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Estado de la población mundial 2010

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Capítulo Cinco

Los jóvenes: el futuro de las sociedades después de los conflictos

Al caer la tarde y comenzar la noche frente a las playas de Dili, capital de Timor-Leste, los niños varones y los hombres jóvenes que tienen tiempo libre se reúnen para nadar o pescar, o simplemente deambular entre los vendedores y los transeúntes a lo largo del malecón. Hay en Timor-Leste muchas personas jóvenes, al igual que en otros países que se reconstruyen después de conflictos.

Varios niños haitianos cantan antes de la cena en el orfanato Jardín de la Paciencia, Puerto Príncipe, Haití.  ©VII Photo/Lynsey Addario

El desafío consiste en involucrarlos en la tarea, en condiciones de igualdad, con hombres y mujeres. Del total de la población de Timor-Leste, de aproximadamente 1.100.000 personas, más de una tercera parte tiene entre 10 y 24 años de edad y la mediana de edades es de unos 22 años. La tasa de crecimiento demográfico del país, estimada en alrededor de 3,3% anual, es casi el doble del promedio mundial.

En Timor-Leste, país que obtuvo su plena independencia recién en 2002, la creación de empleos para jóvenes, varones y mujeres, debería ser una urgente prioridad en las políticas posteriores al conflicto, dice Ameerah Haq, Representante Especial del Secretario General que preside la misión de las Naciones Unidas en el país. En ausencia de empleos, ha ido en aumento la delincuencia juvenil y varios grupos que antes practicaban artes marciales se han transformado ahora en pandillas callejeras, responsables de gran cantidad de delitos públicos, en los mercados y a lo largo de las carreteras, como se indica en un informe dado a conocer en 2010 por EWER, Proyecto de Alerta Temprana y Respuesta creado en 2008 por Belun, una organización no gubernamental local que trata de fortalecer la sociedad civil, en asociación con el Center for Conflict Resolution, en la Universidad de Columbia, Nueva York.

El conflicto finalizado en 1999 arrasó una porción estimada en 70% de la economía local, que sigue basada en gran medida en la agricultura en pequeña escala. Timor-Leste no carece de recursos naturales; tiene sustanciales ingresos provenientes de la explotación de petróleo y gas en el mar de Timor, recursos compartidos con la vecina Australia. Pero esto no ha creado muchos empleos ni ha fomentado un crecimiento industrial en Timor-Leste. Haq está tratando de encontrar maneras de alentar el espíritu empresarial, aunque sea en pequeña escala, especialmente entre las mujeres, muchas de las cuales son jóvenes.

[20] LOS MEDIOS DE VIDA DE LOS JÓVENES SON FUNDAMENTALES PARA LA PREVENCIÓN DE CRISIS Y LA RECUPERACIÓN

El acceso de los jóvenes a medios de vida seguros, dignos y sostenibles tiene importancia vital para su protección, pues reduce el riesgo de que sean víctimas de explotación y malos tratos. Promover las oportunidades económicas de los jóvenes mediante mecanismos impulsados por el mercado impartiendo educación no académica, enseñanza de oficios y actividades de generación de ingresos y ofreciendo planes de microcrédito y programas agrícolas, puede ser importante para alentar a los jóvenes a que contribuyan a la sociedad y ayuda a fortalecer sus capacidades.

La importancia de contar con medios de vida viables para los jóvenes queda subrayada por el hecho de que, si en un plazo de cinco años no hay desarrollo económico, la probabilidad de que un país que emerge de la guerra civil sea nuevamente presa de conflictos es de 44%. Proporcionar medios de vida a los jóvenes es parte integrante de la consolidación de la paz y el desarrollo económico. Dado que la mayoría de los refugiados actuales han estado desplazados durante un lapso medio de 17 años, una generación entera podría perder la oportunidad de adquirir las aptitudes y los conocimientos necesarios para reconstruir sus comunidades y sus países. Pese a ello, los jóvenes figuran entre las poblaciones que tienen menos servicios y que están más afectadas por las crisis; es preciso que, cuando sobrevienen situaciones complejas de socorro humanitario la comunidad internacional haga esfuerzos concertados para asegurar que no se desperdicie el potencial de los jóvenes.

En un estudio, 60 combatientes entrevistados, pertenecientes a 15 fuerzas armadas de diferentes países del África occidental, unánimemente afirmaron que la pobreza abrumadora y la desesperanza eran los motivos principales para sumarse a las filas de los combatientes. Un estudio longitudinal durante 16 años acerca de ex niños soldados en Mozambique constató que, aun cuando al parecer estaban prosperando, todos manifestaron que su situación económica cotidiana ha sido y sigue siendo uno de los mayores obstáculos para su transición a la vida civil.

Si bien durante las emergencias se presta especial atención a la provisión de alimentos y albergues, muchos jóvenes carecen de actividades productivas y atrayentes que les otorguen aptitudes prácticas y esperanzas para el futuro. En las situaciones de crisis y de recuperación inicial, en la mayoría de los casos están ausentes las intervenciones integradas que aseguren los medios de vida.

Fuente: Youth Zones, por Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Women’s Refugee Commission.

Timor-Leste no es el único país que enfrenta un reto demográfico al mismo tiempo que su población todavía está recuperándose de las heridas de la ocupación, la baja en la economía y los periódicos estallidos de violencia política. En el mundo actual, hay más de 1.800 millones de personas de entre 10 y 25 años de edad. Según algunas estimaciones, hay en todo el mundo 3.600 millones de personas menores de 30 años, más de la mitad de la población mundial. En los países en desarrollo en general, y en los países que emergen de conflictos y desastres en particular, los jóvenes representan una gran proporción de la población nacional, lo cual será decisivo para conformar el futuro. En situaciones posteriores a conflictos, tal vez sus jóvenes vidas hayan sido destrozadas por la violencia, la muerte de cercanos miembros de sus familias, el desplazamiento de sus viviendas y, en muchos casos, el reclutamiento bajo coacción en los ejércitos y movimientos de rebeldes. Las niñas no han sido inmunes al conflicto, puesto que los combatientes armados las han secuestrado, algunas todavía en sus uniformes escolares cuando iban camino a la escuela, y las transformaron en esclavas sexuales, cocineras, mozas de cordel y ayudantes de otro tipo, obligándolas a deslomarse haciendo trabajos que destruían su alma.

[21] DURANTE CONFLICTOS Y EMERGENCIAS, ESTÁ EN PELIGRO EL ACCESO DE LOS JÓVENES A SERVICIOS DE PLANIFICACIÓN DE LA FAMILIA

Tiene importancia vital responder a las necesidades de planificación de la familia durante las emergencias. Los jóvenes están afectados por la pérdida de mecanismos normales de apoyo, en la familia y en la sociedad, y es posible que los sistemas de provisión de servicios de planificación de la familia e información al respecto estén desintegrados o sean inaccesibles. Las jóvenes mujeres y las niñas son un grupo en situación de alto riesgo, particularmente en emergencias, cuando tal vez se las obligue a entablar relaciones sexuales de alto riesgo, por ejemplo, el trueque de sexo por alimentos o seguridad, o para subvenir a sus propias necesidades o a las de sus familias.

En cualquier ámbito, pero particularmente durante las emergencias, cuando tal vez no se asigne prioridad a las necesidades de planificación de la familia, los jóvenes tienen derecho a recibir información exacta y completa acerca de la salud sexual y reproductiva, inclusive la planificación de la familia, y también tienen derecho al acceso a los servicios. Esto los ayudará a adoptar decisiones bien fundamentadas y responsables acerca de sus propios comportamientos sexuales. Pero en muchas situaciones, los padres, las madres y otros miembros adultos de las comunidades tal vez sean renuentes a hablar con los jóvenes de la anticoncepción debido a normas culturales o religiosas que prohíben las relaciones sexuales antes del matrimonio. Además, los agentes de salud también pueden estar poco dispuestos a proporcionar servicios de planificación de la familia e información al respecto a los jóvenes, particularmente los jóvenes solteros, debido a sus propias convicciones personales o a las presiones culturales.

En cualquier población desplazada, en cualquier momento dado habrá aproximadamente un 4% de mujeres en edad de procrear (15 a 44 años de edad) que estarán embarazadas. Un estudio de 575 adolescentes en un campamento de refugiados en Kenya septentrional comprobó que un 70% de ellas tenían actividad sexual y entablaban relaciones sexuales no planificadas y sin protección. Más del 60% de las defunciones debidas a la maternidad ocurren en 10 países, de los cuales 9 están sumidos en la guerra o atraviesan la etapa posterior a la cesación de las hostilidades.

Un reciente estudio constató que los países afectados por conflictos reciben un 43% menos de recursos financieros destinados a la salud reproductiva que los países no afectados por conflictos, y que la financiación de servicios de planificación de la familia en países afectados por conflictos disminuyó desde 23,1 millones de dólares EE.UU. en 2004 hasta 1,9 millón de dólares EE.UU. en 2006.

Fuente: Youth Zones, por Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Women’s Refugee Commission.

Cuando la violencia ha arrollado a la infancia, la primera prioridad es que los jóvenes retornen a una vida lo más cercana posible a la normalidad. Los trabajadores de socorro dicen que los niños responden bien cuando hay orden en sus vidas: un aula, deportes organizados o juegos estructurados, comidas regulares. En el más largo plazo, una vez que los jóvenes se han reintegrado y han recibido los beneficios de la educación y la capacitación, son ellos quienes tienen la mejor oportunidad de asegurar que sus comunidades y sus países puedan desarrollarse en paz. Tienen frente a sí años para tratar de cambiar las condiciones, las actitudes, las culturas y, a veces, las políticas, que condujeron al conflicto. Además, cuando estos jóvenes lleguen a la adultez, habrá muchos otros niños menores que dependerán de ellos para recibir orientación. Las altas tasas de fecundidad en sociedades en que los servicios de salud reproductiva no siempre son accesibles o en que la tradición favorece familias numerosas, crean una protuberancia del tramo de la juventud en las pirámides de edades de las poblaciones nacionales.

Según el Banco Mundial, cuando se calculan los porcentajes de niños, desde recién nacidos hasta 14 años de edad, para los países o territorios en situación posterior a conflictos de que trata el presente informe, solamente en Bosnia y Herzegovina la pirámide demográfica es similar a la de los países desarrollados, con un 15,7% de personas en el grupo de 0 a 14 años de edad. En Liberia, Timor-Leste y Uganda, más del 40% de la población corresponde al grupo de 0 a 14 años. En Haití, el porcentaje es 36,7%; en la Ribera Occidental y Gaza, se estima que un 42% de la población tiene menos de 15 años de edad.

Los jóvenes pueden aportar durante muchos años un “dividendo demográfico”, siempre y cuando existan las condiciones laborales y las aptitudes necesarias para reconstruir las ciudades, las economías y las vidas, y también a condición de que los gobiernos, que tienen tantas prioridades, no dejen de lado la capacitación de los jóvenes y la provisión de servicios de salud para ellos. En los próximos decenios, las tareas para superar los traumas profundamente arraigados del conflicto, restaurar el funcionamiento de los sistemas educacionales interrumpidos y crear nuevas fuentes de producción y de ingresos recaerán mayormente en los jóvenes.

No ha de ser tarea fácil cuando los jóvenes todavía tienen heridas psicológicas. En Bosnia y Herzegovina, persisten las enconadas tensiones étnicas 15 años después del establecimiento de la paz en 1995. En octubre de 2009, por ejemplo, una reyerta entre croatas y bosnios después de un partido de fútbol redundó en la muerte de un aficionado de 24 años de edad. Ese incidente afligió a Dubravka Salčić-Dizdarević, médica del Hospital de la Universidad Nacional en Sarajevo y una de las más importantes psicoterapeutas bosnias, quien durante una entrevista dijo que al ver a los jóvenes motivados por burdos odios étnicos legados por una generación anterior, abriga temores por el futuro de ese dividido país, que aún no se ha recuperado por completo tras los traumas del decenio de 1990.

Salčić-Dizdarević, que es también Directora Médica del Centro de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura en Sarajevo, fundado en 1997, ha visto cómo el trauma en muchos casos se transmite a los niños. “Las víctimas no son solamente las personas directamente torturadas durante la guerra”, dijo. “La tortura también tuvo el propósito de agredir a toda la familia”. Como resultado de una encuesta bosnia se estimó que durante la guerra unas 200.000 personas habían sido torturadas y que unas 30.000 habían muerto a raíz de la tortura durante su detención. “Durante 13 años, nuestro Centro ha brindado tratamiento a unas 10.000 personas; la duración media del proceso de rehabilitación es de unos tres años”, dijo Salčić-Dizdarević, quien permaneció en Sarajevo durante la guerra de 1992-1995 y figuró entre los primeros especialistas que se abocaron a trabajar intensamente para atender a las víctimas. En ese proceso, también se brinda tratamiento a los traumas de los hijos y los cónyuges de las víctimas, en algunos casos, con retraso. Todavía no ha transcurrido el tiempo necesario para la curación.

Saliha Ðuderija, Ministra Adjunta de Derechos Humanos y Refugiados en Bosnia y Herzegovina, dice que no se ha prestado la atención que merece a la cuestión de compensar a las mujeres maltratadas.
©VII/Antonin Kratochvil

Saliha Ðuderija, Ministra Adjunta de Derechos Humanos y Refugiados en Bosnia y Herzegovina, estaba igualmente alarmada frente al estallido de violencia entre los jóvenes aficionados al fútbol y también frente al espectáculo de un grupo étnico que estrecha filas para proteger al presunto atacante. En una entrevista dijo: “La sociedad se está acostumbrando a tolerar episodios de ese tipo. ¿Qué clase de país somos cuando una comunidad protege a un criminal?”.

Pero también hay eventos muy positivos. Cada año, se celebra en Sarajevo el Festival de Niños, multiétnico, un proyecto del UNICEF que cuenta con el apoyo de varios gobiernos. Ese Festival congrega a artistas, músicos, cineastas y autores de libros infantiles que acuden desde todos los países de Europa para participar, durante unos pocos días, en eventos culturales enriquecedores. En 2010, por segunda vez, los niños fueron invitados a escribir sus mensajes en un “muro de deseos y pedidos” para que sus líderes sepan lo que, a juicio de los niños, necesitan sus comunidades. Se prometió a los niños que tendrían la oportunidad de reunirse con adultos influyentes para hablar de sus temas de preocupación. El Gobierno de Bosnia y Herzegovina ha iniciado en 10 municipalidades un proyecto piloto sobre la protección social de los niños, y los involucró en cuestiones de interés comunitario, inclusive la promoción de sus derechos.

Varios jóvenes de Bosnia y Herzegovina que visitaron países de Europa y otros países del extranjero se han sumado a diversas actividades en la región de los Balcanes para quebrar las barreras étnicas. En mayo de 2010, muchos jóvenes bosnios asistieron al Festival Días de Sarajevo, celebrado por cuarto año consecutivo en Belgrado, la capital de la República de Serbia. Allí participaron en grupos de debate, no solamente sobre temas tan oportunos como la violencia en las reuniones deportivas, sino también otros temas de interés más general. Uno de los grupos de debate en el Centro de Descontaminación Cultural de Belgrado (que tiene un nombre muy apto), se titulaba “Cómo evitar que se repita nuestro pasado”. El evento, realizado con el apoyo de Bosnia y Herzegovina y de la República de Serbia, ofreció funciones musicales, representaciones teatrales y una exposición de jóvenes fotógrafos que ilustraba la vida cotidiana de los habitantes de Sarajevo. La misión de ese evento anual, según lo expresan sus organizadores, es “promover el espíritu comunitario y la reconciliación entre jóvenes bosnios y jóvenes serbios, promocionando un lugar para que se reúnan y contemplen conjuntamente el pasado y el futuro, contribuyendo a establecer más fuertes vínculos entre los ciudadanos de ambas ciudades”.

En Uganda septentrional, donde el Ejército de Resistencia del Señor (LRA) durante casi dos décadas secuestró a decenas de miles de niños y obligó a innumerables cantidades a cometer crímenes contra sus propias familias y comunidades, ahora hay fuertes organizaciones no gubernamentales locales respaldadas por organismos internacionales, así como programas gubernamentales de asistencia que están en la línea del frente de las acciones de recuperación. Varias de esas ONG se dedican a los jóvenes.

"Los jóvenes son la columna vertebral de la recuperación posterior al conflicto y de los procesos de consolidación de la paz en Uganda septentrional, de modo que es preciso tenerlos en cuenta".

“Los jóvenes son la columna vertebral de la recuperación posterior al conflicto y de los procesos de consolidación de la paz en Uganda septentrional, de modo que es preciso tenerlos en cuenta en todo programa de reconstrucción posterior al conflicto”, dice una publicación del Proyecto de Liderazgo de la Juventud, publicado por el Foro de ONG del distrito de Gulu. Gulu es el poblado más grande de Uganda septentrional y el centro de la economía en una región habitada por el grupo étnico acholi. El distrito que rodea a Gulu y algunas zonas colindantes fueron escenario de las atrocidades perpetradas por el LRA bajo el liderazgo de Joseph Kony, un acholi que se volvió contra su propio pueblo y causó horrendos sufrimientos con actos de extrema brutalidad.

La red del Foro de Gulu está abierta a la participación de cualquier organización no gubernamental o de la sociedad civil que se adhiera a los principios del desarrollo basado en los derechos humanos. Al realizar sus tareas en pro de la juventud, el Foro de Gulu y otros grupos en Gulu se han centrado en la resolución de conflictos, inclusive el estudio de los mecanismos de justicia tradicionales, y también en la capacitación de los jóvenes para desarrollar sus aptitudes en las labores de desarrollo en distintos sectores de la economía. Al mismo tiempo, se ha alentado el estudio académico por conducto del Proyecto de Liderazgo Juvenil, otorgando financiación para becar a los estudiantes de la región septentrional de Uganda.

Uno de los grupos principales en la red de Gulu es la Fundación para la Franqueza, organización nacional con base en Kampala y filiales en Gulu y otros poblados. En Gulu, la Fundación dirige el Centro de la Juventud de Gulu, un refugio de propósitos múltiples para los jóvenes. Con el apoyo del UNFPA y de la USAID, por conducto del Fondo de la Sociedad Civil y la filial de Save the Children en Uganda, el Centro de la Juventud de Gulu se ha convertido en una importante fuente de servicios de salud sexual y reproductiva para los jóvenes en Uganda septentrional. Ofrece detección del VIH y asistencia psicosocial, tratamiento de las infecciones de transmisión sexual, asesoramiento sobre planificación de la familia y distribución de suministros, entre ellos anticonceptivos de emergencia. Armoniza los activos programas con los intereses de los jóvenes de dar publicidad y promover la reducción de la violencia por motivos de género y las prácticas culturales negativas. Los espectáculos de baile break con mensajes positivos acerca de la vida proporcionan entretenimiento.

En su labor relativa a la salud reproductiva, el Centro de la Juventud de Gulu ha efectuado inquietantes constataciones acerca de las vidas de niñas y jóvenes mujeres. Entre los adolescentes de más edad, la tasa de infección con el VIH es muy superior en la población femenina que entre los niños y jóvenes varones de la misma edad. El Centro considera que hay varias razones para ello: matrimonio precoz de las niñas con hombres de edad mucho mayor que anteriormente han tenido otras compañeras sexuales, matrimonios forzados con hombres que tienen varias esposas y casos de niñas adolescentes que ofrecen relaciones sexuales para obtener dinero y sufragar así sus necesidades básicas, incluidos los alimentos y la educación. La violencia contra la mujer también ha sido motivo de preocupación en Uganda septentrional, donde la prevalencia del VIH/SIDA, de un 8,3%, es considerablemente superior al promedio nacional de 6,4%: esta última tasa es muy alta en comparación con los estándares internacionales. Faith Lubanga, Directora del Centro de la Juventud de Gulu, dice que ningún tema es tabú en los grupos de intercambio de ideas, donde los jóvenes suelen pedir información sobre temas como las infecciones de transmisión sexual o el alcoholismo, problemas ambos que el conflicto ha agravado entre los hombres. “Estamos disipando ideas erróneas, por ejemplo, que es posible eliminar el VIH con lavajes de Coca Cola”, dijo.

[22] EN CONFLICTOS Y EMERGENCIAS AUMENTA LA VULNERABILIDAD DE LOS JÓVENES AL VIH

Las poblaciones afectadas por conflictos, particularmente los jóvenes, corren alto riesgo de infección con el VIH debido a las condiciones de inseguridad y a las consecuentes mayores vulnerabilidades durante los conflictos. Las perturbaciones en el funcionamiento de los servicios de salud sexual y reproductiva y la falta de servicios de prevención del VIH e información al respecto pueden acrecentar la vulnerabilidad de un joven al VIH.

En emergencias, están debilitadas las estructuras de la familia y la comunidad que normalmente influyen sobre los comportamientos; y la consecuente pobreza, sumada a la inestabilidad social y al desamparo, pueden impulsar a los jóvenes al trueque de relaciones sexuales a cambio de alimentos, protección u otros servicios. El uso de las relaciones sexuales como estrategia de supervivencia durante las emergencias, especialmente por parte de jóvenes mujeres y niñas, agrava la vulnerabilidad al VIH.

En conflictos recientes se movilizó a los jóvenes, varones y niñas, para incorporarlos a las fuerzas combatientes, lo cual los colocó en situación de riesgo de infección con el VIH a raíz de la violencia sexual infligida por oficiales de más edad, las órdenes explícitas de los comandantes de cometer violaciones sexuales o la presión de jóvenes de la misma edad, que promueve comportamientos sexuales riesgosos. Hay una creciente acumulación de datos acerca de la trayectoria del VIH y el SIDA entre los oficiales uniformados y el personal desmovilizado; hay mayores probabilidades de que ellos propaguen la infección debido a que tienen gran movilidad, son en su mayoría jóvenes y tienen medios de comprar relaciones sexuales o utilizar su poder y sus armas para explotar o maltratar a los demás. Sin embargo, si se logra un correcto involucramiento y si se imparte capacitación, los jóvenes asociados con fuerzas combatientes o grupos armados tienen potencial de transformarse en “agentes de cambio” y ayudar a sus comunidades con estrategias de prevención del VIH, de modo de pasar a ser parte de la solución, en lugar de ser potencialmente parte del problema.

En todo el mundo hay al menos 15 millones de jóvenes afectados por el VIH y el SIDA en conflictos y situaciones de emergencia conexas. En África al Sur del Sahara, la región del mundo donde hay mayor concentración de emergencias, un 57% de los adultos que viven con el VIH son mujeres. Las jóvenes mujeres de 15 a 24 años de edad tienen probabilidades de estar infectadas tres veces superiores a las de los jóvenes varones de la misma edad.

Fuente: Youth Zones, por Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Women’s Refugee Commission.

El Centro de la Juventud de Gulu recibe unos 1.350 visitantes por semana, dijo Lubanga. Su ámbito acogedor para los jóvenes es evidente en sus discretas salas de consulta y en las instalaciones de la clínica. Sarah Lanyero, asistente clínica que trabaja en el Centro desde hace seis años, dice que en 2006 comenzó a ofrecer asesoramiento sobre planificación de la familia a los jóvenes de 15 a 24 años de edad. En el pasado, la clínica recibió casos de abortos realizados en malas condiciones, muchos de ellos provocados por la misma embarazada utilizando brebajes con mezclas de hierbas locales, o drogas. Ahora esos casos son más infrecuentes, puesto que los jóvenes adquieren conocimientos acerca de las relaciones sexuales responsables, dijo Lanyero, quien también disipa ideas erróneas relativas a la salud sexual y reproductiva y la planificación de la familia, entre ellas, que los anticonceptivos causarán anormalidades en los futuros hijos o que, en ausencia de la menstruación (efecto secundario de algunos productos inyectables), la sangre se acumula en el cuerpo y requiere una operación quirúrgica para extraerla.

El Centro de la Juventud de Gulu atiende a todos los jóvenes, tanto varones como mujeres. Como estrategia para involucrar en la conversación a mayor cantidad de varones, Lanyero dijo que el Centro no anuncia sus programas como eventos relativos a la planificación de la familia, sino como sesiones de información general sobre la economía y la salud de la familia, que conducen a pensar acerca de la anticoncepción. Dijo: “Los hombres están comenzando a acudir para pedir información sobre planificación de la familia con destino a sus esposas”. Sobre una mesa ubicada en una galería abierta del Centro hay ejemplares de publicaciones de la Fundación para la Franqueza, con la intención de atraer la atención e informar a los jóvenes, varones y niñas. Straight Talk es un periódico para adolescentes de más edad y Youngtalk se destina a los grados superiores de la escuela primaria. Se difunden programas de radio, algunos dirigidos a padres y madres, en más de una docena de idiomas nacionales, por 39 estaciones de FM en todo el país. Dado que hay múltiples medios de difusión dirigidos a la juventud, los mensajes de la Fundación circulan ampliamente.

Un fenómeno pronunciado en Uganda, también presente en diferentes grados en otras zonas después de los conflictos, es la creciente presencia y autoridad de jóvenes profesionales locales, muchos de ellos mujeres, que trabajan en programas de todo tipo en la etapa posterior al conflicto. En la oficina en Gulu de una organización sin fines de lucro con sede en Toronto, War Child Canada, tres jóvenes mujeres ugandesas se reunieron para conversar acerca de servicios de protección jurídica que allí se ofrecen en beneficio de mujeres y niños. “Los derechos abordados en último término, después de satisfacer las necesidades de alimento, agua, albergue, salud y asistencia psicosocial son la protección jurídica y las intervenciones para proteger a las mujeres y los niños”, dijo Vanina Trojan, canadiense que coordina la protección jurídica en Gulu, al presentar a sus tres jóvenes colaboradoras ugandesas. “Aspiramos a restablecer el marco de derechos jurídicos, lo cual ciertamente no es cuestión prioritaria en zonas en conflicto”.

Annette Okwera, Jefa de los auxiliares jurídicos para el distrito de Gulu, habló acerca de algunos casos relativos a niños, tramitados en su oficina. Antes de la guerra, “nuestra cultura era de acercamiento”, dijo. “La guerra distorsionó esas condiciones. Ahora, las personas que regresan a sus hogares quedan aisladas, sin el apoyo de su clan”. Dijo que el maltrato sexual infligido a los niños es demasiado frecuente y que hay también gran cantidad de casos de descuido de los niños. Pero lograr que las personas denuncien los casos a la policía o se presenten ante los tribunales puede ser frustrante, pues se trata de familias más acostumbradas a sistemas tradicionales de justicia de clan conducidos por ancianos —sistemas que ahora están comenzando a reaparecer lentamente — o sometidas a presión social para que no hagan denuncias públicas.

Jóvenes en Puerto Príncipe, Haití, juegan y adquieren nuevas aptitudes prácticas en Camp de l’avenir, campamento diurno para jóvenes desplazados.  ©UNFPA/Trygve Olfarnes

En Haití, donde las pandillas de jóvenes armados habían tenido en jaque a las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas mucho antes de que sobreviniera el terremoto de 2010, numerosas organizaciones han estado tratando de encauzar a los jóvenes hacia una participación constructiva en la comunidad. Esas acciones, aun cuando todavía son mayormente de poca monta, después del terremoto se han acelerado tanto como es posible dados los escasos recursos financieros. El UNFPA, que perdió su sede durante el desastre y tuvo que trabajar en rudimentarios locales improvisados, intervino poco después del terremoto para capacitar a los jóvenes de modo que colaboraran en los campamentos para personas desplazadas. Los jóvenes, de entre 15 y 24 años de edad, constituyen un 22,7% de la población haitiana y podrían ser una poderosa fuerza en pro de la reconstrucción de Haití. Al igual que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otros organismos, el UNFPA apoyó iniciativas de “dinero a cambio de trabajo” y contrató a jóvenes para que prepararan “botiquines de dignidad” —un conjunto de materiales esenciales para la higiene, como jabón, cepillos de dientes, ropa interior, suministros para mujeres que están menstruando u otros productos especialmente pertinentes a una situación dada— para su ulterior distribución entre las personas desplazadas.

Los jóvenes voluntarios, apoyados por el UNFPA, el UNICEF, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el respaldo de la Policía de las Naciones Unidas, también ayudaron a distribuir alimentos complementarios entre los niños, las embarazadas y las madres que acababan de dar a luz. En virtud de otro proyecto, los jóvenes se sumaron a investigadores profesionales para realizar encuestas que determinaran la cantidad y las necesidades de las personas desplazadas por el terremoto. Los investigadores constataron que, a juicio de las mujeres, la falta de privacidad y de retretes separados era un importante factor que reducía su posibilidad de evitar la violación sexual y otros delitos por motivos de género.

El Ministerio de la Juventud y los Deportes del Gobierno haitiano pudo establecer en los aledaños de Puerto Príncipe campamentos diurnos para unos 1.000 niños desplazados de entre 11 y 16 años de edad, donde es posible que practiquen deportes y realicen actividades creativas en un ámbito rural. Psicólogos y terapeutas organizaron cursillos prácticos sobre diversos temas, inclusive salud sexual y reproductiva. El plan general para el futuro es contar en cada región del país con centros integrados para la juventud, donde pueda seguir aplicándose el concepto de cursillos prácticos. Además, el Ministerio espera crear enlaces por conducto de la televisión y la radiodifusión para posibilitar que los jóvenes se conecten entre sí.

Uno de los legados trágicos de decenios de dictadura y política tumultuosa ha sido la pérdida del sentido de comunidad, dijo Witchner Orméus, Director de Asuntos de la Juventud y la Integración en el Ministerio de la Juventud y los Deportes de Haití. Dijo que el Ministerio estaba tratando de encontrar la manera de restaurar mayores iniciativas de trabajo voluntario y de acción comunitaria, dadas las necesidades de la sociedad tras la devastación del terremoto y las limitadas capacidades del Gobierno para proporcionar todo lo necesario a fin de reconstruir las vidas y los vecindarios, incluso con una generosa asistencia externa.

"Cuando hablamos de reconstrucción, es preciso incluir la reconstrucción social".

“Cuando hablamos de reconstrucción, es preciso incluir la reconstrucción social”, dijo Orméus. Agregó que en el Fondo para diagnóstico de las necesidades, creado en la primavera de 2010, se incorporó por primera vez el gasto destinado a la juventud, y que a la sazón estaba en la etapa de planificación una nueva ley sobre asociaciones. Los gobiernos haitianos nunca tuvieron una relación fácil con las organizaciones de voluntarios, muchas de las cuales operan en un limbo jurídico. Pero hay amplias pruebas del potencial de mayor involucramiento de los jóvenes en la recuperación, para plasmar el cual será necesario que transcurran años, si no décadas.

En Puerto Príncipe y en otras ciudades y poblados afectados hay numerosas organizaciones de la juventud de muy diferentes pertenencias —seculares y religiosas—, que pudieron ayudar de manera muy limitada tras el terremoto debido a la limitación de sus presupuestos, cuando a raíz del terremoto muchas de esas organizaciones quedaron desprovistas de oficinas y muchos de sus miembros perdieron la vida. El terremoto dejó al menos a 1,2 millón de personas sin hogar y muchos no tuvieron otra posibilidad sino encontrar algún pequeño espacio en uno de los numerosos campamentos.

La labor de los jóvenes voluntarios, no coordinada oficialmente por el Gobierno, tal vez no siempre haya sido percibida por los medios de difusión internacionales, dada la escala de la devastación y el tamaño de los campamentos para personas desplazadas, pero estaban representadas allí organizaciones tanto seculares como confesionales. Uno de esos grupos, Juventud Adventista, una parte de cuya capacitación en tiempos normales incluía montar tiendas de campaña, alumbrar pequeñas hogueras y cavar huecos en el suelo para la cocción de alimentos cuando no se disponía de utensilios, estuvo presente en la mayoría de los campamentos, dijo Jude Bien-Aimé, líder del grupo de Adventistas del Séptimo Día en Puerto Príncipe. Su iglesia también proporcionó alimentos: una olla popular muy concurrida, en funcionamiento junto a su oficina y al servicio de los transeúntes. Además, esa iglesia sigue ofreciendo asistencia psicosocial.

Los miembros de los Boy Scouts y Girl Guides, a menudo actuando por iniciativa propia, trataron de ayudar a las víctimas durante las primeras horas y días posteriores al desastre, dijeron Nicolas Clervil y Gérard-Marie Tardieu, Comisionado y Comisionado Adjunto, respectivamente, del Movimiento de scouts en Haití. Se enorgullecen de una niña adolescente guía que atrajo la atención por tratar de organizar la ayuda en Leogan, ciudad cercana al epicentro del terremoto. La sede de la organización en Puerto Príncipe había sido destruida por el terremoto y ahora ellos estaban viviendo y trabajando en tiendas de campaña, en las afueras de la ciudad.

Un grupo juvenil especialmente activo en las tareas de socorro después del terremoto es Kiro, conducido por un sacerdote, Alexandre Kakolo, con el apoyo de la Iglesia Católica Romana, confesión predominante en Haití. Kiro —Jesús en letras griegas— estableció rápidamente programas en campamentos para personas desplazadas por el terremoto, a veces cooperando con organismos gubernamentales. Por ejemplo, camiones gubernamentales retiraron los escombros amontonados por los voluntarios que habían limpiado el terreno para reducir los riesgos de salud en los hacinados campamentos, donde escaseaban los servicios. Los miembros de Kiro también organizaron actividades para los niños de los campamentos. “Queremos ayudar a las personas a distenderse, a sentirse bien, queremos hablar con ellos”, dijo Kakolo. La organización contribuyó a encontrar agua potable para los residentes en campamentos, que a menudo carecían de agua de beber en medio de la canícula.

Kiro emprendió otra difícil tarea: hablar a los jóvenes varones acerca de la necesidad de respetar a las mujeres en los campamentos de emergencia, en que se denunciaron casos de mujeres atacadas en duchas y retretes comunales, donde hay escasa privacidad. Los residentes en los campamentos hablaron reiteradamente de los malos tratos que sufren las niñas y las mujeres en los albergues hacinados de los campamentos, donde hay escasa o ninguna presencia de oficiales de policía.

Los líderes de algunos grupos juveniles, reflejando las antiguas ideas sobre a quiénes culpar por la violencia por motivos de género, sugirieron que si las niñas vistieran ropa menos provocativa, podrían evitar la violación sexual. Un líder del grupo dijo que aconsejaba a las niñas irse a dormir vistiendo “dos capas de ropa interior” o pantalones. En muchos países, persiste la percepción de que cuando hay violación sexual, la culpa es de la mujer.

En Liberia, una encuesta nacional realizada en 2008 constató que la mayoría de las víctimas de violación sexual eran niñas y jóvenes de entre 10 y 19 años de edad. No obstante, un 83% de las personas encuestadas —y un 84% de los jóvenes— pensaban que las mujeres contribuyen a la violación sexual cuando visten ropa provocativa. Algunos estudiantes trataron de aducir que la violación podría ser “accidental”, algo que sucedía de improviso, en un arranque incontenible, debido a dicha provocación. El informe “Investigación sobre la prevalencia y las actitudes en relación con la violación sexual en Liberia”, fue encomendado por la Misión de las Naciones Unidas en Liberia (UNMIL), conjuntamente con el Ministerio de Género y Desarrollo de Liberia, para encontrar explicaciones sobre la persistente cultura de violación sexual en un país que estaba emergiendo de una guerra civil.

[23] LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DEL CONFLICTO SOBRE LOS JÓVENES

Las emergencias crean fisuras en la comunidad y en las redes familiares, y la violencia experimentada durante las emergencias puede acrecentar el riesgo de trauma psicológico en las comunidades y las naciones. Las emergencias y los conflictos pueden amplificar los problemas psicológicos preexistentes y suscitar otros nuevos, entre ellos ansiedad, congoja, estrés postraumático y depresión. En emergencias humanitarias, los jóvenes, particularmente los adolescentes, tal vez experimenten eventos traumáticos que causan estrés, entre ellos desplazamientos, separación de la familia, violencia física o sexual, o reclutamiento forzado en grupos armados.

Aun cuando en una crisis no todas las personas padecerán problemas psicológicos, los adolescentes son quienes corren mayor riesgo de padecer problemas sociales o psicológicos. La adolescencia es un difícil período de desarrollo y transición y puede ser extremadamente espinoso conducirse a través de los cambios sociales, de comportamiento, cognitivos y físicos cuando las circunstancias son “normales”, y mucho más difícil, durante una crisis. Al abordar los problemas mentales y psicosociales, se puede ayudar a los adolescentes a desarrollar resiliencia, y aptitudes para mejorar sus decisiones y adoptar comportamientos más saludables. Por consiguiente, es importante integrar la salud mental y el apoyo psicosocial en los mecanismos de respuesta a emergencias.

Casi una de cada tres personas sobrevivientes de violencia por motivos de género presenta problemas de salud mental. Los estudios de jóvenes expuestos a extrema violencia han mostrado una alta prevalencia de trastornos emocionales entre adolescentes camboyanos refugiados y niños palestinos. Un estudio longitudinal de los niños soldados en Mozambique revela que un 100% de los niños ex soldados entrevistados presentaba síntomas de trastornos psicológicos y que, 16 años después, un 70% de ellos tenían recurrentes o persistentes pensamientos o recuerdos de los eventos traumáticos.

Fuente: Youth Zones, por Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Women’s Refugee Commission.

En todo el mundo, los organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas han formulado y/o ampliado programas para los jóvenes, haciendo hincapié en los que viven en la pobreza y en situaciones posteriores a conflictos. En el UNFPA y en otros organismos, se reconoce que lo mejor es aproximarse a los jóvenes por conducto de sus propios medios de expresión. “A medida que los jóvenes comunican sus ideas, sus valores, su música y sus símbolos por los medios de difusión de masas y la tecnología electrónica, va surgiendo una cultura juvenil mundial”, afirma el UNFPA. “Muchos jóvenes se están organizando a sí mismos y están estableciendo redes, por cauces tanto oficiales como oficiosos”.
                   
Con frecuencia, los jóvenes constituyen una parte desproporcionada de los afectados por las crisis, afirma el UNFPA. “La programación que tome en cuenta la diversidad de los jóvenes puede arrojar mejores resultados en cuanto a ayudarlos a aprovechar las oportunidades y superar las dificultades, obteniendo resultados positivos”. Los obstáculos son enormes. Según el UNFPA, “más de la mitad de los jóvenes viven en la pobreza, con menos de 2 dólares diarios. Suelen carecer de acceso a la tecnología y la información. Muchos sufren también debido a la desigualdad social, las escuelas deficientes, la discriminación por motivos de género, el desempleo y los sistemas de salud inadecuados. Merecen un destino mejor. Y las inversiones que se hagan en ellos son inversiones en los futuros líderes de las familias, las comunidades y las naciones”.

En Kenya, el UNICEF apoyó un proyecto gubernamental para involucrar a los jóvenes en la reflexión acerca del futuro político del país, después de violentos disturbios ocurridos en 2008, a raíz de controversias sobre las elecciones nacionales. Este año, al darse a conocer la versión de Kenya del Informe nacional de análisis de la situación de la juventud, más de 1.000 jóvenes se reunieron en Nairobi y celebraron la ocasión con canciones, representaciones teatrales y danzas. Muchos jóvenes kenianos resultaron afectados por la violencia que estalló en 2008, durante la cual se cree que al menos 1.000 personas perdieron la vida debido a los violentos enfrentamientos entre grupos étnicos y muchos más fueron obligados a huir de sus viviendas. La educación quedó interrumpida cuando algunas escuelas fueron incendiadas.

La educación es una necesidad esencial y una de las bases fundamentales de las sociedades que se reconstituyen tras los conflictos. Puede ser la inversión más importante para obtener seguridad a largo plazo. Una vez que se sosiega la situación tras un conflicto, para poder construir una paz duradera es necesario que las mujeres, los hombres, los niños varones y las niñas, mediante apropiados procesos de aprendizaje y enseñanza, desarrollen lo que la UNESCO considera aptitudes para la vida: “aprender a ser y a estar juntos”. La educación también tiene importancia crítica dado que se trata de una inversión en el desarrollo de una futura generación capaz de resolver problemas, dotada de competencias sociales y ocupacionales apropiadas y poseedora de conocimientos con la amplitud y la profundidad necesarias para establecer una sociedad dinámica e innovadora.

Los datos más recientes de la UNESCO, publicados en 2010, indican que en 2007, había 72 millones de niños que no recibían una educación escolar primaria. Según se prevé, para 2015 esa cantidad será de 56 millones, es decir, la situación habrá mejorado, pero será inferior, por un margen sustancial, al Objetivo de Desarrollo del Milenio de lograr la enseñanza primaria universal. A nivel de la educación secundaria, las estimaciones a escala mundial del número de jóvenes que no asisten a la escuela oscilan entre 71 millones y 266 millones, en función de los parámetros adoptados para delimitar el grupo de edades que se clasifica como “adolescencia”.

[24] LA GUERRA Y LOS DESASTRES NATURALES DEVASTAN SISTEMAS EDUCACIONALES YA FRÁGILES

Los conflictos armados y los desastres naturales perturban y devastan los sistemas educacionales. Los edificios escolares resultan averiados o destruidos, los maestros son desplazados y la educación de los jóvenes se interrumpe, a menudo durante varios años. Muchos jóvenes desplazados pasan su infancia y su adolescencia en campamentos de refugiados o en tugurios urbanos. Como resultado, muchos no asisten a la escuela; algunos tal vez nunca hayan asistido a la escuela. Además de carecer de conocimientos básicos de alfabetización y aritmética, esos jóvenes carecen de la protección y el apoyo vitales de índole psicosocial que las escuelas pueden proporcionar. A medida que van creciendo en ámbitos de conflictos y de desplazamiento, esos jóvenes tienen muchas menos probabilidades de asistir a la escuela. Las jóvenes son las que menos probabilidades tienen de asistir a la escuela debido a las barreras de orden cultural, económico y físico que se oponen a su educación.

La educación, académica y no académica, proporciona a los jóvenes un sentido de normalidad y esperanza para el futuro, promueve el bienestar y el desarrollo cognitivo y reduce el riesgo de que los jóvenes se involucren en actividades peligrosas. La educación es un derecho humano básico consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en otros acuerdos internacionales. Defender este derecho es especialmente arduo en situaciones de conflicto o de desastre natural, o cuando las personas están desplazadas.

Solamente un 20% de los refugiados en edad escolar secundaria están matriculados en la escuela secundaria y en 2007, un 30% de los refugiados matriculados en la escuela secundaria eran niñas.

La educación de los jóvenes en emergencias no ha recibido suficiente atención por parte de la comunidad internacional y hay millones de jóvenes que siguen careciendo de opciones de educación secundaria. La educación no académica, en particular, suele ser una baja prioridad de los donantes, los responsables políticos y los profesionales.

Fuente: Youth Zones, por Governess Films, en asociación con el UNFPA y la Women’s Refugee Commission.

La tendencia de las niñas a desaparecer de las aulas es una cuestión planteada casi universalmente en los países en desarrollo, especialmente en zonas y situaciones posteriores a conflictos, cuando las comunidades establecidas han sido perturbadas y están tratando de reconstituirse, dentro de situaciones inestables. En Timor-Leste, Filomena Belo, ex luchadora por la independencia respecto de Indonesia, que ahora dirige la Oficina de Planificación, Seguimiento y Evaluación en el despacho del Secretario de Estado para la Promoción de la Equidad, dice que es preciso prestar mucha más atención a la contratación de maestros, a fin de proporcionar ámbitos sensibles a las cuestiones de género y acogedores para las niñas en la educación secundaria y terciaria. Dice que las tasas de abandono escolar son mayores en Timor-Leste debido a los matrimonios precoces, los embarazos en la adolescencia y el temor a ser objeto de malos tratos en el aula o en los edificios escolares, o al ir camino a la escuela o regresar de ésta.

Los niños acarrean agua para sus madres en un mercado en las afueras de Monrovia, Liberia. El mercado, construido con el apoyo del UNFPA, es un local donde las mujeres y sus hijos están seguros y protegidos contra acoso y malos tratos.  ©VII Photo/Marcus Bleasdale

En Liberia y Uganda, las aldeanas que han pasado a ocupar posiciones de autoridad local también dijeron que los ámbitos escolares para las niñas eran lamentablemente deficientes, a comenzar por la escuela primaria, pero, lo que es muchísimo más importante, también a nivel secundario, en que se pierde a las niñas en grandes cantidades. Las niñas no asisten a la escuela, particularmente después de llegar a la pubertad, por razones tan simples como la falta de retretes privados donde no se las moleste. En un grupo comunitario llamado Clínica del Alma, cerca de Monrovia, Liberia, Lucy Page, fundadora y Directora Ejecutiva del Programa de Potenciación Comunitaria, pudo construir una escuela para los hijos de las mujeres que tenían puestos en un mercado local, gracias a la ayuda de organismos de las Naciones Unidas. Señaló con orgullo que junto a las aulas había dos bloques de servicios sanitarios separados, femeninos y masculinos, con gruesas paredes de hormigón, conectados a un sistema séptico moderno, y con agua corriente. En las paredes había carteles con advertencias contra el lenguaje sexualmente explícito o los malos tratos sexuales. Page, tras echar una mirada al mercado y a la Clínica del Alma, con su bombeo de agua no contaminada, sus retretes y duchas, la nueva escuela y un pequeño molino harinero, ubicado cerca de los puestos donde las mujeres venden comida, dice con satisfacción: “Hemos logrado elevarlas. Se ha restaurado su dignidad”.

En situaciones posteriores a desastres o a conflictos, es posible que no se preste atención al valor de una educación superior, cuando los problemas inmediatos son el hambre y la falta de alojamiento. Pero los líderes académicos están exhortando a que se reconozca mejor el papel de los conocimientos académicos en la restauración de una sociedad, y están preparando a los jóvenes para que se encarguen en el futuro de las tareas de desarrollo nacional. En Bosnia y Herzegovina, Saša Madacki, Director del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Sarajevo, dice que hay enormes deficiencias en los conocimientos de los bosnios acerca de su propia sociedad debido a que hubo escasa investigación social fuera de los centros de población y esto ha propiciado una tendencia a no querer ver. Dijo que antes de las guerras en los Balcanes “eran numerosas las voces que afirmaban que la violencia doméstica no existía, que no se infligían malos tratos a las mujeres, que no se maltrataba a los niños. Pero lo que realmente ocurría es que nadie denunciaba esos casos”.

Madacki aspira a que la universidad produzca más investigadores y académicos que estudien la sociedad, ahora que las cambiantes actitudes posibilitan un más abierto intercambio de ideas acerca de cuestiones como la situación de las mujeres en la cultura patriarcal bosnia, particularmente en zonas rurales. “El problema es que seguimos sin tener datos acerca de las zonas rurales, las aldeas remotas” dijo. “Carecemos de investigaciones antropológicas. Es imposible hacer caso omiso de ese ámbito social en la propia casa”.

Madacki deplora amargamente el hecho de que gran parte de la investigación sobre Bosnia y Herzegovina después del conflicto no está a cargo de los estudiantes y académicos de las universidades bosnias, sino de extranjeros a quienes no importa mucho el futuro del país. A juicio de Madacki, la esfera de los estudios sociales está ampliamente abierta y necesitada de una nueva generación de académicos locales que coloquen dentro de su perspectiva histórica bosnia o balcánica el trágico pasado de Bosnia y Herzegovina.

En Liberia, Emmet Dennis, quien desde el año pasado ocupa el cargo de Presidente de la Universidad de Liberia, dice que las universidades deberían ser activos ámbitos de capacitación, y producir pensadores bien formados que trabajen para colmar los vacíos en la reconstrucción del país y el desarrollo, en una amplia gama de especialidades, desde medicina y derecho hasta agricultura y administración de empresas. Su Universidad, otrora el orgullo de Monrovia, capital de Liberia, ha resultado gravemente azotada por la guerra civil y el éxodo de sus mejores profesores, lo cual dejó un plantel docente con menores credenciales académicos y sujeto a tentaciones en el clima de corrupción reinante en tiempos económicos muy duros, tanto para los profesores como para los estudiantes, dijo Dennis. Describió sus audaces planes para extraer a la institución de su estancamiento y convertirla en acogedora para los jóvenes, colaborando con importantes instituciones de todo el mundo. Dijo: “La Universidad debería ser el líder de nuestra sociedad”.

[25] LA ASPIRACIÓN DEL UNFPA PARA LA JUVENTUD

El UNFPA promueve y protege los derechos de los jóvenes. Imagina un mundo en que las niñas y los niños varones tengan óptimas oportunidades de desarrollar plenamente su potencial, expresarse libremente y ver sus ideas respetadas, además de vivir libres de pobreza, discriminación y violencia.

Para alcanzar esa meta, el UNFPA realiza tareas intersectoriales con muchos colaboradores a fin de:

  • Facultar a los adolescentes y los jóvenes dotándolos de aptitudes prácticas para que plasmen en la realidad sus sueños, piensen críticamente y se expresen libremente.
  • Promover la salud, inclusive proporcionando acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva y a la información, la educación y los suministros al respecto.
  • Conectar a los jóvenes con programas de actividades para ganarse la vida y obtener empleo.
  • Defender los derechos de los jóvenes, especialmente las niñas y los grupos marginados, a crecer en condiciones saludables y de seguridad y a recibir una porción equitativa de las inversiones sociales.
  • Alentar el liderazgo y la participación de los jóvenes en las decisiones que los afectan, inclusive los planes de desarrollo de sus sociedades.

El enfoque integral, multisectorial y de colaboración adoptado por el UNFPA refleja aspiraciones que consideran las vidas de los jóvenes en su totalidad, y no fragmentariamente. A nivel de las políticas, el Fondo enmarca las cuestiones de la adolescencia y la juventud dentro del ámbito más amplio del desarrollo y la reducción de la pobreza. A nivel programático, propugna que se ofrezca un conjunto esencial de intervenciones de protección social para los jóvenes que incluya educación, servicios de salud sexual y reproductiva y apoyo para que puedan ganarse la vida. A ambos niveles, el UNFPA alienta las alianzas entre generaciones que conjuguen la energía, las perspectivas y las motivaciones de los jóvenes con las experiencias y los conocimientos prácticos de los instructores y facilitadores adultos.

La adolescencia es un período en que se efectúan muchas transiciones de importancia crítica, de orden físico, psicológico, económico y social. En momentos en que va quedando atrás la infancia, se intensifican las presiones para forjar una identidad propia y pasar a transformarse en adultos responsables. Esas transiciones están sembradas de dificultades y opciones sobre las que influyen fuertemente las expectativas de género por parte de las sociedades y las familias. Poder recorrer con éxito esas transiciones depende, en parte, del apoyo que los jóvenes reciban de sus familias, de sus comunidades y de la sociedad en general.

[26] EN SITUACIONES DE CRISIS Y DE RECUPERACIÓN, LOS JEFES TRIBALES Y LOS ANCIANOS ENCUENTRAN FUNCIONES QUE DESEMPEÑAR

Uno de los más notables acontecimientos recientes en algunas partes de África y de la región de Asia y el Pacífico, entre otras regiones, es el creciente resurgimiento y el involucramiento de líderes tradicionales y ancianos en comunidades rurales que se recuperan tras las catástrofes, y también su disposición a incluir las necesidades y los derechos de las mujeres. Dado que en muchos países, los líderes tradicionales, en su mayoría, son de sexo masculino, esta tendencia parecería atribuible a una creciente conciencia social entre los hombres, así como a la ampliación de los medios de acción de las mujeres, que superaron las dificultades de conflictos y desplazamientos y regresaron a sus hogares con un nuevo sentimiento de fortaleza, cambiando en muchas familias los papeles asignados a los géneros.

En Timor-Leste, por ejemplo, las mujeres son elegidas para ocupar puestos como líderes de aldea, conocidos localmente como chefes de suco. En Fiji, en mayo de 2010 un grupo de 45 hombres, inclusive turaga-ni-koros —jefes de aldea tradicionales— participaron en un programa de capacitación sobre los derechos de la mujer y la violencia por motivos de género. Se sumaron a los intercambios de ideas líderes confesionales, además de funcionarios electos locales y oficiales de las fuerzas de seguridad, bajo la conducción de Shamina Ali, Directora Ejecutiva del Centro para Mujeres en Crisis de Fiji. Este Centro, que trata de educar a las comunidades acerca de la violencia por motivos de género, posteriormente condujo sesiones de capacitación e intercambio de ideas para hombres jóvenes en Tonga.

Cuando un grupo de jefes y ancianos del clan acholi, de Uganda septentrional, se reunió cerca de Gulu para hablar de las instituciones culturales como contribución al presente informe, también había una mujer sentada a la mesa. Las altas tasas de defunción de madres y de infección con el VIH en Uganda han contribuido en gran medida a atraer la atención de los líderes tradicionales, quienes ven cómo quedan diezmadas sus familias y sus comunidades. Debido a esas situaciones, hay una apertura hacia la cuestión más vasta de las relaciones entre los géneros. Asimismo, hay algo nuevo en el aire en lo atinente a las cuestiones de género y se está comenzando a escuchar más ampliamente a las dinámicas organizaciones de mujeres y promotores individuales de la salud y los derechos de la mujer. Ha aparecido y comenzado a ampliarse una incipiente pero evidentemente real disposición a que hombres y mujeres colaboren en cuestiones de papeles y responsabilidades de género. Janet Jackson, Representante del UNFPA en Uganda, ha observado esta evolución y ha contribuido al esfuerzo. Dijo: “Gran parte de la labor que hemos realizado en la región septentrional ha posibilitado que las mujeres se movilicen. Las mujeres dicen ¡Basta ya!”.

En la ciudad de Lira, al este de Gulu, donde reside la tribu lango, Alfred Adeke, un ex contador de empresas algodoneras y líder animado de espíritu práctico del clan de lango, tiene ahora el título de Ministro de Hacienda de la Fundación Cultural Lango. Compartiendo el almuerzo con colegas que trabajan en Lira en proyectos para apoyar a las víctimas del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), Adeke describió de qué manera en 1966, cuatro años después de la independencia ugandesa, se había deteriorado el fuerte papel consuetudinario de los jefes de clanes que otrora presidían grupos de familias.

Los líderes culturales lango en la zona de Lira, y otros pueblos de Uganda septentrional, ven en sus instituciones precoloniales históricas, restauradas en la nueva Constitución, un sistema de justicia y reconciliación que podría complementar los tribunales oficiales contemporáneos, donde cada caso se plantea como situación de ganar o perder. En esos tribunales, los pobres tienen pocas probabilidades de ganar pues carecen del dinero, de la experiencia y de los conocimientos para aprovechar la ley en su propio beneficio. En el sistema negociado dentro del clan, el resultado no necesariamente debe ser tan brutal; a menudo, el objetivo principal es la reconciliación.

En los alrededores de Gulu, la capital comercial de Uganda septentrional, los líderes acholi han oficializado y publicado un Código de derecho consuetudinario, más recientemente, un informe titulado “Principios acholi sobre las relaciones entre los géneros”. El preámbulo de este documento refleja fielmente una nueva era y la respuesta a cambiantes actitudes e influencias externas. Menciona la “naturaleza dinámica y en evolución de la cultura y su necesidad de conformarse a las normas constitucionales establecidas y a los instrumentos internacionales de derechos humanos, a fin de seguir siendo pertinentes”.

Debido a que cantidades tan grandes de jóvenes acholi, varones y niñas, fueron secuestrados e incorporados por la fuerza en el Ejército de Resistencia del Señor, y dado que los que han regresado suelen estar gravemente traumatizados o ser adictos a vivir validos de sus armas de fuego, los ancianos dicen que los rituales consuetudinarios contribuyen a llevar la paz a las aldeas y poblados después de los conflictos. “Los niños están atormentados, poseídos por espíritus malignos debido a todas las malas acciones que cometieron”, dijo Nepthali Ococ, Vicepresidente de los ancianos acholi. “Las niñas forzadas a transformarse en esclavas sexuales padecen hoy un enorme estigma. Las familias están avergonzadas. Algunas niñas han regresado con sus hijitos a reincorporarse a familias muy pobres. Deberíamos encontrar la manera de abordar el problema de los niños que cometieron crímenes contra su voluntad”. Dirigiéndose a las comunidades acholi, dijo: “Cualquier persona que haya estado en la selva ha cometido algún tipo de crimen”.

En una pequeña tienda perteneciente a la organización no gubernamental Empowering Hands, en Gulu, jóvenes varones que eran soldados y jóvenes mujeres que han regresado tras su esclavitud sexual en la selva están ayudando a otras personas que tuvieron experiencias similares a participar en las ceremonias de purificación acholi. En los casos de trauma, esas ceremonias se utilizan conjuntamente con asistencia psicosocial y conversaciones reiteradas para tranquilizar a esas personas. Muchos de los jóvenes que reciben tratamiento en Empowering Hands probablemente no podrían encontrar otras fuentes de servicios profesionales de asistencia psicosocial y en muchos casos, no podrían sufragarlos. Al comunicar las propias experiencias, se ayuda a todos. “Todos nosotros padecimos estigmas y fuimos víctimas”, dijo una joven que trabaja en el centro. Una de sus compañeras describió cómo había sido azotada por las tropas rebeldes, obligada a acarrear pesadas cargas y sometida a malos tratos sexuales. Dijo que dio a luz cuando tenía 14 años de edad, durante su cautiverio. Cuando regresó a su hogar, su padre y su madre se habían marchado. Ella está cuidando a su propio hijito y a cuatro hermanos y hermanas, con un ingreso muy pequeño. El hecho de que ahora puede compartir sus problemas con otras personas como ella le ha dado un poco de tranquilidad y de paz, dijo. Lo que más lamenta es que no puede reanudar sus estudios por falta de dinero.

En Kampala, Primo Madra, médico y oficial nacional de programas para emergencias del UNFPA, manifiesta preocupación porque los servicios sociales en el norte aún no son suficientes y porque es necesario intensificar las tareas de consolidación de la paz y reconciliación que realizan las autoridades de distrito y el Gobierno nacional.

El oficial administrativo principal de Gulu reconoció en una entrevista que los servicios sociales públicos están abrumados. Hacia 2010, habían regresado de los campamentos más del 90% de varios centenares de miles de personas desplazadas. “Regresar al lugar de origen significa construir una vivienda, comenzar a producir alimentos, encontrar agua”, dijo. Las controversias con respecto a la propiedad de bienes raíces están frenando el desarrollo, los huérfanos siguen necesitando hogares y un 10% de las personas desplazadas, que todavía siguen residiendo en los campamentos son especialmente vulnerables, los ancianos carentes de recursos propios y los miembros restantes de familias destrozadas y sin tierras a las cuales regresar. Las instituciones culturales tradicionales quieren ayudar, pero esos problemas son de tal magnitud que exceden sus capacidades y sus recursos.

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