Provincia de Burunga, BURUNDI – “Cuando me enteré de que estaba embarazada, sentí mucho miedo porque sabía que dar a luz sería peligroso para mí”, aseguró Maombi Kijijwa, de 36 años.
Un año antes, la Sra. Kijijwa, su esposo y sus 13 hijos habían huido de su hogar en el este de la República Democrática del Congo tras una incursión nocturna de milicias armadas en la que murieron muchos de sus familiares y amigos. Después de un agotador viaje a pie de tres días, la familia cruzó a Burundi y fue trasladada al campamento de refugiados de Musenyi.
Los médicos le habían advertido a la pareja que otro embarazo conllevaba graves riesgos: los años de embarazos tan poco espaciados habían afectado gravemente la salud de la Sra. Kijijwa y ahora corría el riesgo de sufrir complicaciones potencialmente mortales. “Me sentía cansada y sabía que podría morir si seguía teniendo hijos”, afirmó la Sra. Kijijwa al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
“Rezaba para lograr una solución que me permitiera no tener más hijos”.
“Sabía que dar a luz sería peligroso para mí”, aseguró la Sra. Kijijwa
Las parteras pueden proporcionar casi todos los servicios esenciales de salud sexual y reproductiva, pero hay una escasez de al menos 1 millón de ellas y más de la mitad de ese déficit se encuentra en África, que tiene algunas de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo. En Burundi, las tasas de mortalidad materna han disminuido en los últimos 30 años y son bajas para la región, pero aún se puede hacer mucho más para invertir en la formación de parteras y difundir el mensaje de su importancia.
No fue sino hasta el final de su embarazo cuando la Sra. Kijijwa solicitó atención médica urgente en una clínica de salud apoyada por el UNFPA en el campamento de refugiados de Musenyi. La partera Aline Niyonkuru explicó que "algunas mujeres llegan ya en labor de parto y con complicaciones debido a que no saben que deben acudir a controles prenatales regulares, pero entendemos que esto mejorará con los esfuerzos de divulgación y sensibilización de la comunidad”.
Cuidados críticos continuos
Tan solo unas semanas después, la Sra. Kijijwa entró en labor de parto y las parteras capacitadas en atención obstétrica de emergencia y atención de recién nacidos estaban listas para ayudarla.
“Nuestras parteras se aseguran de que haya servicios disponibles las 24 horas del día para las muchas mujeres embarazadas que viven en este lugar”, indicó la Sra. Niyonkuru. “También educamos a las madres sobre la planificación familiar posterior al parto, porque muchas mujeres aquí tienen múltiples embarazos sin el espaciamiento adecuado”.
En promedio, la clínica atiende los partos de al menos 15 mujeres cada semana. Algunas llegan con complicaciones graves, como hemorragias, que requieren atención médica urgente. Con los medicamentos, el equipo y la capacitación adecuados proporcionados por el UNFPA, y con el apoyo económico del Gobierno de la República Democrática del Congo, las parteras pueden gestionar estas emergencias obstétricas.
“Fue una labor de parto muy difícil, por lo que no dejé de rezar por mi vida y la de mi hijo”, admitió la Sra. Kijijwa. “La partera me animó a pujar suavemente y, al final, nació mi bebé. Estoy feliz de que ambos hayamos sobrevivido”.
Su hijo recién nacido se convirtió en el 100º parto seguro en la clínica de Musenyi, un reflejo del papel vital que desempeñan las parteras de primera línea para garantizar los servicios de salud reproductiva a las mujeres desplazadas que viven en condiciones precarias.
La importancia de la elección de anticonceptivos
Con el asesoramiento de las parteras de la clínica, la Sra. Kijijwa eligió comenzar a utilizar métodos de planificación familiar para proteger su salud y poder seguir cuidando de sus hijos.
“Ahora hablo con otros hombres y líderes religiosos para que entiendan la importancia de proteger la salud de las mujeres”, remarcó el Sr. Salongo
Su esposo, Mapenzi Salongo, explicó que las creencias culturales y religiosas le habían impedido darse cuenta de la importancia de espaciar los nacimientos, y que esta es una combinación errónea que ha costado la vida de muchas mujeres.
“Antes no creíamos en la planificación familiar”, insistió el Sr. Salongo. “Incluso perdí a mi hermana por un sangrado excesivo durante el parto. El médico le había dicho que no sería seguro tener otro embarazo, pero decidimos ignorar el consejo”.
Sin embargo, después de presenciar el peligro que corría su esposa y la atención que recibió, ha cambiado de opinión. “Ahora hablo con otros hombres y líderes religiosos para que entiendan la importancia de proteger la salud de las mujeres”.
Trabajadores de la salud esenciales de primera línea
El conflicto en curso en la República Democrática del Congo ha desplazado a decenas de miles de personas a la vecina Burundi, que ya lucha contra las crisis climáticas, la inseguridad alimentaria y la afluencia de refugiados de otros países, así como de repatriados.
“Sin estos trabajadores de la salud podría haber perdido a mi esposa”, afirmó el Sr. Salongo.
El UNFPA y sus asociados están respondiendo a las necesidades urgentes de más de 100.000 personas refugiadas que viven en las comunidades de acogida en los lugares de desplazamiento de Musenyi y Busuma. Los trabajadores de la salud prestan asistencia en partos seguros y consultas, ecografías obstétricas y otros servicios esenciales de salud reproductiva a mujeres y niñas.
Las parteras no solo garantizan embarazos seguros y salvan vidas, sino que también pueden ayudar a reducir los embarazos no intencionales, la transmisión maternoinfantil del VIH y las cesáreas innecesarias, lo que se traduce en sociedades y comunidades más saludables.
“Sin estos trabajadores de la salud podría haber perdido a mi esposa”, afirmó el Sr. Salongo. “Hoy estamos juntos y criando a nuestros hijos, y por eso estamos profundamente agradecidos”.