Declaración de la Sra. Diene Keita, Directora Ejecutiva del UNFPA, en el Día Mundial de la Población (11 de julio)
Vivimos una época de profundos cambios demográficos. Algunos países cuentan con una población juvenil históricamente numerosa. Otros están experimentando un rápido envejecimiento de la población. Y muchos otros navegan por ambas realidades a la vez. Las sociedades y las economías están siendo transformadas como resultado de crisis interconectadas, el aumento de las desigualdades y las tecnologías disruptivas. Al mismo tiempo, la información y la desinformación están redefiniendo cómo percibimos el mundo que nos rodea.
¿Cómo ven los adultos jóvenes sus vidas, ambiciones y futuros en un mundo de cambio constante? Esta es la pregunta central de la reciente Encuesta sobre Futuros Demográficos del UNFPA. Dicha encuesta constituye uno de los mayores conjuntos de evidencia hasta la fecha sobre las metas de vida de los jóvenes en lo que respecta a las relaciones y las familias.
Lo que descubrimos es que la mayoría aún aspira a tener una pareja y formar una familia; sin embargo, muchas de las personas jóvenes sienten que tal vez nunca vean esos sueños materializarse. Hoy en día, los mercados laborales frágiles, las crecientes desigualdades y los conflictos prolongados han hecho que a muchos jóvenes les resulte difícil imaginar cómo pueden construir las familias y los futuros que desean.
Algunas personas asumen que las generaciones más jóvenes han renunciado por completo al matrimonio y a los hijos. Nuestra encuesta cuenta una historia diferente. La mayoría de los encuestados afirma que su relación ideal incluye el matrimonio. Sin embargo, entre quienes desean tener pareja, muchos están solteros y no tienen citas. Las dificultades económicas y de acceso a una vivienda fueron las principales barreras señaladas para formar una pareja. La mayoría de los encuestados también desea tener hijos y, en la mayor parte de las regiones, el tamaño familiar ideal más común es de dos hijos. Pero muchos se cuestionan si tendrán la estabilidad y la seguridad necesarias para brindarles un hogar y cuidarlos.
En resumen, es la incertidumbre, y no la falta de voluntad, lo que hace que los jóvenes se pregunten si pueden formar las familias que desean.
En respuesta a las cambiantes tendencias demográficas, incluidos el envejecimiento y la baja fecundidad, los gobiernos están explorando una amplia gama de políticas. Pero las políticas no tendrán éxito si presionan a las personas hacia opciones particulares o si no abordan las barreras que los propios jóvenes identifican.
Como nos dijo un joven líder comunitario: «No se trata solo de elegir tener menos hijos. Se trata de tener menos opciones».
Lo que los jóvenes nos dicen es claro: necesitan una sensación de seguridad para planificar su futuro y la autonomía para llevar esos planes adelante. Corresponde a los líderes de todo el mundo crear las condiciones que les permitan hacer realidad esas aspiraciones.
Con inversiones inteligentes y con visión de futuro en sus derechos y opciones —desde vivienda y atención médica hasta licencias de paternidad y maternidad y apoyo para el cuidado infantil—, los jóvenes pueden ejercer autonomía sobre sus cuerpos y sus vidas, y construir el futuro que desean. Pueden hacer realidad el derecho a tomar las decisiones más íntimas y trascendentales de sus vidas.
El mundo de hoy está lleno de oportunidades, no solo de desafíos. Las comunidades y las economías innovarán, fortalecerán su resiliencia y prosperarán cuando las personas jóvenes también puedan hacerlo.
Los jóvenes, del norte al sur y del este al oeste, ya han hablado. Es hora de escuchar. Y es hora de ayudar a crear las condiciones que les permitan tomar decisiones reales, formar las familias que desean y hacer realidad sus esperanzas y aspiraciones.