Los cambios demográficos (es decir, las transiciones en el número, la composición por edades y la distribución espacial de la población) son una de las megatendencias de nuestros tiemposy tienen profundas implicaciones para las sociedades, además de ser una prioridad importante para muchos países en todo el mundo.
Estos cambios afectan los objetivos clave de desarrollo, con implicaciones para los mercados laborales, las pensiones, la protección social, la salud, la educación, la infraestructura, el medio ambiente, el crecimiento económico, los presupuestos gubernamentales y la deuda pública, entre otras esferas.
En las últimas décadas, el mundo ha sido testigo de nuevas dinámicas en materia de mortalidad, fecundidad y migración. No solo se ha producido una mejora significativa en la esperanza de vida, debido especialmente a la disminución de la mortalidad de niños menores de 5 años, sino también una disminución de las tasas de fecundidad y una mayor movilidad y migración humanas tanto dentro de los países como entre ellos. Juntos, estos factores han tenido profundos efectos en la dinámica de la población en todo el mundo.
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Si bien la población mundial seguirá creciendo durante las próximas décadas, existen diferencias significativas en las realidades demográficas entre los distintos países. A modo de ejemplo, disminuye el número de países que registran una fecundidad elevada y un rápido crecimiento demográfico; países que actualmente se concentran en gran medida en África Subsahariana y en Asia Meridional. En cambio, aumenta el número de países con baja fecundidad y un crecimiento demográfico lento, estancado o negativo.
Más de dos tercios de la población mundial vive ahora en países donde la tasa total de fecundidad cae por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer. El nivel de reemplazo es el número promedio de hijos que una mujer debe tener para que una población se reemplace de una generación a otra.
Entretanto, el envejecimiento de la población se ha convertido en un fenómeno universal y se prevé que se produzca con mayor rapidez en los países de ingresos medios, donde se espera que la proporción de personas de 65 años o más se duplique en las próximas tres décadas. Además, el envejecimiento de la población, en un número de países cada vez mayor, conducirá a una disminución de la población.
Si bien el declive de la población no es un fenómeno nuevo (ya ha ocurrido antes, sobre todo en el contexto de hambrunas y guerras), el declive persistente de la población es una nueva realidady, aunque los países de Europa y Asia están liderando al mundo en esta nueva e inexplorada fase de la transición demográfica, en los próximos años otros países de todas las regiones seguirán su ejemplo.
Muchos gobiernos han expresado su preocupación por su futuro demográfico y una gran parte se está embarcando en políticas que apuntan a aumentar las tasas de natalidad. Si bien esas políticas pueden ser perfectamente compatibles con las opciones y los derechos humanos fundamentales cuando apoyan a las mujeres y los hombres a alcanzar sus aspiraciones de fecundidad, algunas respuestas amenazan con socavar los avances logrados con tanto esfuerzo en materia de igualdad entre los géneros y derechos reproductivos. Entre esas respuestas figuran la reducción de los compromisos de acceso universal a la planificación familiar, la eliminación de la educación sexual integral de los planes de estudio escolares, la promoción de la procreación como deber cívico y el refuerzo de los estereotipos de género perjudiciales. La evidencia muestra que es poco probable que esas medidas inviertan las tendencias demográficas y, en cambio, podrían erosionar la autonomía individual y el empoderamiento de las mujeres.