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En las escuelas de Bosnia y Herzegovina, un juego de mesa enseña a las y los jóvenes lecciones sobre la guerra, la paz y la unidad

calendar_today22 Junio 2026

Un grupo de jóvenes sonrientes saluda a la cámara mientras están sentadas frente a un edificio pintado con colores vivos
Jóvenes reunidas en Mostar para jugar Odisea de la Paz, un juego de mesa que reúne a estudiantes de diferentes ciudades, credos y orígenes. © UNFPA/Ivana Kesic

BOSNIA Y HERZEGOVINA – En Foča, una pequeña ciudad en el este de Bosnia y Herzegovina, el río Drina recorre montañas que en su día escondieron lo peor de una guerra. Aunque el conflicto terminó hace 30 años, muchos niños y niñas siguen creciendo divididos: los estudiantes bosnios, croatas y serbios a menudo asisten a escuelas separadas; a veces comparten el mismo edificio pero entran por puertas distintas, al tiempo que aprenden versiones contrapuestas de una historia compartida. 

El suyo es un país que vive técnicamente en paz, pero aún no la ha consolidado. Sin embargo, algo está empezando a cambiar: en una escuela donde jóvenes de múltiples credos y orígenes estudian y juegan juntos, Iva Kovačević recordó su momento de triunfo en un nuevo torneo de juegos de mesa. “El propósito no era ganar, sino aprender juntos”, indicó. El juego se llama Odisea de la Paz y fue creado por el UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva con el objetivo de fomentar el liderazgo y la cohesión social de las y los jóvenes.

“No es un juego en el que compitamos para demostrar quién es mejor; más bien nos enseña a ser mejores los unos con los otros” – Dalija Malak

Creado por un grupo formado por más de 1.500 estudiantes y docentes de casi 60 escuelas de todo el país, el juego, que une ciudades que antes estaban separadas por las líneas del frente de la guerra, forma parte de los esfuerzos del UNFPA por institucionalizar la educación para la paz mediante enfoques participativos e innovadores. El objetivo es empoderar a las y los jóvenes para que participen en narrativas constructivas, a fin de que fortalezcan el diálogo intercultural, la inclusión y la igualdad de género y establezcan una comprensión y una confianza mutuas en la región.

En Odisea de la Paz, cada jugador gobierna un distrito con el objetivo de construir una comunidad: los jugadores ganan “insignias” por iniciativas como el desarrollo inclusivo, la economía creativa y la sostenibilidad. “El juego contiene muchos mensajes hermosos que nos conectan”, explicó Lena Milović, una estudiante serbia de 17 años de Trebinje.

Al ayudar a transformar el legado del dolor y el trauma relacionados con la guerra, Odisea de la Paz se ha convertido en parte del sistema educativo en el cantón de Tuzla, el primero en Bosnia y Herzegovina en dar este paso, donde sus 124 escuelas ya lo utilizan en sus aulas. 

Creado por jóvenes, para jóvenes

Dos niños de pie y apoyados en un pupitre dentro de un aula frente a dos niñas sentadas hablan sobre el juego de mesa que se encuentra entre ellos
Estudiantes de Tuzla juegan Odisea de la Paz, que ya forma parte del plan de estudios en las 124 escuelas del cantón, el primero en Bosnia y Herzegovina en adoptar el juego. © UNFPA/Ida Dugalic

“No es un juego en el que compitamos para demostrar quién es mejor”, explicó Dalija Malak, de Tuzla; “más bien nos enseña a ser mejores los unos con los otros”.

Imrah Poško, de 18 años, de Mostar, se mostró de acuerdo. “Me recordó que la paz no es un estado definitivo, sino un proceso en el que aprendemos a escuchar, entender y generar confianza entre nosotros”.

No obstante, hay partes del tablero llamadas “campos de batalla”: si un jugador cae en uno de estos campos, el juego se detiene para todos, sin importar los recursos recolectados o los avances realizados. “El estallido de la guerra es un fracaso compartido”, explicó Darko Samardžić, un estudiante serbio de 16 años de Sarajevo Oriental.

La única manera de continuar con el juego es convocando a los llamados Ejércitos de la Paz: empatía, diálogo, respeto por la diversidad y cuidado del medio ambiente. 

“El estallido de la guerra es un fracaso compartido” – Darko Samardžić

También llega un momento en cada partida en que un jugador de una comunidad termina ayudando a un jugador de otra comunidad para evitar un "campo de batalla". Cuando, por ejemplo, un niño serbio entrega una carta especial a una niña bosnia o cuando un niño croata ayuda a un compañero serbio a avanzar, el juego les enseña que sus destinos están entrelazados.

“Gracias a este juego me di cuenta de que la paz comienza con nosotros mismos”, afirmó Ana Ćurak, una estudiante croata de 16 años de Vitez, “pero es imposible mantenerla si no trabajamos junto a los demás”.

Creado para las aulas y transformando comunidades

Cuatro jóvenes sentados alrededor de una mesa al aire libre jugando un juego de mesa con tablero azul y cartas de colores. Al fondo se ve a otras personas jugando también el mismo juego
Los jugadores gobiernan sus propios distritos y ganan "insignias" por el desarrollo inclusivo, la creatividad y la sostenibilidad, pero un solo "campo de batalla" detiene el juego para todos, un recordatorio de que el estallido de la guerra es un fracaso compartido. © UNFPA/Ivana Kesic 

El juego otorga "cartas de personas" por habilidades de liderazgo justo, y cada carta representa una persona real de la comunidad local. Desde vecinos hasta maestros y activistas, se trata de los rostros humanos de la vida real de quienes eligieron el camino de la reconciliación. 

“Odisea de la Paz permite el aprendizaje social y emocional, fomenta el pensamiento crítico y empodera a las y los jóvenes con miras al establecimiento de la paz”, adelantó Ivana Kešić, quien ayudó a diseñar el juego.

La iniciativa se lleva a cabo en el marco del proyecto regional “Jóvenes por la Inclusión, la Igualdad y la Confianza” y el proyecto Moving Us Closer (Acercándonos), apoyado por el Fondo para la Consolidación de la Paz del Secretario General de las Naciones Unidas y financiado por el Gobierno de Italia. 

“La paz empieza con nosotros mismos, pero es imposible mantenerla si no trabajamos junto a los demás” – Ana Ćurak

En el cantón bosnio de Podrinje, donde las comunidades todavía conservan profundas cicatrices de la guerra, Arifa Mehić, de 13 años, resumió las esperanzas de su generación: “Las y los jóvenes queremos un futuro libre de divisiones, miedo y odio”. En un país que todavía está aprendiendo a compartir el futuro, se trata de todo un reto. 

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