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Estado de la población mundial 2010

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Prólogo

Es muy infrecuente que las mujeres sean combatientes en las guerras, pero demasiado a menudo son ellas quienes sufren sus peores consecuencias. La violencia por motivos de género, incluida la violación sexual, es un arma de guerra repugnante, de uso cada vez más reiterado. Los perjuicios inmediatos no se limitan a sus víctimas directas, sino que desgarran insidiosamente a familias enteras y desarticulan las sociedades durante varias generaciones.

La Directora Ejecutiva del UNFPA se reúne con jóvenes haitianos que registran la malnutrición de las madres y los niños en el Centro Gheskio, Puerto Príncipe, marzo de 2010.  ©UNFPA/Vario Serant

Actualmente, los conflictos no son tanto una cuestión de soldados enzarzados en batallas con otros soldados allende una frontera nacional, sino que son más bien cuestión de combatientes que luchan por el control de la situación dentro de un mismo país y emplean todo tipo de medios para quebrar la voluntad de los civiles —mujeres, niñas, hombres y niños varones— al debilitarlos y amedrentarlos física, psicológica, económica y socialmente.

En muchos conflictos actuales, se conculcan los derechos de las mujeres mediante la violación sexual o la amenaza de ésta, el contagio con el VIH, y los traumas y discapacidades que suelen ser su consecuencia. Se priva a las niñas de sus derechos cuando no pueden ir a la escuela debido a la amenaza de violencia, cuando son secuestradas u objeto de trata, o cuando sus familias se desintegran o se ven forzadas a huir. Asimismo, en algunos conflictos se vulneran los derechos de los hombres mediante la violencia sexual. También los niños varones a veces son explotados o forzados a luchar como soldados.

El informe Estado de la Población Mundial 2010 considera de qué manera los conflictos y las prolongadas emergencias humanitarias afectan a las mujeres y las niñas —y a los hombres y los niños varones— y muestra cómo numerosas mujeres y jóvenes han superado obstáculos aparentemente inexpugnables y han comenzado a reconstruir sus vidas y a sentar las bases de la paz y la renovación de sus sociedades.

El UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas, es un organismo internacional de desarrollo que promueve el derecho de cada mujer, cada hombre y cada niño a disfrutar de una vida saludable con igualdad de oportunidades; y vela por que cada embarazo sea deseado, cada parto se realice en condiciones de seguridad, cada joven esté libre de VIH/SIDA y cada niña y cada mujer sea tratada con dignidad y respeto. Como se indica en el presente informe, el UNFPA apoya las medidas de los gobiernos para ampliar los medios de acción de las mujeres y las niñas —y de los hombres y los niños varones—, no sólo aquellos que se han visto despojados de sus medios de vida y de acción a causa de conflictos, sino también los afectados por desastres, como el terremoto que asoló Haití en enero de 2010. El UNFPA también apoya a las organizaciones de la sociedad civil, que son imprescindibles en los procesos de restauración de la normalidad de toda comunidad.

Si bien el terremoto en Haití fue objeto de amplia cobertura en los medios de difusión, la crisis en Kirguistán no recibió la misma atención, aun cuando se cobró las vidas de centenares de personas y trastornó gravemente las de decenas de miles más. No obstante, en ambos lugares las mujeres y los jóvenes sufren desplazamientos internos o están en situación de refugiados, es decir, en condiciones precarias porque no tienen acceso a servicios de salud reproductiva y son más vulnerables a la violencia por motivos de género.

La publicación del presente informe coincide con el décimo aniversario de la resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad, que instó a todas las partes en un conflicto armado a que adopten medidas especiales para proteger a las mujeres y las niñas contra la violencia por razón de género y exhortó a una mayor participación de las mujeres en la negociación de acuerdos de paz y en todos los mecanismos para la aplicación de dichos acuerdos. Pero este informe no se limita a considerar aquella resolución; también trata de los problemas especiales que enfrentan las mujeres en situaciones de conflicto o de emergencia humanitaria y sobre la manera en que las propias mujeres están respondiendo, curando heridas, avanzando, y ayudando a las comunidades no solamente a recuperar su anterior statu quo, sino también a construir nuevas estructuras nacionales sobre bases de igualdad de derechos y de oportunidades.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad pueden guiar la respuesta de los gobiernos y de la comunidad internacional a los conflictos y establecer el marco de las acciones de protección de las mujeres, además de asegurar su participación en el establecimiento de la paz y la reconciliación, pero no sustituyen las acciones de las comunidades de base para ampliar los medios de acción de la mujer y fomentar su resistencia a largo plazo frente a crisis de cualquier tipo, trátese de guerras, terremotos o cualquier otra catástrofe. Es preciso que los gobiernos aprovechen las oportunidades surgidas durante la recuperación tras la cesación de los conflictos o en la etapa posterior a los desastres naturales, a fin de acrecentar las posibilidades de que los países sean no sólo reconstruidos, sino también reestructurados y renovados, con mujeres y hombres en un plano de igualdad, con derechos y oportunidades para todos y sentando las bases para el desarrollo a largo plazo.

La experiencia recogida durante el último decenio destaca la necesidad de derribar las barreras artificiales entre crisis, recuperación y desarrollo. Después de guerras o desastres naturales, la respuesta humanitaria debe incluir acciones que preparen el terreno para el desarrollo a largo plazo y la paz, de modo que los países estén mejor equipados para prevenir futuros estallidos de violencia y restaurar la normalidad más rápidamente después de una catástrofe como el terremoto en Haití. Es preciso que reemplacemos un ciclo vicioso de crisis y subdesarrollo con un ciclo virtuoso de progreso social y económico y potenciación.

Debido a los procesos sin solución de continuidad entre desarrollo y crisis, y viceversa, es evidente que las inversiones en el desarrollo mitigan los efectos de las crisis y los desastres naturales. La relación entre desarrollo y crisis se hace evidente cuando se comparan los efectos de los recientes terremotos ocurridos en Haití y Chile. Pero también es verdad que cualquier tipo de inversiones efectuadas durante la etapa de respuesta humanitaria puede pasar a ser parte de sólidas bases para reconstruir una sociedad. Esos procesos sin solución de continuidad operan en ambas direcciones.

La experiencia también muestra que la violencia por motivos de género no ocurre en el vacío. Suele ser síntoma de un problema más vasto, de fracaso institucional, de normas que perpetúan o toleran los malos tratos, de relaciones entre los géneros peligrosamente distorsionadas y de desigualdades profundamente arraigadas. La guerra y los desastres no causan la violencia por motivos de género, pero la exacerban, o propician que estalle con mayor frecuencia.

Finalmente, es evidente que está cambiando la naturaleza de la respuesta de la comunidad internacional a los conflictos, pues se dedica menor cantidad de recursos a las operaciones tradicionales de mantenimiento de la paz y mayor cantidad de recursos a intervenciones de desarrollo que sientan las bases para que los gobiernos protejan a los civiles contra todo daño y posibilitan la prosperidad a largo plazo. Pero, si bien los gobiernos son oficialmente responsables de proteger a sus pueblos, las comunidades y las personas también deben desempeñar sus respectivos papeles en la promoción de la paz y la seguridad. Cuando todos los interesados directos participan activamente, una sociedad en curso de recuperación tiene menos probabilidades de recaer en el caos y el terrorismo después de que los encargados del mantenimiento de la paz hayan regresado a su lugar de origen.

Thoraya Ahmed Obaid
Directora Ejecutiva, UNFPA

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