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State of World Population 2009

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5 Movilización en pro del cambio

"Las mujeres son importantes participantes en las tareas para asegurar la capacidad de sus comunidades a fin de hacer frente al cambio climático y adaptarse a él. Pueden ser eficaces agentes de cambio y a menudo es a ellas a quienes se recurre en tiempos de necesidad, pues pueden desempeñar un papel en situaciones de crisis."
—Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1)
 
En una comunidad propensa a las inundaciones en Gaibandha, Bangladesh, varias mujeres se reúnen una vez por semana para intercambiar ideas acerca de cómo adaptarse a las condiciones cada vez peores del clima y a la elevación del nivel del mar.
© GMB Akash/Panos Pictures

En su trabajo con comunidades agrícolas a lo largo de la costa de Bangladesh sudoccidental asolada por inundaciones , la organización de asistencia humanitaria CARE ha maximizado el número de mujeres que emplea, ha capacitado a todo su personal en relación a cuestiones de género y ha asignado prioridad a la colaboración con hogares que tienen por jefa a una mujer. Hace algún tiempo, las agricultoras se lamentaron de que sus pollos, una fuente redituable de medios de vida cuando hace buen tiempo, estaban ahogándose cuando se inundaban las tierras en la estación de los monzones. Las agricultoras y la organización no gubernamental formularon una estrategia que resolvió eficazmente el problema: dejar de criar pollos, para criar patos (2).

Esta estrategia podría servir como epigrama respecto de una de las tareas esenciales que enfrenta todo el mundo: ajustarse a los cambios que se avecinan, y prosperar con ellos. A fin de realizar exitosamente esta tarea será necesario movilizar la opinión pública y la voluntad política para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. Las mujeres, tanto en países pobres como en países ricos, están trabajando cada vez más, o bien directamente en relación con el cambio climático, o en plataformas mundiales, o en sus propias comunidades, o están luchando y formulando estrategias para superar el deterioro de las condiciones del medio ambiente. Con frecuencia, los hombres están involucrados junto a las mujeres en impulsar esas tareas. Quienes trabajan en cuestiones relativas al cambio climático y quienes trabajan en asuntos de salud reproductiva y derechos reproductivos tienen mucho en común y mucho que aprender los unos de los otros. Parafraseando a la laureada con el Premio Nobel de la Paz Wangari Maathai, de Kenya, es poco probable que haya equidad en lo tocante al clima si no hay equidad en cuestiones de género. Como lo afirmaron los gobiernos del mundo en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), es poco probable que haya equidad en cuestiones de género a menos que todas las mujeres, todos los hombres y todos los jóvenes tengan acceso a una gama completa de servicios de salud reproductiva, desde la planificación voluntaria de la familia hasta la maternidad sin riesgo y la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

[26] Wangari Maathai: Las mujeres tienen la clave del futuro del clima

© Mainichi Corporation

"Cuando comenzamos [a plantar árboles] no estábamos pensando en el cambio climático", dice Wangari Maathai, laureada con el Premio Nobel de la Paz y fundadora del Movimiento del Cinturón Verde, "pero ahora resulta que ese trabajo también es extremadamente importante como manera de abordar dicha cuestión".

A mediados del decenio de 1970, Maathai se asoció con campesinas (y algunos hombres) de Kenya a fin de rejuvenecer el medio ambiente plantando árboles—hasta la fecha, más de 40 millones (el Movimiento del Cinturón Verde también ha apoyado actividades comunitarias para plantar árboles en otros países africanos, así como en Haití). A medida que el paisaje se va transformando, lo propio ocurre con las vidas y las mentalidades.

Actualmente, el Movimiento del Cinturón Verde está considerando la posibilidad de concertar acuerdos con el Banco Mundial para plantar árboles, como manera de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyan al cambio climático. "Aspiramos a familiarizarnos con las técnicas", dice Maathai. "Los créditos de carbono y el trueque de carbono ofrecen una nueva oportunidad para que el Movimiento del Cinturón Verde haga lo que ha hecho siempre, pero ahora en asociación con organizaciones y gobiernos que han comenzado a abordar la cuestión del cambio climático".

La mayor preocupación de Maathai en relación con el calentamiento mundial es que las regiones y comunidades pobres no podrán adaptarse con suficiente rapidez, debido en parte a que carecen del capital para sufragar tecnologías más eficientes y respetuosas del medio ambiente. Pregunta: ¿qué harán los gobiernos de África o de otros continentes si, por ejemplo, se eleva el nivel del mar y la gente se desplaza en grandes cantidades desde las zonas costeras hacia el interior de los países? ¿Qué ocurrirá en África si la desertificación se extiende tanto que grandes cantidades de personas deberán desplazarse hacia zonas donde los pastizales son más verdes?".

En el lecho de un lago desecado, cerca de Hyderabad, varias mujeres cultivan especies de plantas adaptables al cambio climático, como parte de un proyecto nacional de empleo rural que beneficiará al medio ambiente de la India.
© Reuters

¿Por qué no hay hasta la fecha mayor cantidad de mujeres participando en las negociaciones sobre calentamiento mundial y en la formulación de políticas al respecto? Maathai responde que el cambio climático es "un tema basado en la ciencia" y que la persistencia de las inequidades de género en cuanto al acceso de la mujer a la educación es la razón principal. Si las mujeres "no están recibiendo suficiente educación, si no están bien representadas en puestos ejecutivos, esto se reflejará en la mesa de negociaciones", dice.

Maathai considera que es imprescindible incluir las cuestiones de género cuando se formulan y aplican políticas relativas al clima. Afirma: "Es muy obvio: cuando hablamos de reducir las emisiones debidas a la deforestación y la degradación del medio ambiente, debemos focalizarnos en las mujeres y debemos focalizarnos en las comunidades, particularmente en las que viven cerca de los bosques", asegurando que comprendan los efectos del cambio climático y las repercusiones de éste en sus medios de vida. A juicio de Maathai, esa inclusión también es imprescindible para cambiar a nivel de las comunidades de base los comportamientos que pueden crear resiliencia frente al calentamiento mundial, como reducir el desbroce y la tala de bosques o la degradación del medio ambiente y mejorar las prácticas agrícolas. "Ése es uno de los niveles" dice Maathai. "El otro es el nivel de adopción de decisiones, en el que es preciso asignar recursos a fin de asegurar que esas mujeres y esas comunidades estén educadas, involucradas y orientadas a fin de obrar correctamente".

La línea del frente del cambio climático

Las mujeres de todo el mundo tienden a estar más involucradas en la gestión de la energía dentro del hogar, mientras que los hombres se ocupan de la gestión de la energía a nivel de las ciudades y los países. Los hombres suelen reivindicar la tecnología como ámbito propio. Por ejemplo, a comienzos del decenio de 1990, las cocinas solares (que utilizaban espejos para concentrar la energía del sol y así calentar los alimentos) no cundieron en Zimbabwe, debido en gran parte a que los hombres objetaban que las mujeres aprendieran a manejar nuevos dispositivos que ellos desconocían; por ende, en ejercicio de sus facultades como jefes de hogar, los hombres se negaron a comprar las nuevas cocinas (3).

No obstante, las mujeres superan obstáculos de ese tipo a diario, especialmente cuando colaboran entre sí—y a veces también colaborando con hombres al igual que con mujeres—para alcanzar objetivos compartidos. Las mujeres suelen devolver con mucha mayor frecuencia que los hombres los préstamos para actividades empresariales en pequeña escala; esto es la base de una industria mundial de microfinanciación de iniciativas de mujeres. La idea de microfinanciación se inició en Bangladesh con el Banco Grameen y es ahora una importante parte del enfoque de los préstamos en el Banco Mundial y en otras instituciones financieras multilaterales.

En la India, una organización, la Asociación de Mujeres que Trabajan por Cuenta Propia, tiene 500.000 miembros solamente en la parte occidental del estado de Gujarat. Su banco se enorgullece de tener 350.000 cuentas de depósito y la tasa de devolución de sus préstamos ha llegado a ser de hasta 97%. "No tenemos ningún problema de liquidez", dijo a un reportero la gerenta del banco, Yayshree Vyas. "Las mujeres ahorran" (4).

Hay discrepancias de género en muchas culturas, pero al menos las relativas a la gestión de la energía y la tecnología se hacen menos agudas a medida que van aumentando los niveles de ingreso gracias al desarrollo, y a medida que las mujeres se van transformandi en consumidoras en masa y, a menudo,  administradoras de empresas (5). Al hacer esta transición, las mujeres llevan consigo perspectivas originadas en gran medida en sus funciones de procreación y de encargadas primordiales de cuidar a las nuevas generaciones. Aun cuando se debaten acaloradamente las discrepancias de género, en los últimos años hubo interesantes pruebas objetivas acerca del beneficio práctico de involucrar más plenamente a las mujeres en las empresas, a todos los niveles. La cuestión no es si los más ingeniosos son las mujeres o los hombres; sólo si aportan al debate diferentes perspectivas, contribuciones y calidades.

"Primeramente, pensamos que sería una pérdida de tiempo, porque las mujeres no sabrían como dirigir una aldea", dijo en 2002 un concejal de una aldea de Tanzanía cuando se le preguntó acerca de recientes cambios jurídicos que habían incorporado mujeres a su concejo municipal. "Pero después nos asombramos; en el concejo, las mujeres abordan las cuestiones de manera diferente y aportan ideas que a ninguno de nosotros se nos habrían ocurrido. Ahora, no querríamos perder las contribuciones de las mujeres (6)".

En la India, las mujeres que venden cocinas sin humo convencieron a las clientas al colocar artesanías especiales en cada unidad (7). En el mundo desarrollado, un estudio realizado en 2007 en Dinamarca comprobó que las compañías donde había aproximadamente una igual proporción de mujeres eran sustancialmente más innovadoras y tenían mejor desempeño en cuanto a desarrollar nuevos productos y servicios que las compañías donde no había ese equilibrio de género (8).

Las mujeres, los hombres y la gestión del riesgo

Hay gran cantidad de investigaciones que fundamentan la afirmación de que, en términos generales, los hombres y las mujeres abordan de manera diferente los riesgos financieros y de otra índole: los hombres tienen probabilidades algo mayores de aceptar grandes riesgos cuando las ganancias son posiblemente grandes, mientras que las mujeres tienden a evitar los riesgos extremos y a aceptar riesgos menores, aun cuando los beneficios sean más modestos (9). Por ejemplo, un estudio realizado en Francia llegó a la conclusión de que las compañías que superaron más exitosamente la crisis financiera mundial de 2008 habían sido las que tenían una más alta proporción de mujeres en puestos de gestión (10). Las mujeres ejecutivas abordaban el riesgo con criterios más prudentes, con lo cual contribuían a evitar las grandes pérdidas sufridas por sus homólogos masculinos.

Los diferentes enfoques del riesgo por parte de hombres y mujeres en general, ¿podrían también aplicarse concretamente al cambio climático?

En los últimos años hubo un pronunciado aumento del número de empresas de mujeres en países tanto desarrollados como en desarrollo. Y gran parte de ese aumento se produjo en respuesta o bien a la necesidad de limitar los riesgos del cambio climático, o bien a la necesidad de adaptarse a las dificultades suscitadas, al menos en parte, por el cambiante clima. En Malawi, las agricultoras se están congregando en "clubes de agricultoras" para intercambiar información actualizada acerca de semillas y técnicas de cultivo aptas para suelos deficientes y precipitaciones irregulares (11). En las zonas periurbanas de Malí, forman asociaciones y aúnan recursos a fin de adquirir o arrendar pequeñas parcelas para cultivos hortícolas (12).

En Bangladesh, algunas de las mujeres más pobres y más marginadas que viven en las riberas de los ríos se adaptaron a las circunstancias construyendo viviendas transitorias y obteniendo recursos mediante cultivos en chars, islotes creados por el cieno que acarrea el río, sobre los que no hay título de propiedad, que aparecen y desaparecen rápidamente cuando cambian los niveles del agua. Tal vez esas mujeres, que son probablemente las habitantes más vulnerables de ese país amenazado por el clima, demostraron el valor de los conocimientos tradicionales al hacer frente a un ámbito cambiante, con escaso o ningún apoyo de sus sociedades (13).

En las zonas occidental y central de Nepal, las campesinas están actuando en otra dirección: hacia la tecnología. Utilizan videocintas que puedan enseñarles de qué manera comunicar eficazmente sus necesidades de adaptación. Después de las mortíferas inundaciones causadas por los monzones en 2007, la organización no gubernamental británica ActionAid, e investigadores de la Universidad de Sussex, visitaron a comunidades que carecen de servicios básicos y luchan por mantener sus medios de vida agrícolas pese a los cambios en el régimen de monzones y otras pautas meteorológicas. Los funcionarios de ActionAid y los investigadores trataron principalmente con las mujeres (debido a que los hombres, en su mayoría, habían emigrado de la zona en busca de trabajo) y ayudaron a las comunidades a asignar prioridad a sus necesidades. Pronto surgió la idea de utilizar videocámaras para ayudar a las mujeres a dramatizar sus circunstancias y necesidades y visualizar eficazmente de qué maneras podían solicitar a los funcionarios gubernamentales locales los recursos necesarios para mejorar sus vidas. Según las evaluaciones efectuadas por las organizaciones británicas, esas actividades no sólo ampliaron los medios de acción de las mujeres en los distritos, sino que también las ayudaron a no limitarse a la adaptación y tratar de influir en las políticas de sus comunidades y en ámbitos mayores (14).

El apoyo de políticas, las mujeres y el cambio climático

Después de años de asignar muy poca presencia a las mujeres en cuestiones de cambio climático, los responsables políticos internacionales parecerían estar reconociendo cada vez más la influencia de las cuestiones de género y superando los obstáculos que contrarrestan las acciones emprendidas por las mujeres con fines de mitigación y adaptación. La secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha renovado su compromiso de incorporar las cuestiones de género en sus deliberaciones y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial se ha comprometido ahora a evaluar los efectos de sus inversiones sobre las mujeres.

[27] Monique Barbut: aprovechar el sentido común de las mujeres

En la lucha mundial contra el cambio climático, dice Monique Barbut "hay un arma ponderosa que nunca se ha empleado adecuadamente: el sentido común que las mujeres, en su mayoría, poseen".

Barbut sabe de qué está hablando. En su condición de Directora del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), Barbut ha aportado su característico sentido común a una institución que es ahora la mayor fuente de asistencia financiera para proteger el medio ambiente mundial. Desde ese cargo, Barbut está tratando de asegurar que las mujeres desempeñen un mayor papel en las acciones para mitigar el cambio climático y adaptarse a él.

© Global Environment Facility

Con el apoyo de países donantes, a partir de 1991, el FMAM ha apalancado más de 40.000 millones de dólares destinados a financiar proyectos para el medio ambiente en el mundo en desarrollo. Pero en el momento en que Barbut ocupó su cargo en 2006, el FMAM se había expandido y había llegado a constituir una burocracia inmanejable, donde el trámite de los proyectos solía insumir 66 meses desde su formulación hasta su ejecución. Barbut se propuso remediar esa lentitud y lo logró: actualmente, el proceso insume sólo 22 meses. La transformación no fue fácil, dice. "Cuando se habla de introducir reformas, todo el mundo las aplaude. Pero cuando llega el momento de ponerlas en marcha, todo el mundo las ataca enconadamente".

Barbut atribuye su éxito a un cierto grado de intrepidez, adquirida a lo largo de años de trabajo en esferas de dominio masculino: finanzas y desarrollo. Tras completar sus estudios de economía, Barbut comenzó su carrera en Francia, en el banco de desarrollo económico, la Caisse centrale de coopération économique; se trasladó después al organismo de asistencia exterior, Agence française de développement, y posteriormente, al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Al trabajar junto a hombres, Barbut adquirió una apreciación de las particulares contribuciones que las mujeres aportan a las tareas; entre ellas, el pragmatismo. "Las mujeres son muy concretas, muy pragmáticas: avanzan rápidamente hacia las soluciones, mientras que los hombres se toman más tiempo para ir debatiendo las cuestiones", dice Barbut. Otra cualidad es la mirada hacia el futuro: la experiencia de ser madres, a juicio de Barbut, dota a las mujeres de un especial interés en el futuro.

El pragmatismo y la mirada hacia el futuro propios de las mujeres son cualidades muy necesarias cuando se aborda el cambio climático. Al mismo tiempo, las mujeres de países en desarrollo, que viven cerca de la naturaleza, suelen encargarse de la custodia de conocimientos ancestrales que pueden ser fuente de soluciones a los problemas del clima. "No todo lo que se utilice ha de ser tecnología de avanzada para ser eficaz", dice Barbut.

A fin de involucrar más estrechamente a las mujeres en las acciones para abordar el cambio climático y otros problemas del medio ambiente, Barbut está tratando de incorporar una perspectiva de género en toda la labor del FMAM. Entérminos prácticos, esto significa analizar las necesidades de las mujeres y los hombres, de modo de asegurar que las mujeres se beneficien equitativamente de las inversiones del FMAM. También significa involucrar a las mujeres—sistemáticamente—a lo largo de toda la vida de un proyecto. Dice Barbut: "No se trata solamente de celebrar una reunión de interesados directos en el primer día de un proyecto, a lo que se invita a cinco mujeres, para después olvidarlas".

Los mejores proyectos abordan problemas del medio ambiente, y al mismo tiempo, mejoran pronunciadamente las vidas de las mujeres y las niñas. Por ejemplo, las inversiones en transportes públicos son importantes—no solamente pare reducir las emisiones de los vehículos—sino también para conectar a las mujeres con oportunidades educacionales, comerciales y políticas. En muchos países en desarrollo, donde no se enseña a las mujeres a conducir vehículos, "si uno quiere ser parte de la sociedad, es necesario contar con el medio de transporte adecuado", dice Barbut. De manera similar, al introducir células fotovoltaicas en zonas no conectadas con la red de distribución de energía eléctrica, se puede liberar el tiempo de las mujeres y conectarlas con el mundo en general, y estos son beneficios que, a juicio de Barbut, "exceden con mucho los de tener luz y electricidad".

A juicio de Barbut, las mujeres tienen mucho que contribuir a la solución de los problemas del cambio climático y otros problemas del medio ambiente; no obstante, ella misma pasó a interesarse en esta esfera por accidente: cuando se le encomendó que representara al Gobierno de Francia en una conferencia internacional sobre el medio ambiente, Barbut pensó que su experiencia práctica en finanzas podía aportar una contribución necesaria a ese tema. Pero sus colegas estaban perplejos: en aquel momento, no era propicio para la carrera de un funcionario de finanzas decir "quiero ocuparme de los problemas del medio ambiente".

Barbut exhorta a las demás mujeres a que aporten su experiencia, sus conocimientos especializados y su sabiduría a combatir el cambio climático. Aun cuando las mujeres están apareciendo en mayores cantidades en las negociaciones sobre el clima y en otros foros, "esas cantidades no se trasuntan en mayor gravitación", dice Barbut; la conversación sigue dominada por los hombres. Su consejo a las mujeres activistas del clima es: "No deberíamos titubear en plantear cuestiones de sentido común, aun cuando no parezcan muy inteligentes. Es mucho más importante mantener los pies sobre la tierra".

Tanto la ciencia como la política del cambio climático han estado desde hace largo tiempo y siguen estando dominadas por los hombres. Sólo un 16% de los científicos que contribuyen a la labor del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático son mujeres, entre ellas Susan Solomon, de los Estados Unidos, Copresidenta del Grupo de Trabajo I, que se ocupa de la ciencia del cambio climático y es uno de tres grupos de trabajo. Por otra parte, la presencia de las mujeres en las delegaciones gubernamentales que participan en las negociaciones sobre el clima, no es más prominente que como contribuyentes a la labor del Grupo Intergubernamental, pues las proporciones varían del 8% al 18%. El porcentaje de mujeres en las mesas de negociación de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático parecería estar mejorando ligeramente. Según la organización no gubernamental GenderCC, en el decenio de 1990 esa proporción fue del 15% al 23%, y en los últimos años ha llegado a aproximadamente un 28%.

En verdad, esas proporciones no son muy diferentes de las de mujeres en puestos ejecutivos clave en todo el mundo. De 150 líderes nacionales electos de países de todo el mundo, sólo un 7% son mujeres (15). En las asambleas nacionales, las mujeres ocupan solamente un 18,4% de los escaños y sólo en 22 países ocupan más del 30%. El progreso es tangible, pero es lento. De mantenerse el ritmo actual de aumeto, se calcula que en la mayoría de los países en desarrollo, recién en 2045 se ha de alcanzar un punto en que ninguno de los dos sexos ocupe más del 60% de los escaños parlamentarios (16).

En algunos casos, el mayor progreso en la participación de las mujeres en negociaciones sobre el clima se registra en países en desarrollo. Bernaditas Muller es la principal negociadora de Filipinas y coordina las delegaciones del Grupo de los 77 y China que participan en las negociaciones sobre el clima en las Naciones Unidas.

[28] Bernaditas Muller: es preciso facultar a las mujeres

La negociadora en asuntos de clima Bernaditas Muller está acostumbrada a que en las negociaciones haya mayor cantidad de hombres. Muller, diplomática de carrera, actualmente se desempeña como principal negociadora en representación de Filipinas, y como coordinadora de las delegaciones del Grupo de los 77 países en desarrollo (integrado actualmente por más de 77 países) y China. Pero Muller no considera que el género sea una limitación en el mundo, predominantemente masculino, de las negociaciones sobre el clima. Dice que sus colegas negociadores "en todo caso, son más corteses debido a que soy una mujer".

© Climate Change Coordination Centre

La gran división con respecto al cambio climático, dice Muller, es la existente entre países ricos del Norte y países en desarrollo del Sur. Afirma que los países ricos no han satisfecho sus compromisos jurídicamente vinculantes de aportar recursos financieros y transferir tecnología a los países en desarrollo. Además, cuando proporcionan recursos, los países ricos lo consideran "asistencia para el desarrollo", supeditada a muchas condiciones.

El hecho de no haber dado cumplimiento a esos compromisos es sintomático de una falta general de disposición a aceptar responsabilidad por el cambio climático, dice Muller. Afirma que hasta 2004, un 75% de los gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera por encima de los niveles naturales fueron emitidos por países desarrollados, los cuales poseen sólo un 20% de la población mundial. Entonces, a lo largo de la historia, el 80% de la población que vive en países en desarrollo ha aportado sólo una cuarta parte de todas las emisiones. Esa responsabilidad distorsionada en la creación de los problemas significa que los países, tanto desarrollados como en desarrollo, tienen diferentes responsabilidades en lo concerniente a resolver dicho problema.

Muller afirma que, fundamentalmente, se trata de reducir el consumo y cambiar los géneros de vida insostenibles, responsabilidad ésta que incumbe mayormente a los países desarrollados. "Es preciso armarse de valor y adoptar decisiones difíciles", dice. Esto significa, por ejemplo, construir ciudades en torno a sistemas viables de transportes públicos, con escuelas y tiendas en los barrios. También significa reconsiderar lo que compramos, vestimos y comemos. "¿Necesitamos realmente comer fresas en invierno?".

La importancia de cambiar los estilos de vida apunta a una función fundamental de la mujer, dice Muller, debido a que—a gusto o a disgusto—las mujeres suelen ser responsables de las tareas domésticas. (Muller se apresura a hacer constar que su esposo, quien es aficionado a cocinar pasteles, cuestiona el estereotipo de la división del trabajo por razones de género). En los países ricos, las mujeres tienen un sustancial poder para reducir la huella de carbono de sus familias y sus efectos sobre el medio ambiente. Al mismo tiempo, en los países en desarrollo, las mujeres tienen poder para rechazar las pautas de consumo que imitan las de países más ricos, y pueden idear sus propias alternativas. Y en todas partes, las mujeres tienen poder para enseñar a la nueva generación la importancia de la sostenibilidad.

Muller dice que, para lograr un desarrollo sostenido, "es preciso facultar a las mujeres".

[29] Canadá y China cooperan para involucrar a las mujeres

El Organismo Canadiense de Desarrollo Internacional (CIDA) está colaborando con el Gobierno de China para reducir las emisiones de carbono en las industrias de producción de papel y pulpa, fertilizante y plásticos en China, pero incorporando la perspectiva de género en la labor. El Proyecto de cooperación Canadá-China para una producción menos contaminante, financiado por conducto del Fondo de Desarrollo para el Cambio Climático, del Canadá, se propone lograr una participación de mujeres en el proyecto de al menos 30% y ampliar apreciablemente la representación femenina entre ejecutivos, técnicos y trabajadores de las respectivas industrias. Su labor se fundamenta en la investigación básica desagregada por sexo y las sesiones de concienciación sobre la igualdad de género están diseñadas para desarrollar el análisis de género de los participantes e incorporarlo en las actividades de los proyectos. Las mujeres recibieron capacitación en mejora de procesos, prácticas de auditoría, vigilancia del equipo y utilización de computadoras. Un objetivo fundamental es acrecentar los conocimientos, las capacidades, la autoconfianza y la motivación de las mujeres para abordar la cuestión del cambio climático. Las mujeres han respondido con tanto entusiasmo a los objetivos del proyecto, que han emprendido sus propias iniciativas medioambientales en paralelo con su trabajo (17).

No obstante, un intenso involucramiento o una fuerte participación de las mujeres sigue siendo excepcional en la esfera del cambio climático y podría continuar siendo la excepción a menos que los gobiernos y los públicos a cuyo servicio están asuman compromisos más fuertes. En verdad, dada la universalidad de la cuestión y los desafíos que plantea, la ciencia y la formulación de políticas en relación con el cambio climático se beneficiarán no sólo con la diversidad de género, sino también con la diversidad de edades e ingresos y la inclusión de poblaciones indígenas.

Las mujeres y la sociedad civil: lecciones para el cambio climático

La historia de las negociaciones sobre medio ambiente, población y desarrollo, externas a la esfera del cambio climático, demuestra que la participación de las mujeres puede ser sustancial e influir sobre los resultados. En los dos últimos decenios, en particular, se ha presenciado una expansión de grandes proporciones en la "sociedad civil mundial": redes internacionales de activistas que tratan de proteger el medio ambiente, asegurar la vigencia de los derechos de la mujer, y promover el desarrollo sostenible y otras metas. Impulsados por la nueva conciencia de que esas cuestiones transcienden las fronteras nacionales, y por la difusión de tecnologías de la comunicación a bajo costo y la facilidad para viajar, la sociedad civil mundial desempeñó un papel sustancial en las principales conferencias de las Naciones Unidas celebrada en el decenio de 1990, especialmente las relativas al medio ambiente (1992), los derechos humanos (1993), la población (1994) y la mujer (1995).

La creciente influencia de la sociedad civil mundial ha posibilitado que las mujeres desempeñen un papel mucho mayor en la adopción de decisiones en las Naciones Unidas, creando cauces alternativos a las delegaciones nacionales dominadas por los hombres (en 2000, más del 40% de las delegaciones ante las Naciones Unidas estaban integradas exclusivamente por hombres, según el Comité de mujeres de organizaciones no gubernamentales reconocido por la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible (18)). Gracias a esos nuevos cauces, las mujeres activistas han aplicado una perspectiva de género a algunas de las cuestiones más urgentes de nuestros tiempos, aportando sus perspectivas y sus experiencias de vida, a fin de que graviten sobre la manera en que esas cuestiones se comprenden y se abordan.

Por ejemplo, durante los preparativos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo celebrada en 1992 (CNUMAD), se reunieron en Miami mujeres procedentes de 83 países para celebrar la primera Conferencia Mundial de Mujeres para un Planeta Saludable, patrocinada por la Women's Environment and Development Organization (19). En esa reunión, las mujeres de muchos países y diversos antecedentes intercambiaron relatos sobre problemas y soluciones atinentes al medio ambiente recogidos a lo largo de sus vidas y prepararon el Programa 21 de Acción de la Mujer, un plan para incorporar las cuestiones de interés de la mujer en la adopción de decisiones sobre el medio ambiente. En la propia CNUMAD celebrada en Río de Janeiro, "la tienda de las mujeres"—la mayor en el Foro de Organizaciones no Gubernamentales—ofreció coordinación para establecer redes y formular estrategias.

El éxito de esas gestiones se refleja en el documento que produjo la Conferencia, el Programa 21, que incluye más de 145 referencias a los papeles y las posiciones de las mujeres en cuestiones de medio ambiente y desarrollo sostenible, así como un capítulo separado titulado "Acción mundial de las mujeres hacia un desarrollo sostenible" (20). El Progama 21 determina que las mujeres son uno de los nueve "grupos principales" para la puesta en práctica de ese amplio programa de acción.

Transformaciones en los paradigmas

Las mujeres que participaron en la CNUMAD propiciaron una transición de proporciones sísmicas en el pensamiento acerca de las políticas del medio ambiente. Demostraron que una política eficaz no puede ser "neutral con respecto al género", y demostraron también que, por el contrario, es imprescindible reconocer el papel de las mujeres como administradoras de los recursos naturales, debido a que "nadie conoce más íntimamente las realidades de la explotación excesiva de las tierras que las mujeres que las cultivan, que extraen y acarrean su agua, que usan sus árboles como combustible, que cosechan en los bosques hierbas curativas y plantas medicinales, y que aprovechan sus conocimientos tradicionales en beneficio de la comunidad..." (21). Esos papeles y responsabilidades hacen a las mujeres desproporcionadamente vulnerables a los efectos de la degradación del medio ambiente y también colocan a las mujeres en el centro de todas las acciones de importancia para poner en práctica soluciones. Por consiguiente, facultar a las mujeres, asegurando su acceso a los recursos y la información que necesitan para adoptar decisiones racionales acerca de la gestión de los recursos, es la clave del desarrollo sostenible.

En 1994, la CIPD marcó otra transformación del paradigma. El Programa de Acción surgido de esa conferencia fue la culminación de acciones mundiales para una transición de las políticas y programas de población, las cuales dejaron de hacer hincapié en lograr metas demográficas que redujeran el crecimiento de la población y pasaron a focalizarse en mejorar la salud reproductiva de las poblaciones. Las mujeres, junto con los hombres, lograron que se adoptara un enfoque de las políticas de población basado en el respeto a los derechos humanos y la promoción del desarrollo humano. Los gobiernos participantes convinieron en "el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas e individuos a decidir libre y responsablemente el número de sus hijos, el espaciamiento de los nacimientos y el intervalo entre éstos, y a disponer de la información y de los medios para ello (22)". La clave es facultar a las mujeres: cuando las mujeres tienen acceso a la educación, a obtener medios de vida, a la planificación de la familia y a otros servicios de salud, en promedio tienen familias más saludables—y más pequeñas—, y más adelante en sus vidas que de otro modo.

Después de la CIPD, las políticas nacionales de población han ido evolucionando de conformidad con el Programa de Acción de la CIPD. En la India, por ejemplo, el Programa estatal de planificación de la familia abandonó las "metas demográficas", en favor de ofrecer a las personas opciones libres y bien fundamentadas en los servicios de salud reproductiva (23).

Muchos aspectos del ambicioso Programa de Acción de la CIPD han quedado trabados por las limitaciones en la financiación. A partir de mediados del decenio de 1990, los recursos destinados a servicios de salud reproductiva, incluidos los de planificación de la familia, han disminuido como porcentaje del gasto en salud y, en muchos casos, también en términos reales. Como resultado, en los países en desarrollo hay unos 200 millones de mujeres cuyas necesidades están insatisfechas, que carecen de acceso a servicios de planificación de la familia y, por ende, no pueden ejercer su derecho a adoptar decisiones acerca del número y el espaciamiento de sus hijos (24). La mayor cuantía del importe reservado a la planificación de la familia después de la CIPD se registró en 1995, en que se comprometieron 723 millones de dólares; esa cantidad permaneció a un nivel superior a 600 millones de dólares por varios años, salvo uno, hasta 1999. La estimación más reciente, correspondiente a 2007, arroja un total de unos 338 millones de dólares (25).

Durante la "Fiesta del bosque" en Puerto Princesa, Filipinas, una mujer se prepara para colocar en la tierra un plantón.  Las participantes asisten a esta celebración anual a fin de plantar árboles en zonas deforestadas, y contribuir así a contrarrestar el calentamiento mundial.
© Reuters/John Javellana

Para las más recientes actividades internacionales encaminadas abordar el cambio climático, es necesario que ocurra una transformación del paradigma similar a la que culminó en la CIPD. Es preciso adoptar un enfoque sensible a las cuestiones de género, en reemplazo del que hace caso omiso en gran medida de las cuestiones de igualdad entre mujeres y hombres y en que se excluye mayormente a las mujeres del debate.

A lo largo de los años, las acciones encaminadas a incorporar una perspectiva de género en las políticas medioambientales han tenido resultados desiguales. En 2002, durante los preparativos de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, varios grupos de mujeres pasaron revista a los adelantos hacia la aplicación de las recomendaciones sobre a cuestiones de género contenidas en el Programa 21. Llegaron a la conclusión de que se habían adoptado importantes medidas a nivel internacional, nacional y local, pero esas acciones estaban dispersas y eran, en su mayoría, ad hoc. No constataron ninguna integración real de las cuestiones de género en las políticas y actividades mundiales relativas al medio ambiente y el desarrollo sostenible, y mucho menos, una incorporación cabal en esas esferas de las cuestiones de género.

Las reuniones convocadas por las Naciones Unidas en el decenio de 1990 ofrecen importantes lecciones para las actividades encaminadas a incorporar la perspectiva de género en el cambio climático. En primer lugar, para producir un acuerdo que sea sensible a las cuestiones de género es imprescindible la activa participación de mujeres paladines de dicha idea. Pero, si bien actualmente muchas organizaciones están tratando de aportar una perspectiva de género a las cuestiones climáticas, las mujeres siguen insuficientemente representadas en los procesos de negociación.

No obstante, en los recientes períodos de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrados en Bali en 2007 y en Poznan en 2008, las mujeres tuvieron una presencia cada vez más pujante. Varias organizaciones no gubernamentales conducidas por mujeres y con personal femenino, como la Women's Environment and Development Organization y GenderCC, colaboraron con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Global Gender and Climate Alliance, una alianza de entidades de la sociedad civil y organismos de las Naciones Unidas, a fin de promover la agenda de género durante las conversaciones. Las organizaciones no gubernamentales que se ocupan de cuestiones de clima y tienen sus sedes en países en desarrollo, incluidas organizaciones dirigidas por mujeres, también están comenzando a hacerse presentes en las mesas de negociación.

[30] Malini Mehra: en procura de la triple cuenta de resultados

Durante las conferencias sobre el clima celebradas en la India y en países desarrollados, la especialista en ciencias políticas Malini Mehra observa a los participantes y constata "una escasez de mujeres entre los burócratas y políticos que se encargan de las políticas relativas al clima". Pero su mensaje de que se necesitan acciones positivas para prevenir el cambio climático—incluso dentro de los países en desarrollo—encuentra un público receptivo entre las mujeres a todos los niveles en su propio país.

"En las sociedades tradicionales, las mujeres siguen atendiendo a sus familias y a sus hijos", dice la Sra. Mehra. "En la India ocurre lo mismo. Las mujeres perciben los efectos del aire y el agua contaminados sobre sus hijos y es así como el mensaje sobre el medio ambiente llega a ellas, ante todo".

© Cortesía del Centre for Social Markets (CSM)

La Sra. Malini Mehra, que recibió capacitación como especialista en cuestiones de género, ha trabajado durante más de 20 años en temas de sostenibilidad, desarrollo y derechos humanos. Durante gran parte de ese lapso, ha tratado de convencer al Gobierno de la India de que efectúe una transición desde una política de asignar culpas—criticar a los países desarrollados por su histórico papel en causar el cambio climático—hacia una política de prevención—tratar de minimizar el prominente papel en las futuras emisiones de gases de efecto invernadero que podría desempeñar su propio país, en rápido desarrollado y acelerado crecimiento demográfico (donde hay actualmente 1.200 millones de personas).

Apalancar dicha transición es también el objetivo de su organización no gubernamental, Centre for Social Markets (Centro de Mercados Sociales), que posee sedes en la India y en el Reino Unido y se dedica a promover que los mercados propicien lo que la Sra. Mehra llama la "triple cuenta de resultados": personas, planeta y utilidades financieras. La Sra. Mehra dice: "Nuestro objetivo es replantear el debate, abandonando una mentalidad de víctima ("no puedo hacerlo/no lo haré", para pasar a un debate basado en las propuestas eficaces y la esperanza ("puedo hacerlo/debo hacerlo").

En colaboración con una red internacional de copartícipes y asociados, el Centre for Social Markets lidera muchas importantes iniciativas de involucramiento público, entre ellas, Climate Challenge India (Desafío del clima en la India), a fin de promover una respuesta nacional proactiva al cambio climático en la India. Esta campaña multianual se esfuerza por crear una plataforma de comunicación sobre el cambio climático utilizando los medios de difusión y centrándose en líderes urbanos, organismos profesionales y círculos empresariales. En un concurso mundial auspiciado en 2007 por el Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agronómicas Internacionales, se seleccionó a Climate Challenge India como una de las cinco mejores campañas mundiales relativas al clima, y también se presentó una reseña al respecto en la Conferencia sobre el cambio climático celebrada en Bali en diciembre de 2007.

El Centre for Social Markets está trabajando activamente para involucrar a los medios de difusión populares dirigidos a las mujeres del país, a fin de poder llegar a ellas en sus propios lugares de trabajo y movilizarlas para cuestiones relativas al cambio climático. "Las mujeres son un grupo clave para nosotros", dice la Sra. Mehra. "Son las reales promotoras e impulsoras de esta cuestión en la India. Por conducto de ellas lograremos el cambio que nos hemos comprometido a alcanzar".

La Sra. Mehra dice que el cambio climático será experimentado de diferentes maneras por los hombres y por las mujeres, no debido a diferencias intrínsecas entre los sexos, sino debido a que seguimos teniendo vidas impregnadas de diferencias de género, con diferentes papeles, y diferentes presiones y expectativas. "En sus papeles como administradoras de la economía del hogar, las mujeres—especialmente las pobres y marginadas—padecerán debido a la escasez de recursos, la enfermedad y mala salud, los eventos meteorológicos extremos y los desplazamientos", dice la Sra. Mehra. "Podemos prever las privaciones del futuro debido a que las estamos presenciando en torno a nosotros en la actualidad. El hambre, la malnutrición y los conflictos se intensificarán a medida que se vaya dificultando el acceso de las personas a las necesidades básicas de la vida: aire limpio, agua no contaminada, alimentos y albergue".

Una primera etapa de importancia crítica hacia la igualdad entre hombres y mujeres en la labor relativa al cambio climático es lograr una mayor representación de mujeres en las negociaciones oficiales, así como en los sectores de "la sociedad civil mundial" representados en las reuniones sobre el clima. Tiene importancia crucial que las mujeres estén involucradas, no sólo en las negociaciones y la planificación, sino también en la puesta en práctica, lo cual requerirá contar con una vasta gama de instituciones. Dada la complejidad de las interacciones entre los seres humanos y el clima, diversas entidades gubernamentales, intergubernamentales y privadas deberán participar durante decenios en las acciones encaminadas a mitigar el cambio climático y adaptarse a éste. Para asegurar que se incorpore una perspectiva de género, es preciso analizar a fondo la formulación de políticas de energía, agricultura, salud, preparación para desastres y otras actividades. Será necesario que las voces de las mujeres sean enérgicas y que sean oídas, desde los consejos tribales hasta los ministerios nacionales de energía, para llegar a las deliberaciones en las Naciones Unidas.

Fomento de la capacidad de movilización

Por otra parte, no basta con simplemente exhortar a una mayor participación de las mujeres. Los gobiernos sensibilizados por públicos y votantes que tienen conciencia de las cuestiones de género, deberían eliminar los obstáculos que limitan la participación de las mujeres en el debate sobre el cambio climático. La igualdad entre hombres y mujeres se aproximará a plasmarse en la realidad cuando los gobiernos cambien las leyes y cuando las sociedades abandonen las normas y expectativas judiciales que aíslan a las mujeres y las confinan estrechamente como ciudadanas de segunda orden, en papeles sexuales y maternos definidos por terceros. Cuando las sociedades esperen que sus órganos legislativos cuenten con al menos un 40% de participación de la mujer, lo probable es que las mujeres den un paso hacia adelante y ocupen esos escaños. Pero la otra cara de la moneda es que las condiciones de vida—especialmente las relativas a la educación, la salud y las oportunidades—deben ser propicias para que las mujeres alcancen sus objetivos personales y colectivos. Cabe preguntar qué puede hacer la sociedad, además de la necesaria tarea de cambiar las leyes y las expectativas, para que esa transformación sea posible.

El concepto de "capital humano" puede propiciar una mayor comprensión de las raíces del desarrollo en general, de la igualdad entre hombres y mujeres y del futuro del crecimiento de la población. Wolfgang Lutz, Director del Programa mundial de población en el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, con sede en Austria, define el capital humano simplemente como la combinación de educación y salud en las sociedades. Afirma: "la formación de capital humano puede incluso ser la clave de la capacidad de adaptación de las sociedades al cambio climático" (26).

El concepto de "capital humano" puede propiciar una mayor comprensión de las raíces del desarrollo en general, de la igualdad entre hombres y mujeres y del futuro del crecimiento de la población.

Los más altos niveles educacionales y sus efectos sobre la reducción de la fecundidad son directamente proporcionales al número de años de escolarización que se hayan completado. Sobre la base de la experiencia de países que tienen más del 90% de la población mundial, según el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, las mujeres que nunca han asistido a la escuela tienen, en promedio, 4,5 hijos cada una, mientras que las que han completado unos pocos años de enseñanza primaria tienen tres. Las mujeres que finalizaron uno o dos años de escuela secundaria tienen, en promedio, 1,9 hijos cada una, mientras que las que completan uno o dos años de universidad tienen en promedio sólo 1,7 hijos cada una (27). Las más bajas tasas de fecundidad han de contribuir a un más lento crecimiento de la población y, a su vez, podrían contribuir a la reducción de futuras emisiones y facilitar que los gobiernos se mantuvieran al mismo ritmo en sus respuestas a la necesidad de adaptación al cambio climático.

Un alto nivel de educación—especialmente, varios años de escuela secundaria—, no sólo tiene un notable efecto sobre las tasas de fecundidad, sino que también acrecienta los ingresos de las mujeres, mejora su esperanza de vida y los resultados de salud del embarazo y el parto y reduce la mortalidad de menores de un año (28). Cada uno de esos beneficios es característico de las sociedades que probablemente sean resilientes en general, pero en particular, resilientes al cambio climático. Además, al asistir a la escuela las estudiantes se familiarizan con círculos más amplios de personas y con la diversidad cultural y social, lo cual crea conciencia de un mundo más allá del umbral del propio hogar. En muchas sociedades, las mujeres tienen muchas más probabilidades de pasar casi todas sus vidas en su hogar o cerca de éste. Para ellas en particular, la educación facilita la adquisición de aptitudes y la mayor confianza en sí mismas, que puede realzar la capacidad de movilización para la acción, con respecto al cambio climático o a otras cuestiones de interés social.

El otro costado del capital humano—la salud—es, al menos, tan importante como la educación para fomentar la resiliencia social y movilizar la capacidad. Las sociedades no pueden ser prósperas, dinámicas y adaptativas si tienen altas tasas de mortalidad y morbilidad. La salud tal vez sea más importante con respecto a la capacidad de las mujeres de movilizarse en pro del cambio, dado que sus funciones reproductivas y las expectativas de que atiendan a los demás y asuman otras responsabilidades en el hogar, ya les imponen altos costos de oportunidad para una acción social orientada al exterior de sus hogares.

La salud reproductiva es un factor especialmente catalítico para las mujeres. Los problemas de salud reproductiva, desde embarazos difíciles y partos trabajosos, hasta el VIH y otras infecciones de transmisión sexual, son las principales causas de defunción y discapacidad de las mujeres a escala mundial (29). Además, la falta de acceso a los servicios de salud reproductiva frena los adelantos hacia casi todos, si no todos, los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esto, a no dudar, constituye un obstáculo adicional que menoscaba la resiliencia social y la capacidad de movilización.

[31] Las agricultoras de la India abordan el cambio climático

Actualmente, una asociación de 5.000 mujeres, que abarca residentes en 75 aldeas de las zonas áridas interiores del estado de Andhra Pradesh, está ofreciendo agricultura libre de productos químicos, sin riego y orgánica, como método de combatir el calentamiento mundial.

Corresponde a la agricultura un 28% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la India, principalmente la emisión de metano proveniente de los arrozales y el ganado, y óxido nitroso, de los fertilizantes. Un informe presentado en 2007 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático afirma que las pautas de lluvia en la India cambiarán desproporcionadamente, con intensas precipitaciones pluviales en lapsos más cortos, lo cual ha de conducir directamente a la confusión en el ámbito agrícola.

Una menor cantidad de lluvias en diciembre, enero y febrero redunda en menor acopio de agua y mayor estrés hídrico, dice el informe, mientras que se pronostican sequías más frecuentes y más prolongadas. Como ejemplo de los efectos, el informe menciona que un aumento de la temperatura de 0,5 grados centígrados reducirá la producción de trigo en la India en 0,45 toneladas por hectárea. Las investigaciones en la Escuela de Ciencias del Medio Ambiente en Nueva Delhi arrojan proyecciones de pérdidas en los cultivos de entre 10% y 40% para 2100, pese a los efectos beneficiosos de una mayor proporción de anhídrido carbónico sobre el crecimiento de los vegetales, y altera sustancialmente la dinámica de plagas y enfermedades.

En la aldea de Zaheerabad, las mujeres dalit (intocables), que ocupan el nivel más bajo de la sociedad estratificada de la India, están demostrando ahora la adaptación al cambio climático al adoptar sistemas de intercalación de cultivos que no necesitan para su producción agua adicional ni aportación de productos químicos ni plaguicidas.

Las mujeres cultivan hasta 19 tipos de plantas indígenas por acre, en tierras áridas y degradadas que han regenerado con la ayuda de una organización llamada Deccan Development Society (DDS).

La DDS, que ha trabajado en esta zona de la India durante los últimos 25 años, ha ayudado a esas mujeres a adquirir tierras gracias a planes del Gobierno en beneficio de las dalits, y las ha ayudado a formar sanghas, o grupos locales de autoayuda que se reúne regularmente y deciden sus propios cursos de acción.

La estación de siembra es mayormente octubre y noviembre, y las mujeres solicitan ayuda de la familia durante siete días para desbrozar las malezas y entre 15 y 20 días para la cosecha. El abono se aplica a las huertas una vez cada dos o tres años, en función de las condiciones del suelo.

En la aldea de Bidakanne, Samamma, mujer de 50 años de edad, de pie en su parcela, señala los diversos cultivos, todos ellos realizados sin agua ni productos químicos, que crecen entremezclados con hileras de girasoles: linaza, arvejas, garbanzos, diversos tipos de mijo, trigo, azafrán y legumbres. Las hojas de girasol atraen a las plagas y agotan el suelo, lo cual queda compensado por las legumbres, que fijan el nitrógeno.

"En mi tipo de cultivos, uno absorbe y otro devuelve lo absorbido a los suelos, y además satisfago todas mis necesidades de aceites, cereales y verduras", dice Samamma.

El lote de Samamma, de menos de un acre, produce, entre otros cultivos, 150 kilogramos de Dolichos biflorus (forraje para caballos) rojo, 200 kilogramos de mijo y 50 kilogramos de linaza. Ella conserva 50 kilogramos de cereales y vende el resto en el mercado.

Actualmente, en 75 aldeas hay 5.000 mujeres que están en diversas etapas de la adopción de este método de agricultura.

"En circunstancias de cambio climático, este sistema de agricultura de secano posee resiliencia y resiste los embates de la elevación de las temperaturas", dice P.V. Satheesh, Director de la DDS.

Actualmente, las mujeres dirigen un sistema sumamente evolucionado de "financiación de cultivos" y distribución de alimentos que han estructurado por sí mismas. El dinero resultante de las ventas en el mercado se deposita cada año en bancos ordinarios y el interés de esas sumas se destina a financiar préstamos a miembros de la DDS, quienes van a completar el ciclo al devolver su préstamo en forma de cereales a lo largo de cinco años.

Ahora, la DDS ha involucrado a las mujeres en un sistema supervisado de productos hortícolas certificados por el Participatory Guarantee Scheme (PGS) (Plan de garantías participatorias) del Consejo de la India para Productos Orgánicos. En Zaheerabad, los productos básicos y cereales certificados como orgánicos se envasan y etiquetan con la certificación de PGS y se llevan en camioneta para su venta al por menor a los consumidores en la ciudad de Hyderabad. Satheesh dice que las mujeres están inundadas de pedidos.

Por Keya Acharya. Extraído, con permiso, de un artículo de Inter Press News Agency.

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