KIEV, Ucrania – “Ya habíamos comenzado la cirugía, una cesárea”, recordó Nataliia Heints, médica principal del Centro Perinatal Regional de Kiev, “pero al comienzo de la operación, se produjo un corte de electricidad”.
Era una gélida mañana de enero cuando se apagó la luz en Kiev. En toda Ucrania, los ataques selectivos de la Federación de Rusia en los últimos meses han dejado sin electricidad, calefacción ni agua corriente a millones de hogares, en momentos en que las temperaturas se han desplomado a -20°C.
Dentro del hospital de maternidad, los trabajadores sanitarios se esforzaron por mantener con vida a las mujeres y a los recién nacidos. Las luces de los quirófanos, los sistemas de oxígeno, las incubadoras, los sistemas de almacenamiento de sangre,... todos esos equipos dependen de energía estable, pero el personal no se detuvo.
“No tenemos derecho a sentir pánico”, puntualizó la Dra. Heints al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. “Seguimos trabajando”.
No quería que la paciente que se encontraba en la mesa de operaciones sintiera el miedo que se asocia con un sistema de salud que está sufriendo un ataque. “La paciente solo vio que se fue la luz, nada más; estaba concentrada en el nacimiento de su criatura”.
Las familias en casa enfrentan los mismos cortes de servicio
La electricidad es fundamental para mantener una temperatura cálida y, para los bebés, el calor es sinónimo de supervivencia. En la unidad neonatal, los médicos utilizan una incubadora de transporte para trasladar a los bebés de las salas de parto a las unidades de cuidados intensivos protegiéndolos así del frío.
“No tenemos derecho a sentir pánico; seguimos trabajando” – Dra. Heints
Los recién nacidos son particularmente vulnerables a la hipotermia, ya que su temperatura puede bajar rápidamente en los primeros minutos después del parto. El personal del centro describió el despliegue de una “cadena térmica” de medidas de calentamiento, desde incubadoras móviles y fijas hasta habitaciones con calefacción y mantas adicionales, para mantener estables a los recién nacidos, especialmente a los bebés prematuros.
Sin embargo, los cortes de energía ponen en riesgo esta cadena, y el peligro no cesa cuando la madre y el bebé están en casa. Iryna, embarazada de su segundo hijo, señaló: “Debido a los cortes, no hay energía de respaldo y la casa no alcanza a calentarse. Además, se enfría con suma rapidez”.
Su solución es harto conocida en Ucrania este invierno: varias capas de ropa, improvisación y resistencia. “Nos abrigamos lo mejor posible y tratamos de mantenernos calientes”.
El estrés se cierne sobre las salas de parto
Desde los desplazamientos frecuentes hasta la interrupción de los servicios, los trabajadores de la salud describieron cómo la guerra afecta los patrones de natalidad en Ucrania y multiplica las complicaciones. En efecto, han aumentado las tasas de partos prematuros, lo que los médicos asocian con el estrés agudo y prolongado: en las zonas de primera línea, se informa que las tasas son aproximadamente el doble del promedio nacional.
También se están registrando más emergencias obstétricas potencialmente mortales, que incluyen hipertensión y ruptura uterina, lo que pone de manifiesto un sistema de salud materna que opera bajo una presión extrema.
En contextos como estos, contar con un suministro de energía confiable es fundamental para la atención sanitaria, ya que determina si un sistema de salud desbordado puede responder a las complicaciones en momentos en que las mujeres y los recién nacidos son más vulnerables.
Las y los médicos y enfermeras ucranianos lo mantienen todo en funcionamiento
El sistema de salud ucraniano se ha visto obligado a adaptarse mediante una atención innovadora, medidas de seguridad improvisadas y la dedicación inquebrantable de su fuerza laboral. La Dra. Heints describió el presente como el período más difícil desde el inicio de la invasión a gran escala, tanto en el plano emocional como en el físico.
“También somos personas. También sufrimos, pero tenemos que seguir adelante”, recalcó la Dra. Heints
Después de turnos intensos y prolongados, los trabajadores sanitarios regresan a apartamentos donde puede que tampoco haya luz, ni calefacción ni agua corriente. “A pesar del mal tiempo, de los bombardeos o de las alertas de ataques aéreos, todavía tenemos que recomponernos y salir a trabajar, tenemos que dejar a nuestros hijos o nietos en casa”, explicó la Dra. Heints. “Y, cuando llegamos, nuestros pacientes no deben notar nuestra ansiedad, ya que somos responsables no solo de nosotros mismos, sino de la vida de otras personas”.
Sin embargo, la carga se va acumulando.
“También somos personas. Tenemos nuestros propios hijos y familias”, señaló. “También nos enfermamos. También sentimos miedo. También sufrimos, pero tenemos que seguir adelante”.
Adaptarse para evitar el colapso
Con el apoyo del UNFPA, el centro perinatal ha construido un sistema de energía de respaldo de distintos niveles, que incluye paneles solares y un generador de emergencia, diseñado para mantener la energía durante el tiempo suficiente para continuar los procedimientos esenciales cuando la red eléctrica falle, y así garantizar que los pacientes más vulnerables reciban apoyo vital.
En general funciona, pero es caro; estos sistemas están diseñados como equipo de respaldo, no como sustitutos permanentes. Incluso cuando funcionan, suponen una presión operativa constante debido a la demanda de combustible, baterías funcionales, equipos y horas de trabajo del personal.
En la economía de guerra de Ucrania, los hospitales a menudo ya están sobrecargados: si bien el gobierno da prioridad a los hospitales para la entrega de combustible y equipos, las grandes limitaciones económicas han provocado que gran parte de los suministros de energía vitales del país hayan sido donados por gobiernos extranjeros.
El UNFPA también presta apoyo a otras maternidades de todo el país con sistemas de energía de respaldo y un suministro constante de artículos esenciales de salud sexual y reproductiva que salvan vidas. Sin embargo, a medida que avanza el invierno y la red eléctrica sigue siendo un objetivo militar, los expertos recalcan que las maternidades pueden mantener las luces encendidas, las incubadoras calientes, el flujo de oxígeno en funcionamiento y la cadena térmica intacta solo si cuentan con un apoyo internacional continuo.