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Estado de la población mundial 2010

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Acerca del presente informe

Hace 10 años, el 31 de octubre de 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas avanzó, con una medida importante y sin precedentes, hacia un nuevo territorio. Al reconocer la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas a los actos de violencia durante los conflictos armados y después de su cesación, y también la ausencia o la escasa presencia de mujeres representantes en las acciones encaminadas a prevenir la guerra, consolidar la paz y restaurar las sociedades devastadas, el Consejo aprobó la resolución 1325.

Demostración de mujeres liberianas en Monrovia, Liberia, en el momento álgido de la guerra civil, 2003. Imagen de la película Pray the Devil Back to Hell. ©Pewee Flomuko

Por primera vez, en esa resolución el Consejo de Seguridad procuró oficialmente poner fin a esa postergación y promover activamente y aprovechar el potencial desperdiciado de las mujeres de todo el mundo en materia de paz y seguridad.

La edición de 2010 del informe Estado de la Población Mundial se publica en coincidencia con el décimo aniversario de aquella histórica resolución. En este informe se consideran las condiciones en que se encuentran las mujeres un decenio después, en situaciones de conflicto y posteriores a conflictos, así como en emergencias o crisis prolongadas.

El informe de 2010 es diferente de anteriores ediciones, en las cuales se adoptó un enfoque académico de los temas relativos al mandato y la labor del UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas. El actual informe adopta un criterio más periodístico, aprovechando las experiencias de mujeres y niñas, hombres y niños varones, durante las etapas posteriores a conflictos y otras perturbaciones catastróficas. Ellos hablan por sí mismos acerca de las dificultades con que tropiezan, las maneras en que sus comunidades están superando tales dificultades y adquiriendo más resiliencia, y las maneras en que muchos de ellos se han involucrado en tareas de reconstrucción y renovación. Las personas presentadas en el informe no son especialistas en estadística ni en demografía; son campesinos que se ganan la vida cultivando la tierra o son residentes urbanos que tratan de sobrevivir en ciudades destrozadas. Muchos sobrevivientes de conflictos y desastres naturales trabajan ahora en sus comunidades para ayudar a sus conciudadanos a recuperarse y reajustar sus vidas.

A escala mundial, hay una creciente lista de organizaciones no gubernamentales y de activistas comunitarios que colaboran con gobiernos, con organismos de las Naciones Unidas y con países donantes y fundaciones. También se cuenta con ancianos jefes tribales y con líderes confesionales que se esfuerzan por socorrer a quienes sufren y propiciar que las sociedades diezmadas recuperen sus raíces culturales y sus principios, tan a menudo distorsionados por la guerra, el éxodo de refugiados, la ocupación y los desastres naturales. Gracias a iniciativas locales, se están restañando heridas y, al mismo tiempo, se están reconsiderando antiguas costumbres y normas de comportamiento para su adaptación a una nueva era.

Mientras el Consejo de Seguridad aprobaba la resolución 1325 en 2000 y también varias otras sobre la protección de las mujeres en años posteriores, ya se estaban llevando a cabo actividades sobre el terreno en varios países, donde las víctimas de conflictos y desastres con frecuencia no tenían idea de que el Consejo de Seguridad les estaba prestando atención. Sólo sabían, a raíz de sus experiencias, que era mucho lo que había que reconstruir; y comenzaron a hacerlo, sin titubeos ni dilaciones, a menudo con ayuda de organismos, fondos y programas de las Naciones Unidas y organizaciones de asistencia humanitaria.

[1] RESOLUCIONES DEL CONSEJO DE SEGURIDAD SOBRE LA MUJER, LA PAZ Y LA SEGURIDAD

La resolución 1325 (2000), sobre la mujer, la paz y la seguridad, fue la primera que abordó los efectos de los conflictos armados sobre las mujeres, durante tales conflictos y en la etapa posterior. La resolución instó a todas las partes en un conflicto armado a adoptar medidas especiales para proteger a las mujeres y las niñas contra la violencia por motivos de género, en particular la violación sexual y otras formas de abusos sexuales.

La resolución 1820 (2008) fue la primera que abordó exclusivamente la violencia sexual en los conflictos armados. Reconoció que la violencia sexual es una cuestión de seguridad y señaló que cuando se utiliza la violencia sexual como táctica de guerra contra poblaciones civiles, esto puede constituir un impedimento para el restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales.

La resolución 1888 (2009) complementó la resolución 1820 y destacó la importancia de abordar las cuestiones de violencia sexual desde el comienzo de los procesos de paz y también de someter a los responsables a la justicia. La resolución instó a que en los mandatos de las operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz y en las negociaciones de paz patrocinadas por las Naciones Unidas se incluyan disposiciones especiales para la protección de las mujeres y los niños. El Consejo de Seguridad destacó la importancia de abordar las cuestiones de violencia sexual desde el comienzo de los procesos de paz y las gestiones de mediación, a fin de proteger a la población en peligro y promover una plena estabilidad, particularmente en lo que respecta a acuerdos sobre el acceso de la asistencia humanitaria y sobre derechos humanos previo a la cesación del fuego, y acuerdos sobre derechos humanos, sobre la cesación del fuego, el desarme, la desmovilización y la reintegración, y reforma del sector de seguridad.

La resolución 1889 (2009) reafirmó el empeño del Consejo de Seguridad en que se sigan aplicando cabalmente, de manera que se refuercen mutuamente, sus resoluciones 1325, 1820 y 1888, así como otras resoluciones conexas: 1612 (2005), 1674 (2006) y 1882 (2009). El Consejo expresó su continua y profunda preocupación acerca de los persistentes obstáculos que se oponen a la participación plena de la mujer en la prevención y resolución de conflictos, así como su participación en la vida pública posterior a los conflictos. Reconoció que la marginación de las mujeres puede demorar u obstaculizar la consecución de la paz, la seguridad y la reconciliación duraderas.

El presente informe se ha construido en torno a entrevistas y reportajes realizados en Bosnia y Herzegovina, Haití, Jordania, Liberia, el Territorio Palestino Ocupado (Ribera Occidental), Timor-Leste y Uganda. Esos diversos países se escogieron por varias razones. Algunos emergieron recientemente de conflictos y están procediendo a la reconstrucción, con limitados recursos. Algunos experimentaron profundos cambios sociales como resultado de la guerra y el desplazamiento. En todos ellos hay una presencia de las Naciones Unidas, en algunos casos una misión integrada de mantenimiento de la paz, pero en todos ellos hay un activo grupo de organismos de las Naciones Unidas que apoyan las acciones tanto gubernamentales como no gubernamentales. Liberia y Uganda están viviendo la etapa posterior a la cesación de recientes conflictos. Las crónicas de la Ribera Occidental ilustran los particulares problemas creados por la ocupación. En Jordania, los refugiados iraquíes hablan de sus vidas, carentes de raíces. En Bosnia y Herzegovina se demuestra cuán prolongado puede ser el lapso necesario para curar los traumas de las víctimas de la guerra, y de qué manera las comunidades pueden o bien ayudar, o bien obstaculizar el proceso. En Haití, una población empobrecida y ya desgastada por decenios de turbulencia, ahora se ve obligada a reconstruir un país tras el cataclismo del terremoto, que sobrevino después de dos devastadores huracanes.

La Comisionada Adjunta Bennetta Holder Warner, en el centro de protección de mujeres y niños, Policía Nacional Liberiana.
©VII Photo/Marcus Bleasdale

Las organizaciones comunitarias —algunas, integradas por unas pocas personas— y varias organizaciones no gubernamentales de mayor magnitud, trabajando a nivel de las comunidades de base, ya han ampliado las repercusiones de las resoluciones del Consejo de Seguridad y de las declaraciones de las Naciones Unidas. Lo que comenzó hace un decenio como una exhortación a los gobiernos para que abordaran los malos tratos o la postergación de las mujeres y las niñas, ha ido cobrando mayor envergadura de manera sostenida, y se ha transformado en un movimiento más amplio que abarca a todos los miembros de la sociedad. Por ejemplo, actualmente en muy diferentes países la gente está de acuerdo en que debe prestarse más atención a las heridas psicológicas y físicas que sufren los hombres y los niños varones, quienes también deben participar en la reconstrucción de las sociedades y las vidas, y en la creación de espacios propicios a la paz.

El asesoramiento psicosocial ofrecido a las víctimas traumatizadas se está ampliando exponencialmente y en muchos lugares está adquiriendo un cariz más profesional. Las necesidades de las comunidades dañadas se definen no sólo en términos de acuerdos de paz y de cesación de la violencia tras un conflicto, sino también en programas oficiales y oficiosos que se internan profundamente en la historia, la política, la economía y la cultura para tratar de explicar las razones por las cuales ocurrieron los actos de violencia —o continuaron tras la finalización del conflicto— y qué es lo que debe hacerse para eliminar las causas profundas. Se acepta por lo general la importancia de incorporar a los jóvenes en esos intercambios de ideas y en los últimos años se han iniciado muchos programas novedosos. Varios artistas de todo tipo y de todas las edades están muy dispuestos a unirse al intercambio de ideas y a aportar su trabajo, y lo propio ocurre con personalidades deportivas que se ofrecen voluntariamente a colaborar con los jóvenes.

Dubravka Salčić-Dizdarević, médica del Hospital Nacional Universitario de Sarajevo y una de las principales psicoterapeutas de Bosnia y Herzegovina, dice: “La tortura también tiene el propósito de hacer víctimas a todos los miembros de la familia”.
©Foto VII/Antonin Kratochvil

Muchos ciudadanos, haciendo suyo el espíritu de la Cumbre Mundial 2005 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, están prestando atención, incluso sin proponérselo, a la “responsabilidad gubernamental de proteger” a los habitantes del país. En 2005, los países del mundo convinieron en asignar en primer término y principalmente a los gobiernos la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos contra todo daño en escala masiva. Al mismo tiempo, la comunidad internacional ha de estar atenta y lista para ayudar o intervenir a fin de poner fin a los abusos, cuando otros intentos hayan fallado. La responsabilidad de proteger ha sido interpretada de manera amplia; aparte de proteger contra el daño físico, en algunos lugares se interpreta que abarca, al menos en su espíritu, medidas como crear o fortalecer las instituciones jurídicas y judiciales necesarias en situaciones posteriores a conflictos, cuando suele haber controversias con respecto a los derechos de propiedad, o hay una violencia inquietante en los hogares, o delincuencia en las calles. Cuando hay instituciones de todo tipo en funcionamiento, incluidos servicios de salud y educación, se acelera la restauración de la normalidad y se puede contribuir a prevenir futuros conflictos.

La violencia por motivos de género y los abusos contra la mujer continúan de muchas maneras, a menudo exacerbadas por conflictos armados o por la desestabilización de la vida de las familias en los campamentos para personas desplazadas o para quienes han perdido sus viviendas como resultado de un desastre natural. Actualmente se reconoce que los papeles de hombres y mujeres pueden ser trastornados y transformados por la guerra, la ocupación y la vida como refugiados, todo lo cual puede causar cambios en las relaciones económicas dentro de los hogares. Esos cambios pueden tener profundos efectos sociales y la medida en que se comprendan y aprovechen los conocimientos así adquiridos con fines constructivos aporta un elocuente vaticinio del curso posterior a un conflicto. En muchos países donde la vida ha quedado trastrocada, las personas, de innumerables maneras, en pequeña o en gran escala, y a menudo con el apoyo de organizaciones de asistencia humanitaria y desarrollo, están realizando múltiples actividades para lograr un futuro mejor.

[2] ONU MUJER

El 2 de julio de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad el establecimiento de una nueva entidad encargada de acelerar el progreso hacia satisfacer las necesidades de las mujeres y las niñas en todo el mundo. El establecimiento de la Entidad de las Naciones Unidas para la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer —denominada abreviadamente ONU Mujer— es parte del programa de reforma de las Naciones Unidas que aúna recursos y mandatos para lograr mayores efectos.

“ONU Mujer reforzará sustancialmente las acciones de las Naciones Unidas para promover la igualdad entre los géneros, ampliar las oportunidades y combatir la discriminación en todo el mundo”, dijo el Secretario General Ban Ki-moon.

ONU Mujer se basará en la labor de cuatro organismos del sistema de las Naciones Unidas, que anteriormente estaban separados:

  • División para el Adelanto de la Mujer;
  • Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación para la Promoción de la Mujer;
  • Oficina de la Asesora Especial en Cuestiones de Género y Adelanto de la Mujer;
  • Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM).

ONU Mujer comenzará sus operaciones en enero de 2011.

[3] PLASMAR LAS RESOLUCIONES EN LA REALIDAD

El UNFPA, en colaboración con muchos interesados directos, está ayudando a los países y territorios a transformar la resolución 1325 —y las ulteriores que también tratan de la mujer, la paz y la seguridad— en realidades. Gran parte de la labor del UNFPA a nivel de país se focaliza en el fomento de las capacidades de los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas y las instituciones para incorporar las cuestiones de género en la formulación y la puesta en práctica de actividades en materia de paz y seguridad, prevención, protección y participación.

Prevención

En Colombia, el UNFPA creó un equipo de tareas para incorporar las cuestiones de género en las Fuerzas Armadas y la Policía y sensibilizarlas respecto de los problemas de violencia por motivos de género.

En Georgia, el UNFPA ofrece a los encargados de prestar servicios capacitación sobre cuestiones relativas a la salud reproductiva, la violencia sexual y por motivos de género y el tratamiento clínico de las sobrevivientes de violación sexual.

En Kosovo, el UNFPA apoya la capacitación psicosocial en el Ministerio de Salud y en la red de organizaciones no gubernamentales para la mujer que promueven la igualdad entre hombres y mujeres, el empoderamiento de la mujer, y la prevención y eliminación de la violencia por motivos de género.

En Liberia, el UNFPA brindó apoyo al Ministerio de Salud y Bienestar Social para el establecimiento de servicios de apoyo psicosocial y comunitario, especialmente en beneficio de sobrevivientes de violencia sexual y violencia por motivos de género.

En Nepal, el UNFPA está apoyando la formulación de un plan de acción nacional para la aplicación de la resolución 1325. En 2008, el UNFPA y otras organizaciones asociadas también impartieron capacitación a mujeres miembros de la Asamblea Constituyente en materia de derechos humanos básicos, haciendo hincapié en las resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad.

En Tayikistán, el UNFPA colabora con un comité de organizaciones no gubernamentales que combaten la violencia contra la mujer, de conformidad con la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

Protección

En Botswana, el UNFPA apoyó y proporcionó servicios de salud sexual y salud reproductiva, incluida la prevención del VIH, a una clínica que atiende a refugiados.

En Colombia, el UNFPA está apoyando proyectos que fomentan la capacidad de las instituciones y las comunidades para ampliar los sistemas integrados de protección en relación con la violencia contra la mujer.

En Côte d’Ivoire, el UNFPA ha creado centros para ofrecer servicios a las sobrevivientes de violencia por motivos de género.

En Indonesia, el UNFPA apoyó al organismo de planificación y desarrollo de la provincia de Aceh en la preparación de un plan de acción provincial para responder a los problemas relativos a la mujer, la paz y la seguridad.

En Kosovo, el UNFPA y el Ministerio de Trabajo y Bienestar Social están colaborando en una estrategia de financiación de albergues para mujeres víctimas de violencia en el hogar.

En el Líbano, el UNFPA está ayudando a fomentar la capacidad de los encargados de prestar servicios para asegurar que se proporcionen servicios de calidad de asistencia mental, psicosocial y de salud reproductiva después de los conflictos, en beneficio de mujeres pertenecientes a varias comunidades.

En Liberia, el UNFPA apoyó el establecimiento por el Ministerio de Justicia de una dependencia para el enjuiciamiento de casos de violencia sexual y violencia por motivos de género, la cual posee una línea telefónica de emergencia en funcionamiento durante las 24 horas del día; y también la creación de un tribunal que se ocupa exclusivamente del trámite de casos de violencia por motivos de género.

Participación de la mujer

En Colombia, la estrategia de asistencia humanitaria del UNFPA incluye un componente relativo a la participación de la mujer en los procesos de adopción de decisiones sobre situaciones de asistencia humanitaria. El UNFPA también apoya a organizaciones de mujeres para que participen en el proceso de paz.

En Botswana, el UNFPA, conjuntamente con la universidad estatal local y con el UNICEF, inició un programa de fomento de las capacidades de la Cámara de Jefes Tribales en el Parlamento a fin de abordar de manera integral las cuestiones relativas a la mujer, la paz y la seguridad.

En Rwanda, el UNFPA apoya a la Policía Nacional a fin de que responda más eficazmente a la violencia por motivos de género y promueva la contratación de mujeres y su ascenso de categoría.

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