En el Complejo Pediátrico de Bangui, el único hospital especializado en neonatología y pediatría de la República Centroafricana, ubicado en la capital, las nuevas madres y los trabajadores de la salud que las atienden viven momentos de alegría y dolor en un contexto de inseguridad debido al conflicto, además de una reducción de la financiación internacional.

En 2025, el UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, recibió solo el 45 % de los fondos que necesitaba para la atención de la salud sexual y reproductiva en el país.

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Jypsie en el hospital tras el parto prematuro de sus gemelos.

Jypsie, una joven madre de 20 años, es una de las personas afectadas. Durante el embarazo, acudió a todas las revisiones prenatales que pudo. Pero, al cumplir los siete meses de embarazo, unos calambres le impidieron caminar y dio a luz a gemelos prematuramente en su casa a plena noche, con su suegra haciendo todo lo posible por ayudarla. 

Uno de los recién nacidos sobrevivió. El otro falleció por dificultad respiratoria antes de que la familia llegara al hospital especializado de Bangui, situado a unos 22 kilómetros de su casa. Jypsie afirma que le cuesta encontrar las palabras para expresar su dolor.

En la República Centroafricana, solo alrededor del 40 % de los partos cuentan con la asistencia de personal cualificado. 

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Una partera realiza un examen rutinario al bebé de dos semanas de Jypsie

En el hospital, Jypsie acumuló una deuda de unos 27 dólares estadounidenses por la atención recibida. Aunque a escala mundial se trata de una cantidad modesta, puede suponer una suma considerable para las familias de uno de los países más pobres del mundo. Esto supuso una carga económica para Jypsie y su esposo, quien tiene dificultades para encontrar trabajo como albañil.

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Los alumnos esperan para presentarse a un examen.

Cada día, en el Complejo Pediátrico de Bangui, las madres cuentan con el apoyo de parteras experimentadas, mientras que los recién nacidos con complicaciones reciben atención especializada y los niños de todas las edades se recuperan de sus enfermedades. Al mismo tiempo, una nueva generación de médicos recibe formación, ya que el centro es el único hospital universitario del país dedicado a la atención pediátrica

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Este recién nacido, uno de los trillizos de Belicia, vino al mundo sin complicaciones en el hospital.
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Una sala para las familias y sus hijos en el Complejo Pediátrico de Bangui.

El hospital se encuentra, además, bajo una gran presión económica. Durante años, la atención materna y neonatal en este centro había sido gratuita gracias al apoyo de asociados internacionales, entre ellos el UNFPA. A medida que se reducen los fondos humanitarios a nivel mundial, los retos se multiplican. Hoy en día, el hospital ya no puede seguir ofreciendo atención gratuita para todas las personas.

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Belicia con sus trillizos.

Belicia, vecina y amiga de Jypsie, de 24 años, llegó al hospital en ambulancia cuando estaba embarazada de ocho meses gracias a un servicio de emergencia gratuito que podría dejar de serlo en poco tiempo. Estudiante y madre de un niño de 7 años, ahora tiene trillizos recién nacidos, mientras su esposo busca trabajo. 

Belicia no ha recibido ningún tipo de asesoramiento sobre planificación familiar tras el parto; una carencia que, según señalan los trabajadores de la salud, es cada vez más común a medida que se reducen los servicios. Sin embargo, en la sala de maternidad, rodeada de parteras, recibe una atención de calidad. 

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Clara se mudó a Bangui cuando perdió su trabajo en la localidad de Birao.

Clara Abessende, una partera del hospital de Bangui, dirigió los servicios de salud reproductiva durante casi una década en Birao, una localidad remota cerca de la frontera entre Chad y Sudán. Recuerda que el número de pacientes al día aumentó de 60 a 200 a medida que la gente huía del conflicto en Sudán que estalló en 2023. Cuando se rescindió su contrato de forma repentina en 2025 debido a los recortes presupuestarios, tanto ella como sus pacientes lloraron su marcha.

“Cuando me fui, tanto mis pacientes como yo acabamos llorando. Sentía como si estuviera abandonando a algunos de los niños a los que había ayudado a traer al mundo y a los que conocía desde hacía años”.
– Clara
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Clara trabaja ahora en otro centro de Bangui.

Clara habla con preocupación sobre lo que se ha perdido debido a los recortes presupuestarios, como equipos de trabajadores de divulgación comunitaria que proporcionaban tratamiento antirretroviral para el VIH y “kits de dignidad” con artículos de higiene esenciales para mujeres y niñas. Asimismo, entre otros servicios clave, también derivaban a las sobrevivientes de violación a servicios de atención sanitaria.

Clara afirma que los riesgos son mayores para las mujeres que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad. Teme, por ejemplo, que las sobrevivientes de agresiones sexuales no puedan encontrar un centro de salud o de apoyo capaz de atenderlas.

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Una mujer compra medicamentos en la farmacia del hospital.

Una contribución de 5,8 millones de dólares de la Agencia Italiana para el Desarrollo al UNFPA está ayudando a financiar los servicios de atención materna y neonatal en el hospital de Bangui hasta octubre de 2026. Sin embargo, no es suficiente para cubrir todos los costos, incluidos los de la atención que antes se prestaba de forma gratuita. 

Sin una financiación renovada y predecible, el sistema de salud de toda la República Centroafricana corre el riesgo de verse desbordado. El costo real es humano: sin servicios gratuitos y accesibles, aumentará el número de muertes maternas y neonatales prevenibles. El país ya tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo, con 835 muertes por cada 100.000 nacidos vivos.

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Un niño con malaria ahora se encuentra estable gracias a la atención prestada por profesionales de la salud como el pediatra Simplice Kango.

En la República Centroafricana, la línea que separa la vida de la muerte es muy frágil. “Si los servicios no son gratuitos, las familias esperan”, afirma el pediatra Simplice Kango. “Y mientras esperan, los niños mueren”.

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Un niño con malaria recibe atención vital en el Complejo Pediátrico de Bangui.

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