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En Uganda, sobrevivir a la violación y el matrimonio infantil una trenza a la vez

14 Octubre 2019
Author: UNFPA
La Sra. Asibazuyo describió la peluquería como la habilidad "mágica" que la ayudó a superar el trauma y a ganarse la vida. © UNICEF/Adriko
La Sra. Asibazuyo describió la peluquería como la habilidad "mágica" que la ayudó a superar el trauma y a ganarse la vida. © UNICEF/Adriko

ODRAMACAKU, Uganda - La Navidad es una de las temporadas más atareadas del año para los salones de belleza en esta pequeña localidad del distrito de Arua, en el norte de Uganda. Las mujeres quieren lucir lo mejor posible para las festividades. Para Irene Asibazuyo, de 16 años, esto significa ganar un poco más de dinero. 

A diferencia de otras niñas de su edad, ella es peluquera.

La Sra. Asibazuyo hace trenzas en lugar de ir a la escuela. Ingresó en la escuela primaria y disfrutó las matemáticas, los estudios sociales y el inglés hasta cuando, en 2017, su infancia terminó abruptamente: fue violada durante una visita a su tío en el vecino Sudán del Sur por un hombre que después desapareció. 

"En mi cultura, cuando un hombre te viola, debe tomarte como esposa", explicó la joven, "de lo contrario, su familia corre el riesgo de ser maldecida o quedar presa de un mal augurio".

Se halló en una encrucijada: "no podía volver a casa porque sabía que sería ridiculizada por mis compañeras y compañeros y por mis propios familiares. En cambio, fui a la casa del hombre. Les expliqué el incidente a sus padres, que me aconsejaron que me quedara. Como me habían violado, yo sabía que ningún hombre me tomaría como esposa".

Rescate transfronterizo

La Sra. Asibazuyo asiste regularmente a diálogos y campañas
comunitarias contra el matrimonio infantil. © UNICEF/Adriko

La Sra. Asibazuyo se sentía abandonada, asustada, confundida y maltratada. Se quedó en la casa del hombre por una semana, pero él nunca regresó. Sin embargo, según su cultura, ya era casada. 

"Mientras estuve en esa casa, pensé en mis amigas y amigos", recordó. "Lo único que hice fue llorar, y no podía comer. Recogía agua, entre otras tareas, y me preocupaba mi futuro".

La situación de la Sra. Asibazuyo solo comenzó a cambiar cuando sus padres, al otro lado de la frontera, se enteraron de la campaña para Poner fin al matrimonio infantil, ejecutada por Visión Mundial con el apoyo del Programa Mundial del UNFPA y UNICEF para acelerar las medidas para poner fin al matrimonio infantil. 

La campaña busca educar a las niñas, sus padres y otros miembros de la comunidad sobre los peligros del matrimonio infantil. También les alienta a identificar y denunciar casos de violencia contra los niños. 

Los padres de la Sra. Asibazuyo y un trabajador social capacitado por UNICEF cruzaron la frontera con Sudán del Sur para rescatarla, desafiando los tabúes culturales y decididos a apoyar a su hija.

Aprender una habilidad "mágica"

La Sra. Asibazuyo asiste regularmente a diálogos y campañas comunitarias apoyadas por UNICEF y UNFPA contra el matrimonio infantil, y es vista como modelo a imitar en su comunidad. Es mentora de niñas casadas que han sido abandonadas con sus hijos, y les enseña a trenzar cabello.

"Comparto lo que tengo y lo que sé", reflexionó. "Estoy contenta de que puedan ganar algo de dinero para cuidar a sus hijos. Las animo a trabajar y no quedarse en casa".

Aún hoy, la Sra. Asibazuyo sigue sufriendo el traumático recuerdo
del ataque. © UNICEF/Adriko

Inspirar a otras niñas

La Sra. Asibazuyo también alienta a sus hermanos más jóvenes a ir a la escuela, y les proporciona el apoyo necesario. 

"Quiero que mis hermanos terminen la escuela para que puedan vivir una vida mejor que la mía", afirma. "A veces me siento decepcionada porque no pude volver a la escuela".

Sin embargo, está feliz de haber aprendido un oficio y haberse convertido en una plataforma de apoyo para otras niñas.

Desea regresar un día a la escuela, pero no en su aldea.

"No quiero que mis compañeras y compañeros se rían de mí por lo sucedido. Iré a estudiar a otro distrito, y aprenderé a escribir y a hablar inglés".

                                                          – Proscovia Nakibuuka Mbonye, UNICEF Uganda

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