En la frontera: los jóvenes y el cambio climático
Las siete historias que presenta este informe son ejemplos muy auténticos de lo que puede sucederles a millones de jóvenes en las próximas décadas si no se atenúa el impacto del cambio climático y no se atacan sus causas. Lo más probable es que los efectos sean peores para los jóvenes que viven en la pobreza, y el nivel de atención que prestemos a las necesidades de los jóvenes que hoy se encuentran en la frontera del cambio climático será lo que determine de qué manera evolucionarán sus vidas.
Los informes en profundidad de Marjorie, Mariama, Messias, Kilom, Mandisa, Youness y Fatima son ejemplos del modo en que el cambio climático afecta los pensamientos, los sueños y las acciones de los jóvenes. Jóvenes de todo el mundo se ocupan del cambio climático, desde las selvas profundas de la Amazonia, las regiones áridas del Níger o los atolones y las islas del Pacífico hasta las discusiones de alto nivel en los preparativos para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de Copenhague, en diciembre de 2009. Dado que los jóvenes cargan sobre sus hombros los desafíos del cambio climático, es muy necesario apoyarlos y fortalecerlos en su esfuerzo por salvaguardar la riqueza y la diversidad de la Tierra para ellos y las generaciones por venir.
Como la gente más vulnerable al cambio climático vive en países en desarrollo, las perspectivas en relación con la pobreza son claves si se apunta a equipar a los jóvenes con herramientas para adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. Por lo tanto, reducir la pobreza y mejorar la salud de los jóvenes reducirá su vulnerabilidad al cambio climático. Educación, oportunidades de empleo, acceso a servicios de salud que incluyan la salud reproductiva y seguridad son prerrequisitos para que la generación de jóvenes de hoy esté lista para el futuro. Esto es particularmente importante para los jóvenes que viven en pueblos y ciudades, ya que una cantidad creciente de población mundial se concentra en áreas urbanas.
Aunque la reducción de la pobreza es clave, el crecimiento y la creación de riqueza deben materializarse en formas nuevas. No se puede lograr el desarrollo a costa de aumentar aún más las emisiones de gases de efecto invernadero, y los países desarrollados no pueden continuar en los actuales niveles de emisión. Si seguimos produciendo cambio climático a través de patrones de producción y consumo que crean las mismas o mayores emisiones, nos arriesgamos a cruzar el punto crítico para las capacidades naturales y humanas. Afortunadamente, existen otras maneras de vivir, y donde existen, funcionan. Los jóvenes deben tener la capacidad de aprovechar el progreso que se ha hecho hasta ahora en la búsqueda de modos de vida menos perjudiciales para el clima, gracias a los avances tecnológicos.
Gobiernos, responsables de políticas, investigadores, donantes y organizaciones internacionales tienen que reconocer que se debe dar a los jóvenes un papel decisivo en la adaptación al cambio climático y su mitigación. Los gobiernos y los responsables de políticas deberían promover la participación de los jóvenes en todos los niveles de los debates referidos a adaptación y mitigación, ya que serán ellos quienes implementen lo que se decida hoy y quienes vivan con las consecuencias. Los investigadores deberían producir más información y análisis sobre el modo en que los jóvenes resultan afectados y las mejores respuestas, ya que la mayoría de los escenarios de impacto omiten análisis específicos sobre esta cuestión.
Es necesario que los donantes reconozcan que hoy vive en el mundo una generación joven más numerosa que nunca, y que tomen medidas para explotar su potencial como agentes de cambio. Las organizaciones internacionales deberían abogar con fuerza por el empoderamiento de los jóvenes en todos los niveles de las políticas y los programas referidos al cambio climático. Los jóvenes deberían establecer redes y organizarse para enfrentar el desafío del cambio climático. Si los actores clave del desarrollo los apoyan del modo sugerido, los jóvenes estarán mejor preparados para jugar su papel e involucrarse en la respuesta al cambio climático, hoy y mañana. Debemos fortalecer el compromiso de los jóvenes frente a la exigente tarea del cambio climático. Si los adultos no lo hacemos, el riesgo será mayor para todos nosotros.














