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Nunca le conté a nadie lo que pasó
Shanuki


Me criaron en un hogar estricto y conservador, donde siempre me acompañaban y llevaban a donde tenía que ir. Mis padres nunca me permitieron viajar en transporte público, pero nunca supe por qué. Solía anhelar la independencia y envidiar a mis compañeros de clase por viajar solos en los autobuses. 
 
Una tarde, después de la escuela, mentí a mis padres y decidí tomar un autobús, sintiéndome rebelde y libre.


Me subí a un autobús y me senté justo en la parte de atrás, como todos los niños que había visto cuando viajaba detrás en el coche.
 
Poco después, el autobús se detuvo y cuatro adolescentes entraron. Me vieron sentada sola en la parte de atrás y se acercaron. No pensé en nada. Los ignoré mirando por la ventana. Sin embargo, al poco tiempo, me sorprendí al darme cuenta de que me habían rodeado, cubriéndome de la vista del resto de los pasajeros del autobús. Un chico me sujetó por los hombros y otro me pasó la mano por debajo vestido de la escuela, mientras que los otros dos estaban delante de mí. 
 
Me congelé por completo y no pude comprender lo que estaba sucediendo hasta que la mano perdida comenzó a apretar la parte superior del muslo. Mis reflejos finalmente se activaron y empecé a luchar, pero solo conseguí que me empujaran más. De repente, recuperé mi voz y grité pidiendo ayuda. Esto hizo que se detuvieran y retrocedieran inmediatamente y se alejaran. Los demás pasajeros no hicieron nada más que fruncirme el ceño, asumiendo que estaba coqueteando con los chicos. La mayoría de los habitantes de Sri Lanka creen que una niña victimizada a menudo está “pidiéndolo”, o que no es asunto de ellos involucrarse. Incluso el revisor del autobús me ignoró. Seguí gritando, aún congelada en el sitio. En ese momento, el autobús se detuvo y los cuatro chicos salieron rápidamente, me quedé llorando.


"Las mujeres necesitan hablar por otras mujeres"

Todo lo que pude hacer fue sentarme y llorar hasta que el autobús llegó a mi destino. Salí y corrí a casa, pero nunca le conté a nadie lo que había sucedido, temiendo el castigo por desafiar a mis padres por viajar sola. Hoy en día, todavía no tienen ni idea. Tardé varios años en recobrar la valentía para volver a usar el transporte público por mi cuenta.

Fotos © Eliza Hatch/Cheer Up Luv por UNFPA y Videos © Studio Zoo