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No es un riesgo que esté dispuesta a asumir
Sasmini


No puedo contar una vivencia personal o una experiencia sobre ser acosada sexualmente en el transporte público. Pero tengo una historia de no haber tenido esa vivencia.


Es una historia que comienza con la forma en que empiezo mi día. Todos los días, cuando salgo de casa, mi madre me dice que tenga cuidado cuando vaya en el autobús. En cingalés, se traduce como: Bus eke yanne parissamin. Después, comienza el día con el temor de que algo pueda suceder si voy en un autobús lleno de gente o si me siento al lado del “tipo equivocado”. A veces, espero que llegue el siguiente autobús. A veces, espero dos horas porque el autobús está demasiado lleno. Normalmente no subo a trenes por las experiencias que he escuchado de mis amigas.

Los trenes son mucho peores que los autobuses. Mucha gente te toca intencionalmente. A pesar de que pierdo tiempo y acabo cansada, ir en un autobús lleno de gente y darle la oportunidad a alguien de “accidentalmente” acariciarme con la mano el muslo o la espalda... No es un riesgo que esté dispuesta a asumir.


El miedo al acoso es la historia que tengo. Siempre lo piensas cuando vas en el autobús y, a veces, afecta a nuestras rutinas diarias. Normalmente viajo sola cuando tomo el autobús, y mi madre se preocupa tanto por mí que tengo que llamarla cada vez que llego a algún sitio. Debido a todas las historias de acoso que escuchamos a diario, tenemos miedo de ser acosadas o de ser acusadas de acoso. Soy solo una de las muchas personas que viven con el temor de ser acosada a sabiendas o sin saberlo.

Fotos © Eliza Hatch/Cheer Up Luv por UNFPA y Videos © Studio Zoo