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State of World Population 2009

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6 A cinco pasos del borde

"Hoy enfrentamos una dificultad que exige una transición en nuestro pensamiento, para que la humanidad deje de amenazar al sistema que sostiene su vida. Estamos llamados a ayudar al planeta a curar sus heridas y, en ese proceso, curar nuestras propias heridas; en verdad, asumir totalmente la creación, en toda su diversidad, toda su belleza y todo su prodigio."
—Wangari Maathai (1)
 
Niños en clase en la escuela primaria de Gaibandha, Bangladesh, construida por la comunidad en una zona de la aldea de mayor altitud, a fin de que los niños puedan proseguir sus estudios incluso durante las inundaciones. Las acciones que amplían los medios de acción de las niñas y las mujeres pueden contribuir a limitar el cambio climático en el largo plazo.
© GMB Akash/Panos Pictures

El clima mundial está cambiando; y somos nosotros mismos—en nuestros estilos de vida, nuestras cantidades en acelerado aumento y en la escala masiva de nuestro consumo y nuestra producción—quienes estamos cambiándolo.

La tecnología, especialmente la quema de combustibles fósiles basados en el carbono, que surgió al nacer la Revolución Industrial, está estrechamente vinculada con este problema. Las nuevas tecnologías, menos contaminantes, serán importantes para mitigar el cambio climático y adaptarse a él, pero no es la tecnología lo que nos salvará. Nosotros deberemos salvarnos a nosotros mismos; y para hacerlo, necesitamos actuar en varios frentes. Algunas de nuestras acciones arrojarán beneficios inmediatos; otras, solamente serán apreciadas por nuestros hijos y nuestros nietos. Pero, no obstante, necesitamos emprender todas esas acciones al mismo tiempo; y el momento de hacerlo es ahora.

Con frecuencia se considera que el cambio climático es una cuestión científica, pero, finalmente, están pasando a un primer plano sus dimensiones humanas, que continuarán poniéndose de manifiesto a medida que los efectos del cambio climático se vayan haciendo evidentes y las sociedades vayan respondiendo a ellos. Lo probable es que esos efectos exacerben las desigualdades de género y otras desigualdades sociales que ya son agudas en la actualidad. Por consiguiente, tratar ahora de reducir o eliminar esas desigualdades es una estrategia clave de prevención para abordar el cambio climático, así como para contribuir al desarrollo y el pleno ejercicio de los derechos humanos.

La naturaleza compleja y el impulso del cambio climático provocado por los seres humanos sugieren tres esferas de acción necesarias en el presente que arrojarán beneficios inmediatos, a corto plazo y a largo plazo.

Debido a que ya es demasiado tarde para prevenir una parte del cambio climático, la humanidad debe aprender de inmediato a adaptarse a ese cambio y a adquirir más resiliencia a los cambios ya iniciados, que continuarán en el largo plazo. Si no se frena el aumento en las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y si no se las reduce después rápidamente, la adaptación al cambio climático se transformará en un problema perpetuo, e incluso, tal vez de imposible resolución. El impulso de fomentar nuestra resiliencia al cambio climático no puede distraernos de la necesidad de reducir las emisiones tan rápidamente como sea posible, a partir de ahora. Pero para esto es necesario un cambio en los comportamientos humanos y una nueva mentalidad acerca de la manera de abordar nuestro medio ambiente a escala individual, colectiva, local, regional y mundial. Incluso los éxitos iniciales tan críticamente necesarios en la reducción de las emisiones serán un preludio de las tareas que probablemente han de preocupar a la humanidad durante decenios, e incluso siglos: mantener la atmósfera mundial y, al mismo tiempo, impedir que las actividades humanas empujen la atmósfera y el clima mundial fuera de los límites de la habitabilidad humana.

Al considerar de qué manera puede emprenderse una tarea tan ambiciosa, no puede eludirse considerar la diferencia entre los países mencionados en la propia Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Los países desarrollados, considerados como grupo, han aportado a la atmósfera un volumen de emisiones de gases de efecto invernadero mucho mayor que los países en desarrollo—y por ende, han contribuido mucho más a las grandes concentraciones actuales de gases que atrapan el calor en la atmósfera—. Esto es especialmente evidente cuando se calculan las emisiones per cápita sobre la base de las poblaciones pasadas y presentes de esos países. Además, los países industrializados, en su mayoría, poseen mayor capacidad económica e institucional que los países en desarrollo para responder a los cambios climáticos y a sus efectos. Y esa mayor capacidad dimana en parte del hecho de que, gracias a que emitieron gases de efecto invernadero durante muchos decenios, se han desarrollado económicamente. Según los estándares mundiales, sus ingresos per cápita son altos. Si los países desarrollados no accedieran a adoptar medidas inmediatas y proporcionales para abordar el cambio climático, es muy difícil imaginar qué otros países podrían asumir el liderazgo.

El mundo necesita ideas innovadoras sobre la manera de inducir a países de alta emisión y de baja emisión a que concierten un acuerdo que pueda reducir las emisiones y proporcionar la financiación y las tecnologías necesarias para posibilitar que todos los países y todos los pueblos se adapten y fomenten su resiliencia al cambio climático. Recientemente, en la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos, varios autores sugirieron que las obligaciones de los países en cuanto a reducir las emisiones deberían basarse en la proporción de población dentro de las fronteras del grupo de países donde residen los mil millones de personas más ricas del mundo. Dado que en los países de bajos ingresos también hay personas muy ricas—que también emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero—una fórmula basada en la proporción de esas personas respecto de la población del país podría tener alguna posibilidad de quebrar el estancamiento entre países desarrollados y países en desarrollo en lo concerniente a la responsabilidad y la capacidad para abordar el cambio climático (2). Tanto en caso de que esta idea concreta (basada en parte en un concepto de antigua data conocido como "derechos de desarrollo de gases de efecto invernadero") gane terreno, como si no gana terreno, es cada vez más necesario iniciar una conversación mundial a fin de generar ideas viables que aborden la mitigación del cambio climático y la adaptación a éste sobre la base de la equidad y los derechos humanos.

La necesaria adaptación y resiliencia al cambio climático y de las sociedades podría propiciarse si hubiera mayor igualdad entre hombres y mujeres y mejor acceso a los servicios de salud reproductiva. En ambos casos, se facilitaría la plena participación de las mujeres en el desarrollo y el fomento de la resiliencia al cambio climático de sus comunidades y sus sociedades; y en ambos se alentarían positivas tendencias democráticas dimanada de que las mujeres ejerzan opciones con respecto a la procreación, las cuales también arrojan beneficios en materia de mitigación de la pobreza y ordenamiento de los recursos naturales y del medio ambiente.

La mitigación inmediata—las reducciones rápidas de las emisiones—es un desafío complejo y políticamente delicado. Es el principal tema que tendrán ante sí los negociadores en Copenhague, en diciembre de 2009. Es posible que el crecimiento de la población en los países desarrollados y, presuntamente, en algunos de gran magnitud y en rápido desarrollo, pase a ser uno de los factores a considerar al fijar metas para las reducciones de las emisiones. El esfuerzo a largo plazo de mantener el equilibrio entre el bienestar humano de las grandes poblaciones, y la atmósfera y el clima, requerirá, en última instancia, pautas de consumo y producción sostenibles que sólo pueden lograrse y mantenerse en el marco de una población mundial sostenible. A lo largo de las décadas y los siglos, la trayectoria que recorra la población mundial ayudará a determinar los niveles de emisiones per cápita de gases de efecto invernadero compatibles con la estabilidad de la atmósfera y del clima.

Por otra parte, a partir de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en 1994, el mundo sabe que tratar de "controlar" la población humana conlleva el riesgo de privar a las mujeres de su derecho a determinar cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. En cambio, lo que podemos tratar de lograr es una dinámica de la población que sea sostenible desde el punto de vista del medio ambiente, caracterizada por una procreación sin riesgo, una gran esperanza de vida y la libertad de las personas de adoptar sus propias decisiones en materia de salud reproductiva. Además, podríamos intensificar nuestras acciones a fin de apoyar a los jóvenes, de modo que tengan vidas productivas y disfruten plenamente de sus derechos a la educación y la salud.

Cuando los negociadores se reúnan en Copenhague en diciembre de 2009, hay cinco posibles medidas que podrían ayudar a la humanidad a retroceder y apartarse del borde del abismo.

1: Promover una mejor comprensión de la dinámica de población y de las cuestiones de género y salud reproductiva en los debates a todos los niveles sobre cambio climático y medio ambiente.

La falta de conocimiento de la agenda de políticas de población basada en los derechos humanos forjada en la CIPD sigue plagando los debates en las negociaciones sobre el clima. Por ejemplo, en el informe sobre mitigación preparado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático se propone que la comunidad internacional restrinja sus opciones de políticas para reducir futuras emisiones y se limite a las opciones conducentes a reducir la intensidad del uso de carbono y energía, en lugar de otras opciones que podrían contribuir a reducir el crecimiento de la población, debido a que "el alcance y la legitimidad del control de la población" siguen siendo "un tema de continuo debate (3)".

© Doug Murray/Reuters/Corbis

Se consideraba que, después de la CIPD, la comunidad internacional había abandonado los descaminados debates "acerca del alcance y la legitimidad del control de la población". El control de la población, en el sentido de que los gobiernos impongan y establezcan objetivos sobre niveles de fecundidad, no tiene justificación ética en el concepto contemporáneo de basar las políticas en los derechos humanos. Lo que es ético—y, en el largo plazo, mucho más eficaz que los controles gubernamentales—es establecer políticas que faculten a las mujeres y a sus compañeros para decidir por sí mismos si tener o no hijos y cuándo tenerlos, en buena salud, además de las acciones que promueven la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida económica y social.

Durante varias décadas, la investigación demográfica ha demostrado que cuando las mujeres y sus compañeros pueden recibir servicios de planificación de la familia focalizados en el cliente, las tasas de fecundidad descienden. Los servicios de planificación voluntaria de la familia y los suministros, particularmente cuando se los combina con ofrecer educación a las niñas y oportunidades económicas a las mujeres, son particularmente eficaces en cuanto a aplazar la edad del primer embarazo y reducir el tamaño de las familias completas (4). Incluso en ausencia de enérgicas iniciativas en otros ámbitos, los servicios de planificación de la familia tienen aceptación popular casi universal y su disponibilidad influye rápidamente en las pautas de procreación. A medida que los gobiernos han ampliado los servicios de salud para posibilitar que las mujeres y sus compañeros planifiquen sus familias, la prevalencia del uso de anticonceptivos ha pasado a ser la norma en países tanto desarrollados como en desarrollo, y el tamaño de las familias ha disminuido en un 50%. Actualmente, la tasa de fecundidad total a escala mundial es de 2,5 hijos por mujer, no muy superior a la tasa de fecundidad de reemplazo de 2,1 hijos que existiría a escala mundial si no hubiera altas tasas de mortalidad de menores de un año y de niños en general (5).

Las actitudes anticuadas acerca del "control de la población" han sido reemplazadas por opiniones más integrales y basadas en los derechos humanos y en la salud, acerca de la dinámica de la población y sus relaciones con el cambio climático. En diciembre de 2008, el Foro Asiático de Parlamentarios sobre Población y Desarrollo declaró: "Hay fuertes vínculos y correlaciones entre el crecimiento de la población y la emisión de gasees de efecto invernadero que causan el cambio climático; las comunidades que experimentan altas tasas de crecimiento de la población son también las más vulnerables a los efectos negativos del cambio climático, como escasez de agua, fracaso de las cosechas, elevación del nivel del mar y propagación de enfermedades infecciosas". Los parlamentarios—de 20 países—exhortaron a la adopción de medidas para "apoyar y empoderar a las personas pobres y marginadas" para combatir el cambio climático, y a la integración de "perspectivas de género en la formulación de políticas sobre el clima, a fin de velar por que los resultados beneficien tanto a las mujeres como a los hombres, por igual y de manera equitativa" (6).

Durante más de 15 años, la investigación ha demostrado que meramente al satisfacer la demanda insatisfecha de servicios de planificación de la familia se posibilitaría que los países en desarrollo alcanzaran sus metas de reducción de las tasas de fecundidad (7). Y todo país que ofrezca a las mujeres una gama complete de opciones para que puedan decidir en qué momento tener hijos tiene tasas de fecundidad a nivel de reemplazo, o inferiores (8). Esas bajas tasas no están limitadas a los países desarrollados. También caracterizan a algunos países en desarrollo—entre ellos el Irán, Tailandia, Túnez, Cuba y Mauricio—, donde se dispone sin dificultad de atención de la salud reproductiva y opciones en materia de anticonceptivos. Por consiguiente, el camino a seguir para lograr una población humana que propicie un clima sostenible es la eliminación de las barreras contra la utilización de la planificación de la familia y la adopción de políticas de población basadas en los derechos humanos, tal como lo acordaron los participantes en la Conferencia de El Cairo en 1994.

2: Ofrecer financiación completa de servicios de planificación de la familia y de suministros anticonceptivos, dentro de un marco de salud reproductiva y derechos reproductivos, y asegurar que tener bajos ingresos no obste al acceso a dichos servicios y suministros.

Uno de los logros del Programa de Acción de la CIPD fue la formulación del concepto integral de salud reproductiva. Este término abarca la gama completa de bienestar sexual y reproductivo y autonomía de las mujeres, los hombres y los jóvenes. Un resultado positivo de esta formulación fue un aumento sustancial del gasto internacional en servicios de salud reproductiva que no se limitan a la planificación de la familia, la cual durante mucho tiempo fue la base de políticas y programas de población. A partir de 1986, el gasto anual a escala mundial en la prevención y el tratamiento del VIH y el SIDA fue de aproximadamente mil millones de dólares hasta el comienzo del nuevo milenio, cuando el importe comenzó a aumentar rápidamente y ha llegado ahora a unos 10.000 millones de dólares anuales (9).

En el Hospital de Kivunge, Zanzibar, una familia recibe asesoramiento sobre planificación de la familia.
© Sala Lewis/UNFPA

Ese importe es inferior al necesario, pero a medida que los gobiernos se fueron preocupando por el VIH, el SIDA y otros problemas de salud, y que las tasas de fecundidad en general fueron manteniendo su declinación respecto de los máximos a los que se llegó a mediados del siglo XX, el gasto en planificación de la familia fue disminuyendo sustancialmente. Mientras tanto, la reducción en las tasas de fecundidad registrada en los últimos decenios en la mayoría de los países en desarrollo se ha estancando en algunos países a niveles muy superiores al de reemplazo; y en algunos países desarrollados, entre ellos los Estados Unidos, las tasas de fecundidad en realidad han aumentado. Según las proyecciones demográficas de la División de Población de las Naciones Unidas, en las que actualmente se basan los expertos en desarrollo y los científicos del clima, indican que para 2050 habrá en el planeta entre 8.000 millones y 10.500 millones de personas. Incluso la hipótesis de crecimiento alto adoptada por la División de Población se basa en que continúen las disminuciones en las tasas de fecundidad10. "Ninguna proyección oficial considera las alarmantes implicaciones de una posible disminución en el uso de anticonceptivos a escala mundial, lo cual podría ocurrir si no aumentaran las inversiones en los programas de planificación de la familia", señalan cinco ex directores de programas de población y salud reproductiva en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (11).

La investigación y la experiencia indican que los efectos del cambio climático podrían intensificar el interés de las personas en la planificación de la familia, como lo hicieron en el pasado la escasez de recursos naturales y el estrés económico. Por ejemplo, en Sudáfrica, en el período desde el decenio de 1970 hasta comienzos del de 1990, las dificultades económicas y el agotamiento de las tierras de cultivo alentaron a mayor cantidad de mujeres a utilizar anticonceptivos. "Las mujeres negras asumieron el control de su fecundidad porque se encontraron en circunstancias precarias", explicó Carol Kaufman, investigadora del Population Council, quien estudió la historia del uso de anticonceptivos en Sudáfrica durante ese período. "No deberían desestimarse los efectos del temor y la desesperación económica suscitados por el pensamiento de otro hijo" (12).

Otros ejemplos recogidos en todo el mundo demuestran que las mujeres que tienen acceso a recursos suficientes y a igualdad de oportunidades tienen mayores probabilidades de escoger la planificación de la familia y de tener embarazos más tardíos y en condiciones de mayor seguridad, así como familias más pequeñas, así posibilitadas. Cada año de escolarización completo contribuye a mejorar ese resultado, y lo propio ocurre con el aumento en la supervivencia infantil, que inspira a los progenitores confianza en que sus hijos tendrán vidas más largas que ellos. El aspecto clave es que son las propias mujeres y los propios hombres, y no el gobierno ni ninguna otra institución, quienes adoptan las decisiones sobre procreación que contribuyen a una población humana sostenible desde el punto de vista del medio ambiente. El economista Amartya Sen, laureado con el Premio Nobel, aludiendo la combinación de mujeres dotadas de mayores facultades, acceso a la planificación de la familia y bajas tasas de fecundidad en Kerala, India, escribió "incluso en las partes más pobres del tercer mundo, puede conciliarse la solución del problema de la población con la libertad reproductiva (13)".

[32] Disminuye la financiación para la planificación de la familia

En los últimos años, ha venido aumentando sostenidamente el monto general aportado por los países donantes con destino a todas las actividades relacionadas con la población (las establecidas en el Programa de Acción de la CIPD) en países en desarrollo, pues llegó a 7.400 millones de dólares en 2006 y se estima que en 2007 ha superado 8.000 millones de dólares. Pero como se señaló en el Capítulo 5, la asistencia de los donantes para una de esas actividades—provisión de servicios de planificación de la familia—disminuyó desde 723 millones de dólares en 1995 hasta 338 millones de dólares en 2007. Esa disminución significa que los recursos destinados a la planificación de la familia, considerados como proporción de la financiación total para todas las actividades de población, disminuyó desde un 55% en 1995 hasta un 5% en 2007 (14). Pero persiste la gran necesidad insatisfecha de esos servicios (15). La necesidad insatisfecha se correlaciona fuertemente con la pobreza, y son las mujeres y las parejas más pobres las que menos probabilidades tienen de tener acceso a servicios de planificación de la familia y de estar utilizando anticonceptivos, pese a su intención de evitar el embarazo (16). Después de la formulación del Programa de Acción, la mayor parte del aumento del gasto en planificación de la familia ha ocurrido en un puñado de países en desarrollo de gran magnitud, mientras que en la mayoría de los demás países en desarrollo el gasto ha permanecido relativamente estable, y a niveles bajos (17).

Los bajos niveles de financiación para la planificación de la familia obstaculizan los esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, incluidos los relativos a la igualdad de género, la educación y la sostenibilidad del medio ambiente. Si bien la mitigación del cambio climático y la adaptación a éste no figuran entre esos objetivos, las medidas a nivel comunitario y mundial para abordar el cambio climático y sus efectos tropezarán con mayores dificultades si las tasas de fecundidad son altas a raíz de un deficiente acceso a servicios de planificación voluntaria de la familia. Según lo expresó Thoraya Ahmed Obaid, Directora Ejecutiva del UNFPA, "no hay ninguna inversión en el desarrollo que cueste tan poco y aporte beneficios de tan vasto alcance y tan enorme magnitud (18).

3: Asignar prioridad a la investigación y la recopilación de datos a fin de mejorar la comprensión de la dinámica de población y los asuntos de género en la mitigación del cambio climático y la adaptación a éste

Aun cuando por lo general se considera que los datos sobre población figuran entre los éxitos de las ciencias sociales, su integración en la incipiente ciencia del cambio climático y sus dimensiones humanas sigue siendo deficiente. Esto se aplica no solamente a la influencia del crecimiento de la población sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y sobre la adaptación al cambio climático, sino también a las interacciones con el cambio climático de otros aspectos de la dinámica de la población, entre ellos migración, urbanización y cambiantes estructuras de edades.

En el condado de Pengyang, China, una mujer hierve agua en recipientes calentados por paneles de energía solar.
© Reuters

Además, se necesita un trabajo más a fondo para comprender las interacciones entre cuestiones de género y cambio climático. Hay pocos datos relativos a desastres naturales u otros posibles efectos del cambio climático que hayan sido desagregados por sexo. En la bibliografía sobre desastres suelen cuantificarse, diferenciándolos por sexo, dichos efectos, pero las fuentes originales y fehacientes de cifras y hechos comúnmente citados suelen ser poco definitorias. De manera similar, por lo común las evaluaciones de la representación de las mujeres en las ocupaciones, su nivel de propiedad de la tierra o su utilización de los recursos naturales suelen basarse en una única estimación o extrapolarse de un puñado de estudios de casos locales. Aun cuando actualmente la mitad de la población mundial vive en ciudades o en otras aglomeraciones urbanas, la investigación sobre la mujer y la población en relación con el clima se ha centrado mayormente en la experiencia rural. Podría mejorarse la investigación si hubiera una mayor participación de las mujeres y de los propios grupos marginados. Esta idea, formulada por las mujeres que participaban en una conferencia sobre el cambio climático y las cuestiones de género celebrada en Dakar en 2008, podría arrojar luz sobre las diferencias entre el consumo generado por hombres y por mujeres, preparando el camino para comprender mejor las conexiones de género con la mitigación del cambio climático (19). La cartografía relativa a cuestiones de género, población y cambio climático puede variar en su grado de adelanto tecnológico, desde el uso de programas electrónicos de GIS, Geographic Information Systems (Sistemas de información geográfica) hasta simples evaluaciones preliminares rápidas, basadas en los conocimientos y la experiencia de los miembros de los vecindarios y comunidades locales. Las propuestas de todo tipo relacionadas con el clima, desde iniciativas comunitarias hasta la labor de la CMNUCC, podrían beneficiarse con "evaluaciones preliminares de los efectos sobre cuestiones de género" que consideran los diferentes efectos sobre las mujeres y los hombres. Es preciso analizar a fondo, desde una perspectiva de género, los presupuestos y el gasto de los fondos para el clima administrados por el Banco Mundial y otras entidades.
Parte del problema es la cuestión del aumento de las inversiones, pero gran parte es la necesidad de voluntad política y también es preciso que los investigadores, los recopiladores de datos y quienes formulan programas adquieran mayor sensibilidad a la importancia de los temas de población y de género.

En 2010, muchos países realizarán censos, los cuales ofrecerán oportunidad de recopilar datos acerca de personas y hogares. Esos datos pueden contribuir a conformar las políticas encaminadas a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y a adaptar la asistencia a los efectos del cambio climático. En condiciones ideales, los especialistas en cambio climático estarían involucrados en el diseño de los censos nacionales. Los productos de esos censos podrían servir de base a futuros proyectos relativos a las emisiones de gases de efecto invernadero y a los efectos del cambio climático, así como a la formulación de políticas y la planificación con fines de mitigación y adaptación.

4: Mejorar la desagregación por sexo de los datos relativos a corrientes migratorias suscitadas por factores medioambientales y prepararse desde ahora para los aumentos en los desplazamientos de población resultantes del cambio climático

Los factores medioambientales que inducen a las personas a marcharse en búsqueda de un nuevo lugar de residencia pueden estar relacionados con causas distintas del cambio climático y éste puede ser sólo una parte de la causa de un determinado movimiento de personas. Es necesario ampliar mucho más la investigación sobre las razones que empujan a migrar, las cuales diferirán de un lugar a otro, según los aspectos específicos de la cultura y las circunstancias.

Para la creación de conciencia y las intervenciones proactivas se requiere una mejor comprensión de los vínculos entre el movimiento de personas y los diversos factores medioambientales. Es necesario contar con métodos innovadores de investigación y con enfoques multidisciplinarios, a fin de generar estimaciones cuantitativas y pronósticos fiables de las poblaciones afectadas, además de determinar países donde la situación es "candente" para brindarles asistencia especial. Es imprescindible que en el proceso de investigación participen muchos interesados directos; y es igualmente importante realzar la capacidad de recopilación de datos de los países que más probablemente serán afectados por la migración medioambiental. Así podría asegurarse que tengan una investigación adecuada sobre la cual basar sus políticas y programas.

Dado que las mujeres y los hombres tal vez se desplacen por diferentes razones y enfrenten diferentes situaciones en cuanto a la migración—diferencias en los medios de vida, los recursos, las oportunidades y las vulnerabilidades—, las consideraciones de género tienen importancia máxima al formular políticas relativas a la migración.

En el aspecto operacional, también es importante fomentar la capacidad de los gobiernos y otros interesados directos pertinentes de responder a los desafíos que presenta la intersección de cambio climático, medio ambiente y migración. Para abordar esos desafíos es preciso adoptar un enfoque operacional integral que abarque todos los tipos de movimientos de población provocados por el medio ambiente. La primera medida es fortalecer la respuesta humanitaria a fin de proporcionar asistencia y protección eficaces a las poblaciones desplazadas por un desastre.

Es necesario que las instituciones de asistencia humanitaria y desarrollo sean sensibles a las dificultades que crean los desplazamientos en materia de derechos humanos. Según las proyecciones, el cambio climático ha de afectar a las personas más vulnerables de la sociedad: hogares cuyo jefe es una mujer, niños, minorías marginadas, poblaciones indígenas, personas con discapacidad, enfermos, ancianos y personas pobres. En las hipótesis sobre el desplazamiento esta vulnerabilidad asumirá la forma de desigual acceso a alimentos, agua, albergue, atención médica, educación, transportes y otras necesidades básicas. Al formular programas que respondan a los efectos humanitarios y sociales del cambio climático, es imprescindible adoptar estrategias sensibles a las cuestiones de género y defender los derechos humanos de los afectados. Las políticas de migración y reasentamiento deberían tener en cuenta las condiciones de género, de modo que dichas políticas tengan efectos positivos tanto sobre las mujeres como sobre los hombres.

También es importante no limitarse al socorro humanitario y avanzar hacia medidas más proactivas, intensificando los esfuerzos para integrar la reducción del riesgo de desastres, incluidas preparación, alerta temprana y prevención, en las actividades operacionales a realizar en las zonas propensas a desastres. Tras la etapa de emergencia, también debería tratarse de asegurar una eficaz recuperación. Quienes obran sobre el terreno deberían volcar rápidamente sus acciones a encontrar soluciones durables para las poblaciones desplazadas y, posiblemente facilitar su regreso voluntario. Pueden utilizarse programas de estabilización de las comunidades en apoyo de ese objetivo y para vincular las medidas de recuperación con las de desarrollo sostenible proporcionando a las familias afectadas la oportunidad de involucrarse en actividades productivas. También es necesario asegurar una mejor gestión y planificación para las corrientes de población provocadas por el medio ambiente, lo cual podría incluir también incorporar esos movimientos en la planificación urbana.

Los países con una mayor responsabilidad histórica por sobrecargar la atmósfera con gases que atrapan el calor también son los que tienen mayor obligación de ayudar y, en verdad, de dar lugar a las personas que quedan en la indigencia a consecuencia del cambio atmosférico mundial con respecto al cual ellas mismas tienen escasa responsabilidad.

Al negociar las responsabilidades y capacidades en relación con la CMNUCC, los gobiernos deberían considerar la posibilidad de establecer obligaciones de abordar la migración o el desplazamiento forzado de personas a raíz de la elevación del nivel del mar u otras condiciones del medio ambiente claramente vinculadas con el cambio climático. Los países con una mayor responsabilidad histórica por sobrecargar la atmósfera con gases que atrapan el calor también son los que tienen mayor obligación de ayudar y, en verdad, de dar lugar a las personas que quedan en la indigencia a consecuencia del cambio atmosférico mundial con respecto al cual ellas mismas tienen escasa responsabilidad. Cuando es posible regresar a zonas donde el medio ambiente está degradado, la migración circular que contribuye al desarrollo de los países de origen puede integrarse en las medidas de adaptación financiadas por nuevos mecanismos de financiación que surgen con este propósito. La propia mitigación debería considerarse como un mecanismo de adaptación y debería reconocerse que la capacidad de migrar y de recibir e integrar a los migrantes son importantes aspectos de la resiliencia al cambio climático.

Todo lo dicho sólo será posible si se entabla una colaboración y coordinación a escala regional, internacional y mundial, que abarque no sólo todos los países, sino también todas las disciplinas, y se incorporan las ciencias del clima, la geografía, los estudios sobre migración y desarrollo y los aspectos de salud. También tendrá importancia crítica la colaboración entre gobiernos, organizaciones internacionales, entidades de la sociedad civil, comunidades locales y entidades del sector privado.

Los censos que muchos países realizarán en 2010 deberían recoger información que posibilite tener idea de la medida en que las personas ya han migrado en respuesta a factores del medio ambiente o del cambio climático, de modo de poder formular mejores proyecciones de los movimientos de población. Si los responsables políticos, los gobiernos y las organizaciones internacionales cuentan con información completa y fidedigna, pueden así ayudar a prever las migraciones, como parte de la adaptación al cambio climático.

5: Integrar las consideraciones de género en las actividades mundiales para mitigar el cambio climático y adaptarse a éste

En las declaraciones sobre derechos humanos y en otros acuerdos anteriores a la actual focalización mundial en el cambio climático, se establecieron mandatos para que los gobiernos y otras instituciones tengan en cuenta las circunstancias en que se encuentran las mujeres y las relaciones de género (20). El Programa de Acción de la CIPD colocó la salud sexual y reproductiva en el centro de las acciones en pro de la igualdad entre mujeres y hombres y la dignidad y las capacidades de las mujeres en tanto seres humanos. La Plataforma de Acción acordada en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que se celebró en Beijing en 1995, exhortó a incorporar las cuestiones de género en las actividades de desarrollo y de interés humano, lo cual en general requiere una fundamental consideración de los diferentes efectos de políticas y programas sobre mujeres y hombres, como norma y no como excepción. La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, que entró en vigor en 1981, compromete a los países que la rectifican a adecuar su legislación y sus sistemas jurídicos a los imperativos de igualdad de género y a eliminar todas las distinciones, exclusiones o restricciones basadas en el sexo.

La cumbre sobre cambio climático a celebrarse en Copenhague en 2009 y los procesos que la seguirán ofrecen oportunidades de incorporar las consideraciones de género en este debate mundial de importancia crítica. La integración de cuestiones de género debería comenzar con la participación de mujeres, junto con hombres y expertos en asuntos de género, en las delegaciones nacionales y en las propias negociaciones. Además, sería necesario incorporar también las consideraciones de género en la investigación relacionada con el clima acerca de medios de vida, utilización de recursos, vulnerabilidad y efectos del cambio climático. Los desastres naturales, que probablemente han de aumentar a medida que vaya cambiando el clima mundial, señalan una apremiante y urgente necesidad de comprender de qué manera las cuestiones de género afectan las respuestas de la gente a las crisis. Pero el momento de comprender es mucho antes de que ocurra un desastre. El concepto de reducción del riesgo de desastres se basa en el reconocimiento de que los desastres han de ocurrir, pero que las sociedades comprometidas y bien informadas pueden prever tales desastres y sus efectos y, por consiguiente, minimizar las pérdidas de vidas y de bienes y acelerar las acciones de recuperación. En esta labor, tiene importancia crítica considerar los tipos de diferencias de género que tornan a las mujeres desproporcionadamente vulnerables a los desastres y que a veces discriminan contra ellas en los procesos de recuperación. Las mujeres y los niños deben ser visibles para quienes respondan a los desastres, de manera de asegurar el éxito de la recuperación posterior; además las mujeres y los niños deben tener voz en la formulación de planes de reducción del riesgo de desastres.

Ninguna de las medidas indicadas ha de adoptarse de manera separada de las acciones sociales más amplias encaminadas a lograr la igualdad entre hombres y mujeres. Es críticamente necesario adoptar medidas para acrecentar la propiedad de tierras por las mujeres y su control legalmente asegurado de los recursos naturales de importancia crítica de los que dependen los medios de vida de muchas mujeres. Al garantizar la igual protección ante la ley, las oportunidades de participar en el sector económico estructurado (formal) y el acceso a los servicios de salud reproductiva no sólo se fomenta la igualdad entre hombres y mujeres, sino que se contribuye además a la resiliencia de las sociedades frente a todos los tipos de cambios rápidos, entre los cuales tal vez el cambio climático sea el más peligroso.

Todavía hay tiempo para que los negociadores que han de reunirse en Copenhague piensen creativamente acerca de las cuestiones de población, salud reproductiva e igualdad entre hombres y mujeres, así como en la manera en que esas cuestiones pueden contribuir a un mundo justo y sostenible desde la perspectiva del medio ambiente. Esos vínculos pueden, en verdad, ofrecer un ámbito en que el ejercicio universal de los derechos humanos nos ayude a resolver lo que parecería hoy una dificultad casi insuperable: ordenar los cambios antropogénicos y mejorar las vidas y los medios de vida de los seres humanos a medida que vayan ocurriendo los cambios climáticos (21).

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