ESTADO DEL ALTO NILO, Sudán del Sur —“Me casé y tuve a mi primer hijo a los 14 años”, relata Betty*, quien huyó del conflicto en Sudán aunque se topó con aún más incertidumbre en Sudán del Sur.
Junto con más de medio millón de personas refugiadas y repatriadas del vecino Sudán, Betty busca actualmente refugio en una aldea del condado de Renk, en el estado del Alto Nilo. La zona ha sido escenario de algunos de los combates más encarnizados de la crisis actual de Sudán del Sur y muchas de las personas que buscan refugio son niñas adolescentes.
Betty es solo una de las muchas niñas casadas atrapadas en esta crisis. Aproximadamente 210.900 niñas se casan en este país antes de cumplir los 15 años.
El matrimonio infantil es común en situaciones de crisis y, a menudo, se considera un mecanismo de supervivencia para las familias que atraviesan dificultades económicas; algunas personas consideran que casar a sus hijas con un desconocido es más seguro que enfrentarlas a la violencia sexual y la coacción, demasiado frecuentes en situaciones de desplazamiento, conflicto y otras crisis.
Las circunstancias que llevaron a Betty al matrimonio fueron “indescriptibles”, según contó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva. Se mostró reacia a compartir más información pero señaló: “Ahora soy madre soltera”.
El matrimonio y la maternidad llegan demasiado pronto
Las tendencias nacionales muestran, de hecho, señales alentadoras de disminución del matrimonio infantil como resultado de las continuas campañas de sensibilización. Según datos de 2023, se estimaba que más de la mitad de las niñas de Sudán del Sur se casaban antes de cumplir los 18 años; sin embargo, los datos más recientes, de 2026, indican que esta cifra ha descendido a aproximadamente cuatro de cada diez niñas. No obstante, la crisis en zonas fronterizas como Renk amenaza con revertir estos avances, provocando picos localizados entre las poblaciones desplazadas.
Impulsadas por la pobreza extrema y los sistemas tradicionales de dote que prometen el matrimonio de una hija a cambio de ganado o dinero, las tasas de matrimonio infantil han aumentado en los últimos años debido al conflicto y la inseguridad.
El matrimonio suele ir seguido rápidamente de la maternidad: según los datos más recientes, el 28 % de las jóvenes tienen su primer hijo antes de los 18 años.
Vicky, una partera de la clínica de salud móvil de Shemedi, que cuenta con el apoyo del UNFPA, afirmó: “Recibimos en nuestro centro a muchas adolescentes embarazadas que acuden en busca de servicios prenatales. Niñas de tan solo 13 años son casadas por sus padres con hombres mayores a cambio de la dote”.
El matrimonio infantil es una forma de violencia de género que, con demasiada frecuencia, priva a las niñas de su potencial y su futuro. Y con un acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva y a apoyo en materia de protección, las niñas como Betty se enfrentan a riesgos que ponen en peligro su vida cuando quedan embarazadas. A menudo, sus cuerpos no están preparados y carecen de acceso a la atención médica.
“Niñas de tan solo 13 años son casadas por sus padres con hombres mayores”
Las mujeres y las niñas son las más afectadas por la crisis
Para las mujeres y las niñas del país, el matrimonio infantil es solo una amenaza entre muchas otras.
Casi 2 millones de personas en Sudán del Sur se encuentran desplazadas dentro del país. Según la ONU, más de 100 mujeres y niñas se ven obligadas a desplazarse cada hora. El desplazamiento y el conflicto agravan el riesgo de violencia de género; se estima que 2,8 millones de mujeres y niñas del país necesitan apoyo para prevenir y hacer frente a este tipo de violencia.
Algunas mujeres y niñas también enfrentan mayores riesgos de malnutrición. Las proyecciones indican que hay 440.000 mujeres y niñas embarazadas y unas 600.000 lactantes, lo que provoca que más de un millón de ellas estén en riesgo de malnutrición en un entorno ya marcado por el hambre aguda y generalizada. La situación es especialmente grave en los estados de Jonglei, Alto Nilo y Unidad.
Los espacios seguros ofrecen una solución
El UNFPA trabaja con sus asociados y con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) para gestionar espacios seguros para mujeres y niñas en los centros de tránsito. Estos espacios ofrecen una variedad de servicios destinados a abordar los múltiples riesgos a los que se enfrentan las mujeres y las niñas.
En ellos se brindan servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la atención prenatal. Los espacios también ofrecen kits de dignidad que contienen artículos básicos de higiene. Trabajadores sociales capacitados se encargan de la gestión de los casos de violencia de género. Profesionales y voluntarios de la comunidad también ofrecen sesiones de sensibilización sobre la violencia de género: qué es y cómo obtener ayuda. Y para abordar las causas fundamentales del matrimonio infantil, los espacios también brindan apoyo económico, una alternativa a casar a las niñas por motivos económicos.
“Las mujeres y las niñas han encontrado un refugio en estos espacios seguros”, explicó la partera Vicky. “Reciben kits de dignidad, dinero en efectivo para su empoderamiento económico, acceso gratuito para el manejo clínico de violaciones, servicios prenatales, tratamiento de infecciones de transmisión sexual y derivaciones para obtener más apoyo”.
Betty recibió atención y asesoramiento en uno de estos espacios seguros, lo que la ayudó a comenzar a sanar del trauma de su matrimonio precoz y su actual desplazamiento.
Ahora afirma que ve su pasado y su futuro de otra manera. “Estoy feliz de haber recibido apoyo”, comentó Betty. “He aprendido de esta amarga experiencia y me casaré cuando esté preparada”.
* Se han cambiado los nombres por motivos de privacidad y protección