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1 Los elementos del cambio climático

En los últimos 100 años, la temperatura en la superficie terrestre aumentó 0,74 grado centígrado. Tal vez tal aumento no parezca muy grande, pero este calentamiento ha bastado para perturbar muchos ecosistemas del planeta y plantear sustanciales riesgos al bienestar de los seres humanos. Lo más importante a tener en cuenta es que si, como pronostican muchos científicos especialistas en clima, esa tendencia continuara o se acelerara, la temperatura del planeta podría aumentar entre cuatro y seis grados para 2100, lo cual tendría probablemente efectos catastróficos sobre el medio ambiente, el hábitat, las economías y los seres humanos (1).

En Hefei, China, un rayo atraviesa el cielo nocturno. A medida que la atmósfera terrestre siga calentándose, las tormentas se harán más frecuentes.
© Xinhua/Xinhua Press/Corbis

En todo el mundo, los especialistas en ciencias del clima, con un creciente grado de confianza, atribuyen la mayor parte del calentamiento reciente a los "gases de efecto invernadero" inyectados en la atmósfera como resultado de las actividades de una población humana con niveles económicos cada vez más altos, particularmente en los países industrializados. Las variaciones naturales del clima tal vez expliquen una parte del aumento de las temperaturas ocurrido a partir de 1900. Pero hasta el momento, los científicos no han encontrado causas naturales; ni cambiantes condiciones solares, ni la recuperación en curso después de la pasada era glacial, que puedan explicar cabalmente un aumento tan espectacular en las temperaturas. Tampoco hay fuerzas naturales que puedan explicar la razón por la cual los diez años más cálidos en el planeta después de 1880 se encuentran en los últimos trece años (véase el Recuadro 7).

Los gases de efecto invernadero, como el anhídrido carbónico y el metano, ocurren naturalmente y crean un "efecto de invernadero"—así llamado debido a una imperfecta comparación con las paredes de vidrio de un invernadero—que mantiene el calor en la superficie terrestre. En ausencia de gases de efecto invernadero, una mayor cantidad del calor irradiado por el sol rebotaría hacia el espacio y la superficie de la Tierra sería demasiado fría para sostener la vida.

[7]

Gas de efecto invernadero Generado por
Anhídrido carbónico Combustión de combustibles fósiles, desbroce de tierras a fin de prepararlas para la agricultura, fabricación de cemento
Metano Cría de ganado, extracción de combustibles fósiles, cultivo de arroz, vaciaderos de basuras, aguas cloacales
Óxido nitroso Procesos industriales, uso de
fertilizantes
Gases fluorados
 
· Hidrofluorocarburos

· Hidrocarburos perfluorados

· Hexafluoruro de azufre
  
 
Escape de gases de refrigeradoras, aerosoles, acondicionadores de aire
  
Producción de aluminio, fabricación de semiconductores
 
Aislación eléctrica, fundición de magnesio

[8] Gases de efecto invernadero

Los principales gases de efecto invernadero generados por los seres humanos son: anhídrido carbónico, metano, gases fluorados (incluidos los clorofluorocarburos, de escandalosa notoriedad porque agotan la capa de ozono en la atmósfera ultraterrestre que protege a la Tierra), y óxido nitroso. Los gases de efecto invernadero son la causa más importante del cambio climático. También contribuyen al calentamiento el "carbono negro"—principalmente hollín y otras pequeñas partículas de carbono resultantes de la combustión—y los cambios en la reflectividad de la superficie terrestre (por ejemplo, los ocurridos cuando el hielo marino reflejante se derrite y es reemplazado por agua oceánica que absorbe el calor) (4).

Debido a que se agregaron a la atmósfera gases de efecto invernadero provenientes de una intensa quema de combustibles fósiles, de prácticas agropecuarias modernas que utilizan fertilizantes y del uso industrial de clorofluorocarburos, particularmente en los últimos 40 años, se han desequilibrado los mecanismos naturales del planeta que regulan dichos gases de efecto invernadero. Además, la deforestación, el desbrozo de otros tipos de vegetación y la acumulación de anhídrido carbónico en los océanos han reducido la capacidad de los "sumideros de carbono" del planeta, que durante milenios absorbieron el exceso de carbono de la atmósfera. Dada la menor capacidad de absorber carbono, hay en la atmósfera mayores cantidades de anhídrido carbónico, lo cual exacerba un galopante aumento de gases de efecto invernadero.

A medida que se va recalentando la superficie terrestre, cambian las pautas del clima. Los regímenes caóticos de precipitaciones pluviales perjudican la producción de alimentos. El hielo que se derrite en el Océano Ártico está contribuyendo a la elevación del nivel del mar y suscitando peligros para las vidas de millones de personas de todo el mundo residentes en zonas costeras de baja altitud. El cambio climático provocado por los seres humanos amenaza con causar escasez de agua dulce para el consumo humano y la agricultura. Es probable que las tormentas sean más frecuentes y más intensas, lo cual ha de suscitar inundaciones devastadoras. Y la atmósfera recalentada puede propiciar enfermedades y plagas que otrora estaban circunscritas a zonas tropicales, las cuales se propagarían avanzando hacia el norte y hacia el sur, en dirección a los polos.

Ecosistemas tan diversos como los bosques higrofíticos tropicales del Amazonas y la tundra del Ártico tal vez se estén aproximando a umbrales de cambios de enorme magnitud debidos al calentamiento y a la pérdida de humedad. Los glaciares montañosos se están reduciendo y los efectos "aguas abajo" de un menor caudal de agua durante los meses más secos han de tener repercusiones a lo largo de muchas generaciones.

Hay pruebas objetivas alarmantes de que tal vez ya se hayan alcanzado—o sobrepasado—importantes "puntos basculantes", conducentes a cambios irreversibles en el clima u otros sistemas terrestres. Ecosistemas tan diversos como los bosques higrofíticos tropicales del Amazonas y la tundra del Ártico tal vez se estén aproximando a umbrales de cambios de enorme magnitud debidos al calentamiento y a la pérdida de humedad. Los glaciares montañosos se están reduciendo y los efectos "aguas abajo" de un menor caudal de agua durante los meses más secos han de tener repercusiones a lo largo de muchas generaciones.

[9] Factores de pérdida irreversible del equilibrio climático

Los científicos piensan que varios factores críticos podrían desestabilizar el clima del planeta, al iniciar reacciones en cadena—circuitos de realimentación positiva—que aceleran múltiples cambios climáticos. Una vez que se alcance uno de esos puntos basculantes o se exceda uno de esos umbrales, la situación se tornaría irreversible aun cuando cesaran las emisiones de gases de efecto invernadero. Es posible que dentro del próximo decenio se llegue a algunos de dichos puntos basculantes, como por ejemplo la pérdida del hielo estival en el Ártico. En cambio, para desencadenar otros puntos críticos, como la desaparición de las corrientes en el Océano Atlántico, probablemente transcurran muchos decenios. Y antes de llegar a un deshielo de la Antártida tal vez transcurran muchos siglos.

Factor de pérdida del equilibrio Consecuencias previstas
Desaparición del hielo estival en el Océano Ártico Aumento de las temperaturas medias en todo el mundo y cambios en los ecosistemas
Derretimiento de la cubierta de hielo de Groenlandia Aumento de hasta seis metros en el nivel del mar en todo el mundo
Desaparición de la cubierta de hielo en la Antártida occidental Aumento de hasta cinco metros en el nivel del mar en todo el mundo
Intensificación del fenómeno El Niño Cambios en las pautas meteorológicas, inclusive la intensificación de las sequías, especialmente en el Asia sudoriental
Destrucción de los bosques del Amazonas Extinción generalizada de especies y reducción de las lluvias
Cambios del régimen de monzones estivales en la India Sequías generalizadas y cambios en las pautas meteorológicas
Cambios en el Sahara/Sahel y en los monzones del África occidental Cambios en las pautas meteorológicas, inclusive la posible aparición de vegetación en el Sahara/Sahel; sería uno de los escasos aspectos positivos de la pérdida del equilibrio

En 2008, varios investigadores que utilizaban datos de cuatro modelos climáticos diferentes comprobaron que los cambios en las temperaturas del Ártico y de la Antártida no guardan proporción con la variabilidad natural del clima y pueden atribuirse directamente a la influencia de los seres humanos (2). En 2008, se acumularon más pruebas de que la cubierta de hielo del Ártico está desapareciendo a una velocidad superior a la anteriormente prevista, debido al aumento de las temperaturas atmosféricas y oceánicas.

Por segundo año consecutivo, hubo un canal libre de hielo en el Pasaje Noroccidental, a través de las islas del Canadá septentrional. Este año, también se abrió una ruta en el Mar del Norte, a lo largo de la costa siberiana del Ártico. Lo probable es que esos dos pasajes nunca hayan estado abiertos simultáneamente en los últimos 100.000 años, desde antes de la más reciente era glacial.

La tendencia general a la reducción del espesor de la capa de hielo en el Ártico ha estado presente desde hace al menos tres décadas. La pérdida es mayor en el verano, pero esa reducción del espesor de la capa de hielo también es evidente en el invierno. Dado que después de cada verano hay menor cantidad de hielo que sobrevive, la cantidad de hielo espeso acumulada a lo largo de los años está disminuyendo y, en consecuencia, todo el sistema de hielo en las aguas oceánicas se va tornando más vulnerable al calentamiento futuro, haciendo cada vez más verosímil la posibilidad de un Océano Ártico sin hielo (4).

El lago es todo lo que queda de un glaciar, cerca del poblado rural de Botijlaca, Bolivia. Los glaciares de Bolivia se están derritiendo rápidamente y están creando riesgos para el suministro de agua a comunidades rurales y urbanas.
© Andi Gitow/UNTV

En el Ártico la atmósfera se está caldeando con velocidad hasta dos veces superior a la registrada en otras partes del mundo. En la parte septentrional más alejada, el calentamiento queda ampliado por la disminución en la reflectividad de la superficie terrestre, a medida que el hielo y la nieve se van derritiendo. Tanto el hielo como la nieve reflejan la energía solar, que devuelven al espacio, mientras que las superficies más oscuras, como la tundra desnuda y las aguas del océano, absorben más cantidad de energía solar, y seguidamente la irradian y así calientan la capa de aire. Por consiguiente, a medida que las superficies reflejantes van desapareciendo, las superficies más oscuras liberan calor y lo transmiten al medio ambiente contiguo, lo cual, a su vez, acelera el derretimiento.

Por otra parte, tal vez haya otros factores que también contribuyen al acelerado calentamiento del Océano Ártico. En 2007 se registró una pérdida de hielo particularmente extensa en el Mar de Beaufort, al norte del Canadá y Alaska, debido a la incursión de agua tibia del sur que fue derritiendo el hielo por su parte inferior (5). Además, las condiciones atmosféricas locales amplificaron la pérdida de hielo. En 2007, por ejemplo, cielos insólitamente libres de nubes y con sol brillante aceleraron el derretimiento durante la parte del año en que el sol brilla 24 horas diarias, y al iniciarse el verano, soplaron fuertes vientos que empujaron y aglomeraron el hielo, a raíz de lo cual aumentaron las superficies de océano sin hielo (6).

La mayor masa de hielo en el Ártico es la que cubre la isla de Groenlandia. En algunos lugares, la capa de hielo tiene tres kilómetros de espesor. Se calcula que, si todo ese hielo se derritiera, elevaría el nivel del mar en unos seis metros. Hasta hace poco, los glaciólogos presumían que el hielo se derretiría lentamente durante milenios, a medida que el calentamiento de la lámina de hielo fuera trasmitiéndose hacia abajo para derretirlo. Pero la capa de hielo está perdiendo masa con mucha más velocidad que la que sería de esperar si se debiera solamente al derretimiento normal. Las pérdidas actuales son superiores a 100 kilómetros cúbicos por año. Las nuevas comprobaciones efectuadas en 2008 pusieron de manifiesto que la corriente que desagua en el océano el glaciar Jakobshavn Isbrae en Groenlandia occidental, una de las más importantes vías de pérdida de hielo, ha duplicado su caudal en comparación con 1997 (7). Un reciente análisis de los datos históricos sobre la magnitud del manto de hielo en Groenlandia muestra que es bien posible que se llegue a un derretimiento total, como resultado del calentamiento de una magnitud como la que se pronostica para los próximos decenios (8).

La Antártida también está perdiendo hielo, particularmente la capa de hielo en su sector occidental. Ese manto contiene hielo suficiente para elevar el nivel del mar en aproximadamente cinco metros. En 2008, varios investigadores calcularon que entre 1996 y 2006, la pérdida de hielo de la Antártida occidental aumentó en un 60% (9). La pérdida de hielo de la Península Antártica, que se extiende desde la Antártida occidental hacia América del Sur, aumentó en un 140%.

Según la más reciente evaluación efectuada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, se pronostica que en el siglo venidero, el nivel del mar aumentará entre 18 y 59 centímetros, solamente debido a la expansión térmica de los océanos más cálidos y el derretimiento de los glaciares montañosos. Pero desde la finalización de ese informe, numerosos investigadores que participaron en esa evaluación han pronosticado que una elevación mucho mayor es posible, o probable. El nuevo pronóstico—una elevación de un metro para 2100—se origina en parte en reevaluaciones del potencial de fragmentación física de las capas de hielo en Groenlandia y en la Antártida (10).

Un estudio realizado en 2008 sobre la dinámica de la pérdida de capas de hielo afirmó que, en el siglo venidero, el nivel del mar podría elevarse en hasta dos metros, como resultado del derretimiento del hielo de Groenlandia y la Antártida, así como de glaciares y de casquetes polares (11). Una elevación de esa magnitud sería muy superior a todo lo registrado en un pasado reciente. En el siglo XVIII, los niveles del mar subieron dos centímetros; en el siglo XIX, seis centímetros, y en el siglo XX, 19 centímetros; según las proyecciones, habrá un aumento de 30 centímetros en el siglo XXI, a juzgar por el ritmo observado en los primeros años de este siglo (12). La magnitud del actual pronóstico es comparable con lo que ocurrió al finalizar la más reciente era glacial. En ese entonces, a medida que se fueron desintegrando las capas de hielo, subieron los niveles del mar entre 70 y 130 centímetros en cada siglo (13). Dadas las actuales densidades de población en las zonas afectadas, una elevación de un metro en el nivel del mar en todo el mundo desplazaría a unos 100 millones de personas en Asia, mayormente en China oriental, Bangladesh y Viet Nam; 14 millones en Europa; 8 millones en África y otros 8 millones en América del Sur (14).

Según investigaciones realizadas en 2008, el aumento del nivel del mar—debido a la expansión térmica, el retroceso de los glaciares montañosos y el derretimiento de la capa de hielo—probablemente ha de ser mucho mayor y ocurrirá mucho antes de lo que se pensaba hace dos años. Independientemente de cuán rápidamente se mitigue el cambio climático, los niveles del mar aumentarán. Por consiguiente, las medidas para adaptarse a los niveles ascendentes son más urgentes que nunca.

El Ártico contiene grandes acumulaciones de gases de efecto invernadero en forma de metano atrapado en mallas de hielo en el permafrost (suelo permanentemente helado) o por debajo del lecho del Océano Ártico; este metano podría ser liberado a medida que se fuera recalentando el planeta. Los grandes volúmenes de metano liberado exacerbarían el calentamiento mundial y podrían transformar ecosistemas naturales que son sumideros de carbono en fuentes de carbono, con lo cual se desencadenaría un acelerado e incontrolable aumento de temperaturas.

Preocupa a los científicos del clima que hidratos de metano puedan escapar hacia la atmósfera debido o bien al derretimiento del permafrost o bien a que las aguas entibiadas desestabilicen los yacimientos congelados en alta mar. En 2008, un estudio del mar epicontinental siberiano informó acerca de elevadas concentraciones de metano en el mar frente al delta del Río Lena (15). Mientras tanto, los investigadores mostraron que, una vez que comience a derretirse el permafrost siberiano—que, según se cree, contiene 500.000 millones de toneladas de carbono—la situación se tornará irreversible. Tal vez se liberen hasta 250.000 millones de toneladas en el lapso de un siglo (16). Las turberas septentrionales que no están congeladas también contienen grandes cantidades de carbono y son vulnerables al calentamiento. La capacidad de almacenamiento de carbono en la turba depende en gran medida de su contenido de humedad. El calentamiento secará la turba, haciendo descender los niveles de las capas freáticas. Un estudio mediante nuevos modelos indicó que esto conduciría a pérdidas masivas de carbono orgánico de los suelos. En la zona septentrional de Manitoba, Canadá, un aumento de la temperatura de 4 grados centígrados liberaría un 86% del carbono que está retenido o almacenado en las profundidades de la turba (17).

Una razón para inquietarse acerca de la capacidad de los bosques para absorber anhídrido carbónico es que la propia cubierta forestal está disminuyendo y ahora está contribuyendo a las emisiones: cada año, 1.500 millones de toneladas de carbono ingresan a la atmósfera debido a los cambios en los usos del suelo, mayormente la deforestación en los trópicos (18). Otra razón es que incluso los bosques intactos pueden suscitar dificultades; la capacidad de los bosques para almacenar carbono puede haber llegado a su punto de saturación, de modo que en el hemisferio norte el aumento de las temperaturas puede estar reduciendo actualmente la absorción de carbono por la vegetación. Las temperaturas más altas imponen un sustancial estrés a los árboles durante la estación estival y, en consecuencia, la fotosíntesis se interrumpe antes. Una vez que se interrumpe la fotosíntesis, ya no se absorbe carbono y los bosques sobrecargados son vulnerables a los daños causados por contaminación, incendios, plagas y enfermedades, todo lo cual puede convertirlos en fuentes de carbono (19).

El otro sumidero de carbono—los océanos—también está amenazado. Los océanos absorben carbono y así ayudan a mantener el equilibrio en la atmósfera terrestre. Durante los últimos 150 años, los océanos absorbieron entre una tercera parte y la mitad del anhídrido carbónico agregado a la atmósfera. A medida que el gas absorbido se fue combinando con iones de carbono en el agua oceánica y fue formando ácido carbónico, los océanos acrecentaron su acidez en un 30%. La acidificación perturba la capacidad de calcificación de los crustáceos y del coral, que son importantes fuentes de alimentos e ingresos para muchos pueblos del mundo.

Además de los gases de efecto invernadero, hay otras importantes influencias sobre el clima ejercidas por los seres humanos. Hay cada vez más pruebas objetivas de las enormes consecuencias que tienen las variaciones climáticas, desde el hollín o carbono negro originado en hogueras, centrales alimentadas a carbón, motores diesel y combustibles de los hogares. Las partículas obscuras que permanecen suspendidas en la atmósfera absorben energía radiante y calientan el aire circundante. Las emisiones mundiales de carbono negro están aumentando aceleradamente; las emisiones de China probablemente se han duplicado en comparación con el año 2000. La influencia del carbono negro sobre el calentamiento podría ser tres veces superior a las estimaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático en su más reciente informe, de manera que es el agente de cambio climático más importante después del anhídrido carbónico (20). Esas conclusiones siguen siendo controvertidas debido a que el hollín tiene capacidad para enfriar y también para calentar. Pero cuando el carbono negro cae sobre el hielo y oscurece su superficie, absorbe más energía solar, lo cual causa calentamiento y derretimiento local. El hollín puede contribuir a la desaparición de glaciares en algunas regiones y hasta podría explicar las aceleradas tasas de derretimiento en el Himalaya-Hindu Kush (21).

Las investigaciones recientes demuestran que en los ciclones más fuertes, los vientos han cobrado más intensidad en todos los océanos (22). El aumento ha sido mayor en cuencas oceánicas relativamente frías, que experimentaron los mayores aumentos de temperatura, especialmente el Océano Atlántico septentrional, pero también en los océanos Pacífico septentrional y oriental e �ndico meridional. Los ciclones tropicales sólo se generan cuando las temperaturas oceánicas son superiores a unos 26 grados centígrados. En consecuencia, es posible que al aumentar las temperaturas de los océanos, se generen ciclones tropicales más frecuentes y más intensos.

La creciente preocupación acerca de la escasez mundial de agua hace resaltar las recientes constataciones sobre los posibles efectos que tendrá el cambio climático sobre el ciclo hidrológico terrestre, inclusive las precipitaciones pluviales, la evaporación de suelos y la reducción de los caudales de agua provenientes del derretimiento de los glaciares que desaguan en ríos. Según constataciones recientes, se pronostica que se agotarán las reservas junto al Mar Mediterráneo y en el sector central del territorio de los Estados Unidos, se secarán los ríos en China y el Oriente Medio, y habrá cursos fluviales más erráticos, caracterizados por inundaciones repentinas, en zonas del Asia meridional libres de glaciares (23).

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático planteó una gama de posibles aumentos de las temperaturas mundiales y posibles efectos sobre la sociedad y el medio ambiente, que van desde efectos leves y manejables hasta efectos graves que sólo pueden calificarse de catastróficos. A menos que se adopten sin tardanza medidas para estabilizar, y posteriormente reducir, las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, hay un gran riesgo de que los aumentos en las temperaturas causen daños generalizados a los ecosistemas, los recursos naturales y las poblaciones humanas, y perturben las actividades económicas. Por cierto, esos daños podrían poner fin a la prosperidad de los países desarrollados y amenazar los medios de vida humanos básicos en los países en desarrollo.

En la ciencia del cambio climático persisten algunas incertidumbres. No obstante, las pruebas objetivas de las que se dispone hasta ahora indican que podríamos estar a pocos años de distancia de puntos basculantes de desequilibrio irreversible que podrían desorganizar permanentemente las pautas meteorológicas estacionales que han sostenido las actividades agrícolas de la mitad de la población humana, han mantenido los sumideros de carbono y han prevenido el derretimiento de importantes mantos de hielo.

[10] Riesgos del cambio climático

La temperatura mundial media podría aumentar en hasta 6,4 grados centígrados para fines del presente siglo (24).

Si el aumento de la temperatura mundial fuera superior a 2,5 grados centígrados, hasta un 30% de las especies vegetales y animales podrían sufrir extinción.

Debido al calentamiento y la acidificación de las aguas, una tercera parte de los arrecifes coralíferos en todo el mundo podrían sufrir extinción.

Los niveles medios del mar en todo el mundo podrían elevarse en hasta 43 centímetros para fines del presente siglo.

En la segunda mitad de este siglo, el hielo del Ártico podría desaparecer totalmente durante el verano.

Uno de cada seis países podría sufrir todos los años escasez alimentaria debido a sequías graves.

Para 2075, entre 3.000 millones y 7.000 millones de personas podrían padecer escasez crónica de agua.

[11] El calentamiento de las aguas amenaza los medios de vida en Belice

Anita Cano, una joven de 20 años de edad con sonrisa fácil, trabaja en el mostrador de recepción de la Ambergris Diving Company en San Pedro, Belice; pero dice que tal vez no siga trabajando allí durante mucho tiempo. Dice: "No es un trabajo estable, debido a la economía".

En circunstancias normales, San Pedro es uno de los lugares con más próspero turismo, repleto de extranjeros que acuden en búsqueda de aventuras y deportes submarinos en los arrecifes cercanos.

Este año, el turismo ha disminuido pronunciadamente; la gente, en su mayoría, lo atribuye a la crisis económica mundial. Pero también es motivo de preocupación que los arrecifes coralíferos están muriendo, razón por la cual serán menos atrayentes para los turistas y las grandes cantidades de visitantes que cada año contribuyen a inyectar dinero en efectivo en la economía de Belice.

La industria del turismo en Belice emplea a 15.000 personas; aproximadamente, uno de cada cuatro empleos. El turismo es el mayor empleador de mujeres, muchas de ellas madres solteras jefas de familia.

Anita Cano.
© Trygve Olfarnes/UNFPA

Los científicos afirman que los corales junto a las costas de Belice y de países vecinos están muriendo gradualmente debido a los efectos del cambio climático, entre ellos las más altas temperaturas del agua, los huracanes más intensos y más frecuentes, y la acidificación de los océanos, que van absorbiendo cada vez más anhídrido carbónico del aire.

Si hubiera una pronunciada reducción de los arrecifes coralíferos vivos a lo largo de las costas del Caribe, el turismo no sería el único sector que sufriría. Los 2.200 pescadores del país podrían ver sus medios de vida en peligro. La industria pesquera genera entre 6% y 8% del producto interno bruto de Belice. Además, aumentarían las probabilidades de que huracanes más fuertes y más frecuentes tuvieran consecuencias catastróficas, dado que literalmente se erosionaría la protección proporcionada por los arrecifes coralíferos.

Anita dice que no sabe mucho acerca de los arrecifes que morirían ni de otros posibles efectos del cambio climático, pero reconoce que "un 90% de los residentes en este lugar dependen del océano para obtener medios de vida, de modo que, evidentemente, la cuestión es importante".

"Este año, la actividad comercial se ha reducido en un 60%, en comparación con lo que ocurría hace tres a cinco años", dice Andrés Paz, un guía de turismo en el comercio de artículos de deportes submarinos "Amigos del Mar", en San Pedro, Belice. Él también atribuye el actual deterioro de la actividad comercial a la crisis financiera mundial, pero le suma el deterioro de los arrecifes. Dice: "Vemos menos peces, menos corales y menos colores en el mar". Andrés y su colega, Roberto Zelaya, piensan que el cambio climático es la causa.

Los científicos afirman que los corales se están muriendo debido a la elevación de la temperatura del agua, la acidificación del océano—resultante de mayor absorción de anhídrido carbónico en el agua—y los vientos huracanados más fuertes y más frecuentes.

Como resultado del deterioro de la actividad comercial, Amigos del Mar ha despedido a cuatro empleados y ha vendido una de sus embarcaciones. "En un día común, solíamos tener unas 30 personas que practicaban deportes submarinos, pesca o buceo. Ahora tenemos unas 15", dijo Andrés Paz.

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