por mujeres, que tal vez estén en condiciones de mejorar el ámbito de seguridad en algunos campamentos donde viven las personas desplazadas.

Varios haitianos despejan los escombros y la basura de las calles, como parte de un programa del PNUD, “dinero a cambio de trabajo”, en Carrefour Feuille, Puerto Príncipe.
©MINUSTAH/Sophia Paris

Benoît dijo que su organización había estado trabajando desde el decenio de 1980 para cambiar la situación de las mujeres y ayudarlas a encontrar su lugar en la sociedad haitiana. “En ese entonces, nadie hablaba del lugar que ocupa la mujer”, dijo. Gracias a la promoción de SOFA se creó un Ministerio de Asuntos de la Mujer, elevando así a un más alto nivel las cuestiones relativas a la mujer. “Transcurridos 25 años, es posible percibir la diferencia”, dijo. Colaborando con el Ministerio, las promotoras de los intereses de la mujer pudieron obtener un decreto que tipificaba la violación sexual como acto criminal, aun cuando al parecer los enjuiciamientos están muy retrasados en comparación con el número de denuncias de esos casos. Es evidente que aún queda mucho por hacer. Benoît dijo: “Debemos transformar las actitudes de los jueces, la policía y los funcionarios de salud. Tenemos que refutar la idea de que cuando ocurren esos crímenes, la niña o la mujer tienen la culpa”.

El terremoto fue devastador para SOFA, que colabora con CONAP, la Coordinadora Nacional de la Promoción de los Derechos de la Mujer. Ambas organizaciones perdieron importantes miembros, muertos a raíz del desastre. El Ministerio de Asuntos de la Mujer fue devastado, en momentos en que se celebraba una reunión de alto nivel de activistas en cuestiones de género. Entre las mujeres que perdieron la vida figuraban dos líderes feministas bien conocidas, Myriam Merlet y Magalie Marcelin, además de la Directora General del Ministerio de Asuntos de la Mujer, Myrna Narcisse Theodore. A fines de la primavera, el personal del Ministerio seguía trabajando en tiendas de campaña montadas en un lote despejado de los escombros de edificios destruidos. Benoît dijo: “Todo el movimiento fue decapitado”.

Entre las causas por las que lucharon las mujeres que murieron figuraba el establecimiento de secciones especiales o locales separados para entrevistar a las sobrevivientes de la violencia por motivos de género. Antes del terremoto, 13 comisarías de policía contaban con esas secciones especiales. En Puerto Príncipe, sólo una subsiste y fue ocupada por funcionarios policiales cuyas oficinas quedaron destruidas. En 2009, un proyecto combinado de la Academia Nacional de Policía Haitiana, la Coalición Nacional contra la violencia infligida a la mujer y el UNFPA —el primer organismo de las Naciones Unidas que colaboró con la policía haitiana en cuestiones de violencia por motivos de género— impartió capacitación a 770 conscriptos de policía acerca de la manera de tratar los casos de mujeres víctimas de malos tratos. Algunas de esas iniciativas se beneficiaron con la colaboración entre Haití y el Brasil, país que posee una buena experiencia en la creación de puestos de policía dedicados a la mujer, así como clínicas de salud reproductiva bien establecidas. El Brasil ocupa la jefatura de las fuerzas de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en Haití, y sus soldados han participado allí en labores comunitarias, además de organizar visitas al Brasil de funcionarios de policía haitianos.

Haití es solamente un ejemplo de la manera en que la extrema pobreza y las deficiencias en el desarrollo complican en muchos países la respuesta a las crisis y obstaculizan el adelanto de la mujer, además de dificultar extremadamente la recuperación tras las crisis. Con frecuencia, cuando no hay suficiente focalización política en las cuestiones relativas a la mujer, hay poco interés en efectuar mayores gastos para mejorar y ampliar los programas en beneficio de la mujer, especialmente en materia de educación y salud reproductiva. A nivel de aldea, las niñas y las mujeres que pueden leer y tienen nociones de aritmética son fáciles de detectar, puesto que entablan fácilmente conversación acerca del desarrollo y las necesidades de la mujer.

[17] SALUD REPRODUCTIVA EN EMERGENCIAS

Cuando sobreviene un desastre, las mujeres siguen quedando embarazadas y dando a luz. En una situación de refugiados, lo probable es que una de cada cinco mujeres en edad de procrear esté embarazada. Los conflictos y los desastres naturales suscitan riesgos para estas mujeres y sus hijitos debido a la repentina pérdida de servicios de atención médica, agravada en muchos casos por traumas, malnutrición o enfermedades, así como porque las mujeres están expuestas a la violencia.

Las mujeres que huyen de las hostilidades tal vez se vean obligadas a dar a luz sobre la marcha, careciendo hasta de los elementos más básicos para un parto no contaminado. Los desastres naturales pueden arrasar con los establecimientos médicos y empujar a muchas mujeres hacia un trabajo de parto prematuro. Incluso en ámbitos relativamente estables de campamentos de refugiados o personas desplazadas, la ausencia de planificación de la familia y atención de la madre puede crear riesgos para innumerables mujeres. Cuando las mujeres mueren de parto, dejan tras de sí familias devastadas. Los demás hijos de esas mujeres tienen más probabilidades de morir antes de llegar a la adolescencia. Incluso quienes sobreviven tienen menos probabilidades de completar su educación. Las intervenciones urgentes para reducir los riesgos de la maternidad pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para las embarazadas y sus recién nacidos y para sus demás hijos y otros miembros de la familia a quienes cuida la mujer.

En lugares donde no se dispone de personal capacitado para la atención del parto ni de atención obstétrica de emergencia, un embarazo no planificado puede ser fatal. Muchas parejas preferirían no arriesgar un embarazo ni dar a luz a un hijito durante una crisis, pero carecen de los medios de aplazar el embarazo cuando no se dispone de servicios de planificación de la familia. El descuido de los servicios de planificación de la familia puede tener otras consecuencias graves, entre ellas abortos realizados en malas condiciones cuando hay embarazos no deseados. Al restaurar el acceso a métodos anticonceptivos seguros y eficaces, se protegen las vidas y el bienestar de las mujeres y los niños y se posibilita que las parejas afectadas por la crisis administren más eficientemente los escasos recursos de la familia.

La atención prenatal puede salvar vidas y preservar la salud de las futuras madres y de sus recién nacidos; contribuye a detectar problemas generales de salud a los que es necesario dispensar tratamiento y educa a las mujeres y a sus comunidades para que reconozcan los signos de peligro durante el embarazo. Además, la atención prenatal debería abordar las necesidades especiales de las embarazadas en materia de nutrición.

En tiempos de crisis, aumenta el riesgo de mortalidad maternoinfantil. Las mujeres que huyen de conflictos o que están desplazadas a causa de desastres naturales suelen verse obligadas a dar a luz sin tener acceso ni siquiera a los elementos mínimos esenciales para un parto incontaminado. Las intervenciones de importancia más crítica para un parto sin riesgo son la atención por personal de partería calificado durante el alumbramiento y el acceso sin dilación a la atención obstétrica de emergencia para las mujeres que padecen complicaciones potencialmente mortales.

Las condiciones reinantes en situaciones de emergencia agravan el riesgo de contagio con el VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Los desplazamientos y la desintegración de las familias y las comunidades —sumados a la destrucción de las infraestructuras de salud y de educación y a la repentina desaparición de los condones en el mercado — puede conducir a un aumento de las relaciones sexuales sin protección. La posibilidad de contraer infecciones de transmisión sexual es mayor en los casos de violación sexual y otras formas de relaciones sexuales bajo coacción, debido a la mayor probabilidad de que haya desgarramientos vaginales y pérdidas de sangre. Incluso en circunstancias posteriores a conflictos, es posible que elementos residuales de una cultura de violencia y el desmantelamiento de los sistemas judiciales sigan alimentando los altos niveles de violencia sexual.

Fuente: Las mujeres son la trama: Salud reproductiva para comunidades en crisis, UNFPA

En la aldea de Acowa, Uganda, en el distrito de Amuria oriental, Florence Achan es una de esas mujeres. Se había sumado a otras mujeres y a unos pocos hombres para conversar acerca de sus experiencias en un programa encaminado a mejorar las técnicas agrícolas locales, conducido por ASB (iniciales en alemán de la Federación de Trabajadores Samaritanos), una importante organización no gubernamental alemana, que en este caso recibió el apoyo del UNFPA, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Al igual que los demás miembros, Achan, de 35 años de edad, había resultado desplazada primeramente por las violentas incursiones de nómades ladrones de ganado procedentes de la vecina región de Karamoja y, posteriormente, por el Ejército de Resistencia del Señor. A medida que los demás fueron relatando sus historias, el grado de congoja se hizo tan abrumador que el intérprete se echó a llorar. Seguidamente, Achan se puso de pie y comenzó a hablar en inglés. Después de las incursiones, había quedado separada de su esposo y posteriormente no le fue posible encontrarlo, hasta que pudo regresar a su hogar en 2004. El reencuentro no fue feliz. Achan explicó: “Él había encontrado a otra mujer”. Achan, poseedora de una educación secundaria, decidió enfrentar este revés trabajando. Aprendió acerca de préstamos, semillas y técnicas de planificación. Persuadió a su esposo de que se asociara con ella para emprender una explotación agrícola, y él consintió. Juntos comenzaron a labrar la tierra en su lote. Él dejó de combatir y de ver a otras mujeres, dijo Achan. Desde el punto de vista agrícola, en el primer año todo salió mal, a punto tal que ni siquiera tenían con qué alimentarse. Pero permanecieron juntos y tienen la intención de volver a comenzar. “Si Dios nos manda agua, podemos tener éxito”, dijo, mientras la escuchaba su esposo, sentado a su lado. “Nos hemos reconciliado y hemos comenzado una nueva vida”.

Achan había resultado desplazada primeramente por las violentas incursiones de nómades ladrones de ganado procedentes de la vecina región de Karamoja y, posteriormente, por el Ejército de Resistencia del Señor.

Los organismos internacionales tienen considerable documentación que apoya la observación de que las mujeres educadas no sólo tienen menor cantidad de hijos, y los envían a la escuela, sino que también tienen mejores perspectivas económicas para ellas mismas, además de introducir otras mejoras en la vida de la familia. El analfabetismo, que pesa sobre millones de mujeres, las somete a múltiples desventajas, entre ellas, les impide aprender acerca de los anticonceptivos y cómo obtenerlos. Según se estima, actualmente hay en todo el mundo 215 millones de mujeres que querrían evitar el embarazo, pero no están utilizando un método anticonceptivo eficaz, informa el Instituto Guttmacher, organización de investigación y promoción. Muchas de esas mujeres, si no la mayoría, residen en países pobres.

En Timor-Leste, Kirsty Sword Gusmão, la creadora de la Fundación Alola, organización no gubernamental de educación y desarrollo, dijo: “Las mayores dificultades con que tropiezan hoy las mujeres atañen a la independencia —o dependencia— económica y sus efectos en cuanto a las opciones de que disponen para resolver cuestiones como la violencia en el hogar. Las mujeres están sujetas a una excesiva dependencia financiera respecto de los hombres y, por consiguiente, a menudo carecen de opciones en cuanto a utilizar recursos judiciales y esa situación también impide su acceso a otras posibilidades, como la educación. Esto afecta, en especial, a las campesinas”.

“Es preciso recordar también que el movimiento de mujeres es muy reciente”, dijo Gusmão, la esposa australiana del Primer Ministro Xanana Gusmão, considerado un héroe rebelde en la lucha contra la ocupación de Indonesia, finalizada en 1999. “Antes de 1999, solamente teníamos una organización de mujeres. Obviamente, funcionábamos en un ámbito muy opresivo, en que ONG era una mala palabra”.

En una clínica de Dili, Timor-Leste, una joven recibe un reconocimiento médico.
©VII Photo/Ron Haviv

Kirsty Gusmão dijo que hay un gran interés en la planificación de la familia y una creciente demanda al respecto, lo cual, en un país con una de las más altas tasas de fecundidad del mundo, se interpreta como una manera de reducir los gastos de la familia. Una visita a una aldea en la costa septentrional de Timor-Leste para conversar con las mujeres locales acerca de esta cuestión suscitó entre ellas un debate que finalizó con un consenso acerca de que el número óptimo de hijos era cuatro. La tasa de fecundidad nacional es muy superior a seis hijos. Las mujeres de la aldea dijeron que los servicios gubernamentales de planificación de la familia solían estar alejados y era imposible saber de antemano si tenían o no existencias de suministros.

“Hay problemas en cuanto a lograr que el Gobierno establezca servicios en todo el país,  y en cuanto a educar a enfermeras y médicos acerca de las maneras de presentar las opciones a las familias”, dijo Gusmão. “Todos ellos, obviamente, tropiezan con la oposición del clero. Es un ámbito difícil pero, en lo concerniente a las actitudes de las mujeres, pienso que en general hay una gran apertura a esas ideas y una mayor comprensión del vínculo entre tamaño de la familia y pobreza”. Los funcionarios de la organización Marie Stopes International en Timor-Leste llegaron a conclusiones similares, y lo propio ocurrió con otras organizaciones no gubernamentales, y con el UNFPA.

Mario Martins da Cruz es un director de equipo y un especialista en educación que trabaja para Marie Stopes International en Timor-Leste. “Es necesario mejorar la salud reproductiva, no sólo de las mujeres sino también de los hombres de toda la comunidad y la mejor manera de lograrlo es mediante la información y la educación”, dijo en la sede de la organización, en Dili, mientras él y otras personas que trabajan sobre el terreno conversaban acerca de su labor y sus impresiones. “Estamos ofreciendo sesiones informativas; comenzamos con las cuestiones de salud reproductiva, los órganos del cuerpo humano. Seguidamente, hablamos de la planificación de la familia y de las infecciones de transmisión sexual. Los niveles de conocimientos en el país son muy bajos. Hay mucha gente que está muy contenta con lo que estamos haciendo. Saben que la información puede contribuir a mejorar sus vidas. Pero todavía hay algunas mujeres que temen a sus maridos. La realidad es que la gente no dispone de suficiente información y que la información que tienen muchos suele ser negativa”.

En la Clínica Caritas San Antonio Motael, en Dili, Sor Idalia Taveras, monja carmelita que dirige la oficina en Dili de Caritas, dijo que las mujeres acuden a la clínica para solicitar información acerca de la anticoncepción, aun cuando la Iglesia Católica se opone a los métodos modernos de planificación de la familia, puesto que a menudo la gente está insatisfecha con lo que ofrecen las clínicas del Gobierno. Hace más de 10 años, se imponía a las mujeres que utilizaran anticonceptivos para limitar sus familias a dos hijos y si no acataban esas órdenes, pesaba sobre ellas la amenaza de esterilización. Eso fue en el pasado y la Clínica Motael, cuyo nombre es el mismo de la iglesia en cuyo predio está ubicada, ahora dice a las mujeres y a sus esposos que tienen libertad de efectuar sus propias opciones.

Dado que la Clínica es una institución católica, en ella se explica a los clientes tanto la posición moral de la Iglesia sobre la planificación de la familia como las opciones modernas disponibles, pero no se suministran anticonceptivos modernos como parte de sus amplios servicios médicos, para hombres y mujeres. La Clínica entrega a las mujeres las sartas de cuentas que sirven como recordatorios diarios de la progresión de los ciclos menstruales, aun cuando los organismos internacionales ya no recomiendan ni distribuyen ese dispositivo, pues se considera que no es fiable ni eficaz. No obstante, las mujeres de Timor-Leste prefieren ese método de planificación de la familia, pues así no estarán de punta contra la Iglesia. A veces, el uso de esas sartas de cuentas puede ser un primer paso en el sendero conducente a los métodos modernos de planificación de la familia. La Clínica estaba a la búsqueda de nuevas fuentes de suministro.

Las monjas carmelitas, con su franco asesoramiento en materia de salud reproductiva, no han escapado a la atención de los líderes de la Iglesia. Pero, según dijo Sor Idalia, ellas han explicado a esos líderes que las monjas solamente están ayudando a la gente a ejercer su derecho a obtener información.

[18] INTERVENCIONES CONTRA LA VIOLENCIA POR MOTIVOS DE GÉNERO EN SITUACIONES DE Socorro humanitario

La violencia por motivos de género es especialmente problemática cuando ocurre en el ámbito de emergencias complejas y desastres naturales, donde con frecuencia se hace objeto de malos tratos a los civiles, mujeres y niños, que son los más vulnerables a la explotación, la violencia y el maltrato simplemente debido a su género, su edad o su condición en la sociedad.

Durante una crisis, como un conflicto armado o un desastre natural, pueden quedar debilitados o destruidos los sistemas e instituciones de protección física y social. Con frecuencia, queda perturbado el funcionamiento de la policía, los servicios jurídicos, de salud, educacionales y sociales; muchas personas huyen y quienes quedan tal vez no tengan la capacidad o el equipo necesarios para trabajar. A menudo, las familias y las comunidades quedan desmembradas, lo cual redunda en una mayor desintegración de los sistemas comunitarios de apoyo y los mecanismos de protección.

Grace regresó a su comunidad después de haber sido secuestrada por el Ejército de Resistencia del Señor.
©Panos Pictures/Jenny Matthews

Para salvar vidas y maximizar la protección, es necesario que se emprenda sin demora, desde las etapas iniciales de la emergencia un conjunto mínimo de actividades coordinadas a fin de prevenir la violencia por motivos de género y responder a ella. Las sobrevivientes de episodios de violencia por motivos de género pueden necesitar servicios de salud, atención psicológica y apoyo social, además de seguridad y recursos jurídicos. Al mismo tiempo, es preciso establecer actividades de prevención que aborden las causas y los factores contribuyentes a tal violencia. Quienes dispensan todos esos servicios deben poseer los necesarios conocimientos teóricos y prácticos y deben estar dotados de compasión para ayudar a las sobrevivientes y establecer eficaces medidas preventivas.

Con frecuencia se emplea la violencia sexual como arma de guerra, escogiendo como víctimas a civiles, mujeres y niños. Las sobrevivientes corren grandes riesgos de padecer problemas de salud graves y de larga duración, incluso la muerte a causa de lesiones, o el suicidio. Las consecuencias en materia de salud pueden incluir embarazo no deseado, aborto en malas condiciones autoprovocado, infanticidio e infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/SIDA. También son comunes los traumas psicológicos, así como el estigma y el rechazo sociales. En casos de violencia sexual, las sociedades, en su mayoría, tienden a culpar a la víctima, y esto agrava los daños psicológicos. La naturaleza exacta y el nivel de gravedad del trauma físico y emocional varían mucho entre distintas sobrevivientes; no todas ellas tendrán interés en todos los servicios disponibles, o los necesitarán. Pero la respuesta a la violencia por motivos de género debe incluir un determinado conjunto de servicios para reducir las consecuencias nocivas y prevenir que se agraven las lesiones y los daños que padece la sobreviviente.

En tiempos de crisis, los servicios de atención de la salud suelen quedar gravemente afectados o desorganizados. La falta de coordinación, el hacinamiento, las limitaciones en la seguridad y distintas prioridades compitiendo entre sí, pueden contribuir a una mayor disminución de los servicios de salud disponibles y accesibles, especialmente para las mujeres y los niños. Cuando se cuenta con servicios de salud en buenas condiciones de funcionamiento y accesibles, esto también redunda en una gran diferencia en cuanto a la posibilidad de reducir los riesgos para la salud de las mujeres y de sus hijos.

Aun cuando las sobrevivientes de violencia sexual, en su mayoría, no hablan con nadie de lo ocurrido, algunas conversarán con un agente de salud si los servicios de salud son geográfica o físicamente accesibles, si garantizan el carácter confidencial, si son sensibles a las tribulaciones de las víctimas, si ofrecen consultas privadas y si, además, son de buena calidad. Los centros de salud pueden servir como primer lugar “neutral” que ofrece información y asesoramiento sobre la salud reproductiva de las mujeres y las niñas. Las mujeres pueden tener mejores posibilidades de acceso a este tipo de información si se ofrece en el marco de la atención primaria de la salud, en lugar de provenir de programas especiales o separados.

Fuente: Guidelines for Gender-based Violence Interventions in Humanitarian Settings (Directrices aplicables a las intervenciones contra la violencia por razón de género en situaciones humanitarias), Comité Interinstitucional Permanente de las Naciones Unidas.

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