LA GUAIRA, Venezuela – «Vi cómo el edificio se derrumbaba, piso por piso. Se podían escuchar gritos y llamados de auxilio», recordó Roberto Rodríguez, de 24 años, quien sobrevivió a dos terremotos catastróficos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron la región centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio.
El Sr. Rodríguez acababa de regresar a casa pero aún no había llegado a su apartamento. «Empezaron a caerme encima ladrillos y pedazos de escombros. Comencé a correr, vi a otras personas y grité: '¡Corran, corran!'. En ese mismo momento, todo el edificio se derrumbó», le contó al UNFPA, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la agencia de la ONU para la salud sexual y reproductiva.
«Mi pareja estaba atrapada bajo los escombros. Tenía las piernas y los pies inmovilizados y los vecinos inmediatamente comenzaron a ayudarla a salir. Tardamos unas dos horas en liberarla».
Aunque encontraron a la Sra. Morales y logró recibir atención médica por sus lesiones, tanto el padre del Sr. Rodríguez como su hermana pequeña fallecieron en el desastre.
Casi 5.000 personas han fallecido y más de 16.000 han resultado heridas, mientras que miles aún permanecen desaparecidas. Se estima que 18.000 personas han perdido sus hogares, por lo que se han establecido refugios temporales para las y los desplazados. El Sr. Rodríguez y su pareja Dayra Morales, de 20 años, se refugian actualmente en un campamento instalado en el Complejo Deportivo José María Vargas, junto con más de 1.000 personas desplazadas.
Esperanza entre tanta confusión
La Sra. Morales recibió atención médica y suministros sanitarios y de salud por parte del UNFPA, además de una agradable sorpresa. «Mientras estábamos aquí, el 2 de julio, el cumpleaños de mi padre, nos enteramos gracias a los exámenes médicos de mi pareja de que está embarazada», afirmó el Sr. Rodríguez.
«No le pasó nada al bebé, a pesar de que mi pareja cayera desde el sexto piso de un edificio de 12 pisos y quedara atrapada de la cintura para abajo entre tanto escombro. Lo considero un auténtico milagro».
La Sra. Morales es una de las personas que recibe atención prenatal en una clínica apoyada por el UNFPA en el refugio. En coordinación con las autoridades nacionales, el UNFPA proporciona servicios vitales de salud sexual y reproductiva en tres refugios en Caracas, La Guaira y Miranda. Esto incluye consultas prenatales, distribución de métodos anticonceptivos, pruebas para detectar infecciones de transmisión sexual y derivaciones a hospitales para emergencias obstétricas.
Las redes de apoyo mantienen unidas a las comunidades
Entre las y los voluntarios está Yoseys Escalona, de 40 años, quien también se está refugiando en el Complejo Deportivo José María Vargas junto con su esposo e hijo. «En la carpa en la que estoy alojada viven doce familias. El número varía: algunas tienen quince, otras veinte, y algunas llegan a albergan hasta veinticinco familias».
La Sra. Escalona describió a su grupo como «una familia» en la que las mujeres lideran los esfuerzos para ayudar a las personas a recuperarse. «Siempre estamos buscando maneras de ayudarnos y apoyarnos mutuamente», comentó al UNFPA. «Muchas mujeres siguen adelante a pesar del dolor, incluso después de perder sus hogares o incluso después de perder a un miembro de su familia».
Como la mayoría de las y los sobrevivientes de los terremotos, más de dos semanas después, la Sra. Escalona aún no ha regresado a su casa. Más de 20.000 personas han buscado refugio en más de 100 albergues temporales, donde el hacinamiento, los servicios esenciales limitados, la separación familiar y el aumento del malestar psicosocial están agravando los riesgos de protección.
Como representante designada de su carpa, la Sra. Escalona se ha convertido en una aliada para sensibilizar sobre la violencia de género. Gracias a las sesiones informativas organizadas por el UNFPA y sus asociados, ha aprendido sobre los servicios disponibles para las sobrevivientes y dónde llevarlas para que tengan acceso a tratamiento, apoyo psicosocial, gestión de casos y asesoramiento jurídico.
«Como en todas las crisis humanitarias, fortalecer la prevención de la violencia de género y garantizar el acceso seguro a servicios centrados en las sobrevivientes es fundamental», declaró Eugenia Sekler, quien dirige la oficina de UNFPA en Venezuela. «Estamos distribuyendo suministros médicos a los profesionales sanitarios para el manejo clínico de violaciones, así como evaluando los refugios y trabajando con el Gobierno y sus asociados para fortalecer las medidas de seguridad».
De la respuesta a la recuperación
La Sra. Escalona teme que las ramificaciones más amplias de la crisis se extiendan durante mucho más tiempo. «Aquí hay madres que lo han perdido todo», afirmó. «Y cuando digo todo, es todo: su hogar, su madre, sus hijos y su esposo. Algunas están completamente solas. Ya no tienen un hogar, no tienen nada, pero están vivas».
El UNFPA solicita 10 millones de dólares para mantener sus intervenciones durante los primeros tres meses de la respuesta de emergencia. Además de garantizar servicios de salud críticos y la protección contra la violencia de género, se están movilizando envíos de suministros esenciales de salud reproductiva y equipos médicos para apoyar a las comunidades afectadas.