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Cambiando percepciones para poner fin a una tradición peligrosa en el norte de Iraq

Cambiando percepciones para poner fin a una tradición peligrosa en el norte de Iraq
Una mujer en Kurdistán, Irak. Las tasas de mutilación genital femenina son más bajas entre las niñas que entre sus madres, una señal de progreso. Pero se debe hacer más para poner fin a la práctica. © UNFPA Siria Hub
  • 29 October 2021

SULAYMANIYAH, Región del Kurdistán, Iraq – “'Ven conmigo, tenemos que ir a la panadería', me dijo mi madre una mañana.  Ese día sentí miedo, engaño y dolor atroz. Apenas tenía siete años”, explicó Dania* recientemente, al relatar el día en que la sometieron a la mutilación genital femenina en su ciudad natal, Sulaymaniyah, en el norte de Iraq.  

“Cuando llegamos a la panadería, mi madre me llevó al salón de atrás, donde había una estufa vieja; vi a una anciana que tenía en las manos cuchillas de afeitar. Recuerdo a esa anciana y a mi mamá que me agarraba. Las palabras no pueden expresar el dolor y la confusión que sentía. Me tomó unos segundos y vi cómo la sangre me bajaba por los muslos. La mujer entonces puso me carbón en los genitales”. 

Dania tiene hoy 53 años, pero, insiste, "recuerdo todo… El olor, el dolor, los gritos y la sangre que me bajaba por los muslos.  

Una práctica dañina arraigada en creencias culturales 

La mutilación genital femenina (MGF) es cualquier procedimiento que altere o lesione los genitales femeninos por razones no médicas, y se reconoce internacionalmente como una violación de los derechos humanos. Puede causar consecuencias físicas y psicológicas duraderas, incluso menstruación dolorosa, infertilidad, infecciones e incluso, en algunos casos, la muerte.  

La mutilación genital femenina se produce en países y comunidades de todo el mundo, incluida la región del Kurdistán. Sin embargo, la fuerte incidencia de los últimos años orientada a su eliminación ha marcado la diferencia. Las estimaciones correspondientes a 2015 mostraron que, entre las madres encuestadas, el 44,8 % informó haber sufrido la práctica ellas mismas, en comparación con el 10,7 % de sus hijas menores de 14 años. Esas madres, cuando fueron mutiladas tenían un promedio de cinco años de edad.  

Una niña mirando hacia una ciudad.
Una niña en Kurdistán, Irak. La edad promedio de las niñas que se someten a la mutilación genital femenina es de cinco años. © UNFPA Siria Hub

No obstante, la práctica sigue afectando la salud y la vida de demasiadas niñas. En la región del Kurdistán de Irak, están profundamente arraigadas una serie de creencias y mitos culturales. Como ejemplo, muchos consideran que la MGF es esencial para proteger el honor de sus hijas, en tanto que otros lo consideran un requisito previo al matrimonio. 

Difundir la conciencia para cambiar los comportamientos  

El UNFPA está ayudando a poner fin a la mutilación genital femenina en la región mediante campañas de sensibilización sobre los efectos adversos de la práctica. Estos esfuerzos involucran a los medios de comunicación, líderes religiosos y otras personas influyentes y procuran cambiar actitudes y percepciones entre las comunidades locales. También está llegando a padres, maestros, médicos y parteras para difundir mensajes de cambio de comportamiento. 

Estas campañas se están llevando a cabo en colaboración con el Consejo Superior de Asuntos de la Mujer del Kurdistán y con el apoyo del Programa Europeo de Desarrollo y Protección Regional para el Líbano, Jordania e Iraq.   

“Hasta la fecha, no entiendo por qué tuve que pasar por esta experiencia”, se quejó Dania. “Mi madre nunca justificó sus acciones ni sintió la necesidad de guiarme por tan doloroso proceso”. 

Desde entonces se ha convertido en una apasionada activista de poner fin a todas las prácticas dañinas. En esta labor, no sólo pide que se ponga fin a esas prácticas, sino que también llama la atención sobre los derechos de las niñas. No es sólo el acto de mutilar lo que debe cambiar, afirma, sino los prejuicios de género que lo sustentan. 

“La circuncisión no es un acto religioso, ni médico. Es sólo una práctica cultural sin fundamento que tiene por objeto avergonzar a las mujeres desde una edad temprana basándose en su sexo. Nunca le haré esto a mi hija”, aseguró Dania. “Al efectuar la mutilación genital y otras prácticas nocivas, estamos robando a nuestras hijas sus derechos sexuales y reproductivos”.  

*Se ha cambiado el nombre por motivos de protección.

 

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