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State of World Population 2009

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Introducción

Cambio climático:

"El calentamiento del sistema climático es inequívoco, como evidencian ya los aumentos observados del promedio mundial de la temperatura del aire y del océano, el derretimiento generalizado de nieves y hielos, y el aumento del nivel medio del mar." (1)

Nuestro clima está cambiando, lento pero seguro. En todos los continentes y en la mayoría de los océanos se observan cambios en los sistemas naturales. Estas observaciones incluyen —entre otros— cambios en los sistemas biológicos marinos y de agua dulce, adelanto de procesos primaverales, reducción de las áreas cubiertas de hielo y aumento de la temperatura de lagos y ríos. Todos estos fenómenos representan los efectos de un clima que está cambiando, pero a la vez son sólo señales tempranas de lo que podría suceder.

La emisión de gases de efecto invernadero es el factor de origen humano que contribuye más significativamente al cambio climático. La tecnología y la industrialización nos han brindado medios revolucionarios para crear riqueza y mejorar la salud, pero nuestro estilo de vida, basado en patrones insostenibles de producción y consumo, condujo también a un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero del orden del 70 por ciento entre 1970 y 1994; el mayor aumento se produjo en los diez últimos años de ese período. Si las emisiones globales de gases de efecto invernadero no se reducen en el siglo XXI, es muy probable que los efectos del cambio climático sean más severos que lo que se ha observado hasta ahora y lo que se prevé hoy. En una perspectiva de largo plazo es probable que, si las emisiones no se reducen, el cambio climático supere la capacidad humana y natural de mitigación (2).

Los jóvenes en la frontera:

En el Suplemento Jóvenes del Informe sobre el Estado de la Población Mundial de este año conoceremos a siete jóvenes que han experimentado —o viven en medio de— circunstancias que probablemente aumenten en intensidad y frecuencia cuando los efectos del cambio climático se generalicen. Entre ellos se encuentran las inundaciones, la reducción de la producción agrícola y los problemas sanitarios. Mientras que algunos dirían que los hechos experimentados por los jóvenes presentados en esta publicación son claramente señales tempranas del cambio climático, otros sostendrían que es imposible sacar esa conclusión. Sin embargo, lo que es muy cierto es que sus historias son ejemplos de lo que será la vida de millones de jóvenes en el futuro si no logramos tomar medidas para adaptarnos al cambio climático, mitigarlo y reducir las emisiones de carbono.

La pobreza está relacionada de manera inextricable con la vulnerabilidad frente al cambio climático, así como con la capacidad para adaptarse y mitigar el impacto de las emergencias y los cambios duraderos en las condiciones de vida. Las personas más pobres tienen menor acceso a agua, alimento, medios de subsistencia, infraestructura, salud, vivienda y servicios. Por lo tanto, una alteración o la disminución en el acceso a esos bienes —es decir, los efectos previstos del cambio climático— tendrán un impacto proporcionalmente mayor en las vidas de los más pobres. Además, las regiones donde se espera que los efectos del cambio climático sean más severos a menudo están habitadas por la gente más pobre.

La vulnerabilidad frente al cambio climático tiene también aspectos de género y edad: las mujeres representan dos tercios de la población pobre del mundo y alrededor de 70 por ciento de los agricultores, lo que significa que las mujeres enfrentarán la peor parte de los problemas en muchas áreas rurales.(3) Más de 1.500 millones de personas en el mundo son jóvenes de entre 10 y 24 años, de los cuales el 70 por ciento vive en países en desarrollo. Por lo tanto, los jóvenes —en especial las mujeres— son particularmente vulnerables a los efectos previstos del cambio climático.

Los jóvenes de hoy se encuentran en la frontera del cambio climático. Las acciones actuales de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil determinarán lo que les espera y qué tan bien preparados estarán para lo que viene. Una parte importante de la juventud actual crece en los lugares del mundo donde los efectos del cambio climático se desatarán con más fuerza; es imperioso dirigir sus capacidades a asumir los desafíos que se les presentan. Al hacerlo, es preciso considerar las vidas y oportunidades de los jóvenes de manera integral.

El cambio climático coincide con una actual tendencia mundial a la urbanización. En 2008, vive en el mundo más gente en áreas urbanas que en áreas rurales, y muchos de los que viven en ciudades son jóvenes.(4) Esto es tanto un problema como una oportunidad, ya que las áreas urbanas emiten altos niveles de gases de efecto invernadero, pero brindan posibilidades para una organización del manejo y el transporte de los desechos menos perjudicial para el clima, entre otras cosas.(5) Los jóvenes que viven en ciudades se caracterizan por un dualismo similar: tienen mejor educación que sus padres pero corren mayores riesgos de terminar viviendo en barrios precarios.(6) Por lo tanto, para que los jóvenes urbanos sean capaces de explotar el potencial ambiental de las ciudades, es necesario estar atentos a que sus modos de subsistencia mejoren.

Se ha estimado que en la próxima década 1.200 millones de jóvenes se sumarán a la población en edad activa. Al mismo tiempo, más de 40 por ciento de los desempleados del mundo son jóvenes.(7) La falta de empleo comporta el riesgo de conducir a la pobreza y, por lo tanto, a una vida que probablemente brindará menos oportunidades de adquirir las capacidades y los medios necesarios para enfrentarse a los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos. La capacidad de adaptación de los jóvenes se debilitará cada vez más si no se abordan adecuadamente las cuestiones relacionadas con su salud, incluida la salud reproductiva. La falta de oportunidades y capacidades, combinada con la exposición a los efectos del cambio climático, aumenta la presión para que migren y abandonen sus lugares y países de origen.

Si los jóvenes tienen la capacidad de decidir cuándo y cómo formar una familia, y las herramientas para protegerse del VIH y mantenerse sanos, junto con oportunidades de obtener vivienda, medios de subsistencia y acceso a bienes tales como agua segura, tienen la chance de estar mejor preparados para enfrentar los efectos del cambio climático. Los embarazos no deseados, las infecciones de transmisión sexual y el VIH serían problemas menos frecuentes y por lo tanto sería menos probable que interfirieran en la capacidad de los jóvenes de adaptarse al cambio climático y mitigarlo. De forma inversa, si no logramos enfrentar los temas relacionados con la salud reproductiva de los jóvenes, corremos el riesgo de volver más difícil la tarea.

Nuevas tecnologías, nuevas soluciones: 

A causa del cambio climático, los jóvenes de hoy necesitarán hacer las cosas de forma distinta que las generaciones previas. Sin duda, a medida que las generaciones se han ido sucediendo a lo largo de la historia humana, siempre ha habido progreso, desarrollo y una transformación en los estilos de vida que acompaña los cambios. La diferencia radica en que los efectos del cambio climático obligarán a la joven generación de hoy a llevar una vida diferente de la de sus padres y abuelos, con un nuevo conjunto de factores en juego, algunos de los cuales pueden hacer la vida extremadamente difícil. El desarrollo de nuevas tecnologías y soluciones no será impulsado únicamente por la necesidad de incrementar la riqueza y el bienestar. Si los jóvenes de hoy desean seguir llevando adelante una gran cantidad de actividades humanas, desde la agricultura hasta el transporte, se necesitarán nuevos inventos y métodos.

Con los efectos previstos del cambio climático, muchos jóvenes se verán obligados a migrar, pero es cierto que la migración como estrategia de adaptación a los cambios ha tenido lugar durante toda la historia humana. Mientras que algunos cambios, como la migra-ción, ocurrirán con certeza, el modo en que respondamos a ellos determinará los resultados.

En una amplia gama de iniciativas durante las últimas décadas, la gente ha buscado formas de vida que emitan menor cantidad de gases de efecto invernadero, que sean menos tóxicas y que funcionen en mayor armonía con la Tierra. Se han hecho progresos en casi todos los frentes. El próximo paso debe ser lograr que más personas tengan acceso a los inventos exitosos, en particular los jóvenes, y a la vez asegurar que éstos se integren en la puesta en práctica de esos inventos para que hoy y mañana puedan mantener viva la llama.

Varios de los jóvenes que encontramos en esta publicación están involucrados en actividades de ese tipo y son ejemplo de que los jóvenes de todo el mundo aspiran intensamente a hacer su aporte en la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos. El compromiso de los jóvenes con el bienestar del mundo en que viven es un hecho. Sin embargo, sus aspiraciones deben ser respondidas con oportunidades para aumentar las capacidades. Los jóvenes no deberían limitarse a ser beneficiarios de los esfuerzos de adaptación y mitigación; tenemos que darles la oportunidad de jugar un papel activo en la creación y la puesta en práctica de respuestas, si queremos que éstas sean sostenibles.

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