Tigray: Las mujeres y las niñas pagan un alto costo a causa del conflicto etíope

Desde que estalló el conflicto entre las fuerzas federales y regionales en Tigray, en el norte de Etiopía, el pasado mes de noviembre, unos 2 millones de tigrayanas y tigrayanos han sido desplazados y miles han huido a países vecinos, como Sudán. La lucha no sólo no se ha detenido, sino que se ha extendido a regiones vecinas, como Amhara y Afar. 

La espiral de crisis ha causado estragos indecibles. La violencia sexual desenfrenada no se denuncia. Muchas embarazadas (desnutridas o hambrientas) tienen que dar a luz sobre la marcha, poniendo así en riesgo su vida y la de sus criaturas. Sólo una fracción de las instalaciones sanitarias son funcionales y menos aun pueden proporcionar tratamiento posviolación y atención obstétrica integral de emergencia. 

En colaboración con organizaciones locales, en particular las dirigidas por mujeres, el UNFPA está ayudando a crear capacidad para responder a las necesidades de las mujeres y las niñas, desde la entrega de botiquines de salud reproductiva de emergencia para cuestiones tales como parto seguro y el tratamiento de infecciones de transmisión sexual hasta la capacitación de cientos de profesionales de la salud en el manejo clínico de la violación y la explotación sexual. 

El organismo ha entregado más de 33.000 toneladas métricas de suministros en respuesta a las necesidades de emergencia en materia de salud sexual y reproductiva y de violencia por motivos de género, así como equipo de protección personal (EPP) para las y los trabajadores sanitarios de primera línea durante la actual pandemia de COVID-19. Un equipo de 89 parteras apoyadas por el UNFPA ha prestado servicios esenciales a más de 24.000 mujeres en las zonas menos atendidas. 

No se deben pasar por alto las necesidades particulares de las mujeres y niñas ya vulnerables, incluidas las embarazadas. El UNFPA prioriza su salud sexual y reproductiva, la prevención y la respuesta a la violencia basada en el género, su protección contra el abuso y la explotación sexuales y la salud mental y el apoyo psicosocial. Esas deben ser las prioridades de cualquiera que responda a necesidades humanitarias