La peor sequía en Etiopía en 40 años amenaza con deshacer el progreso en la salud materna y neonatal
19 Mayo 2022

“De todas las sequías que he vivido, ésta es la peor. No hay agua ni pastos por ningún lugar. No sé cómo vamos a sobrevivir”. La Sra. Barkhado tiene 60 años y es una entre los millones de personas en Etiopía que han sido desplazadas por la peor sequía de la región en cuatro décadas. Las últimas tres temporadas de lluvias fueron un fracaso una tras otra; arruinaron las vidas y los medios de vida de casi 8 millones de personas, y llevaron a las zonas oriental y meridional del país al borde de la hambruna. Más de 286.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en busca de supervivencia, pues se han arruinado los cultivos, ha perecido el ganado y se ha desvanecido la esperanza de poder alimentar a sus familias.

© UNFPA Etiopía/Paula Seijo
Dos mujeres caminan en un desierto.
Deka Soane, de 13 años, tuvo que abandonar la escuela para apoyar a su familia. Camina horas desde casa todos los día para recoger unos cuantos galones de agua salobre. Cuando se secan los pozos, normalmente son las mujeres y los niños quienes tienen la tarea de buscar agua para el hogar, y eso les pone en mayor riesgo de violencia de género al tener que caminar muchos kilómetros, a menudo agotados y sin compañía. Hay más de 1.115 escuelas cerradas total o parcialmente en la región, y las niñas se ven cada vez más obligadas a trabajar y contraer matrimonio precoz mientras sus padres buscan maneras de mantener a sus familias.
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Las casi 1,5 millones de cabezas de ganado, que son principal fuente de alimentos e ingresos para las comunidades afectadas, han perecido a medida que se secan los pozos y decaen los cultivos. Un campamento provisional alberga a 800 familias desplazadas en la aldea de Gabi’as, una de las zonas más afectadas de la región somalí: las mujeres y las niñas en movimiento corren un mayor riesgo de violencia y coacción sexuales y físicas, y el matrimonio forzado e infantil aumentan durante las crisis humanitarias, a medida que los hogares pierden sus medios de subsistencia y disminuyen los mecanismos de protección.
© UNFPA Etiopía/Paula Seijo
Sólo en la región somalí, unas 930.000 personas necesitan apoyo de emergencia y de salud reproductiva, en tanto que más de 565.000 personas han reducido el acceso a servicios de protección, incluidas las mujeres, las niñas y niños y las sobrevivientes de la violencia de género. Antes del estallido del conflicto, Etiopía venía logrando avances en materia de salud materna y neonatal que ahora corren riesgo de descarrilarse.
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Las perturbaciones climáticas y las condiciones meteorológicas extremas están dando fuerza al desplazamiento masivo y multiplicando las necesidades humanitarias en todo el Cuerno de África, donde los sistemas de salud enfrentan dificultades que se duplican debido a la presión. El Dr. Mahamed Sheh, Director Médico del Hospital General de Gode, en Etiopía, explicó que en los últimos meses se ha "observado un aumento de las muertes maternas y neonatales. Casi todos nuestros casos son mujeres que han viajado hasta 200 kilómetros para llegar al centro, muchas de ellas con complicaciones de parto y sin transporte”.
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Akib Dahir tiene 27 años y llegó al campamento de desplazados de Gabi’as con sus ocho hijos después de perder 180 cabras y 15 camellos a causa de la sequía. Su marido pasa horas en el calor sofocante en una búsqueda cada vez más desesperada de pastos y agua para mantener vivos a los pocos animales que le quedaban. “Estamos tratando de salvar todo lo que tenemos”, dijo. “Los animales casi no valen nada en el mercado. Ni siquiera podemos alimentar a nuestros hijos”.
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Farhan Abdulahi ha sido ciega desde que los 10 años. Ahora tiene 20 y vive con su hermana en el campamento de Gabi'as, con escaso acceso a medicamentos o atención médica. “No he recibido ninguna ayuda y confío en que mi hermana se mude o consiga comida”, dijo la Sra. Abdulahi. Las niñas y niños con discapacidades son altamente vulnerables al aislamiento y los prejuicios, y en todo el mundo tienen tres veces más probabilidades de sufrir violencia física, sexual y emocional.
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Saveye Aden, de 29 años, es ayudada por otras mujeres en la comunidad en la construcción de un buul (una tienda tradicional somalí hecha con arbustos y tela) para pasar la noche con sus ocho hijos. La familia huyó a través de las montañas de Gode a Baraka, y se han asentado cerca de la carretera con la esperanza de recibir ayuda de quienes por allí pasen: “Nunca hemos visto nada como esto... Si no llega ayuda, no creo que sobreviviremos esta sequía”.
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Sahan Mohammed, de 70 años, huyó de la aldea de Sodonkaal con su hijo al campamento más cercano. “Me trajo aquí porque soy vulnerable y necesito atención”, dijo al UNFPA. Ella espera sola cada día en su tienda hasta la puesta de sol a que él llegue. “Rezo para que llueva. Quiero volver a nuestra casa y a nuestra vida de pastores”. Debido a que cuentan con menos mecanismos de protección o servicios de apoyo disponibles, las personas mayores y las personas con discapacidades a menudo están más expuestas al abuso sexual y físico en situaciones de desplazamiento y crisis.
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“Los servicios para mujeres y niños son muy limitados: proporcionamos principalmente suplementos de hierro, inmunización y remisiones al centro de salud más cercano”, explicó Abdulahi Kaad, que trabaja en el puesto de salud del campamento de desplazados. Las madres nuevas y en espera suelen viajar largas distancias por carreteras peligrosas antes de encontrar atención materna o reproductiva: más del 60 % de las que viven en la región somalí están al menos a una hora a pie del centro sanitario más cercano, que bien podría no estar funcionando si logran llegar hasta allí.
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Ayan Abadi, de 24 años, tuvo una cesárea que le salvó la vida mientras vivía en un asentamiento cerca de Gode. “Cuando vi salir la mano de mi bebé, corrí para salvar nuestras vidas", recordó, "y viajamos casi 90 kilómetros hasta el centro de salud más cercano… Ambos tenemos suerte de estar vivos”. Con el apoyo de Irish Aid, el UNFPA está ampliando su respuesta en la región con un paquete de servicios esenciales de dos años. También se desplegarán unidades móviles de salud en algunas de las zonas de más difícil acceso, y ocho centros de las zonas de Shabelle y Erer, que han sido asoladas por la sequía, recibirán suministros de emergencia.
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En la imagen se aprecia personal del centro de salud de Hadawe, en la zona de Shebele, donde el UNFPA está prestando apoyo a las personas afectadas por la crisis al proporcionar ambulancias, medicamentos para la salud reproductiva y kits de higiene femenina que contienen artículos sanitarios e higiénicos. En toda la región somalí, cinco espacios seguros y centros de ventanilla única apoyados por el UNFPA también garantizarán amplio apoyo médico y psicosocial a las sobrevivientes de violencia de género.
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En la actualidad hay más de 154.000 embarazadas en la región somalí, y en el próximo mes se estima que 2.560 mujeres y 3.430 recién nacidos presenten complicaciones, con consecuencias potencialmente mortales si no se dispone de atención y servicios calificados. En el Llamamiento de Respuesta Humanitaria del UNFPA para Etiopía de 2022 se piden casi 24 millones de dólares estadounidenses para fortalecer el sistema de salud y recuperar las necesidades de los servicios maternos y reproductivos en ocho regiones afectadas por la crisis. Hasta la fecha apenas se ha financiado poco más de la mitad.
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