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"Sentí miedo incluso durante el parto”: Las mujeres en la Ribera Occidental dan a luz bajo sirenas, ataques de colonos y estrictas restricciones a la circulación

calendar_today23 de abril de 2026

Una trabajadora sanitaria, vestida con una gruesa bata blanca, está sentada en una silla de plástico en el interior de una tienda de campaña tomando notas mientras habla con una mujer sentada frente a ella. La mujer, a la que solo se la ve de espaldas, sostiene a un niño pequeño en su regazo
Una integrante de un equipo móvil de salud apoyado por el UNFPA en la Ribera Occidental habla con una mujer en su cuarto mes de embarazo ©UNFPA/PMRS

RIBERA OCCIDENTAL, Territorio Palestino Ocupado – “Sentí miedo incluso durante el parto. Oía las sirenas y no dejaba de pensar en mis hijos”, declaró Haneen*, de la aldea de Ras Tira, en la Ribera Occidental ocupada. “La vida aquí no es fácil, especialmente con las recientes tensiones”.

Haneen, de 34 años, es madre de cuatro niñas y dos niños: el mayor tiene 10 años y el menor tiene tan solo seis semanas. 

“Vivir cerca del muro y los asentamientos hace que todo sea más estresante. Estaba tan preocupada que salí del hospital apenas una hora después de dar a luz para regresar a casa y estar con mis hijos durante las alertas”, comentó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.

Explicó que, durante sus embarazos anteriores, visitó a un médico en la ciudad cercana de Qalqilya, pero cada visita era agotadora y costosa. “Necesitaba que alguien me acompañara, tenía que organizar transporte privado y pagar las consultas, los medicamentos y las pruebas; eso me costaba alrededor de 200 shekels [65 dólares estadounidenses] cada vez, sin incluir el transporte.

A veces esperábamos durante horas, pero nos acababan cancelando las citas porque los médicos no podían llegar a la ciudad”.

La situación en la Ribera Occidental es profundamente inestable por las operaciones militares israelíes en curso, el aumento de la violencia de los colonos y las estrictas restricciones a la circulación. En 2025, casi 4.000 palestinos resultaron heridos y más de 37.000 fueron desplazados.

Las mujeres sienten mucho miedo al acceder a los servicios esenciales: deben sortear controles de carreteras armados, puestos de control, toques de queda e inseguridad constante, retrasos y obstrucciones que pueden ser particularmente mortales para las mujeres embarazadas y los recién nacidos.

“A veces esperábamos durante horas, pero nos acababan cancelando las citas porque los médicos no podían llegar a la ciudad”.

Para Haneen, todo cambió cuando pudo visitar una clínica móvil de salud apoyada por el UNFPA durante sus dos últimos embarazos. “La clínica vino directamente a nuestra aldea. Recibí chequeos completos de un ginecólogo, junto con suplementos y derivaciones para las pruebas que necesitaba”. 

“Me ahorró tiempo, dinero y estrés. Mis embarazos de Maryam y Ghassan fueron mucho más fáciles gracias a esta atención”.

Envío de ayuda donde más se necesita

Una trabajadora sanitaria de espaldas con una bata blanca gruesa está sentada en el suelo mirando la pantalla de una máquina de ultrasonido portátil
Una trabajadora sanitaria de una clínica móvil apoyada por el UNFPA utiliza una máquina de ultrasonido portátil para examinar a una mujer embarazada en la Ribera Occidental. ©UNFPA/PMRS

Gracias a la financiación del Gobierno de Japón, el UNFPA presta apoyo a seis clínicas de salud móviles en todo el territorio, cuatro de las cuales son administradas por la Sociedad Palestina de Socorro Médico y están compuestas por parteras, médicos especializados en la salud de la mujer, consejeros y trabajadores sanitarios comunitarios. Los equipos llegan a las comunidades desplazadas y de difícil acceso con servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos servicios obstétricos y prenatales de emergencia y pruebas de detección del cáncer de mama. 

Muchas de estas comunidades se encuentran en la Zona C, donde las personas están sujetas a estrictas restricciones de circulación, a la violencia de los colonos y a limitaciones de los servicios de salud.

“Para mí, la clínica móvil no se trata solo de servicios médicos, sino también de sentirme apoyada, segura y cuidada en un entorno muy difícil”, remarcó Haneen.

El UNFPA también despliega parteras en 10 centros de maternidad sin riesgo, establecidos específicamente para mitigar las restricciones a la circulación y para acercar la atención sanitaria a las mujeres embarazadas que sufren complicaciones. Entre enero y marzo de 2026, estos centros llegaron a más de 3.700 mujeres.

“Para mí, la clínica móvil no se trata solo de servicios médicos, sino también de sentirme apoyada, segura y cuidada en un entorno muy difícil”.

“Lo que realmente marca la diferencia es cómo nos tratan”, explicó Haneen. “Después de dar a luz, tenían previsto visitarme en casa, pero fui a la clínica porque no quería suponerles un problema. Me dieron una cálida bienvenida, me trajeron una silla para descansar, revisaron a mi bebé y me trataron con una gran amabilidad. 

“Esos pequeños gestos significan mucho para mí”.

Apoyo a un sistema de salud desatendido

Una trabajadora sanitaria está sentada en un escritorio de madera frente a una paciente, vista de perfil. La trabajadora lleva una camisa rosa claro, un vestido blanco y un hiyab y parece estar consultando sus notas. Sobre la mesa hay otros objetos, como un estetoscopio, una computadora portátil y guantes de plástico azules
La Dra. Raghad habla con una paciente y ofrece un examen médico en un centro de salud operado por la Sociedad Palestina de Socorro Médico (PMRS), asociado del UNFPA

El sistema de salud sigue estando muy sobrecargado: menos de las dos terceras partes de los centros de la Ribera Occidental siguen parcialmente operativos y la mayoría sólo funciona un día a la semana. Las ambulancias y las y los trabajadores sanitarios se enfrentan con frecuencia a retrasos, obstrucciones y agresiones físicas. 

En comunidades remotas, como Masafer Yatta, en el sur, los desafíos son aún más graves: sin clínicas ni médicos cerca, las mujeres pueden esperar meses para recibir atención sanitaria.

“Temo que, cuando comience la labor de parto, no encuentre una manera segura de llegar a un hospital”, confiesa Marah

“Desde el comienzo de mi embarazo, he tenido dificultades para acceder a la atención médica”, se quejó Marah*, que está embarazada de cuatro meses. “Las carreteras son inseguras y las pueden cerrar en cualquier momento. [...] Se ha vuelto difícil hasta acceder a los controles de rutina, que son un derecho básico de toda mujer embarazada.“La idea de dar a luz es lo que más me preocupa. Temo que, cuando comience la labor de parto, no encuentre una manera segura de llegar a un hospital”.

Marah recibió la visita de un equipo de salud móvil apoyado por el UNFPA que le ofreció asesoramiento y apoyo prenatal. “Estas visitas, aunque sencillas, marcan una gran diferencia en mi vida. Me recuerdan que todavía hay personas que se esfuerzan por protegernos y apoyarnos, incluso en las circunstancias más difíciles”.

Los equipos prestan una atención de la salud sexual y reproductiva integral, incluido el acceso a servicios de respuesta y protección contra la violencia de género. Además de desplegar parteras y equipos móviles, el UNFPA proporciona suministros médicos esenciales, farmacéuticos y de otro tipo para prestar apoyo a clínicas en todo el territorio, así como a dos hospitales en Jenín y Tulkarem. 

*Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección

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