RIBERA OCCIDENTAL, Territorio Palestino Ocupado – “Sentí miedo incluso durante el parto. Oía las sirenas y no dejaba de pensar en mis hijos”, declaró Haneen*, de la aldea de Ras Tira, en la Ribera Occidental ocupada. “La vida aquí no es fácil, especialmente con las recientes tensiones”.
Haneen, de 34 años, es madre de cuatro niñas y dos niños: el mayor tiene 10 años y el menor tiene tan solo seis semanas.
“Vivir cerca del muro y los asentamientos hace que todo sea más estresante. Estaba tan preocupada que salí del hospital apenas una hora después de dar a luz para regresar a casa y estar con mis hijos durante las alertas”, comentó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
Explicó que, durante sus embarazos anteriores, visitó a un médico en la ciudad cercana de Qalqilya, pero cada visita era agotadora y costosa. “Necesitaba que alguien me acompañara, tenía que organizar transporte privado y pagar las consultas, los medicamentos y las pruebas; eso me costaba alrededor de 200 shekels [65 dólares estadounidenses] cada vez, sin incluir el transporte.
A veces esperábamos durante horas, pero nos acababan cancelando las citas porque los médicos no podían llegar a la ciudad”.
La situación en la Ribera Occidental es profundamente inestable por las operaciones militares israelíes en curso, el aumento de la violencia de los colonos y las estrictas restricciones a la circulación. En 2025, casi 4.000 palestinos resultaron heridos y más de 37.000 fueron desplazados.
Las mujeres sienten mucho miedo al acceder a los servicios esenciales: deben sortear controles de carreteras armados, puestos de control, toques de queda e inseguridad constante, retrasos y obstrucciones que pueden ser particularmente mortales para las mujeres embarazadas y los recién nacidos.
“A veces esperábamos durante horas, pero nos acababan cancelando las citas porque los médicos no podían llegar a la ciudad”.
Para Haneen, todo cambió cuando pudo visitar una clínica móvil de salud apoyada por el UNFPA durante sus dos últimos embarazos. “La clínica vino directamente a nuestra aldea. Recibí chequeos completos de un ginecólogo, junto con suplementos y derivaciones para las pruebas que necesitaba”.
“Me ahorró tiempo, dinero y estrés. Mis embarazos de Maryam y Ghassan fueron mucho más fáciles gracias a esta atención”.
Envío de ayuda donde más se necesita
Gracias a la financiación del Gobierno de Japón, el UNFPA presta apoyo a seis clínicas de salud móviles en todo el territorio, cuatro de las cuales son administradas por la Sociedad Palestina de Socorro Médico y están compuestas por parteras, médicos especializados en la salud de la mujer, consejeros y trabajadores sanitarios comunitarios. Los equipos llegan a las comunidades desplazadas y de difícil acceso con servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos servicios obstétricos y prenatales de emergencia y pruebas de detección del cáncer de mama.
Muchas de estas comunidades se encuentran en la Zona C, donde las personas están sujetas a estrictas restricciones de circulación, a la violencia de los colonos y a limitaciones de los servicios de salud.
“Para mí, la clínica móvil no se trata solo de servicios médicos, sino también de sentirme apoyada, segura y cuidada en un entorno muy difícil”, remarcó Haneen.
El UNFPA también despliega parteras en 10 centros de maternidad sin riesgo, establecidos específicamente para mitigar las restricciones a la circulación y para acercar la atención sanitaria a las mujeres embarazadas que sufren complicaciones. Entre enero y marzo de 2026, estos centros llegaron a más de 3.700 mujeres.
“Para mí, la clínica móvil no se trata solo de servicios médicos, sino también de sentirme apoyada, segura y cuidada en un entorno muy difícil”.
“Lo que realmente marca la diferencia es cómo nos tratan”, explicó Haneen. “Después de dar a luz, tenían previsto visitarme en casa, pero fui a la clínica porque no quería suponerles un problema. Me dieron una cálida bienvenida, me trajeron una silla para descansar, revisaron a mi bebé y me trataron con una gran amabilidad.
“Esos pequeños gestos significan mucho para mí”.
Apoyo a un sistema de salud desatendido
El sistema de salud sigue estando muy sobrecargado: menos de las dos terceras partes de los centros de la Ribera Occidental siguen parcialmente operativos y la mayoría sólo funciona un día a la semana. Las ambulancias y las y los trabajadores sanitarios se enfrentan con frecuencia a retrasos, obstrucciones y agresiones físicas.
En comunidades remotas, como Masafer Yatta, en el sur, los desafíos son aún más graves: sin clínicas ni médicos cerca, las mujeres pueden esperar meses para recibir atención sanitaria.
“Temo que, cuando comience la labor de parto, no encuentre una manera segura de llegar a un hospital”, confiesa Marah
“Desde el comienzo de mi embarazo, he tenido dificultades para acceder a la atención médica”, se quejó Marah*, que está embarazada de cuatro meses. “Las carreteras son inseguras y las pueden cerrar en cualquier momento. [...] Se ha vuelto difícil hasta acceder a los controles de rutina, que son un derecho básico de toda mujer embarazada.“La idea de dar a luz es lo que más me preocupa. Temo que, cuando comience la labor de parto, no encuentre una manera segura de llegar a un hospital”.
Marah recibió la visita de un equipo de salud móvil apoyado por el UNFPA que le ofreció asesoramiento y apoyo prenatal. “Estas visitas, aunque sencillas, marcan una gran diferencia en mi vida. Me recuerdan que todavía hay personas que se esfuerzan por protegernos y apoyarnos, incluso en las circunstancias más difíciles”.
Los equipos prestan una atención de la salud sexual y reproductiva integral, incluido el acceso a servicios de respuesta y protección contra la violencia de género. Además de desplegar parteras y equipos móviles, el UNFPA proporciona suministros médicos esenciales, farmacéuticos y de otro tipo para prestar apoyo a clínicas en todo el territorio, así como a dos hospitales en Jenín y Tulkarem.
*Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección