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Recuperar la esperanza y la justicia para las supervivientes de violencia sexual durante la crisis de sequía y hambre en Somalia

Una enfermera camina por un campamento para personas desplazadas en Garowe, Puntlandia, y conversa con mujeres en el marco de una iniciativa para convencer a las madres de que no practiquen la mutilación genital femenina a sus hijas. © UNFPA Somalia/Tobin Jones
  • 08 Noviembre 2022

PUNTLANDIA, Somalia – «Me sentí impotente... Miré a mi alrededor, pero estaba demasiado oscuro para ver quién me había hecho eso. Regresé corriendo a casa muy asustada; mi familia seguía durmiendo».

Khadijo*, de 11 años, tan solo se alejó unos metros de su tienda para ir al baño, pero sola en la oscuridad fue presa fácil para un depredador sexual. Desde la penumbra, un hombre agarró rápidamente a la niña, tapándole la boca con la mano para silenciar sus gritos mientras la violaba.

Después de que su violador huyera, Khadijo regresó a casa aterrorizada y dolorida. Intentó quedarse dormida mientras sangraba durante la noche. 

«Le conté a mi mamá lo que había pasado, pero no me creyó. Le pedí que me llevara al doctor, pero no me hizo caso y me dio uno de sus pañuelos para detener el sangrado, que duró varios días. Me debilité y enfermé», cuenta al UNFPA.

Desde el año pasado, Khadijo vive con su madre y sus cuatro hermanos menores en una pequeña tienda (llamada bur) en el campamento de Shabelle para personas que se han visto obligadas a desplazarse en busca de una tregua ante la devastadora sequía que asola Somalia desde hace dos años. La familia de Khadijo abandonó su hogar cuando el último de sus animales murió y la hambruna se hizo patente. 

Su padre se quedó, esperando que las lluvias llegaran al fin y la familia pudiera regresar a casa. 

Hasta ahora, sus esperanzas han sido en vano: casi la mitad de la población (7,8 millones de personas) necesitan ayuda humanitaria inmediata y prolongada y 1,1 millones de somalíes han sido desplazados por la escasez de lluvia y el hambre acuciante desde enero de 2021. De ellos, más del 80 por ciento son mujeres y niños, que en situaciones de emergencia y desplazamiento corren un riesgo mucho mayor de sufrir violencia de género, explotación y abusos.

Una mujer se sienta.
Una mujer desplazada escucha a una enfermera mientras explica el impacto negativo de la mutilación genital femenina en niñas en Garowe, Puntlandia. © UNFPA Somalia/Tobin Jones

Esperanza en medio de la desesperación

El campamento de la ciudad nororiental de Bossaso alberga a más de 40.000 personas procedentes de las zonas de Karkaar, Hargeysa y Gardo, afectadas por la sequía. Aunque hay más disponibilidad de comida y de agua en el campamento, la vida allí no es nada fácil: no hay servicios médicos y, ante la falta de una red de saneamiento, las personas tienen que ocultarse entre matorrales para hacer sus necesidades. 

Las mujeres suelen esperar a que anochezca con la esperanza de tener algo de intimidad, ya que a primera hora de la noche las calles están desiertas, y así fue como el atacante de Khadijo la tomó. 

Sin ningún centro de salud que le ofreciera atención o apoyo, comenzó a aislarse, enfrentándose sola al trauma físico y psicológico. «Sentí que nadie se preocupaba por mí», relata al UNFPA. «Dejé de confiar en la gente porque sospechaba que iban a hacerme daño». 

Casi un mes después, un equipo de asistentes jurídicos comunitarios de la ONG local HILI Somalia visitó el campamento y se enteró del ataque. Informaron a Khadijo de la existencia de una clínica móvil de asistencia jurídica apoyada por el UNFPA, que ofrece asesoramiento y apoyo jurídico a mujeres, niñas y a otras personas vulnerables y marginadas.

Una mujer sentada junto a su casa.
Una anciana sentada frente a su tienda en el campamento de Badbado para personas desplazadas por la sequía en Kismayo. © UNFPA Somalia/Abdishakur Abbi

Una crisis de salud sexual para mujeres y niñas

Las violaciones, la violencia de pareja, el acoso sexual, la explotación y abusos sexuales, el matrimonio forzado e infantil, la mutilación genital femenina y los abortos forzados son solo algunas de las devastadoras formas de violencia de género que, según los informes, están aumentando entre la población desplazada en Somalia. 

De entre las personas afectadas por la sequía, el UNFPA calcula que casi 2 millones son mujeres y adolescentes en edad reproductiva: con solo uno de cada cinco centros sanitarios en pleno funcionamiento en todo el país, su bienestar físico y mental corre un riesgo cada vez mayor a medida que la sequía se prolonga, los recursos alimentarios disminuyen y los desplazamientos aumentan. 

El UNFPA en Somalia está ampliando sus operaciones humanitarias para brindar servicios de calidad esenciales, confidenciales y oportunos para mitigar y responder a los crecientes casos de violencia de género. En la actualidad, seis clínicas periféricas móviles están operando en los campamentos para personas desplazadas internamente, y brindan servicios ambulatorios de salud sexual y reproductiva, planificación familiar y, cuando es necesario, derivaciones a los centros de salud más cercanos. Se está incrementando el número de espacios seguros, refugios y centros de atención integral en los campamentos para personas desplazadas internamente y en las zonas más afectadas por la sequía para garantizar que las supervivientes de la violencia puedan acceder a la atención médica integral y al apoyo psicosocial y de salud mental que necesitan urgentemente para lidiar con su trauma. 

Para Khadijo, el mero hecho de ser escuchada y la posibilidad de que se abra una investigación fue alentadora. «La señora estaba dispuesta a escucharme, me creyó», afirma. «Tengo la esperanza de que se me haga justicia».

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