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En sus propias palabras: una niña casada de Yemen se vio obligada a crecer demasiado rápido

Women learn tailoring skills as part of a vocational training programme at a UNFPA-supported safe space. © UNFPA Yemen | Photo does not depict subject featured in story.
  • 10 Febrero 2022

Ibtisam* es una niña de 16 años que vive en Yemen y que compartió su historia de haber sido casada a los 14 años. De los 4 millones de niñas casadas antes de los 18 años en Yemen, 1,4 millones fueron casadas antes de los 15 años.

DISTRITO DE SALAH, Gobernación de Taiz, Yemen – Desde que era joven, he soñado con ser médica especializada en obstetricia y ginecología, debido al creciente número de muertes como resultado del matrimonio precoz. Cuando estalló la guerra y recrudeció el conflicto, muchas familias sufrieron, pues perdieron sus empleos y tuvieron que desplazarse. Me mudé con mis familiares de otro distrito, cerca de parientes en busca de seguridad. 

El desplazamiento fue la razón de mi matrimonio, porque mis padres temían que yo, su única hija, tuviera relaciones con mis primos. 

A los 14 años me casaron con un primo diez años mayor que yo en una ceremonia íntima. Abandoné la escuela, a mis amigos y a mi familia. Me sentía mal, pero no tuve otra opción que aceptar la situación, y en un mes quedé embarazada. 

Cuando las circunstancias se estabilizaron lo suficiente, mis padres se mudaron de nuevo a nuestra antigua casa y me dejaron sola con mi marido. Para mi sorpresa, él comenzó a maltratarme. Comenzó a dudar de que el niño fuera suyo y me golpeaba el vientre con frecuencia para provocarme el fin del embarazo. 

Traté de comunicarme con mi familia en vano, hasta el día en que no pude soportar más los golpes y el sangrado y pedí la protección de un espacio seguro [apoyado por el UNFPA] del que había oído hablar.

Allí recibí apoyo psicológico y servicios de salud. Me remitieron a un refugio, pero no quise ir. En lugar de eso, el espacio seguro se comunicó con mis padres y me proporcionó un auxiliar de causas que me acompañara de vuelta a casa. 

No había estado acostumbrada a tanto cuidado, atención y seguimiento de mi condición desde el estallido de la guerra. Tan pronto como llegué a la casa de mi padre, encontré el paraíso y, con este, consuelo. Después de semanas de recibir sesiones de apoyo psicológico en el espacio seguro para mujeres y niñas, mejoré mucho, y mi mente se enfocó en el niño que iba a nacer

Women with sewing machines
Mediante la capacitación en corte y confección, las mujeres son empoderadas para mantenerse a sí mismas. © UNFPA Yemen

El espacio seguro también tenía un programa de formación profesional, donde en tres meses aprendí corte y confección para poder mantenerme. Después me hice capacitadora y enseño a otras mujeres. 

No esperaba que a mi país le quedara todavía un lado humano; sencillamente, había perdido la esperanza. Sin embargo, la ayuda que recibí y las personas que estaban a mi lado para ayudarme a superar mi terrible experiencia cambiaron mi opinión.  

Debido a complicaciones durante su séptimo mes de embarazo, Ibtisam dio a luz a un niño por cesárea de emergencia en un hospital apoyado por el UNFPA. Con la ayuda de un abogado proporcionado por el espacio seguro, se le concedió el divorcio y una pensión alimenticia mensual para su hijo. Cuando su padre perdió el empleo como maestro, ella se convirtió en cabeza de familia, pues era la única persona en el hogar que, incluidos otros hermanos y hermanas, percibía ingresos. 

Según una encuesta multinacional de 2011 de la Organización Mundial de la Salud, entre el 1 % y el 28 % de las embarazadas han sufrido violencia física de pareja, con tasas que, según informa la mayoría, van del 4 % al 12 %. 

*Se ha cambiado el nombre para fines de privacidad y protección

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