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State of World Population 2009

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4 Fomento de la resiliencia

"La adaptación es más que un punto de llegada; es una trayectoria dinámica, continua, y no lineal. En muchos países, las poblaciones están haciendo frente al cambio climático, pero no se están adaptando"
—Sumaya Zakieldeen, Sociedad Sudanesa de Conservación del Medio Ambiente (1)
 
En la ciudad marroquí de Souk Larbaa, dos mujeres vadean terrenos inundados.
© AFP

En Malawi, los agricultores solían pronosticar la llegada de las lluvias, pero ya no pueden hacerlo. Por ende, Mazoe Gondwe, encargada de los alimentos para su familia, diversifica la producción dividiendo su lote entre cultivos de secano y cultivos de regadío, y se encomienda a la providencia.

"Pero el riego es un trabajo agotador que puede consumir cuatro horas diarias", dijo a fines de diciembre de 2008 a un periodista. Invitada por una organización no gubernamental europea a narrar su historia durante el 14º período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Poznan´, Polonia, la Sra. Gondwe dijo que necesita una mejor tecnología de riego a fin de reducir el tiempo que dedica a regar sus cultivos. Agregó que mejores instalaciones de depósitos y variedades mejoradas de semillas también serían beneficiosas.

"Como agricultora local, yo sé lo que se necesita y lo que da mejores resultados", dijo. "Me crié en esta zona y me doy cuenta de cómo está cambiando el sistema" (2).

Lamentablemente para la Sra. Gondwe—y para todos nosotros—el sistema climático seguirá cambiando. Dentro de cuatro décadas, probablemente las temperaturas medias en Malawi habrán aumentado al menos un grado centígrado y el rendimiento agrícola habrá disminuido pronunciadamente. Las proyecciones de la población de Malawi arrojan un aumento desde los 15 millones de personas actuales hasta unos 41,5 millones en 2050 (3).

El imperativo de la adaptación

A menos que aparezca alguna fuerza equilibrante que al actual nivel de los conocimientos científicos todavía no puede preverse, dado el impulso acumulado en el sistema climático, lo probable es que las temperaturas sigan aumentando durante varias décadas. Es preciso que el mundo se prepare para un planeta más cálido, aun cuando no podamos pronosticar con ningún nivel de certidumbre con cuánta velocidad el planeta se calentará, o dónde y cuándo finalizará ese calentamiento. Y si bien ningún científico puede tener la certeza de que un determinado evento meteorológico extremo es resultado directo del cambio climático provocado por los seres humanos, la pauta de esos eventos indica una tendencia similar a la que los científicos han venido previendo para las próximas décadas. Dado que la atmósfera ya ha cambiado, cualquier alteración meteorológica que experimentemos hoy tiene algún elemento, aunque no pueda discernirse con claridad, de influencia humana.

[20] Situaciones meteorológicas extremas, respuestas deficientes

Según un informe publicado en 2009 por Oxfam International, en el año 2007 "hubo inundaciones en 23 países africanos y 11 países asiáticos, las peores registradas en varias décadas. Dos huracanes y copiosas lluvias azotaron gran parte de Centroamérica; casi la mitad del estado de Tabasco en México quedó inundado. Como lo expresó John Holmes, Coordinador del Socorro de Emergencia de las Naciones Unidas: "...cada uno de esos eventos, considerado aisladamente, no causó enormes cantidades de víctimas, pero si se los considera en su conjunto, se está en presencia de un megadesastre". Con todo, en 2008 no hubo tregua en la sucesión ininterrumpida de desastres climáticos, cuando el ciclón Nargis devastó grandes sectores de Myanmar y una estación de huracanes particularmente destructivos en el Atlántico causó centenares de muertes y masivos daños económicos en Cuba, la República Dominicana, Haití y los Estados Unidos. En muchos casos, las deficiencias en el ordenamiento del medio ambiente multiplicaron los efectos de esos riesgos climáticos. En la India, las lluvias de 2008 causaron graves inundaciones, no debido a que fueran particularmente copiosas, sino a causa del deficiente mantenimiento de las represas y las riberas fluviales. En agosto de 2008, la ruptura del embalse del Río Kosi redundó en una de las peores sequías en la historia de Bihar, el estado más pobre de la India" (4).

La gama "central" de los probables aumentos en la temperatura al avanzar el siglo—entre 2 grados centígrados y 4,5 grados centígrados—es causa de suficiente preocupación (5). Más inquietante todavía es la posibilidad de que haya aumentos de la temperatura y efectos del clima verdaderamente catastróficos, especialmente si los gobiernos no actúan decisivamente y sin tardanza para limitar las emisiones. En el largo plazo, el nivel del mar podría elevarse un metro y tal vez mucho más, y arrasaría porciones de ciudades ubicadas en la línea costera definida por los actuales niveles del mar y junto a ríos sujetos a mareas. Un estudio realizado en 2007 indicó que las zonas costeras de baja altitud—las que están a menos de 10 metros sobre el nivel del mar—alojan a un 13% de la población urbana de todo el mundo (6). Entre las grandes ciudades del mundo que corren peligro figuran Dhaka, Yakarta, Mumbai, Nueva York, Shanghai y Tokio (7). Las olas de calor que abarcan regiones enteras, superiores a lo que ningún ser humano ha conocido hasta hoy, podrían cocinar a ciudades que ya se han transformado en "islas urbanas de calor" debido a las enormes extensiones de pavimento y hormigón. Al considerar los reveses para la salud, el desarrollo y la propia vida humana que conllevan esos cambios, los gobiernos y las sociedades deben planificar urgentemente y desde ahora las maneras en que la civilización podría resistir tales cambios y sobrevivir.

Hasta hace poco, la ciencia del cambio climático ha sido, mayormente, eso mismo: ciencia. Recién ahora estamos comenzando a pensar en los efectos sobre los seres humanos y en la totalidad de las implicaciones de las diversas hipótesis futuras sobre el cambio climático formuladas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y otros órganos científicos. Pero hay un mensaje dimanado de la historia y de la experiencia reciente: cuando las condiciones son arduas y los recursos son escasos, los que más sufren son los pobres y los grupos marginados por factores que no se limitan a la pobreza: las mujeres, los jóvenes, los ancianos, las poblaciones indígenas y otras minorías. Asimismo, esos grupos son los que menos frecuentemente reciben apoyo y los que a menudo quedan excluidos de participar en las respuestas colectivas de las sociedades a la adversidad.

Las Naciones Unidas y los gobiernos del mundo han asignado prioridad a un conjunto de objetivos a alcanzar para 2015—los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM—que, de alcanzarse, contribuirían sustancialmente a la resiliencia al cambio climático. Pero, en una ilustración de los ciclos de causalidad que pueden ser o bien "viciosos" o bien "virtuosos", los propios ODM están debilitados paulatinamente por los efectos iniciales del cambio climático, así como por la dinámica de la población y las pautas de consumo. La integración de los ODM con las cuestiones relativas al cambio climático, y con las medidas para mejorar el acceso a la salud reproductiva y lograr la igualdad entre hombres y mujeres, tiene una importancia tanto más vital cuanto que el progreso hacia la mayoría de los ODM ha sido lento. El ODM 5—mejorar la salud materna—es el que más retrasado está respecto del cronograma, pues la mortalidad derivada de la maternidad tiene actualmente la misma alta tasa que tenía hace dos decenios (8).

Gráfico 4.1: Efectos del cambio climático y Objetivos de Desarrollo del Milenio

Objetivos de Desarrollo del Milenio Posibles efectos del cambio climático
Objetivo 1
Erradicar la pobreza extrema y el hambre
  • Los daños a los bienes que proporcionan medios de vida, inclusive viviendas, abastecimiento de agua,
    servicios de salud e infraestructura, pueden menoscabar la capacidad de la gente para ganarse la vida;
  • La reducción del rendimiento de los cultivos afecta la seguridad alimentaria;
  • Los cambios en los sistemas y recursos naturales, en la infraestructura y en la productividad del trabajo pueden reducir las oportunidades de obtener ingresos y afectar el crecimiento económico;
  • Las tensiones sociales respecto del aprovechamiento de los recursos pueden conducir a conflictos, desestabilizar vidas y medios de vida y obligar a las comunidades a migrar.
Objetivo 2
Lograr la enseñanza primaria universal
  • La pérdida de medios de vida y los desastres naturales reducen las oportunidades de recibir una educación completa y es más probable que aumente la cantidad de niños (especialmente, niñas) que dejan de asistir a la escuela para ayudar a recoger agua, a obtener un ingreso o a atender a miembros de la familia enfermos;
  • La malnutrición y la enfermedad reducen la asistencia a la escuela y la posibilidad de que los niños aprendan cuando están en clase;
  • El desplazamiento y la migración pueden reducir el acceso a la educación.
Objetivo 3
Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer
  • La exacerbación de la desigualdad de género a medida que las mujeres acrecientan su dependencia respecto del medio ambiente natural para obtener medios de vida, incluida la producción agrícola, puede conducir a una salud cada vez peor y a tener poco tiempo para la adopción de decisiones y la obtención de ingresos adicionales;
  • Las mujeres y las niñas suelen ser quienes se encargan de las tareas domésticas y de recoger agua, forraje, leña y a menudo, alimentos. Durante épocas de estrés climático, deben subsistir con menores recursos y absorber una mayor carga de trabajo.
  • Las mujeres jefas de familia que poseen escasos bienes resultan particularmente afectadas por los
    desastres relacionados con el clima.
Objetivo 4
Reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años
  • Las defunciones y las enfermedades y las muertes debidas a olas de calor, inundaciones, sequías y huracanes;
  • Los niños y las embarazadas son particularmente susceptibles a las enfermedades transmitidas por vectores (por ejemplo, paludismo y dengue) y enfermedades transmitidas por el agua (por ejemplo, cólera y disentería) que tal vez aumenten y/o se propaguen a nuevas zonas;
  • La salud de los niños se resiente debido a la menor seguridad en el abastecimiento de agua y alimentos.
Objetivo 5
Mejorar la salud materna
  • La reducción en la calidad y la cantidad del agua de beber tiene consecuencias perjudiciales sobre la salud de las madres;
  • La inseguridad alimentaria causa aumentos en la malnutrición;
  • Las inundaciones y las sequías favorecen la propagación de enfermedades transmitidas por el agua y afectan la salud de las madres.
Objetivo 6
Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades
  • El estrés por falta de agua y las más altas temperaturas agravan la vulnerabilidad a las enfermedades;
  • Los hogares afectados por el SIDA tienen menos bienes para ganarse la vida y la malnutrición acelera los efectos perjudiciales de la enfermedad.
Objetivo 7
Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
  • Alteraciones y posibles daños irreversibles en la calidad y la productividad de los ecosistemas y los recursos naturales;
  • Reducción de la diversidad biológica y empeoramiento de la degradación ambiental existente;
  • Las alteraciones en la interfaz y las interacciones entre los seres humanos y los ecosistemas conducen a pérdida de la diversidad biológica y merma de los sistemas de apoyo básicos para los medios de vida de muchas personas, particularmente en África.
Objetivo 8
Fomentar una asociación mundial para el desarrollo
  • El cambio climático es un problema mundial y un desafío mundial; la respuesta requiere la cooperación mundial, especialmente para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a los efectos perjudiciales del cambio climático;
  • Los efectos del clima pueden agravar tensiones en las relaciones internacionales.

Fuente: Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. 2007. Cambio climático: Efectos, vulnerabilidades y adaptación en los países en desarrollo. Bonn: Secretaria de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

[21] Salud reproductiva, población y Objetivos de Desarrollo del Milenio

Cada uno de los ODM tiene componentes e implicaciones de índole demográfica en relación con la escala humana de los problemas que han de abordarse y, en muchos casos, con las medidas que han de adoptarse para resolverlos. En 2002, el ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan señaló que "si no se abordan decididamente las cuestiones de salud reproductiva", los Objetivos no podrán alcanzarse. "Y para alcanzarlos es preciso intensificar las medidas de promoción de los derechos de la mujer y efectuar mayores inversiones en la educación y la salud, incluidas la salud reproductiva y la planificación de la familia" (9).

En síntesis, cuando las mujeres pueden determinar el tamaño de sus familias y el momento de tener hijos, es más probable que se logre avanzar hacia una mayor igualdad entre hombres y mujeres y dicha igualdad, a su vez, apoya la capacidad de la mujer para adoptar decisiones acerca de su propia reproducción (ODM 3). El uso de métodos de planificación voluntaria de la familia reduce directamente la mortalidad infantil (ODM 4) y mejora la salud de las madres (ODM 5). El más lento crecimiento de la población resultante del acceso a servicios de salud reproductiva contribuye a la erradicación del hambre (ODM 1) y reduce la probabilidad de que, debido a las grandes cantidades de jóvenes se pierdan las mejoras en el nivel de matriculación escolar y se menoscabe la calidad de la educación (ODM 2). La prevención de las infecciones de transmisión sexual es un componente básico de la salud reproductiva, pues contribuye directamente a las medidas para reducir la transmisión del VIH, mientras que la planificación de la familia puede ayudar a las mujeres que tienen reacción serológica positiva al VIH a decidir por sí mismas si tener o no hijos, y cuándo tenerlos y, por lo tanto, puede reducir la transmisión de la madre al hijo (ODM 6).

Desde el punto de vista del ODM 7, relativo a garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, un más lento crecimiento de la población opera en múltiples frentes: mitigar la agudización de la escasez de agua; reducir la rapidez de la pérdida de bosques, pesquerías y diversidad biológica; contribuir a frenar el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero; y fomentar la resiliencia de los países a medida que se van adaptando al cambio climático.

No todo lo que cambia es el clima

No es por accidente que se considera que los países desarrollados son los que en mejores condiciones están para adaptarse a los efectos del cambio climático. La resiliencia de las sociedades—los bienes, la capacidad y la flexibilidad que posibilitan que soporten los rápidos cambios de todo tipo, y recuperen los equilibrios sin sufrir pérdidas sustanciales en vidas, salud y bienestar—se asemeja de muchas maneras a la meta económica y social hacia la que apunta el propio desarrollo. Esa semejanza ha complicado, en verdad, las negociaciones sobre el clima, pues algunas organizaciones no gubernamentales y algunos gobiernos de países en desarrollo se preocupan porque la nueva financiación para la adaptación al cambio climático podría simplemente redundar en reducciones en la asistencia al desarrollo, pues sólo habría un cambio en la nomenclatura, en lugar de reales aumentos en las corrientes financieras. La "adicionalidad" de esos fondos—que se agregarían a la asistencia al desarrollo en lugar de reemplazarla—es el requisito fundamental de equidad en cualquier acuerdo final sobre el clima.

La incertidumbre acerca de deslindar lo que es la adaptación al cambio climático y lo que es el desarrollo tiene un paralelo en la incertidumbre acerca de cuáles cambios son cambios climáticos y cuáles son fenómenos medioambientales que podrían haber ocurrido aun cuando los gases de efecto invernadero no tuvieran ningún efecto sobre el clima o sobre los ecosistemas. La distinción es especialmente importante dado que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático requiere que los países más responsables de causar cambios climáticos asuman la mayor responsabilidad, en función de su capacidad, para abordar los efectos del problema. Los países más responsables de la acumulación de excesivos gases de efecto invernadero en la atmósfera probablemente serán los que padecerán menor devastación por los efectos del cambio climático, y viceversa.

[22] ¿Cambio climático o deterioro del medio ambiente?

Es posible que la distinción entre los efectos del cambio climático y los síntomas del deterioro del medio ambiente sea borrosa.

Siempre hubo una variabilidad natural en las condiciones meteorológicas. Por ejemplo, sequías, tormentas y olas de calor ocurrieron con bastante regularidad en muchas partes del mundo a lo largo de milenios.

Pero, debido al cambio climático, muchos de esos eventos meteorológicos comunes están ocurriendo con mayor frecuencia y mayor severidad. El cambio climático también está derritiendo los casquetes de hielo polar y elevando el nivel del mar, además de causar sequías prolongadas en partes del mundo donde los períodos secos eran poco comunes.

El cambio climático reciente es resultado principalmente de los constantemente crecientes volúmenes de gases de efecto invernadero lanzados a la atmósfera y esas emisiones, en su mayoría, provienen de la quema de combustibles fósiles. Otro importante contribuyente ha sido la deforestación; al reducirse cada vez más la superficie arbolada, disminuye la capacidad del planeta de absorber el exceso de carbono de la atmósfera.

Algunos problemas del medio ambiente pueden atribuirse erróneamente al cambio climático. Por ejemplo, las tierras de cultivo a veces se inutilizan debido a la salinización que puede ocurrir a consecuencia de la elevación del nivel del mar. Pero lo más probable es que la salinización de los suelos sea resultado de sistemas de riego que traen a la superficie depósitos naturales de sal subterráneos. Cuando lagos y ríos se secan, esto puede ser resultado de la sequía, pero también de un aprovechamiento excesivo del agua para la agricultura, la industria y el consumo de los seres humanos que viven en metrópolis cercanas.

La pérdida de diversidad biológica es un problema del medio ambiente que en algunos casos se relaciona con el cambio climático, pero en otros es efecto de las cambiantes pautas del uso del suelo, la desaparición de los bosques o la contaminación. El cambio climático causa el calentamiento y la acidificación de los mares del planeta y contribuye así a la muerte de la vida marina. Pero en muchas zonas, la pesca excesiva y la contaminación también desempeñan un papel en la declinación de las poblaciones de peces.

En Bangladesh, una mujer planta calabazas en el techo de su vivienda. La huerta en el techo proporciona alimentos durante las inundaciones, cuando las aguas arrasan los campos cultivados.
© GMB Akash/Panos Pictures

Dado el desequilibrio entre causas y efectos, y dados sus orígenes, en países más ricos y más pobres, un objetivo importante de un acuerdo equitativo sobre el clima que complemente la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto es establecer mecanismos de financiación nuevos y adicionales para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a la carga que coloca sobre ellos el cambio climático.

La responsabilidad por nuestras acciones como naciones y como individuos es importante; pero tratar de asignar culpas en cada caso por problemas medioambientes, sociales y económicos interconectados puede convertirse en una incesante distracción respecto de la tarea esencial: elaborar rápidamente respuestas cooperativas e interculturales a la difícil situación de un mundo populoso, inequitativo, dividido por cuestiones de género y, en general, sometido a estrés humano.

La consideración de las cuestiones de población y sus interacciones con el desarrollo y el medio ambiente es importante para el proceso, no sólo debido a la contribución a largo plazo de la población a la escala de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también porque la dinámica de la población interactúa con muchos de esos mismos cambios medioambientales que con frecuencia se atribuyen al cambio climático, y contribuye a ellos. Lo probable es que en las zonas con altas tasas de crecimiento de la población haya grandes dificultades para superar la inseguridad alimentaria, como lo han señalado los autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, mientras que los cambios climáticos "agravarán la doble dificultad de satisfacer la demanda de alimentos (cereales) y, al mismo tiempo, proteger los recursos naturales y mejorar la calidad del medio ambiente en esas regiones" (10).

La disponibilidad de agua dulce renovable (de importancia crítica para alcanzar el ODM 1) es una esfera agudamente sensible al tamaño y el crecimiento de la población, así como a los niveles de desarrollo económico. Recientemente, los investigadores del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas examinaron las proyecciones de las tendencias de las precipitaciones pluviales y la densidad de población en África entre 2000 y 2050 y llegaron a la conclusión de que probablemente el cambio demográfico tendrá mayor gravitación que el cambio climático en cuanto a determinar la futura disponibilidad de agua. Señalaron que, además, un más lento crecimiento de la población puede contribuir directamente a la adaptación. Los investigadores señalaron: "En el África meridional, el estancamiento demográfico [es decir, crecimiento lento o nulo de la población], probablemente ha de mitigar sustancialmente los efectos del cambio climático" (11).

Esas conclusiones no sugieren que se rescindan las obligaciones de los países desarrollados de conformidad con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Entre esas obligaciones figuran reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero y proporcionar la necesaria transferencia de recursos financieros y tecnología a los países en desarrollo, además de la asistencia al desarrollo ya existente. De manera similar, cualquier contribución demográfica a la resiliencia social no entraña que se abandone el enfoque de las cuestiones de población basado en los derechos humanos, conforme con lo acordado por los países del mundo durante la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD). Lo que se sugiere es la necesidad de adoptar una perspectiva más integral, que incluya el acceso a servicios de salud reproductiva y el establecimiento de la igualdad de género no sólo para reducir a largo plazo las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también a fin de propiciar la capacidad de todas las naciones para adaptarse al cambio climático. Hasta los expertos a veces omiten distinguir entre los efectos del cambio climático, cuyos orígenes son mundiales, y la degradación del medio ambiente, que puede ser en mayor medida el producto de la demanda humana local dimanada del desarrollo económico y el crecimiento de la población.

Por otra parte, a nivel de las comunidades y de las personas que viven en ellas, esa distinción se comprende y se expresa con frecuencia. Las campesinas—quienes están más cerca de los recursos naturales que los hombres, en proporción directa a su pobreza—suelen tener clara conciencia de que las acciones de sus propias comunidades, e incluso sus propias acciones, pueden causar la degradación del medio ambiente local (12). En un seminario celebrado en Dakar en 2008, sobre el cambio climático y las cuestiones de género, varias mujeres participantes procedentes del Senegal y de Ghana señalaron el visible daño medioambiental causado por la pesca excesiva, el uso de redes ilegales, y, en un caso, la cosecha de conchas marinas por parte de mujeres para proyectos de microfinanciación que les aportan medios de vida. Los participantes evaluaron positivamente esas declaraciones, con carácter de oportunidades para autoeducación y creación de conciencia acerca de las repercusiones sobre el medio ambiente de los comportamientos cotidianos (13). La igualdad entre hombres y mujeres y el acceso a servicios de salud reproductiva son cuestiones fundamentales para fomentar y mantener la resiliencia de las sociedades frente al estrés de un mundo que se está recalentando. Poder colocarse en un pie de igualdad con los hombres en todas las esferas de la vida y disfrutar de libertad y facultades para adoptar decisiones reproductivas son factores que acrecientan la resiliencia de las mujeres y contribuyen a liberar su potencial social y económico. Además, la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres redunda en familias más pequeñas, con lo cual se contribuye a estabilizar la población a largo plazo.

Aspectos sociales y culturales de la vulnerabilidad y la adaptación

La marginación de las mujeres y la discriminación contra ellas, así como la falta de atención a las maneras en que la desigualdad de género obstaculiza el desarrollo, la salud, la equidad y el bienestar humano general, menoscaban la resiliencia de los países al cambio climático. Lo más probable es que la resiliencia se arraigue y aumente en las sociedades donde todos puedan asistir a la escuela, tener acceso a servicios de salud, disfrutar de igual protección ante la ley y participar plenamente en la conducción de las propias vidas y de los destinos de sus comunidades y países. Asimismo, con frecuencia la resiliencia tiene sus propias raíces en la cultura, como ocurre en los numerosos ejemplos de tradiciones de generosidad para con los necesitados y labor de cooperación frente a las calamidades.

Debido a sus grandes cantidades y a la desigualdad de las relaciones de género en todo el mundo, las mujeres están en la situación más desventajosa para sortear dificultades y sobrevivir a todos los tipos de estrés—desde la inseguridad alimentaria y la escasez de agua crónicas hasta los desastres naturales y los conflictos violentos—, los cuales probablemente han de aumentar a medida que se vaya recalentando el planeta. Aunque las mujeres constituyen la mitad de la población de adultos del mundo, hay consenso general acerca de que constituyen una proporción mucho mayor de sus poblaciones pobres. Aún no se comprenden cabalmente las diferencias en los niveles de pobreza entre hombres y mujeres, pero al parecer hay varios factores que los impulsan. En la mayoría de las sociedades, es menos frecuente que las mujeres trabajen a cambio de una remuneración, en comparación con los hombres, y además, suelen recibir, en promedio, menos paga por trabajo similar. Asimismo, muchas mujeres casadas o en uniones de otros tipos con hombres de bajos ingresos padecen "pobreza secundaria": sus compañeros dedican una alta proporción de sus limitados ingresos a gastos personales, como consumo de alcohol o drogas y juegos de azar, en lugar de invertir ese dinero en su familia. Por último, los hogares que tienen un solo progenitor muy probablemente tendrán por jefa a una mujer y no a un hombre, y la mayoría de los hogares que tienen por jefa a una mujer tienden a ser pobres. En Bangladesh, por ejemplo, hasta tres de cada diez hogares tienen por jefas a mujeres y un 95% de esos hogares están por debajo del límite de pobreza (14). Los efectos de las más altas tasas de pobreza femenina y de las expectativas sociales acerca del comportamiento de la mujer resultaron especialmente obvios en la reciente historia del desencadenamiento de varios desastres naturales y su etapa posterior. Si bien muchos desastres no tienen relación con el cambio climático (véase el Recuadro 4: ¿Qué tienen que ver los tsunamis con el cambio climático?), las pautas de conducta y los resultados que han puesto de manifiesto esos pasados desastres tal vez puedan servir para pronosticar posibles pautas y resultados del futuro cambio climático, a menos que adoptemos medidas inmediatas para crear nuevas pautas de inclusión, equidad e igualdad entre hombres y mujeres.

En los desastres, hay mayor cantidad de muertes de mujeres que de hombres, y las mujeres tienden a perder la vida a edades más tempranas, pero hay pocos datos fidedignos que documenten esos fenómenos, debido en gran parte a que hasta el momento, la comunidad internacional ha prestado escasa atención a las repercusiones de género de los desastres naturales.

En los desastres, hay mayor cantidad de muertes de mujeres que de hombres, y las mujeres tienden a perder la vida a edades más tempranas, pero hay pocos datos fidedignos que documenten esos fenómenos, debido en gran parte a que hasta el momento, la comunidad internacional ha prestado escasa atención a las repercusiones de género de los desastres naturales. Los estudios de casos localizados relativos al devastador ciclón que azotó Bangladesh en 1991, a la ola de calor que cubrió Europa en 2003 y al tsunami asiático de 2004, ratifican, no obstante, la mayor vulnerabilidad de las mujeres. Los economistas Eric Neumayer y Thomas Plümper, tras extraer datos por muestreo de desastres naturales ocurridos entre 1981 y 2002 en 141 países, confirmaron que "los desastres naturales (y sus efectos ulteriores) causan en promedio más muertes de mujeres que de hombres, o se cobran vidas de mujeres a edades más tempranas que las de los hombres". Además, los investigadores constataron que cuanto más severo sea el desastre y cuanto más baja sea la condición socioeconómica de la población afectada, tanto mayor es la diferencia en las tasas de mortalidad de mujeres y hombres en desastres como ciclones, terremotos y tsunamis.

¿Por qué razón son las mujeres más vulnerables? No cabe duda de que parte de la vulnerabilidad dimana de diferencias biológicas. Por ejemplo, en cualquier población habrá una cierta proporción de mujeres embarazadas o que están en peores condiciones para tolerar el esfuerzo necesario para escapar o sobrevivir a los desastres. La mayor masa muscular de la parte superior del cuerpo masculino, en promedio, puede conferir ventajas en esas circunstancias; pero, según la conclusión de Neumayer y Plümper, la mayor parte de la vulnerabilidad de las mujeres no es consecuencia de la biología, sino de factores sociales. Escribieron: "Nuestros resultados demuestran que es la vulnerabilidad de género de las mujeres, construida socialmente e incorporada en las pautas socioeconómicas cotidianas, lo que redunda en tasas relativamente más altas de mortalidad de mujeres en los desastres, en comparación con las tasas de mortalidad de los hombres" (15).

Las narraciones acerca de desastres recientes, como el tsunami de 2004, están repletas de ejemplos. Muchas mujeres perecieron porque estaban en sus viviendas, y no se percataron de la ominosa presencia de la ola, cuya cresta elevó los botes de sus esposos pescadores, quienes así sobrevivieron. Algunas mujeres tuvieron sus movimientos trabados por sus saris y se ahogaron; y otras, murieron porque nunca habían tenido oportunidad de aprender a nadar, pese a vivir todas sus vidas junto al agua. Muchas niñas se ahogaron debido a que nunca aprendieron a trepar a los árboles como sus hermanos varones. El padre de una niña la soltó en medio de la marejada, porque no podía sujetar a la vez a la niña y a su hermano varón y, como dijo más tarde, el "hijo varón debía continuar la línea de la familia" (16).

La vulnerabilidad social de las mujeres no disminuye al retroceder las aguas de la inundación. Las tendencias asociadas con hacer frente a la catástrofe suelen exacerbar el riesgo de violencia por motivos de género, el cual ya estaba presente antes de que ocurriera el desastre (17). En todo el mundo, dado que la mayoría de las oficinas gubernamentales tienen funcionarios varones y hay una convicción profundamente arraigada de que los hombres son los jefes de familia, las mujeres suelen quedar excluidas de los pagos para la recuperación después del desastre, y de otros tipos de asistencia. Dado que las mujeres tienen vínculos sociales más débiles fuera de sus hogares, tal vez la información imprescindible para la supervivencia pase de largo.

Si bien después de los desastres ha proliferado ese tipo de exclusión por motivos de género, en muchos organismos gubernamentales y organizaciones no gubernamentales ha mejorado el nivel de conciencia sobre las necesidades de la mujer. A nivel de las comunidades de base, las mujeres simplemente han dado un paso hacia adelante en algunos casos e insistido en participar en la gestión del desastre y en la planificación de la reconstrucción. Ya en 1992, en la desastrosa inundación ocurrida en el distrito de Sarghoda, Pakistán, las mujeres contribuyeron a diseñar nuevas viviendas para sus familias y pasaron a ser copropietarias de dichas viviendas, lo cual amplió sus medios de acción. Después del ciclón acaecido en 1999 en Orissa, India, las actividades de socorro, en su mayor parte, se encauzaron por conducto de las mujeres, quienes recibieron los suministros de socorro, préstamos y subsidios para reconstruir las viviendas, con una documentada mejora en su autoestima y su condición social (18).

Las organizaciones no gubernamentales han documentado modelos inspiradores de mujeres y hombres que colaboran, contrariando los estereotipos. A veces, los padres que han enviudado después de un desastre pasan a ocuparse activamente de la crianza de sus hijos e incluso trasladan su residencia para acercarse a la escuela a la que asisten los niños. Algunos programas de compensación otorgan subsidios financieros a los hombres a cambio de abstenerse de consumir alcohol durante la etapa de recuperación posterior al desastre, con lo cual mitigan eficazmente la pobreza secundaria de las mujeres y su vulnerabilidad a los malos tratos conyugales (19).

[23] Después del desastre, botiquines higiénicos y asesoramiento sobre la violencia sexual

En el año posterior al mortífero tsunami de 2004, las oficinas del UNFPA en Indonesia, Sri Lanka, Maldivas y Tailandia coordinaron sus actividades con las de otros organismos de las Naciones Unidas para ayudar a la reconstrucción posterior al desastre. Los funcionarios del UNFPA se cercioraron de que las necesidades de salud reproductiva y salud materna de las mujeres y los adolescentes no quedaran eclipsadas en medio de los programas de reconstrucción y que los planes de recuperación incluyeran medidas para prevenir la violencia sexual.

En las provincias de Indonesia afectadas por el tsunami, los centros de atención primaria de la salud recibieron ambulancias e instrumentos para atención obstétrica de emergencia, una necesidad particular de las embarazadas en comunidades que quedaron aún más aisladas después del desastre. Colaborando con la Asociación de Psicólogos de Indonesia, el UNFPA facilitó las actividades de extensión y difusión en los centros comunitarios y capacitó a los asesores en la manera de responder a la violencia sexual y por motivos de género.

En toda la región afectada, el UNFPA distribuyó centenares de miles de botiquines de higiene personal que—además de artículos básicos como jabón, papel higiénico, cepillos de dientes y toallas higiénicas—contenían preservativos (condones) para la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual, así como del embarazo no deseado. Entre otros equipos y suministros de salud reproductiva utilizados en la respuesta posterior al tsunami cabe mencionar los anticonceptivos de emergencia, los materiales para reducir el riesgo del parto y los medicamentos para el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual (20).

En la última década, el UNFPA ha desarrollado su capacidad de respuesta de emergencia para ofrecer servicios esenciales de salud reproductiva a quienes se están recuperando tras un desastre o están viviendo en campamentos de refugiados. Esas intervenciones producen beneficios a largo plazo para las poblaciones afectadas. Un estudio constató que ciertos indicadores de salud reproductiva, como las tasas de mortalidad infantil y mortalidad derivada de la maternidad y los niveles de prevalencia del uso de anticonceptivos, eran más altos entre las poblaciones de refugiados en África que entre las poblaciones circundantes (21). De aquí podría extraerse una lección aplicable a los cambios que se prevén en un mundo que se está calentando. Cuando se cuenta con suficientes recursos y voluntad política, esas intervenciones podrían ser universales en lugar de estar dirigidas a determinadas poblaciones, y ayudar a poblaciones de todo el mundo a reducir su vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.

Cambio climático y conflicto

En las Naciones Unidas y entre los gobiernos está surgiendo temor por la posibilidad de que el cambio climático agrave los factores que ya están estimulando violentos conflictos civiles en los Estados más débiles del mundo. (En la bibliografía de investigación, esos Estados se categorizan como "frágiles" o "fracasados", y se definen como Estados cuyos gobiernos no pueden garantizar la seguridad fuera de la ciudad capital y a veces, ni siquiera en ella). En esos Estados reside un 9% de la población mundial, pero en ellos vive más de la cuarta parte de los pobres del mundo, lo cual exacerba la probabilidad y los efectos de la discriminación y el acceso insuficiente a servicios de salud reproductiva (22).

Aun cuando los nexos entre deterioro del medio ambiente y conflicto civil son tema de debate, los expertos en seguridad convienen en que la escasez de agua dulce y de tierras fértiles de cultivo puede agravar las tensiones existentes. Bajo la influencia de la debilidad en la economía, la falta de equidad en la distribución de la riqueza y el poder, y la ineficacia de los gobiernos, esos Estados pueden caer en la violencia, a menudo escindiéndose a lo largo de líneas étnicas. La perspectiva de que haya movimientos de población en respuesta a la elevación del nivel del mar puede agravar el riesgo de conflicto. Tal vez un ejemplo de la violencia agravada por los efectos del cambio climático sea el conflicto que está asolando la región de Darfur, en el Sudán. El Secretario General Ban Ki-moon, al visitar la región en 2006, señaló a la atención la pauta de reducción de las lluvias en los últimos años, así como la posibilidad de que el cambio climático ya estuviera exacerbando la desertificación y contribuyendo a las tensiones en la región (23). Las mujeres de Darfur han pagado un alto precio por la violencia en que quedaron sumidas sus aldeas: violación sexual, otras formas de violencia sexual, con mayores riesgos cuando salen en busca de agua y leña en esta región tan carente de recursos.

Debido en parte a la incertidumbre acerca de la manera en que evolucionará el cambio climático y acerca de en qué medida el actual conflicto puede atribuirse a cambios en el clima o en el medio ambiente, algunos expertos han exhortado a hacer gala de precaución al atribuir una conexión demasiado fuerte entre cambio climático y conflicto (24).

Dada la prolongada historia de desproporcionado sufrimiento por parte de las mujeres y los niños, la intersección de factores de igualdad de género, población y efectos del cambio climático merece una investigación más a fondo de esos vínculos, así como intervenciones constructivas con beneficiarios bien definidos en las zonas cada vez más propensas a conflictos civiles violentos.

Pero la tesis sigue en firme: el conflicto y sus efectos colaterales figuran entre los efectos del cambio climático a los que deberíamos aplicar un principio precautorio y preverlo, aun cuando no podamos pronosticarlo. Dada la prolongada historia de desproporcionado sufrimiento por parte de las mujeres y los niños, la intersección de factores de igualdad de género, población y efectos del cambio climático merece una investigación más a fondo de esos vínculos, así como intervenciones constructivas con beneficiarios bien definidos en las zonas cada vez más propensas a conflictos civiles violentos.

La elevación del nivel del mar y el desafío de la urbanización

Entre los más prominentes aspectos dinámicos de la población en nuestra era figura la urbanización, es decir, el aumento de la proporción de población residente en ciudades. Varias de las ciudades más grandes del mundo, que se presentaban otrora como casos de irremediable hacinamiento e ingobernabilidad, han pasado a considerarse más recientemente como centros de creatividad e innovación, y a sus habitantes más pobres, como los más innovadores, debido tal vez en parte, a la necesidad de sobrevivir en viviendas improvisadas con deficientes servicios municipales, según se describió en el Estado de la Población Mundial 2007 del UNFPA: Liberar el potencial del crecimiento urbano.

Dado el cambio climático en curso, esa capacidad de innovación se necesitará cada vez más. Ya hoy, una de cada diez personas reside en ciudades costeras, a pocos metros por encima del actual nivel del mar. Las estimaciones de la población que correría un grave riesgo de desplazamiento si aumentara el nivel del mar en uno o dos metros, varían entre 384 millones y 643 millones de personas (25). Se prevé que casi todo el crecimiento neto futuro de la población ha de ocurrir en las ciudades o ha de gravitar hacia ellas, lo cual entraña que para mediados de este siglo, se ha de duplicar con creces la población urbana y se ha de registrar un aumento incluso mayor en el número de habitantes de tugurios. En esas circunstancias, las poblaciones empobrecidas tienden a verse obligadas a asentarse en las únicas tierras disponibles—o bien en taludes con pendientes peligrosas, o bien en lotes ubicados apenas por encima del nivel normal del agua—con lo cual los pobres siguen perpetuamente vulnerable a las lluvias torrenciales, los deslizamientos de tierras y las inundaciones. Las más grandes ciudades del mundo, en su mayoría, están cerca de costas marinas, o junto a ellas, o en la desembocadura de importantes ríos, lo cual amplifica la posibilidad de que la elevación de las aguas vaya causando estragos a medida que vaya avanzando el siglo. Varias ciudades, en mayor o menor medida, están comenzando a prevenir los futuros efectos del cambio climático, aplicando sistemas de información geográfica y tecnologías similares a su planificación a largo plazo.

La propagación de enfermedades

También la mala salud puede discriminar contra las mujeres, quienes actualmente, a escala mundial, tienen más probabilidades que los hombres de estar infectadas con el VIH y están desproporcionadamente afectadas por el paludismo. En verdad, el paludismo—que es, entre las enfermedades infecciosas, la que más probablemente aumentará su tasa de prevalencia, dado que el probable aumento de temperaturas propicia las poblaciones de mosquitos—es actualmente la mayor causa de muerte de embarazadas en África al sur del Sahara (26). También el dengue y varias enfermedades transmitidas por insectos probablemente aumentarán su tasa de prevalencia en general o al menos se propagarán de una región a otra, a medida que vayan aumentando tanto las temperaturas como la frecuencia de las precipitaciones pluviales. Las investigaciones mencionadas en el Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático presentan proyecciones de las enfermedades diarreicas, un flagelo que afecta a los niños de los pobres del mundo; probablemente han de aumentar un 5% respecto de los actuales niveles, ya en 2020. Dado que las mujeres son las principales encargadas de cuidar a los niños, ellas soportarán el peso de esa carga agregada a las enfermedades infecciosas existentes.

Pero los efectos del cambio climático sobre la salud son particularmente inciertos. El nivel de confianza que los autores asignan a los pronósticos de efectos sobre la salud es menor que el que asignan a la elevación del nivel del mar o a la mayor intensidad de las tormentas. Una causa de esa incertidumbre es que la salud y la enfermedad responden a múltiples factores humanos: situación nutricional, potabilidad del agua, adecuación del saneamiento, calidad y alcance de los servicios de salud y combinación de servicios preventivos y curativos que ofrecen. Entre los principales factores que contribuyen a la propagación de enfermedades infecciosas, como la gripe porcina, o virus H1N1, figuran las crecientes densidades de las poblaciones humanas y la facilidad de los desplazamientos por vía aérea en una economía globalizada.

Las preocupaciones relativas a la salud dimanan no sólo de los efectos del cambio climático, sino también de sus causas. La contaminación proveniente de los mismos combustibles fósiles que causan el cambio climático, puede causar perjuicios a la reproducción. El Gobierno de China, por ejemplo, recientemente reconoció los aumentos en defectos congénitos relacionados con la contaminación, especialmente el pronunciado aumento de la combustión de carbón, que impulsa el fuerte crecimiento económico del país (27). Un mundo que haga la transición desde una economía basada en el carbón hacia las fuentes de energía renovables tendrá, sin lugar a dudas, mejores niveles de salud pública.

[24] VIH, SIDA y cambio climático

La futura evolución del VIH y el SIDA dependerá de las capacidades que tengan las sociedades para adaptarse a los aumentos, no sólo de las enfermedades infecciosas, sino también de la escasez de alimentos y agua, así como a las tormentas más intensas y otros efectos del cambio climático28. El éxito y la magnitud de la prevención del VIH y el tratamiento del SIDA pueden contribuir, en consecuencia, a la resiliencia social contra las múltiples amenazas que se avecinan.

Recientemente, el ONUSIDA—Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA—y el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente consideraron de qué manera el enfoque que adopte la sociedad respecto de la pandemia ha de influir probablemente en la adaptación al cambio climático. Ambas organizaciones señalaron los principales temas de preocupación: seguridad alimentaria mundial y regional, distribución de las enfermedades infecciosas, influencia de la gobernabilidad sobre los conflictos y la pobreza, y efectos desproporcionados del VIH y el SIDA sobre los jóvenes y las mujeres pobres. Fue motivo de particular preocupación la posibilidad de que el cambio climático reduzca los ingresos de actividades que tienen alta densidad de consumo de recursos naturales, como la agricultura y la pesca, lo cual posiblemente ha de empujar a algunas mujeres al trabajo en la industria del sexo y, en consecuencia, a un aumento de las tasas de infección con el VIH.

La creciente inseguridad alimentaria

La agricultura puede ser el ámbito donde el bienestar de las mujeres y su relativa invisibilidad en las estadísticas oficiales están en más agudo contraste con la necesidad de crear resiliencia social al cambio climático. Las mujeres producen una porción mucho más grande de los alimentos del mundo que la que se les reconoce—especialmente, en países en desarrollo—y todavía hoy persiste una enorme discrepancia entre los recursos de que disponen las mujeres agricultoras y su contribución a la seguridad alimentaria mundial. Además, es mucho menos probable que las mujeres sean propietarias de las tierras que cultivan. Según el Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer, menos del 15% de esas tierras son de propiedad de mujeres. El mundo está aprendiendo cuán precaria puede ser la seguridad alimentaria, aun cuando los efectos del cambio climático sólo ahora comienzan a percibirse. Las perspectivas de producción alimentaria son especialmente preocupantes en el África meridional, donde, según las proyecciones de la más reciente evaluación por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, habría devastadoras pérdidas en el rendimiento de los cultivos, especialmente para agricultores en pequeña escala, si no se efectúan adaptaciones eficaces (29).

En materia de alimentos, al igual que al hablar de salud, las conexiones entre las vidas de las mujeres, el desarrollo económico, la población y el clima son múltiples y polifacéticas. Hasta el momento, entre los mayores efectos del cambio climático sobre la agricultura figuran el reemplazo repentino de cultivos alimentarios, como la caña de azúcar y el maíz, con otros para obtener combustibles biológicos, dado que varios gobiernos de países desarrollados dispusieron las substitución parcial de combustibles para vehículos automotores basados en petróleo por combustibles biológicos. Al mismo tiempo, las fuerzas del crecimiento económico y demográfico del intercambio mundial han conducido a un sustancial aumento en la escala de la producción alimentaria, pues en muchos casos, las grandes empresas agrícolas han reemplazado a los agricultores independientes, muchos de ellos, mujeres. Esta situación se fue acentuando a medida que la mayoría de los países en desarrollo fueron efectuando inversiones en la producción de cultivos comerciales y la agricultura de regadío, a expensas de la agricultura de subsistencia sobre tierras de secano. Por último, los agricultores de todo el mundo enfrentan una nueva y enconada competición con las zonas urbanas en expansión y las necesidades de la industria, disputándose los suministros de agua dulce, cuyas existencias son limitadas. Los cambios en el régimen de lluvias sólo pueden exacerbar el estrés en el suministro alimentario de todo el mundo, que ya sería motivo de preocupación sin agregarle las amenazas adicionales y de difícil pronóstico que entraña el cambio climático (30).

En Bangladesh, muchas mujeres se ganan la vida pescando en aguas saladas, en zonas que ahora están permanentemente inundadas debido a la elevación del nivel del mar.
© GMB Akash/Panos Pictures

Por otra parte, un mundo que tome en serio la necesidad de eliminar el exceso de anhídrido carbónico de la atmosfera, probablemente redescubrirá el valor de los agricultores que trabajan directamente los suelos y cosechan sus cultivos en tierras que son de su propiedad, y pueden conservar. Será necesario que los agricultores del mundo dejen de ser emisores netos de gases de efecto invernadero y se transformen en fuentes de absorción neta de anhídrido carbónico, para hacer más lento el aumento de las concentraciones en la atmósfera y tal vez, contrarrestarlo. Ese proceso requerirá sistemas diferentes de producción agrícola basados en reforzar el contenido de carbono de los suelos y reducir al mismo tiempo la necesidad de fertilizantes químicos. Las mujeres, al igual que los hombres, cuando tienen la propiedad de las tierras que cultivan y al mismo tiempo producen alimentos, a medida que el clima vaya cambiando, pueden transformarse en los modelos de resiliencia que necesita la humanidad. Esto podría ser parte de una transición social más amplia hacia la salud, la igualdad y la transición medioambiental hacia aprovechar sosteniblemente los recursos y equilibrarlos con la atmósfera mundial y el clima.

Las mujeres y la resiliencia

En última instancia, los elementos que probablemente aumentarán la resiliencia de las sociedades frente al cambio climático son probablemente los mismos que conducen a un desarrollo equitativo, a un pleno ejercicio de los derechos humanos, a la justicia social y medioambiental y a un mundo donde el medio ambiente es sostenible.

Las mujeres están doblemente restringidas en sus acciones para contribuir cabalmente en las sociedades donde viven. Al carecer de un apoyo social adecuado, los papeles de la mujer en la reproducción y en la familia pueden limitar su participación en la vida económica, cívica y política. En la República de Kirguistán, una cuarta parte de todas las mujeres encuestadas dijeron que sus labores domésticas les impedían trabajar fuera del hogar. La proporción de hombres que adujeron las mismas razones para no trabajar era mínima. En zonas rurales de África al sur del Sahara, lo típico es que las mujeres dediquen entre dos y seis horas por semana a acarrear agua de una fuente en un radio de 400 metros desde su vivienda31. No cabe sorprenderse de que en esas circunstancias, sus oportunidades económicas y sociales en general queden muy limitadas.

Además de esas limitaciones, los papeles de género condicionados socialmente—los papeles de mujeres y hombres—constriñen lo que las mujeres pueden tratar de hacer y lograr. En un mundo donde es preciso, a la vez, combatir el cambiante clima y adaptarse a él, las limitaciones impuestas a la mitad de la humanidad son indefensibles. Un aspecto positivo dentro de esas restricciones es que muchas mujeres están avanzando, pese a sus horizontes constreñidos. Están ofreciendo modelos de nuevas maneras de funcionar en la sociedad y se están relacionando mutuamente de maneras que podrían lograr una diferencia, no sólo en lo tocante al clima sino también en cuanto a entablar relaciones sociales sostenibles y lograr en general un medio ambiente sostenible.

25 Las mujeres indígenas se adaptan al cambio climático

Las poblaciones indígenas—especialmente las mujeres indígenas—siguen estando insuficientemente representadas en las conversaciones mundiales sobre el cambio climático. Pero tienen una contribución de importancia vital que aportar, dice Victoria Tauli-Corpuz. ¿Un género de vida sostenible con baja producción de carbono? Las poblaciones indígenas han vivido así durante milenios. "Muchas entre las soluciones que se consideran actualmente han caracterizado siempre el género de vida de nuestros antepasados y de las generaciones actuales", dice Tauli-Corpuz.

Victoria Tauli-Corpuz, miembro de pueblo Kankana-ey Igorat de Filipinas, es la Presidenta del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas y es fundadora y directora de Tebtebba, un centro de investigaciones sobre políticas relativas a las poblaciones indígenas. Tauli-Corpuz propugnó—y en última instancia, contribuyó a obtener—la aprobación por la Asamblea General en 2007 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.

Tauli-Corpuz, que se crió en una aldea de la región Cordillera de Filipinas, llegó a Manila a comienzos del decenio de 1970 gracias a una beca y muy pronto participó en demostraciones contra la guerra de Viet Nam. Cuando regresó a su aldea, comprobó que las tierras ancestrales estaban amenazadas por el proyecto de una enorme represa hidroeléctrica. Dice: "Tuvimos que organizarnos para protestar contra el proyecto de la represa. De modo que así es como me inicié, y nunca me detuve".

© UN Photo/Paulo Filgueiras

Actualmente, Tauli-Corpuz focaliza su atención en la cuestión del cambio climático, que a su juicio es, fundamentalmente, una cuestión de justicia social. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es sólo la mitad de la batalla; la otra mitad, a menudo descuidada, es la promoción de un desarrollo sostenible y equitativo. En este tema, las mujeres indígenas pueden desempeñar un papel de importancia fundamental, puesto que con frecuencia son quienes se responsabilizan de prácticas sostenibles de agricultura, silvicultura, ordenamiento de cuencas hídricas y cuestiones similares, y poseen valiosos conocimientos al respecto.

Las mujeres indígenas también están asumiendo un papel activo en la adaptación al cambio climático; están desarrollando especies de cultivos resistentes a las inundaciones y las sequías, protegiendo los recursos hídricos y cuidando a quienes tienen enfermedades transmitidas por el agua y por vectores, las cuales serán más prevalentes en un mundo donde haya más altas temperaturas.

La diferencia en las responsabilidades significa que las mujeres indígenas—y las mujeres en general—son afectadas por el cambio climático de maneras diferentes de las que afectan a los hombres. Es importante comprender esos efectos diferenciales, dice Tauli-Corpuz, debido a que "si uno no tiene conciencia de esos aspectos diferenciales, las soluciones propuestas no necesariamente han de resolver los problemas de las mujeres".

Tauli-Corpuz aprendió mucho acerca de los problemas que enfrentan las mujeres al trabajar en comunidades indígenas de Filipinas. Tras recibir capacitación como enfermera, comprobó que la salud reproductiva es un componente de importancia crítica del bienestar de las mujeres. En comunidades indígenas, donde son altas las tasas de mortalidad de menores de un año y de niños en general, las mujeres suelen tener muchos hijos para asegurar que algunos sobrevivan. Además, allí donde se necesitan muchos brazos para la agricultura de subsistencia, las mujeres indígenas están sometidas a grandes presiones para tener muchos hijos. En algunos casos, las mujeres que tratan de controlar su propia fecundidad son objeto de violencia en el hogar. En el otro extremo de la gama de posibilidades, las mujeres indígenas de algunos países se han visto sometidas a esterilización forzada por disposición del gobierno. Por esas razones, desde hace mucho tiempo Tauli-Corpuz viene propugnando que se ofrezcan servicios apropiados de planificación de la familia a las mujeres indígenas. Dice: "Hay un problema cuando no existen los servicios de planificación de la familia; y también hay un problema cuando esos servicios no son los correctos".

A juicio de Tauli-Corpuz, la atención de la salud reproductiva tiene importancia crucial para las mujeres y es importante estabilizar la población. Pero está en desacuerdo con quienes consideran que el crecimiento de la población es una importante causa del cambio climático. Dice: "No pienso que ése sea el principal factor; el factor principal es, en realidad, el de los estilos de vida: el modelo de desarrollo económico que se está impulsando". Además, "si uno piensa que la población es el problema, y adopta medidas centralizadas para controlar el crecimiento demográfico, el problema se ha de agigantar". Tauli-Corpuz dice que, en última instancia, "deben ser las mujeres quienes decidan cuánto hijos han de tener".

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