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Estado de la población mundial 2010

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Capítulo seis

Vida sin anclaje: refugiados y personas internamente desplazadas

En Ammán, Mazin Mohammed Riadh, quien se refugió en Jordania en 2007, huyendo de la violencia sectaria reinante en el Iraq, recuerda cómo no podía eliminar el hábito nervioso de verificar en el espejo retrovisor de su automóvil si alguien lo estaba siguiendo.

Una estudiante refugiada iraquí corre junto a estudiantes jordanos en la escuela primaria de Shemeisani, en Ammán, Jordania.
©Getty Images/Salah Malkawi

En la ciudad jordana de Zarqa, Shahad, de 18 años de edad, pasa las noches deshaciéndose en sollozos porque se denegó la solicitud de su padre de reasentarse en los Estados Unidos y ella piensa que, por ser refugiada, carece de futuro. Del otro lado de la ciudad, Kadeja Jaber relata de qué manera recurre a su ingenio para mantener la felicidad de su pequeño hogar en el exilio después de que su familia se vio obligada a marcharse de la ciudad iraquí de Najaf cuando su hermano fue asesinado.

Más de 40 millones de personas en todo el mundo —una cantidad más o menos equivalente a la población de Kenya, o España, o Polonia— están desarraigadas de sus hogares e internamente desplazadas en sus propios países, o viven como refugiados en otro país. Cada una de estas personas, muchas de las cuales nunca regresarán a su lugar de origen, suele estar “desorientada, traumatizada, confundida, temerosa, inerme, dependiente, desamparada”, dijo John Holmes, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, cuando las Naciones Unidas dieron a conocer en mayo de 2010 un nuevo informe en que se muestra que la cantidad de personas internamente desplazadas es superior a la de refugiados.

En los últimos 10 ó 20 años, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se ha visto obligada a difuminar una distinción, otrora clara, entre personas internamente desplazadas y refugiados que huyen de un país a otro. Ambas poblaciones tienen necesidades y temores similares cuando los conflictos las obligan a huir. Un ejemplo elocuente es el del Iraq. Según la Oficina del ACNUR y las estimaciones gubernamentales formuladas a mediados de 2010, había 4,8 millones de iraquíes “motivo de preocupación”, es decir, que piensan que ya no les es posible seguir residiendo en su lugar de origen en condiciones de seguridad. De ese grupo, más de 2,6 millones de personas resultaron desplazadas dentro del Iraq y 1,9 millón atravesaron las fronteras hacia otro país. Las conversaciones con familias iraquíes que han buscado refugio en Jordania revelan que muchas de ellas han padecido ambas situaciones: primeramente, trasladándose de un lugar a otro dentro del Iraq en procura de seguridad y, por último, presa de la desesperación, marchándose del país, a veces con amenazas de muerte pesando sobre sus cabezas. Después de las elecciones nacionales celebradas en el Iraq en 2010, un nuevo temor ha complicado las vidas de los refugiados iraquíes, a quienes preocupa que, tras las declaraciones de que el clima político del Iraq es “normal” y que la violencia sectaria se ha reducido (aunque no ha desaparecido), temen que los países de asilo en Europa y algunas partes del Oriente Medio, los obliguen a repatriarse.

El Iraq, con unos 29 millones de habitantes, es un país donde predominan los jóvenes. La mediana de edades de su población es poco más de 20 años; más de una tercera parte de dicha población pertenece al grupo de 0 a 14 años de edad, y una quinta parte, al grupo de 15 a 24 años de edad. Por consiguiente, entre las personas asustadas figuran niños de grandes ojos solemnes que a duras penas comprenden lo que ha ocurrido con sus vidas, frente a la angustia que sufren sus padres y sus madres.

Mazin Mohammed Riadh, quien dice que tardó seis meses en superar el temor a que alguien lo siguiera, es un ingeniero de 37 años de edad oriundo de Bagdad. Rememora cómo su esposa y sus hijos vivían aterrorizados cuando la familia llegó a Jordania procedente del Iraq en el verano de 2007. Varios parientes de su esposa, Hirraa Abass Fadhil, de 26 años de edad, habían sido asesinados por miembros de una milicia chiíta debido a sus apellidos sunitas; un tío asesinado era un imán. “Mi hijo se asustaba cuando veía a un agente de policía, debido a sus experiencias en nuestro país y a la naturaleza sectaria de la policía”, dijo Riadh, quien lleva al niñito a la calle para que estreche las manos de los oficiales de policía jordanos y converse con ellos, de modo de convencerse de que no le harán daño. Riadh dijo que él y su esposa habían tenido sus propios problemas que superar antes de poder dedicar su atención a sus hijos. “Necesitábamos tranquilizarnos mentalmente. Necesitábamos, en primer lugar, sentirnos seguros. Cuando pudimos acostumbrarnos a la situación aquí, entonces comencé a enseñar a mis hijos a llevar una vida normal”.

Los dos hijitos varones de la pareja, Abdullah, nacido en 2003, y Abdurrahman, nacido dos años después, están ahora razonablemente bien adaptados, dijeron sus progenitores. El problema es con Adam, hermano de Hirraa de 15 años de edad, uno de sus tres hermanos que viven con ellos en Jordania. Su madre murió en 2000 al dar a luz al más joven de los tres, una hermanita llamada Nawal. Su padre murió un año después de una enfermedad cardíaca. Otra hermana, Havaa, de 19 años de edad, está inquieta y poco segura de su futuro debido a que la educación universitaria en Jordania, en gran parte privada, está fuera del alcance de los recursos financieros de la familia. Riadh había prometido a su esposa que él siempre cuidaría a las hermanas y el hermano de ella y trataría de mantenerlos juntos como una familia. Esa promesa condujo a un inesperado revés en sus vidas de refugiados, dijo Riadh, un hombre que habla sosegadamente pero está obviamente sacudido y angustiado por disensiones en la familia con respecto a la próxima decisión a adoptar.

Riadh, que posee conocimientos de ingeniería, recibió una oferta de reasentamiento en los Estados Unidos. Adam se negó a partir y su familia no se marchará sin él. La situación que enfrentan —su futuro en manos de un trastornado muchacho de 15 años— ilustra bien, aunque tristemente, las complicaciones en las vidas de los refugiados, las cuales continúan incluso después de haber recuperado algún grado de seguridad. Adam nunca se recuperó tras el asesinato de su hermano Omar, muerto a tiros a la edad de 18 años en Bagdad cuando ingresaba en un vecindario chiíta y alguien lo reconoció como residente en la sección sunita de la ciudad, donde era sabido que se albergaban terroristas de Al-Qaeda. En el Iraq, en 2007, dijo Hirraa, “Las calles estaban tapizadas de cadáveres, tanto chiítas como sunitas”. En Ammán, la capital de Jordania, la Oficina del ACNUR se había preparado para recibir una gran corriente de refugiados en 2003, después de la invasión del Iraq conducida por los Estados Unidos. Pero en aquel momento, los refugiados no aparecieron. Fue recién a partir de 2006, al aumentar masivamente el número de asesinatos sectarios, cuando muchos iraquíes se vieron finalmente obligados a huir. Ésa fue la situación de la cual escapó Riadh.

“Para Adam, la situación es terrible”, dijo Riadh por conducto de un intérprete. “Omar era su ídolo, su amigo, su hermano. Después de la muerte de Omar, Adam soñaba con él todas las noches. Deambulaba por las calles esperando encontrarlo vivo y llevarlo de regreso al hogar. La muerte de Omar ha afectado a toda la familia, pero a nadie tanto como a Adam; estaba en un terrible estado mental cuando llegamos a Jordania. No quería ver a nadie. No quería ir a la escuela. Lo llevamos para que recibiera asistencia psicosocial. Fue una o dos veces y después dijo: “¿Acaso estoy loco para que me lleven allí?”. No quería que nadie lo viera allí. Lo estamos obligando a asistir a la escuela. El primer año, cuando recién llegamos aquí, se enzarzó en una riña, una lucha entre dos escolares a causa de que él era un iraquí”.

Cuando se le ofreció la oportunidad de trasladarse a los Estados Unidos, Adam se negó tenazmente a ir. Había oído rumores de que sería sometido a reclutamiento militar en el ejército estadounidense, pero era solamente una excusa y el hecho de que no hay conscripción militar en los Estados Unidos no contaba. “Nos amenaza con que si tratamos de obligarlo a ir a los Estados Unidos, él se marchará de acá y regresará a Bagdad, aun cuando eso signifique perder la vida”, dijo Riadh. Por esa razón, a mediados de 2010, la determinación del futuro de la familia estaba en un compás de espera. Riadh estaba decidido a seguir esforzándose por convencer a Adam.

La experiencia de la familia de Riadh en Ammán se facilitaba por la generosidad de organizaciones no gubernamentales jordanas e internacionales y por iniciativas para darles acceso a servicios sociales gubernamentales, incluidos los de educación básica y también algunos servicios subsidiados de atención de la salud. Los servicios de salud reproductiva, muchos de ellos gratuitos, están ampliamente a disposición de los iraquíes en Jordania. En la familia de Riadh, Hirraa, que ha estado cuidando a sus dos hijitos y a sus hermanas y hermano durante épocas de estrés, recibe atención periódica de la Sociedad Jordana de Asistencia de la Salud, una organización no gubernamental sin fines de lucro establecida hace 5 años que ha comenzado a expandirse regionalmente con clínicas móviles. En Ammán, los equipos médicos hacen visitas a domicilio, de modo que las mujeres no tienen que salir solas a la calle en una ciudad que todavía no conocen. La atención que recibe Hirraa incluye reconocimientos periódicos y tests diagnósticos para la detección de enfermedades.

La Dra. Manal Tahtamouni, Directora del Instituto de Salud de la Familia, Fundación Noor Al Hussein en Ammán, examina a una paciente.  ©Institute for Family Health

Hasta que se negó a recibir tratamiento, Adam recibió asistencia en el Instituto de Salud de la Familia, que dirige en Ammán la Fundación Noor Al Hussein, originariamente establecido en 1986 como centro de salud maternoinfantil bajo los auspicios de la Reina Noor, viuda del Rey Hussein, quien falleció en 1999. En 2002, con financiación de la Unión Europea y asesoramiento del UNFPA, el Instituto amplió sus actividades y se convirtió en un centro de asistencia psicosocial integral. Actualmente, un 30% de los clientes del Instituto son hombres, entre ellos muchos que solicitan asistencia psicosocial, dijo Manal Tahtamouni, médica obstetra y ginecóloga que dirige el Instituto. El Instituto también ofrece servicios de rehabilitación y asistencia a las víctimas de tortura o de violencia por motivos de género. Después de que comenzaron a llegar los refugiados, aumentó el número de clientes iraquíes.

“Por el momento, tenemos un comité directivo integrado por hombres iraquíes”, dijo la Dra. Tahtamouni. “Se han encargado de la gestión general de uno de nuestros proyectos”. Dijo que los iraquíes, muchos de ellos profesionales y generalmente, de clase media, llegan con grandes expectativas para sí mismos pero con un escaso sentido de comunidad. “Tanto las personas individuales como las familias, están mayormente aisladas, no solamente respecto de la comunidad del país de acogida, sino también de otras familias iraquíes. Nosotros tratamos de involucrar a iraquíes y jordanos en las mismas actividades, de modo que puedan tener intercambios sociales y contribuir así a la integración”.

[27] LAS MUJERES CONSTITUYEN LA MITAD DE LA POBLACIÓN MUNDIAL DE REFUGIADOS

En 2009, las mujeres y las niñas constituían, en promedio, un 49% de las “personas motivo de preocupación” para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Constituían un 47% de los refugiados y los solicitantes de asilo y la mitad de todas las personas internamente desplazadas y repatriadas (ex refugiados). Un 41% de los refugiados y solicitantes de asilo eran niños menores de 18 años de edad.

La menor proporción de mujeres refugiadas corresponde a Europa (44%), y la más alta, al África central y la región de los Grandes Lagos (53%). Con todo, esos promedios ocultan grandes variaciones entre distintos grupos de población y distintas ubicaciones. Por ejemplo, en los lugares para los cuales se dispone de datos, en promedio las mujeres representan un 51% de los refugiados repatriados, pero sólo el 40% de los solicitantes de asilo. En el Chad, por ejemplo, las mujeres refugiadas representan una tercera parte (33%) de los refugiados en zonas urbanas, pero hasta un 70% de los refugiados en el campamento Daha 1.

Un 45% de las personas motivo de preocupación para el ACNUR eran niños menores de 18 años, de los cuales, un 11% eran menores de 5 años. La mitad de la población tenía edades de entre 18 y 59 años, y un 5%, 60 años o más. Entre los refugiados y las personas en situación similar a la de refugiado, los niños constituían un 41% de esos grupos. Su proporción era sustancialmente mayor entre los refugiados repatriados en 2009 (54%). Esto plantea considerables dificultades para los programas de reintegración, en particular con respecto a la educación en los lugares donde las escuelas han quedado averiadas o destruidas.

Fuente: 2009 Global Trends: Refugees, Asylum-seekers, Returnees, Internally Displaced and Stateless Persons, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

Zeina Jadaan, Oficial Auxiliar de Protección en la Oficina del ACNUR en Jordania, dice que en la escuela, el acoso de los niños iraquíes ha creado conciencia tanto entre los jordanos como entre los refugiados iraquíes acerca de la interpretación amplia de la violencia por motivos de género y los ataques por razones de nacionalidad. Con frecuencia, la sociedad y las propias víctimas se allanan en silencio a los malos tratos de orden tanto físico como psicológico. “No siempre se dan cuenta de que lo que están haciendo es maltratar”, dijo. “Las mujeres a menudo piensan que ser golpeadas es algo normal”. Jadaan dijo que el maltrato a los niños suele relacionarse con la violencia sexual y la violencia por motivos de género entre los refugiados que viven fuera de su ámbito familiar y sometidos a múltiples dificultades. Ese análisis es compartido en general; en lugares tan diferentes como Bosnia y Herzegovina y Liberia, los directores de centros de asistencia psicosocial dicen que la violencia en el hogar y el maltrato infantil con frecuencia están vinculados a situaciones de conflicto u otras perturbaciones sociales.

Los casos de violencia por motivos de género y de maltrato infantil que se señalan a la atención de la Oficina del ACNUR primeramente se analizan e investigan mediante entrevistas realizadas en un clima acogedor: ¿qué podemos hacer por usted? Al igual que en cualquier otra parte del mundo, entre los refugiados quienes perpetran los malos tratos suelen ser miembros de la familia u otras personas conocidas de la víctima. Algunos casos son remitidos posteriormente por la Oficina del ACNUR al Departamento de Protección de la Familia del Gobierno jordano, que a juicio de Jadaan es “muy eficiente y útil”. El Departamento “aúna múltiples funciones”, dijo. Sus servicios incluyen asistencia psicosocial, asesoramiento jurídico, asesoramiento para la reconciliación de las personas o las familias, atención de la salud y trabajo forense. “Y lo que es más importante aún”, dijo Jadaan, “es que por ser un organismo gubernamental tiene facultades para decir al marido o al perpetrador que es preciso dar cumplimiento a las leyes, trátese de convenciones internacionales o de leyes nacionales. De ser necesario, pueden remitir los casos a los tribunales”.

Pese a la asistencia que los iraquíes pueden encontrar en Jordania para atravesar un período traumático, la realidad sigue siendo que, para una familia como la de Riadh, el reasentamiento en un tercer país suele entrañar la mejor esperanza de crear una vida mejor, mientras persistan las condiciones peligrosas en el Iraq. Jordania no ha firmado la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y trata a los iraquíes como “huéspedes” transitorios, que no pueden trabajar legalmente en el país, aun cuando algunos han encontrado trabajo en el sector paralelo o no estructurado de la economía o en programas que los patrocinan. La Oficina del ACNUR afirma: “En ausencia de un permiso legal o de acceso a medios de vida, y dado que se encuentran en una precaria situación económica, va en aumento el número de iraquíes que están en apuros”.

Según algunas estimaciones, tal vez haya medio millón de refugiados iraquíes en Jordania. Pero solamente unos 30.000 están registrados en la Oficina del ACNUR. Unos 12.000, en función del tamaño de la familia y de sus necesidades, reciben apoyo financiero que va desde poco menos de 100 dólares [70 dinares jordanos] por mes hasta 400 dólares [290 dinares] para familias más grandes con vulnerabilidades especiales. Los refugiados, en su mayoría, utilizan la asistencia en efectivo para sufragar el alquiler, los alimentos y los medicamentos.

Hermanitas iraquíes en su hogar en Ammán, Jordania.  ©UNHCR/P. Sands

Arafat Jamal, Representante Adjunto del ACNUR en Jordania, dijo que la población de refugiados iraquíes en Jordania no está en campamentos dispersos, como podrían imaginar los extraños; Jordania se opone a ese tipo de asentamientos. No hay campamentos con numerosas tiendas de campaña y la bandera del ACNUR. En cambio, los iraquíes, muchos de ellos de clase media y procedentes de zonas urbanas, se ubicaron directamente en ciudades o importantes poblados de Jordania y trataron de encontrar viviendas para alquilar. La asistencia financiera que reciben se dispensa por conducto de máquinas ATM, o cajeros electrónicos automáticos (un sistema utilizado ahora también para los refugiados iraquíes en Damasco). Mientras tanto, va en aumento la cantidad de iraquíes bien educados y en mejor posición económica que se trasladan a terceros países, dejando tras de sí una población residual dotada de menores recursos que depende en más alto grado del apoyo de los donantes internacionales y los organismos de asistencia.

Los cristianos forman parte del grupo de refugiados iraquíes más pobres. Una de las organizaciones internacionales que atienden a los cristianos iraquíes en Jordania es Mensajeros de la Paz, organización no gubernamental con sede en España que realiza operaciones en 40 países. En algunas partes del Iraq, muchos cristianos fueron objeto de ataques de extremistas. El Padre Khlail Jaar, que representa a la organización en Ammán, en un informe preparado en 2008 dice que muchos de los cristianos refugiados en Ammán no reciben servicios de apoyo del nivel esperado. Si bien su programa de asistencia socorre a personas de todos los credos religiosos, sus clientes son en un 75% cristianos iraquíes.

Algunos de los iraquíes más pobres refugiados en Jordania han encontrado viviendas en ciudades y poblados lejos de Ammán, debido a que el costo de la vida en la capital es alto. En un callejón con viviendas a punto de desmoronarse, en la ciudad de Zarqa, a 30 kilómetros al norte de Ammán por la carretera que conduce a Damasco, Hassan Alibayadh vive al borde de la subsistencia con su esposa, Azhar Ghani, y dos hijos adolescentes, una hija, Shahad, de 18 años, y un hijo, Ahmad, de 17. La sala apenas da cabida a un pequeño sofá, unas pocas sillas y una vieja refrigeradora; sus ropas cuelgan de perchas en la escalera. Alibayadh es un hombre visiblemente perturbado que acaba de enterarse de que se ha rechazado su solicitud de asilo en los Estados Unidos, aun cuando le habían dicho anteriormente que reunía los requisitos para el reasentamiento. Se pregunta: ¿Acaso el rechazo se debe a que él es chiíta y se considera que no correría peligro en el Iraq con su gobierno chiíta, aunque lo hayan amenazado de muerte? ¿Fue acaso porque en el pasado prestó servicios en el Ejército iraquí, aun cuando eso ocurrió hace muchos años? ¿Fue acaso debido al daño cerebral que sufrió a raíz de una explosión durante su servicio militar, o porque sufre de epilepsia? No lo sabe, y se niega a regresar a la Oficina del ACNUR para presentar un recurso de apelación de esa resolución.

“Yo estaba tan deprimido por el rechazo que ni siquiera podía mirar los programas de televisión”, dijo. “Mi mundo se ensombreció completamente”. Ahora, confinado en su humilde vivienda deteriorada, la tercera hasta ahora, en el pago de cuyo alquiler están retrasados, su hijo lo acusa de haber arruinado sus vidas. Su hija pasa las noches llorando. Es su esposa quien mantiene a la familia intacta, dice. “Mi esposa es muy ingeniosa”, dice. “Un mes, paga el alquiler; el mes siguiente, paga a la tienda de comestibles. Mantiene todo en actividad”. Su actual casero no amenaza con el desalojo, como lo hicieron los anteriores a causa del retraso en el pago del alquiler, de unos 84 dólares por un par de habitaciones pequeñas.

En una vivienda más alegre en Zarqa, un vecindario donde los iraquíes de bajos ingresos han creado un sentido de comunidad, Kadeja Jaber, de 22 años de edad, también está manteniendo su familia a flote. Esta madre de un bebé de dos meses y un varoncito de 4 años, ha cubierto las monótonas paredes grises de su pequeña vivienda con papel de envoltura de regalos, a fin de alivianar la atmósfera. Recibió un subsidio de la Media Luna Roja jordana para comprar colchones y tela, de modo de convertirlos en un confortable sofá. Siguió cursos de bordado, confección de muñecas y costura y fabricó varios artículos para su venta, entre ellos bolsas para acarrear objetos y bolsones colgantes con bolsillos para almacenar objetos en el hogar. Se matriculó en un curso de cuatro días sobre manufacturas domésticas, dirigido por una organización no gubernamental y auspiciado por la Casa Real jordana, y recibió 100 dinares jordanos (unos 140 dólares) cuando finalizó el curso, con destino a hacer “inversiones” en algo que pudiera vender para obtener ganancias. Compró los ingredientes necesarios y cocinó bizcochos dulces y otros alimentos para su venta, que le reportaron utilidades.

La familia, chiítas de la ciudad de Nayaf, donde su hermano fue asesinado, ha obtenido estipendios regulares de diversas fuentes que, sumados al ingreso resultante del trabajo ocasional de su esposo, quien pule la pintura de automóviles, les producen un ingreso total de aproximadamente 400 dólares mensuales. Jaber, que es analfabeta, dice que está tomando píldoras para el control de la natalidad porque ella y su esposo no pueden permitirse más cantidad de hijos.

[28] LOS SERVICIOS DE SALUD MATERNA NO ESTÁN AL ALCANCE DE MUCHAS MUJERES MIGRANTES

En todo el mundo, las comunidades que acogen a migrantes necesitan proporcionar servicios accesibles, aceptables y costeables de salud maternoinfantil al alcance de todos los migrantes, sea cual fuere su condición legal, a fin de mitigar la vulnerabilidad de las mujeres a la migración, afirma la Organización Internacional para las Migraciones (OMI).

“Las mujeres y las niñas, especialmente cuando se ven forzadas a emigrar o están en una situación irregular, resultan desproporcionadamente afectadas por los riesgos de la migración debido a su vulnerabilidad a la explotación y la violencia”, dice el Director General Adjunto de la OIM, Ndioro Ndiaye. “Esa vulnerabilidad está exacerbada hasta niveles inaceptables por la falta de acceso a servicios apropiados, en particular, de salud maternoinfantil, lo cual puede redundar en costos públicos y sociales a largo plazo”.

La falta de acceso a servicios de salud maternoinfantil, a menudo considerados atención preventiva, puede conducir y conduce a situaciones de riesgo para la vida con trágicos resultados cuando los problemas no se han detectado en su debido momento o no existen los especialistas y tratamientos adecuados.

Los lactantes y niños hijos de mujeres que no recibieron atención prenatal pueden ser más susceptibles a problemas como alumbramiento prematuro y trastornos del crecimiento y el desarrollo. Asimismo, la falta de acceso a servicios de salud maternoinfantil puede perpetuar la mala salud de las comunidades de migrantes, lo cual, a la larga, sobrecarga los sistemas de salud en las sociedades de acogida.

Cuando no se ha cumplido con un programa de inmunización de un niño, esto no sólo puede conducir a la propagación de enfermedades transmisibles, sino que además puede afectar el acceso del niño a la escuela. Las personas que corren mayores riesgos en todo el mundo son las mujeres migrantes en situación irregular y las forzadas a migrar, como las internamente desplazadas o las solicitantes de asilo.

Según estudios realizados recientemente en algunos países europeos, la carencia de una condición legal, no solamente agrava el riesgo de la mujer migrante en situación irregular frente a la violencia y el ataque sexual, también reduce su acceso a la atención prenatal. Esto es motivo de particular preocupación, dado que las mujeres migrantes en situación irregular tienen más probabilidades que las demás mujeres de tener un embarazo no deseado, debido a la falta de acceso a los servicios de planificación de la familia y de educación, así como a raíz de la violencia sexual.

“El temor a la deportación es una importante barrera para muchos migrantes en situación irregular que necesitan atención médica, dado que su prioridad es permanecer ocultos en la sociedad. Lo mejor que pueden esperar encontrar en los países de destino es atención de emergencia, y los servicios de salud maternoinfantil no corresponden a esa clasificación hasta que es demasiado tarde”, dice Ndiaye.

En el África oriental, el personal de salud de la OIM que trabaja sobre el terreno informa acerca de la ausencia de tales servicios acogedores para los migrantes que promuevan la salud reproductiva y la salud maternoinfantil, inclusive la atención prenatal y postnatal, la asistencia del parto y los programas de supervivencia infantil, el problema más acuciante que enfrentan las mujeres migrantes. Esos problemas también son evidentes en regiones de destino, como Europa. Para las mujeres desplazadas, la distancia a los establecimiento de salud es el principal escollo que bloquea su acceso a los servicios de salud reproductiva y salud materna, especialmente en zonas rurales. En lugares como el Delta del Mekong, Zimbabwe, y el Iraq, con sus 2,8 millones de personas internamente desplazadas, las largas distancias hasta el puesto de salud más cercano privan a muchas mujeres de asistencia prenatal y postnatal en el momento en que son más vulnerables, debido a la falta de vivienda adecuada y de suficientes alimentos y saneamiento, lo cual redunda en una mayor mortalidad maternoinfantil por causas susceptibles de prevención y debido a los abortos espontáneos.

En algunos casos, la falta de información, tanto entre las personas desplazadas que no están seguras de cuáles son sus derechos de acceso a los servicios de salud, como entre el personal de salud que no tiene conciencia de sus obligaciones de proporcionar esos servicios, puede impedir que las mujeres desplazadas obtengan la asistencia que necesitan.

Una de las soluciones es impartir y ampliar en las comunidades de migrantes conocimientos de partería y de salud de la comunidad. Esto ayudaría a detectar los problemas reales y potenciales con la debida antelación y a fomentar los conocimientos acerca de cuándo es necesario derivar a un paciente a los servicios de salud. En el Iraq y el Afganistán, por ejemplo, algunas respuestas de la OIM han incluido la capacitación de las mujeres desplazadas en calidad de parteras tradicionales, que pueden ofrecer servicios de partería, de importancia vital. Los programas de ese tipo también pueden llevarse a las comunidades de migrantes en los países de acogida. Una gran ventaja de hacerlo sería que esas trabajadoras de salud de las comunidades migrantes comprenderían cuáles son los factores sociales y culturales que obstaculizan la accesibilidad y la aceptabilidad de los servicios de salud existentes.

Fuente: Gender and Migration News, mayo de 2009, Organización Internacional para las Migraciones.

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