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Trabajadores en primera línea restituyen la salud, esperanza y humanidad en los peores contextos

La matrona Molok conecta profundamente con las comunidades de personas desplazadas porque ha pasado por la misma experiencia. © UNFPA Yemen
  • 19 Agosto 2022

Yemen/Bangladesh/Ucrania – «Hace unas semanas, una mujer embarazada me llamó tarde en la noche porque necesitaba ayuda desesperadamente», cuenta Molok al UNFPA. «Esta mujer vive en un campamento que cruza con la zona de enfrentamientos. Decidí ir hasta donde ella estaba en la noche, caminando con sigilo junto a uno de sus familiares».

Molok es una matrona de 30 años en Marib, Yemen. Tras perder a su esposo debido a la extenuante guerra de su país, está criando a sus dos hijos sola y sostiene a su familia con su trabajo para una clínica móvil del UNFPA.

Después de ayudar a que el bebé naciese sano, recuerda, «regresé a mi tienda, también a hurtadillas en la noche. Escuché sonido de balas cerca de mí. Tuve muchísimo miedo… Trabajar en la zona de los enfrentamientos puede significar la vida o la muerte, pero tenemos la plena responsabilidad de salvar las vidas de aquellos que nos necesitan urgentemente».

El 19 de agosto es el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, cuya celebración es hoy más crucial que nunca si tenemos en cuenta el incremento en número y en intensidad de las crisis humanitarias en todo el mundo. «Los trabajadores humanitarios enfrentan amenazas y riesgos graves, que suelen verse empeorados por las limitaciones de acceso; estos héroes cotidianos necesitan nuestro apoyo pleno para trabajar de manera segura y eficaz», asegura la Dra. Natalia Kanem, Directora Ejecutiva del UNFPA, en una declaración en la que conmemora este día.

La mayoría de estos héroes cotidianos provienen de las comunidades afectadas por las crisis, como Molok.

Su país, Yemen, sigue siendo el lugar de los mayores desastres humanitarios del mundo, donde solo la mitad de los hospitales sigue en funcionamiento. Su propia familia se ha reubicado una y otra vez en busca de seguridad, pero el peligro siempre está cerca. Una vez, Molok estaba trabajando en un hospital cuando fue tomado por una facción beligerante.

«Haber sido desplazada muchas veces y continuar trabajando como matrona me ha hecho fuerte», afirma. «No solo presto servicios médicos, sino también apoyo psicológico a aquellas pacientes que han sido desplazadas como yo».

A young man holds a poster.
Nourul Amin, un activista de la comunidad en Cox’s Bazar, Bangladesh, sostiene un cartel en el que se promueve la igualdad de género. © UNFPA Bangladesh/Fahima Tajrin

Un lugar de comprensión

El apoyo psicológico es también una forma de primeros auxilios en Ucrania, donde el UNFPA ha respaldado la creación de un centro que presta atención psicológica, médica y jurídica a las personas supervivientes de la violencia resultado de conflictos. Esto incluye la violencia de género y la violencia sexual, cuya incidencia suele incrementarse en épocas de crisis.

A group of people talk.
Olga Stefanishina, Viceprimera Ministra para la Integración Europea y Euroatlántica de Ucrania, habla ante los trabajadores y los medios de comunicación en la apertura del Survivor Relief Centre. © UNFPA Ucrania

«El principal objetivo es evitar volver a traumatizar a las supervivientes y proveer un ambiente de confianza», dijo Olga Stefanishina, Viceprimera Ministra para la Integración Europea y Euroatlántica de Ucrania, en la inauguración del centro.

Aquellas personas que han pasado por conflictos y desastres suelen ser capaces de prestar estos servicios desde un lugar de profunda comprensión.

Este es el caso de Nourul Amin, un activista de la comunidad de 19 años que trabaja para poner fin a la violencia de género en su campamento de refugiados en Cox’s Bazar, Bangladesh.

Nourul huyó de la espantosa violencia dirigida hacia su comunidad rohinyá en Myanmar en 2017. Pero a demasiadas familias rohinyá que huyeron a campamentos de personas desplazadas la violencia los ha seguido de cerca. Como consecuencia del desarraigo de las comunidades, los mecanismos de protección desaparecen. Los campamentos están abarrotados de personas, por lo que hay muy poca privacidad y suele surgir estrés y tensiones en las familias. Estas condiciones, junto con nocivas normas de género, hacen que las personas ⸺mujeres y niñas en particular⸺ sean vulnerables a diversas formas de violencia.

Nourul trabaja para detener este círculo vicioso. Forma parte de un programa llamado SASA! (Comienzo, Concienciación, Apoyo y Acción, por sus siglás en inglés), que ayuda a las personas a desafiar las normas que sustentan la violencia de género.

Se ha formado a más de 2.300 activistas, incluidos líderes comunitarios y religiosos, tanto hombres como mujeres, en campamentos de refugiados rohinyá y entre comunidades de acogida mayores. Desde diciembre de 2020, han llegado a cerca de 100.000 personas gracias a mensajes relativos a la igualdad de género y al fin de la violencia.

«Ser un activista de la comunidad implica ser el agente de cambio que deseamos ver en nuestra comunidad y en el mundo», afirma Nourul.

Ayudemos en comunidad

Humanitarian workers provide healthcare to a group of people.
Molok presta atención sanitaria reproductiva de emergencia en zonas en conflicto. © UNFPA Yemen

Cuando ocurre un desastre, puede que edificios y ciudades enteras se vengan abajo, pero la solidaridad ⸺el espíritu que une a comunidades enteras⸺ prevalece.

A pesar de que la matrona yemení Molok se ha visto forzada a huir de su hogar una y otra vez, encuentra una comunidad allá donde va y conecta con aquellas personas que necesitan de su compasión y cuidados.

«Recién la semana pasada, una mujer [de parto] me llamó desde una zona remota», explica. «Cuando llegué, la encontré al borde de la muerte y con una grave hemorragia. Ni ella ni yo teníamos dinero, así que di mi anillo de oro en la farmacia a cambio de algunos suministros médicos. La salvé de una situación muy difícil».

La dedicación y el sacrificio de Molok no son una gota de agua en el océano, sino que sus acciones se llevan a cabo junto con las acciones de trabajadores sociales, terapeutas, doctores, matronas y muchos otros.

Juntos, destaca la Dra.Kanem, están «trabajando en primera línea de las emergencias para construir un planeta más sano, más seguro y más justo».

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