ALTA VERAPAZ, Guatemala – Para Estela Santiago, estudiar para convertirse en partera profesional implicaba viajar seis horas cada semana desde su casa en Nebaj hasta Huehuetenango haciendo varios transbordos de autobús en el camino; todo ello impulsado por el objetivo de apoyar a mujeres y niñas.
Ahora, como graduada universitaria en partería, la Sra. Santiago, de 24 años, trabaja en el Centro de Atención Permanente de San Miguel Tucurú, en las tierras altas de Alta Verapaz. Allí brinda apoyo a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto en áreas donde recibir atención médica oportuna es un desafío constante.
“Lo que más me inspiró a estudiar partería fue poder llegar a comunidades remotas donde muchas mujeres no tienen acceso a una atención de calidad”, comentó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
La Sra. Santiago también se dedica a luchar contra los sesgos de género perjudiciales. Con demasiada frecuencia, y según sus palabras: “La desigualdad de género implica que las mujeres no tienen derecho a buscar atención médica. Es el hombre quien decide si la mujer va o no a una consulta”.
En muchas de estas comunidades, convertirse en madre todavía conlleva riesgos innecesarios. Las marcadas desigualdades se reflejan en las tasas más elevadas de mortalidad materna y neonatal y de embarazos en adolescentes, especialmente entre las mujeres indígenas. Y aunque la mayoría de los partos tienen lugar en centros de salud, las barreras geográficas, económicas y culturales a menudo limitan el acceso a servicios sanitarios de calidad.
“Nos formaron para respetar las creencias y costumbres de cada paciente”, declaró la Sra. Santiago. Ella forma parte de una nueva generación de profesionales que están derribando las barreras que han impedido durante mucho tiempo que muchas mujeres accedan a una atención médica culturalmente sensible.
“Es algo que tenemos que poner en práctica [...] porque si no las tratamos con respeto por su cultura, no se sentirán cómodas con nosotras”.
Las parteras en el centro de la atención sanitaria
El UNFPA presta apoyo al centro de salud proporcionando formación en partería, suministros esenciales y promoción sobre el papel crucial de las parteras dentro del sistema de salud en general.
Mario García, quien dirige el departamento de salud reproductiva del centro, confirmó que las parteras a menudo pueden ser clave para cubrir la escasez de personal sanitario. “La falta de personal es significativa; a veces no contamos con ningún médico y el personal de apoyo tiene muchas responsabilidades que cumplir. Sin embargo, las parteras nos ayudan a brindar atención especializada para los casos maternos y neonatales, desde el inicio del trabajo de parto, durante el parto y hasta el período de posparto”.
Los datos del UNFPA muestran que formar, capacitar y mantener en activo a 1 millón más de parteras sería la forma más eficaz de salvar la vida de millones de madres y recién nacidos en los próximos diez años. Por cada dólar estadounidense invertido en mejorar el acceso a la atención prenatal, el parto seguro y el apoyo posnatal, los servicios de partería pueden asegurar un retorno de hasta 16 dólares en beneficios sociales y económicos.
En este contexto, las graduadas en partería pueden marcar una diferencia real en el sistema de salud.
“Permiten que los servicios esenciales de salud materna y reproductiva lleguen a donde más se necesitan y fortalecen los centros de atención de nivel intermedio, especialmente en contextos donde no siempre hay médicos disponibles”, explicó Alejandro Silva, oficial de salud sexual y reproductiva del UNFPA en Guatemala. “Donde hay servicios integrados disponibles, las muertes maternas y neonatales pueden reducirse significativamente”.
Más allá de las estadísticas, el impacto de su labor queda reflejado en historias reales. Vilma Chiquín recuerda su embarazo como un proceso en el que estuvo bien acompañada. Asistió a todas sus citas prenatales con la Sra. Santiago, quien le brindó un seguimiento constante y le transmitió confianza.
“Tuve la atención que necesitaba. Fue un poco complicado, pero gracias a Dios todo salió bien”, relató la Sra. Chiquín al UNFPA. “La Sra. Santiago supervisó todos mis controles prenatales y también estuvo presente el día de mi parto, tal y como yo esperaba”.
Gracias a ese apoyo cercano y respetuoso, pudo tener el parto que deseaba.
El apoyo integral es clave
Uno de los casos que más recuerda la Sra. Santiago es el de una paciente que llegó a su cita aterrorizada. “Se le notaba en la cara que estaba triste. Empecé a preguntarle por qué y resultó que tenía un historial médico complicado. Había sufrido tres abortos espontáneos; su esposo también tenía miedo”.
La clínica no tiene un aparato de ultrasonidos, pero la Sra. Santiago gestionó pruebas de laboratorio, buscó apoyo adicional y mantuvo un seguimiento constante. Visitó a la paciente en su comunidad y la llamó todas las semanas.
“Logramos llegar a los nueve meses. Unos días más tarde me llamó su esposo, muy agradecido, para decirme que su bebé ya había nacido. Ahora el niño tiene nueve meses, y eso me hace sentir que estoy haciendo bien mi trabajo”, comentó.