BEIRUT, El Líbano – Con solo cuatro días de vida, Alí se encuentra refugiado en la Universidad Libanesa en Beirut. Su madre, Hawraa, se encontraba en avanzado estado de gestación y preparaba el cuarto del bebé cuando tuvo que huir de su casa en el Líbano por una orden de evacuación de las fuerzas israelíes.
“Perdí el contacto con mi médico y no tenía ningún plan [de respaldo]”, comentó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. “Todo eso mientras tratábamos de procesar el impacto del desplazamiento y de haber perdido nuestro hogar”.
A través de AMEL, una organización asociada, el UNFPA le proporcionó atención prenatal, una derivación a un hospital para dar a luz y los suministros esenciales que necesitaba como nueva madre como pañales, biberones y artículos de higiene personal.
Después de 12 horas de labor de parto, nació Alí. “Ahora solo quiero protegerlo y asegurarme de que esté sano y salvo”, afirmó Hawraa.
Tras un mes de intensificación de las hostilidades en todo el Oriente Medio, más de 1,2 millones de personas en el Líbano, incluidas unas 13.500 mujeres embarazadas, se han visto hasta ahora obligadas a abandonar sus hogares. A medida que aumentan las necesidades de salud y protección, el UNFPA trabaja con el gobierno y sus asociados locales para aumentar rápidamente su apoyo a las personas desplazadas y las comunidades que las acogen.
“Ahora solo quiero protegerlo” – Hawraa
Una creciente crisis sanitaria
La prima de Alí, Fátima, tenía dos días de vida cuando su familia la envolvió en una manta y condujo a Beirut desde su casa en Blida, una aldea cercana a la frontera con Israel. Ellos también buscaron refugio en la universidad, junto con más de 600 personas hacinadas en un espacio de cuatro pisos con solo dos baños en funcionamiento.
Fátima, Alí y sus madres duermen ahora en colchones en el suelo, en habitaciones compartidas con varias familias. Solo hay una ventana, no hay ducha, el agua es escasa y es imposible mantener limpio el baño comunitario.
“Me duele mucho la espalda, pero lo que me mantiene despierta por las noches es el miedo a que ella contraiga una infección” – Sanaa
“Los baños son horribles”, se quejó Sanaa*, quien trató de limpiar las rebosantes aguas residuales con cubos y palas. Después de huir de su casa por segunda vez en dos años, se encuentra refugiada en la universidad y colabora como voluntaria con un grupo para manejar las necesidades de saneamiento. "Hay un baño para unas seis habitaciones y cada habitación tiene unos seis niños. Tenemos recién nacidos, bebés de cinco meses, de un año,... y pueden enfermarse, por lo que los suministros de higiene son muy importantes”.
Los desafíos se multiplican para las personas con discapacidad: muchas se refugian en exteriores, ya que hay muy pocos refugios accesibles y todos están a plena capacidad.
Nada* tiene dos hijas adultas con discapacidad, una de las cuales está en silla de ruedas. “Tengo que cambiarla en una esquina con una fina sábana para impedir que la vean, rezando para que nadie la mire”, relató al UNFPA. “No solo la guerra la está perjudicando, sino también la vergüenza que siente por dentro”.
"Cada vez que tiene que ir al baño se me parte el corazón. El suelo está húmedo, las cabinas son estrechas y tengo que levantar a una mujer adulta mientras trato de no resbalar. Me duele mucho la espalda, pero lo que me mantiene despierta por las noches es el miedo a que ella contraiga una infección”.
Las parteras son esenciales en la respuesta inicial
Ahlam, una partera apoyada por el UNFPA, dedica gran parte de su tiempo a ayudar a las mujeres embarazadas y a las nuevas madres a ajustar sus hábitos de higiene y cuidado personal a estas condiciones difíciles, pero ha notado una tendencia preocupante: para evitar los baños comunitarios, las mujeres están bebiendo menos agua, lo que las deshidrata y las hace propensas a infecciones del tracto urinario. “Cuando no hay agua para lavar la ropa y no hay ropa interior limpia para cambiarse, aumenta el riesgo de infecciones fúngicas, y las infecciones son especialmente peligrosas durante el embarazo”, explicó.
Las parteras son particularmente valiosas en tiempos de crisis, no solo porque salvan vidas, sino porque están profundamente arraigadas en sus comunidades. Maguy Ghanem, especialista en salud sexual y reproductiva del UNFPA en el Líbano, explicó que “este arraigo les da acceso a los miembros más vulnerables y de difícil acceso de sus comunidades. Se mueven en un ámbito más íntimo que la mayoría de los médicos o enfermeras de hospital”.
Las parteras también suelen tener fuertes vínculos con líderes locales y con los centros de salud, lo que les permite obtener rápidamente información sobre, y para, las personas más necesitadas.
Para evitar los baños comunitarios, las mujeres están bebiendo menos agua, lo que las deshidrata y las hace propensas a infecciones del tracto urinario.
La respuesta del UNFPA abarca todos los ámbitos
El UNFPA ha desplegado nueve unidades móviles de salud en todo el Líbano para proporcionar atención materna y apoyo obstétrico de emergencia en refugios colectivos. El UNFPA también se encarga del manejo clínico de violaciones, proporciona apoyo psicosocial y distribuye kits de dignidad que contienen artículos de higiene y menstruales, así como kits de artículos esenciales para bebés que se entregan a las mujeres embarazadas y nuevas madres.
No obstante, las interrupciones en las principales rutas de transporte mundiales están retrasando la entrega de suministros de salud vitales para mujeres y niñas en múltiples crisis. En respuesta a esto, el UNFPA está trabajando con sus asociados para trazar rutas alternativas, redirigir los envíos entrantes y reubicar los suministros esenciales.
A estos riesgos se suma que la mitad de los centros apoyados por el UNFPA en las zonas afectadas por el conflicto se han visto obligados a cerrar debido a la violencia y que muchos trabajadores sanitarios se han visto desplazados, lo que ha reducido drásticamente el personal de los servicios restantes. Siguen aumentando los ataques contra centros de salud, ambulancias y trabajadores humanitarios, incluidos dos hospitales apoyados por el UNFPA.
*Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección