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En este campamento de refugiados, las parteras han traído al mundo a más de 14.000 bebés con cero muertes maternas

En este campamento de refugiados, las parteras han traído al mundo a más de 14.000 bebés con cero muertes maternas
Ammoun Kitabi carga a un recién nacido en el campamento de Zaatari. Como partera jordana entrenada en Siria, siente una profunda conexión con los refugiados sirios bajo su cuidado. © UNFPA Jordania
  • 10 January 2022

CAMPAMENTO DE ZAATARI, Jordania – "Lloré mucho el mi primer día de trabajo en el campamento. Antes de ese momento no había trabajado con refugiados y no tenía idea de las condiciones en que vivían", adelantó Ammoun Kitabi, una partera de 58 años, al UNFPA, en la clínica de salud reproductiva del campamento de Zaatari, donde atiende a refugiadas sirias. La razón por la que lloré fue porque sabía que la mayoría tenía todo lo que necesitaba en su país”.

La Sra. Kitabi lo sabe mejor que la mayoría de las personas.

Aunque es jordana, estudió partería en Homs, Siria, donde también trabajó durante cinco años antes de regresar a su país de origen. Recuerda que las mujeres sirias que atendía en los años ochenta gozaban de paz y atención de calidad. “Su vida podía ser simple, pero era hermosa y estable, hasta que se vio sacudida cuando se vieron obligadas a huir a Jordania por seguridad a causa del bombardeo y la guerra".

Hoy en día, las mujeres sirias que ve en su práctica no sólo necesitan servicios de salud, sino también compasión. 

"Si pierdes algo sencillo, como tu celular, te molestas", manifestó la Sra. Kitabi. “Imagínese entonces ¿cómo se sentían quienes dejaron todo atrás y se dirigieron hacia lo desconocido?

Trabajadores de la salud en el centro de salud respaldado por EE. UU. y la Unión Europea.
Se han realizado alrededor de 14.000 partos sin riesgo en la clínica sin una sola muerte materna. © UNFPA Jordania

Miles de partos seguros

La Sra. Kitabi ha traído al mundo a miles de bebés en el curso de su carrera, en la que ha trabajado como jefa de partería y cuidados intensivos neonatales y también como jefa de enfermería antes de llegar a la clínica en el campamento de Zaatari, manejada por el UNFPA y la Jordan Health Aid Society International. 

Esa clínica ha realizado más de 14.000 partos seguros sin una sola muerte materna. 

Como una de las 40 integrantes del personal de salud de la clínica, la Sra. Kitabi ha supervisado muchos de estos servicios. Además de los partos seguros, ofrecen remisiones a la atención psicosocial y a la gestión de casos para sobrevivientes de violencia. También hay un espacio seguro para mujeres y niñas en el mismo edificio de la clínica. 

“Ammoun es la espina dorsal de esta clínica”, afirmó la Dra. Ghada Doulat, directora de la clínica. “Se ha vuelto tan indispensable que no me puedo imaginar la clínica sin ella; es ella la que nos da vibraciones positivas para llevar a cabo nuestra labor”.

La clínica ha recibido el apoyo de fondos humanitarios del Canada, los Estados Unidos y de las Operaciones Europeas de Protección Civil y Ayuda Humanitaria, todos ellos principales contribuyentes a la labor humanitaria del UNFPA .

Un trabajador de la salud en PPE se encuentra en el centro de salud.
Los servicios se han reanudado plenamente a medida que los trabajadores de la salud recibieron el equipo de protección personal necesario para trabajar de manera segura durante la pandemia.  © UNFPA Jordania

Cuidar de sus “hijas”

Las condiciones en Zaatari han sido desafiantes en las últimas semanas, ya que el clima se torna frío y los trabajadores de la salud siguen luchando bajo el peso de la pandemia de COVID-19.

Cuando la pandemia llegó por vez primera a Jordania, la Sra. Kitabi no pudo llegar a la clínica debido a las restricciones de movimiento.

Cuando finalmente obtuvo los permisos necesarios para ir a trabajar, tuvo esforzarse doblemente para cubrir las necesidades de sus pacientes y así compensar la grave escasez de personal autorizado. 

Aunque la escasez de personal se ha aliviado, la Sra. Kitabi sigue trabajando casi las 24 horas. Pasa seis días a la semana en la clínica, y no piensa jubilarse por ahora. Las embarazadas en la clínica son la familia que nunca pudo tener, dice.

"Tal vez Dios no tenía la intención de que yo tuviera hijos propios, ya que no pude concebir. Sin embargo, considero a todos los niños como míos, porque estuve allí para ellos cuando sus ojos vieron por primera vez la luz”, explicó. 

Al final de la entrevista, se preparaba para recibir más pacientes para chequeos prenatales rutinarios y cuidado posparto. Con una sonrisa recalcó que ya era hora de ir a atender a sus “hijas”. 

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