La salud de la mujer en el lugar de trabajo

A woman weaves a blanket.

En el marco de su programa “Women’s Health in the Workplace” (La salud de la mujer en el lugar de trabajo), el UNFPA entabla contactos con instituciones de todo el mundo para ayudar a las trabajadoras a lograr la igualdad de género dentro y fuera de la jornada laboral.

Según la Iniciativa de Comercio Ético, en torno a 190 millones de mujeres trabajan en cadenas de suministro globales que se concentran en países donde las necesidades insatisfechas de servicios de salud de la mujer alcanzan cotas muy elevadas. En muchas ocasiones, estas empleadas ven como sus necesidades —que van desde la atención de la salud a la protección contra el acoso y la violencia, pasando por un salario decente— se pasan por alto.

Las empresas pueden convertirse en agentes del cambio al brindar oportunidades para que las trabajadoras superen algunos de los obstáculos con los que se topan para acceder a estos servicios, de modo que más mujeres dispongan de los medios para hacer efectivos sus derechos sexuales y reproductivos. Entre dichos obstáculos, cabe citar la falta de información, las dificultades financieras y el horario laboral. 

El UNFPA colabora con asociados institucionales para abordar los problemas y necesidades particulares de las trabajadoras en diversas regiones. En algunos países de Europa del Este, la organización se ha asociado con el sector privado y los gobiernos con el objetivo de luchar contra la violencia de género y abanderar políticas familiares con perspectiva de género. En la región de Asia y el Pacífico, el UNFPA coopera con algunas empresas y fábricas para que ofrezcan allí mismo servicios y asesoramiento en materia de planificación familiar.

Instituciones contra la violencia de género, oficina del UNFPA en Turquía

“Las secuelas de que mi pareja me maltratase me obligaron a pedir muchas licencias por enfermedad y, cuando ya no podía hacerlo, tuve que utilizar los días de vacaciones anuales que me correspondían. El temor a perder el trabajo hizo que lidiar con los aspectos emocionales y jurídicos de la situación resultara todavía más angustioso de lo que ya era. Haberme quedado sin licencias por enfermedad y sin gran parte de mis vacaciones agrava el estrés. No quería que nadie del trabajo se enterara de que se trataba de una relación abusiva. Me daba vergüenza y, a fin de cuentas, la empresa no podía hacer nada al respecto”. Correo electrónico anónimo enviado a un director de Recursos Humanos.

“The majority of workers, yet among the most vulnerable”. Iniciativa de Comercio Ético. Disponible en: https://www.ethicaltrade.org/issues/gender-equity-global-supply-chains. Última consulta: noviembre de 2021.

La violencia de género, que pone de manifiesto y refuerza las desigualdades que existen entre hombres y mujeres, tiene consecuencias nefastas no solo para la población femenina, sino para la sociedad en general. Según los estudios del sector privado en Turquía, la violencia física y sexual es un fenómeno muy común entre las trabajadoras de oficina (prevalencia del 32%), y los mecanismos de respuesta ante ella brillan por su ausencia. Esto implica que las mujeres, sin importar su trayectoria y el grado de antigüedad que hayan alcanzado en su empleo, se ven sometidas repetidamente a actos de violencia física, psicológica y económica. La situación se debe en gran medida a las normas culturales, el miedo a un despido, la vergüenza y el estigma, pero también a la falta de mecanismos de apoyo para hablar de la violencia y pedir ayuda.

El UNFPA fomenta la igualdad de género y lucha contra la violencia de género allá donde se produzca, sin olvidar los centros de trabajo. Partiendo de los resultados de los estudios que financió el UNFPA, su oficina en Turquía ayudó al Foro de Gobernanza Institucional de la Universidad de Sabancı a elaborar una guía para empresas del sector privado que han mostrado interés en ayudar a las sobrevivientes de la violencia de género. Varias entidades recibieron capacitación sobre cómo formular políticas internas para erradicar la violencia doméstica. Una de las primeras en sumarse fue el banco turco Garanti, que creó un teléfono de asistencia para su plantilla.

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